De hecho, todo el mundo que realmente nos importa est谩 experimentando luchas similares. 聽
Decir que no queremos esos dolores no significa nada.
Porque si Dios permite nuestro sufrimiento, el decir solamente que no queremos el sufrimiento, no har谩 m谩s que empeorar las cosas.

Hay que posicionarse de una manera inteligente.

En primer lugar deberemos identificar cual es la intenci贸n de Dios respecto a los que nos pasa.
Luego pedir a Dios para que ceda el dolor.
Y si no cede, comprender cu谩l es la manera de adaptarse.
Y entender el camino inmediato que Dios ha puesto delante de nosotros.

Quien ha reflexionado m谩s sobre el misterio del sufrimiento humano ha sido San Juan Pablo II.

mujer con dolor en un banco

UN VALLE DE L脕GRIMAS DE TINIEBLAS PERSISTENTES

A veces pensamos err贸neamente que tales experiencias son 煤nicas a nuestras circunstancias.

La verdad es que la vida nos presenta retos y dolor.

El fracaso, el sufrimiento y las penurias son una parte del programa.

Quiz谩s en alg煤n momento pensamos que estas luchas podr铆an disminuir, pero a medida que crecemos en la fe aprendemos a vivirlas con m谩s madurez.

Al leer la vida de los grandes h茅roes de nuestra fe, nos damos cuenta de que estamos equivocados.

De hecho, lo contrario parece ser el caso.

Los que estaban m谩s cerca del Se帽or parecen luchar y sufrir a煤n m谩s.

Lo que es diferente en la vida de un cristiano no es que esa lucha, el fracaso, el dolor y la dificultad desaparece, sino que nosotros cambiamos.
De hecho, a menudo esos dolores se convierten en instrumentos de dicho cambio.
Y en el material con el que somos hechos nuevos, cuando aprendemos a vivir por fe.

Los cristianos no se enfrentan a la lucha, o enfocan el sufrimiento de la misma forma que los que todav铆a no han recibido el don de la fe viva.

La fe viva nos da nuevas gafas para ver toda nuestra vida de manera diferente, debido a qui茅n es Jes煤s, y a que nos estamos convirtiendo en 茅l.

Sin embargo, eso requiere que cooperemos con las invitaciones de la gracia que est谩n presentes en todo momento, incluso cuando parecen estar ocultas.

el sufrimiento

EL EJEMPLO DE SAN PABLO

San Pablo era un hombre extraordinario y un cristiano extraordinario.

Un ap贸stol 鈥渇uera del curso ordinario鈥, que logr贸 grandes cosas para el Se帽or cuando 茅l ansiosamente respondi贸 a su llamado a construir la Iglesia y a trav茅s de ella, ayudar a cambiar el mundo.

Un hombre tan profundamente cerca del Se帽or que tuvo experiencias m铆sticas que surgen de su vida interior, de su 铆ntima comuni贸n con Dios.

Ciertamente ten铆a una fuerte relaci贸n con el Se帽or y su vida de oraci贸n era s贸lida.

Sin embargo, este gran ap贸stol sufri贸 mucho.

脡l fue incomprendido y traicionado por hermanos.

脡l experiment贸 dificultades emocionales, econ贸micas y f铆sicas intensas.

Ten铆a muchas razones para llegar a estar amargado. No lo hizo. 脡l lleg贸 a ser mejor.

Ese es nuestro propio reto, en el que nos embarcamos, todos los d铆as, en este camino de fe llamado la vida cristiana. 聽
Nadie va a evitar dificultades, la lucha, el dolor y el aparente fracaso en la vida. 聽
Quien diga lo contrario est谩 deplorablemente mal informado en el mejor de los casos, o abraza una ense帽anza errante.

San Pablo comparti贸 con los Filipenses la clave de su felicidad:

鈥淪茅 pasar privaciones y vivir en la abundancia.

Estoy entrenado para todo y en todo momento: a estar satisfecho o hambriento, en la abundancia o en la escasez鈥. (Filipenses 4:12).

En Corinto fue atacado por falsos maestros, llamados super ap贸stoles, que cuestionaron su autoridad apost贸lica y le minaron entre los fieles.El dio otra clave.

san pablo es tirado por un caballo

Al confrontar las afirmaciones de sus oponentes lo se帽al贸 como un signo de su caminar con el Se帽or:

驴Son hebreos? Tambi茅n yo lo soy.

