Un poderoso aliado para promover la igualdad y dignidad de las mujeres.
Del 57o per铆odo de sesiones de la Comisi贸n de las Naciones Unidas sobre la Condici贸n de la Mujer - convocada del 4 al 15 marzo - para discutir, debatir y adoptar conclusiones sobre el flagelo mundial de la violencia contra las mujeres y las ni帽as, ha circulado b谩sicamente la ponencia de un relator de la ONU que dice que el no acceso al aborto debe ser considerado una tortura.

Pero hay una ponencia muy importante que muestra como el cristianismo es la fuerza que puede aportar y aporta m谩s para evitar la violencia contra la mujer.

El Observador Permanente de la Santa Sede hizo una ponencia instando a los Estados miembros a reconocer el gran potencial de la religi贸n en la transformaci贸n de la cultura y para ayudar a los hombres a aceptar a las mujeres como sus respetados iguales.

Un resumen de esa ponencia la traemos aqu铆.

LOS PRECONCEPTOS DE LAS FEMINISTAS DE LA VIEJA GUARDIA

Muchos en la Comisi贸n no parec铆an darse cuenta de que el cristianismo es una fuerza poderosa para la mujer, llevando a los hombres a la vez de reconocer la dignidad y la igualdad de las mujeres en sus vidas, y a dedicarse m谩s generosamente al bien de sus esposas e hijos.

Muchos parec铆an asumir que la religi贸n, en particular el cristianismo, legitima el sometimiento y la violencia contra las mujeres debido a su estructura eclesial o particulares vers铆culos b铆blicos.

Las agencias de noticias estaban m谩s que dispuestas a colaborar, informando falsedades sobre la participaci贸n de la Santa Sede, lo que ayuda a minar el papel importante y positivo que la religi贸n juega en las vidas de millones de personas en todo el mundo.

Este despliegue de la visi贸n de la vieja guardia feminista de la religi贸n es agotador, sobre todo porque los datos que hoy cuentan una historia muy diferente.

LOS CRISTIANOS SON MEJORES PADRES Y MARIDOS

Recientes estudios sociol贸gicos en los Estados Unidos muestran que los hombres que asisten regularmente a los servicios religiosos son maridos y padres mucho m谩s probablemente activos y comprometidos emocionalmente, y que menos probablemente perpetren violencia dom茅stica que aquellos que nunca o casi nunca asisten a servicios religiosos.

Incluso cuando se controla por los efectos indirectos de la participaci贸n religiosa (por ejemplo, un mayor apoyo social y la disminuci贸n de la probabilidad de abuso de sustancias y problemas psicol贸gicos), la religi贸n ha demostrado tener lo que los autores del estudio llaman un "Efecto protector" 聽contra la violencia dom茅stica.

En efecto, la evidencia muestra que los esposos cristianos m谩s activos tienen las menores tasas de violencia dom茅stica.

VIDA FAMILIAR Y MATRIMONIO

Por supuesto, el cristianismo promueve el matrimonio y la vida familiar como singularmente importante y estudios sociol贸