驴Son israelitas? Tambi茅n yo.

驴Son descendientes de Abrah谩n? Tambi茅n yo.

驴Son ministros de Cristo?

Empiezo a hablar como un necio: yo lo soy m谩s que ellos.

M谩s por mis numerosas fatigas, m谩s por el tiempo pasado en c谩rcel, mucho m谩s por los golpes recibidos, y muchas veces me encontr茅 en peligro de muerte.

Cinco veces fui condenado por los jud铆os a los treinta y nueve azotes; tres veces fui apaleado; una vez fui apedreado; tres veces naufragu茅; y una vez pas茅 un d铆a y una noche perdido en alta mar.

Viajes frecuentes; peligrosos de r铆os; peligros de bandidos; peligros por parte de mis compatriotas; peligros por parte de los paganos; peligros en la ciudad; peligros en lugares despoblados; peligros en el mar; peligros entre falsos hermanos.

Trabajos y agotamiento, con noches sin dormir, con hambre y sed, con muchos d铆as sin comer, con fr铆o y sin abrigo.

Adem谩s de estas y otras cosas, pesa sobre m铆 la preocupaci贸n por todas las Iglesias.

驴Qui茅n vacila que yo no vacile con 茅l? 驴Qui茅n se viene abajo sin que un fuego me devore?鈥. (2 Corintios 11: 22-29)

Debido a su estrecha comuni贸n con Jesucristo, el Resucitado que le hab铆a llamado en el desierto, Pablo cultiv贸 una fuerza interior que hizo posible que 茅l caminara a trav茅s del dolor, incluso abrazara el dolor.
Y experimentara el fracaso como un camino a la Cruz, donde encontr贸 consuelo en el costado herido de Jes煤s el Salvador.

Esta es la clase de fuerza que s贸lo viene de vivir una vida totalmente entregada, una vida de discipulado.

El Se帽or que lo llam贸 le hab铆a cambiado en ese encuentro.

El cambio continu贸 cuando Pablo camin贸 por la fe viva.

Se llama conversi贸n.

Esto es reflejado, como suele ser el caso en los relatos b铆blicos de llamamientos vocacionales, con el cambio de su nombre de Saulo a Pablo.

Pero este cambio, la conversi贸n continua que viene cooperando con la gracia, continu贸 cuando Pablo aprendi贸 a vaciarse de modo que pudiera ser llenado con Dios.

Para nosotros, que no somos Pablo, ante situaciones dolorosas, 聽siempre es bueno identificar qu茅 es lo que quiere concretamente Dios con cada sufrimiento nuestro.

sufrimiento joven sentado en el piso

驴CU脕L ES LA VOLUNTAD DE DIOS RESPECTO AL SUFRIMIENTO?

El sufrimiento, de un tipo u otro, es nuestro compa帽ero constante en el viaje a trav茅s de este mundo ca铆do.

Dios ha revelado que el sufrimiento no era parte de su plan original, sino m谩s bien era la consecuencia del pecado original, que destroz贸 la armon铆a de la creaci贸n.

Su voluntad indicativa a nuestros primeros padres en el Jard铆n del Ed茅n era 鈥渄el 谩rbol de la ciencia del bien y del mal no comer谩s鈥 (ver G茅nesis 2:17).

Ellos desobedecieron.

La naturaleza humana cay贸; la creaci贸n cay贸; el mal alcanz贸 un cierto predominio en la condici贸n humana, dando lugar a

鈥渓a miseria abrumadora que oprime a los hombres y su inclinaci贸n hacia el mal y la muerte鈥 ( CIC 403).

Dios no deseaba que Ad谩n y Eva se rebelaran en contra de su plan, pero 茅l les permite hacerlo.
Del mismo modo, a lo largo de la historia humana, Dios no quiere que el mal suceda (y su consecuencia, el sufrimiento), pero 茅l lo permite. .
Desde luego, 脡l expl铆citamente no quiso el Holocausto, por ejemplo, pero por otro lado, lo ha permitido.

驴POR QU脡 DIOS PERMITE EL MAL?

La pregunta de por qu茅 Dios permite algunos males y el sufrimiento que viene de 茅l, incluso el sufrimiento de los inocentes, es una pregunta muy dif铆cil de contestar.

S贸lo la fe cristiana en su conjunto da una respuesta satisfactoria a la misma, una respuesta que s贸lo puede penetrar en nuestros corazones y mentes a trav茅s de la oraci贸n, el estudio y la ayuda de la gracia de Dios (ver CIC 309).

La respuesta corta de San Agust铆n es digna de menci贸n.
Escribi贸 que si Dios permite que el mal nos afecte, es s贸lo porque 茅l sabe que puede utilizarlo para lograr un bien mayor.
Y esto es lo que ya vimos.

Puede que no veamos que el bien de inmediato; es posible que no lo veamos en absoluto durante nuestra jornada terrenal.

Pero la resurrecci贸n de Cristo es la promesa de que la omnipotencia y sabidur铆a de Dios nunca son superadas por los aparentes triunfos del mal y del sufrimiento.

T煤 puedes conocer la voluntad de Dios en tu vida a trav茅s de los mandamientos y las responsabilidades de tu vocaci贸n.
Y por medio de las circunstancias fuera de tu control que Dios permite. 聽
El sufrimiento f铆sico es t铆picamente una circunstancia que est谩 fuera de su control.
estatua de mujeres sufriendo fondo

ORAR, ACEPTAR LA RESPUESTA DE DIOS Y VIVIR CON EL MISTERIO

驴C贸mo operar con esto?

En primer lugar, rezar para ser libres del sufrimiento est谩 bien.
Es una de las respuestas fruct铆feras al sufrimiento, porque a trav茅s de la oraci贸n ejercitamos nuestra fe, esperanza y amor por Dios, junto con las preciosas virtudes de la humildad y la perseverancia.

Jes煤s or贸 por la liberaci贸n en Getseman铆.

San Pablo or贸 para ser librado del aguij贸n en la carne (2 Corintios 12: 7).

Pero esta oraci贸n de petici贸n siempre debe ser ofrecida con una condici贸n: 鈥淪e帽or, d茅jame ser sanado de esta aflicci贸n, si es tu voluntad鈥.

Tenemos que confiar en que si su respuesta a nuestra oraci贸n es no o no a煤n, esa respuesta fluye de su infinito amor y sabidur铆a, aunque no nos guste especialmente.

En segundo lugar, siempre y cuando Dios no te haya salvado, ya sea a trav茅s de un milagro o por los pasos naturales prudentes que has tomado (atenci贸n m茅dica, por ejemplo), sabemos que 茅l todav铆a est谩 permitiendo tu sufrimiento.

En ese sentido, es su voluntad permisiva para ti que contin煤e teniendo esta cruz.

As铆 que, por ahora, esto es parte de la voluntad de Dios para ti.

Incluso en medio de nuestros sufrimientos, debemos esforzarnos por recordar que, siguiendo los mandamientos y cumpliendo con las responsabilidades de nuestro estado de vida, estamos glorificando a Dios, en la construcci贸n de su reino, y siguiendo a Cristo.

Debemos tratar de evitar que nuestras cruces nos oscurezcan la imagen integral de nuestro discipulado cristiano.

El que incluye la continua participaci贸n en los sacramentos, la oraci贸n, y amar a los dem谩s como Dios nos ha amado.

En tercer lugar, no siempre es f谩cil saber cu谩ndo dejar de orar por una petici贸n particular.
En el Evangelio, Jes煤s nos exhorta siempre a 鈥渙rar sin desfallecer鈥 .
E incluso nos dice un par de par谩bolas para ilustrar el punto (Lucas 11 y 18).
Tambi茅n promete: 鈥淧edid, y se os dar谩鈥 .

Y, sin embargo, San Pablo tuvo la experiencia de pedir que la espina en su carne fuera eliminada, en repetidas ocasiones, y Dios no le dio lo que ped铆a.

Hay un misterio aqu铆.

Ya vimos que San Agust铆n explica que Dios a veces se abstiene de darnos la cosa espec铆fica que pedimos porque quiere darnos algo mejor; quiere responder a un deseo m谩s profundo del cual fluye la petici贸n espec铆fica.

UN CONSEJO PR脕CTICO M脕S

San Pablo segu铆a pidiendo que el aguij贸n en su carne fuera eliminado, hasta que recibi贸 esta respuesta de Dios:鈥淭e basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad鈥 .
Con esa respuesta, Pablo ya no sent铆a la necesidad de pedir la curaci贸n.

Mientras sientas en tu coraz贸n el deseo de ser sanado de su aflicci贸n, continuar谩s haciendo tu petici贸n al Se帽or.

Pero a fin de evitar obsesionarte o ser confundido por la situaci贸n dolorosa y la respuesta misteriosa de Dios, tal vez ser铆a 煤til hacer su petici贸n en la forma de una devoci贸n establecida.

Por ejemplo, puedes pedir por esta intenci贸n en la devoci贸n de los Nueve Primeros Viernes.

O podr铆as hacer una novena a San P铆o de Pietrelcina o a Nuestra Se帽ora del Buen Remedio durante los primeros nueve d铆as de cada mes.

Circunscribiendo tu petici贸n para la curaci贸n dentro de una devoci贸n establecida de alg煤n tipo, puedes estar en paz que est谩s haciendo tu parte (perseverando y sin desanimarse).

Mientras que no dejas que tu lucha moleste o domine todos los dem谩s aspectos de tu discipulado cristiano.

Pero esto debemos considerarlo en el marco que en nuestra vida diaria nosotros sufriremos, seremos incomprendidos, traicionados por los amigos, incluso naufragaremos 鈥 al menos en sentido figurado.

Vamos a experimentar la inestabilidad que acompa帽a a las luchas de la vida humana cotidiana.

San Pablo nos muestra la manera de elegir el camino del discipulado.

juan pablo ii sufrimiento

EL ENCUENTRO DE JUAN PABLO II CON EL SUFRIMIENTO Y EL SENTIDO DEL DOLOR

El encuentro de Juan Pablo II con el sufrimiento no comenz贸 con el atentado terrorista que sufri贸 en la Plaza de San Pedro.

Sino que se encontr贸 con 茅l desde ni帽o, afirm贸 el fallecido Joaqu铆n Navarro Valls, quien fue director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede durante el pontificado de Juan Pablo II.

Juan Pablo II quiz谩s sea uno de los ejemplos m谩s visibles en c贸mo tratar el sufrimiento humano, y un espejo para mirarnos.

Por eso resumimos las partes m谩s importantes de la conferencia pronunciada en Madrid, en la Fundaci贸n Rafael del Pino, por Navarro Valls.

Desde joven Karol Wojtyla fue atra铆do por el problema del misterio del dolor.

En una carta al amigo Miesczylaw Ktlarzyk del 2 de Noviembre de 1939, cuando ten铆a entones 19 a帽os y todav铆a antes de su ordenaci贸n sacerdotal, escrib铆a:

脷ltimamente he pensado mucho sobre la fuerza liberadora del sufrimiento.

Es en el sufrimiento en donde se funda el mensaje de Cristo, comenzando por la Cruz y hasta el m谩s peque帽o tormento humano.

Este es el verdadero mesianismo禄.

En aquella joven edad, su vida hab铆a sido ya visitada por el sufrimiento.

Hab铆a perdido su madre a la edad de 9 a帽os y m谩s tarde a su hermano.

No hab铆a conocido a su hermana, muerta antes de que 茅l naciera.

Todo esto, adem谩s, en una Polonia invadida por los nazis.

Es por lo tanto natural que, despu茅s de haber sufrido esos lutos tan significativos 茅l fuera ya conformado por la experiencia del dolor.

Recuerdo que hablando con 茅l del d铆a en que hab铆a sido ordenado sacerdote en el 1946 bajo la ocupaci贸n esta vez sovi茅tica, le pregunt茅 qui茅n le acompa帽aba en aquella ocasi贸n.

芦A aquella edad, me respondi贸, hab铆a ya perdido todas las personas a quienes habr铆a podido amar禄.

En 茅l esa respuesta no ten铆a la forma de un lamento sino m谩s bien era una constataci贸n del hecho.

脡l estaba muy lejos de considerar el dolor como 鈥渂ueno鈥.

Y por lo tanto era inmune de cualquier riesgo de victimismo.

No cre铆a en el derecho a no sufrir.

Pero tampoco en el deber de sufrir.

ratzinger le da la comunion a juan pablo ii
M谩s bien, como esp铆ritu objetivo que era, entend铆a que en el ser humano el sufrimiento es sencillamente inevitable.
Y quien piensa poder descubrir en la naturaleza humana un derecho a no sufrir, se equivoca.

Por esto, Karol Wojtyla acompa帽a siempre el concepto de 鈥渟ufrimiento鈥 con la palabra 鈥渕isterio鈥.

Es m谩s, consideraba que el ser humano se hace la pregunta sobre el porqu茅 del sufrimiento en dos dimensiones existenciales:

驴Por qu茅 el dolor humano?, es decir, 驴de d贸nde viene?

Y, a la vez, 驴por qu茅 a m铆?

En torno a estas dos preguntas se construyen dos actitudes humanas contrapuestas y excluyentes: el esc谩ndalo del dolor o la intuici贸n de su significado y sentido.

Pero cuando estas dos preguntas han encontrado por lo menos alguna respuesta, todav铆a permanece el l铆mite del misterio que el ser humano no puede del todo sobrepasar.

Precisamente porque, como escribe Juan Pablo II

El sufrimiento parece pertenecer a la trascendencia del hombre,

Es uno de aquellos l铆mites en los que el ser humano est谩 destinado, en una cierta manera, a superarse a s铆 mismo y es llamado a eso en un modo misterioso禄.

juan pablo ii en oracion

JOB Y SIMON DE CIRENE

En este itinerario personal, Juan Pablo II indaga en el interior de dos figuras b铆blicas que son como arquetipos del modo como el ser humano se enfrenta con el sufrimiento: Job y el Cirineo.

En el drama 鈥淛ob鈥 que escribe en 1940 durante la segunda guerra mundial, 茅l defin铆a el sufrimiento como 芦la casa del hombre禄.

Esta expresi贸n trae el eco de las palabras de Martin Heidegger 芦la casa del ser禄 que, sin embargo, en Wojtyla no es un destino ciego del que busca en cualquier modo huir.

Porque en Wojtyla el sufrimiento porta consigo un car谩cter revelador de lo humano.

Wojtyla es bien consciente que el dolor no es un castigo o una maldici贸n mal茅fica.

Y no es siquiera como no lo es en la vida de Job un castigo reservado a los culpables de pecados sino, como escribir谩 luego en la Salvifici doloris

芦El libro de Job dice la 煤ltima palabra de la Revelaci贸n sobre este tema.

En un cierto modo, es el anuncio de la pasi贸n de Cristo禄.

Cristo, el inocente absoluto, m谩s todav铆a que los ni帽os que sufren, es la 煤nica puerta para penetrar en el sentido del dolor.

Ya que:

Cristo nos hace entrar en el misterio y nos hace descubrir el porqu茅 del sufrimiento en la medida en que somos capaces de comprender la sublimidad del amor divino禄.

La otra figura en la que Wojtyla indaga es la de Sim贸n de Cirene.

Aquel hombre que vuelve pac铆ficamente a casa despu茅s de su trabajo y se ve llamado, forzado, obligado a llevar una cruz no ciertamente suya sino de otro a 茅l desconocido.

Juan-Pablo-II-y-Lucia dos santos

Escribe a prop贸sito Juan Pablo II:

芦Ciertamente, la cruz no la quer铆a llevar. Ha sido obligado.

脡l caminaba junto a Cristo bajo el mismo peso.

Le prestaba sus hombros cuando los hombros del condenado parec铆an demasiado d茅biles.

Lo han llamado. Lo han obligado禄.

Parece tan similar esta figura del Cirineo a las situaciones de la vida de cualquier hombre y de cualquier mujer.
Cuando nos vemos obligados a soportar un sufrimiento que nos resulta extra帽o, ajeno, que no nos gusta, que habr铆amos querido dejar caer sobre los hombros de otro.

Pero Juan Pablo II pone a continuaci贸n la pregunta definitiva sobre aquel Cirineo obligado a llevar la Cruz:

芦驴Durante cu谩nto tiempo ha caminado as铆, interiormente dividido, con una barrera de indiferencia hacia aquel hombre que sufr铆a?禄.

Como sabemos, la historia del Cirineo acaba bien.

De hecho, el autor del Evangelio menciona a los hijos de este hombre entre los primeros cat贸licos de Jerusal茅n.

Quiere decir que de la repugnancia inicial a llevar la cruz de aquel condenado, una cruz no querida, forzada, 茅l pas贸 a hacerla propia.

A decidirse a asumirla completamente sinti茅ndose quiz谩s m谩s merecedor de aquel peso enojoso que el otro inocente a quien le hab铆an pedido o, mejor, obligado, a ayudar.

No por casualidad en la poes铆a 鈥淧erfil de Cirineo鈥 de 1958 Wojtyla hablaba de los 芦cirineos de nuestro tiempo禄.
Todos aquellos que sufren contra su voluntad, pero que en alg煤n momento descubren en la Cruz el sentido aut茅ntico del sufrir.

Siempre ha habido en el joven Wojtyla la convicci贸n que el 鈥渕undo del sufrimiento鈥, del cansancio, del hambre, de los deseos que no se realizan y el 鈥渟ufrimiento del mundo鈥 de la guerra, de la p茅rdida de la libertad, de los desastres naturales son un 煤nico misterio que podr铆a recibir un significado s贸lo a la luz del sufrimiento de Cristo.

Cada dolor humano es inseparable, para 茅l, de aquella Cruz en la cual est谩 comprendido y hecho sensato el perfil de la propia existencia.

Papa_Juan_Pablo_II

LA ALEGR脥A PROVIENE DEL DESCUBRIMIENTO DEL SENTIDO DEL DOLOR

En su extraordinario libro Cruzar el Umbral de la Esperanza, Juan Pablo II propone una reflexi贸n de gran potencia.

芦Dios est谩 siempre de la parte de los que sufren".
Su omnipotencia se manifiesta precisamente en el hecho de que ha aceptado libremente el sufrimiento.

Habr铆a podido no hacerlo. Habr铆a podido demostrar la propia omnipotencia incluso en el momento de la Crucifixi贸n.

Se le propon铆a: 鈥渂aja de la cruz y te creeremos鈥.

Pero no ha recogido aquel desaf铆o.

El hecho de que haya permanecido en la cruz hasta el final; el hecho de que en la cruz haya podido decir, como tantos que sufren:

鈥淒ios m铆o 驴por qu茅 me has abandonado?鈥

Este hecho permanece en la historia del hombre como el argumento m谩s fuerte.

Si hubiera faltado aquella agon铆a sobre la cruz, la verdad de que Dios es amor habr铆a quedado suspendida en el vac铆o禄.

Es necesario abrir nuestra atenci贸n tambi茅n a la dimensi贸n de la alegr铆a que pertenece plenamente al magisterio de Juan Pablo II sobre este tema.

Su formulaci贸n de fondo es esta: 芦La alegr铆a proviene del descubrimiento del sentido del dolor禄.

Y no faltaban en 茅l nunca las manifestaciones de la simpat铆a y buen humor que son la consecuencia de una alegr铆a estable y s贸lida.

Primera consideraci贸n:Recuerdo un d铆a en el que, en Castelgandolfo, Juan Pablo II fue visitado por un especialista que lo someti贸 a una detallada y meticulosa exploraci贸n neurol贸gica.

juan pablo ii

Me encontraba yo tambi茅n en aquella habitaci贸n.Hacia el final el m茅dico dirigi贸 al Papa esta pregunta: 芦驴C贸mo vive usted, Santo Padre, esta situaci贸n?禄

La pregunta era claramente de car谩cter m茅dico: de hecho el modo como una enfermedad es percibida y vivida por el paciente es, como sabemos, una dato de importante significaci贸n cl铆nica.La respuesta del Papa fue:

芦Yo me pregunto qu茅 me quiere decir Dios con esto禄.

La pregunta, l贸gicamente, hab铆a sido formulada en el nivel experiencial, natural, m茅dico.

La respuesta se elevaba a otro plano m谩s alto.

A aquel plano en el que el sufrimiento y las limitaciones pueden encontrar no ya la respuesta de un diagn贸stico cl铆nico sino el horizonte de un sentido, de un significado.

Segunda breve reflexi贸n:

Para Juan Pablo II era importante comprender al paciente y, a veces, hacer que el paciente mismo se considere como sujeto en su enfermedad y no solamente como objeto de una cura.

Despu茅s del atentado y los muchos d铆as de convalecencia en el hospital sucesivos a la infecci贸n por citomegalovirus, el grupo de m茅dicos que lo atend铆an discut铆an un d铆a entre ellos sobre la posible fecha de la dimisi贸n del enfermo

.Quiz谩s el Papa escuch贸 desde su habitaci贸n parte de aquella conversaci贸n.En un cierto momento, el Papa entr贸 en aquella habitaci贸n.Cogi贸 una silla y sent谩ndose junto a los m茅dicos les dijo:

Si me permit铆s, no pod茅is decidir vosotros solos sino que, por lo menos, debemos decidir esto juntos.

El paciente es siempre sujeto de su enfermedad y no solamente el objeto de un tratamiento terap茅utico禄.

Juan Pablo II nos transmit铆a con aquellas palabras una grande lecci贸n para el ejercicio de la medicina.

No se trata de la misma manera a un objeto a curar, que a un sujeto que busca y espera una curaci贸n.

Tercera consideraci贸n.

Desde el inicio de su Pontificado Juan Pablo II dio la indicaci贸n de que en todas sus ceremonias p煤blicas las primeras filas estuvieran siempre dedicadas a los enfermos.

En sus audiencias en Roma o en sus viajes en todo el mundo, los enfermos ocupaban siempre un lugar preeminente y bien visible.

Antes de las audiencias, 茅l se entreten铆a con ellos, uno a uno, saludando, acariciando, escuchando.

En una de esas ocasiones, quien lo acompa帽aba le hizo notar discretamente el retardo que se estaba acumulando.

Su respuesta fue inmediata: 芦Con quien sufre no se debe tener nunca prisa禄.

Y continu贸 con ellos todo el tiempo necesario.

atentado contra juan pablo ii

LA ENSE脩ANZA DE LOS 脷LTIMOS A脩OS

Al final, hab铆a todav铆a una ense帽anza de Juan Pablo II que le quedaba por transmitirnos.
Y esto se hizo evidente en los 煤ltimos a帽os de su existencia cuando la enfermedad y el sufrimiento se hicieron tema central de su propia vida.

Antes del atentado, Juan Pablo II no hab铆a conocido directamente el mal f铆sico con tanta fuerza invasora.

Despu茅s, en diversas ocasiones, la dimensi贸n f铆sica del dolor lo visit贸 y acompa帽o durante a帽os.

Dir铆a que desde entonces comenz贸 a escribir la enc铆clica m谩s bella de todo su largo Pontificado.
Porque no la estaba escribiendo con palabras sino con su propia vida.

Lo que en aquellos a帽os dec铆a a煤n sin poderlo a veces manifestar era que la enfermedad no es flagelo espectacular y no es ni siquiera una condena aplastante.

El sufrimiento pertenece a la existencia como experiencia esencial de la persona humana.

La enfermedad no solo no lleva a la desesperaci贸n sino que se presenta como una simplificaci贸n excepcional, una destilaci贸n saludable de lo que es realmente humano respecto a todo el resto.

No se da vida sin sufrimiento y no se da vocaci贸n sin dolor.
Porque nada grande nace solamente del placer, sino que emerge como una novedad que lacera y aniquila antes de rejuvenecer y dar esperanza.

Si en 茅l hab铆a, a veces, una primera reacci贸n, muy humana, de resistencia como, por ejemplo, en un examen de los m茅dicos o en la dificultad para permanecer de pie largo tiempo en las ceremonias lit煤rgicas.

Inmediatamente era evidente en 茅l un acto profundo de aceptaci贸n.

As铆 hasta el final de su existencia terrena.

juan pablo II perdona a al _agca

Mir谩ndolo, en aquellos a帽os, nos faltaba sobre todo a quienes est谩bamos m谩s cerca de 茅l su sonrisa habitual que la rigidez muscular de su enfermedad le hab铆a robado.

Pero era solamente la imposibilidad de manifestar al externo una sonrisa que en su interior permanec铆a intacta.

Como siempre.

La 煤ltima vez que lo vi fuera del lecho en donde se consum贸 su existencia, era en una silla de ruedas empujada por una religiosa en su apartamento.

La distancia era corta: los escasos diez metros que discurr铆an entre su habitaci贸n y la capilla de su apartamento.

Era all铆, junto al tabern谩culo, en donde pasaba su tiempo aquellos d铆as.

Era el lugar en donde se pod铆a entender todo del sufrimiento.
Porque era all铆 en donde la aceptaci贸n m谩s plena hac铆a del sufrimiento humano, ofrenda.

Fuentes:

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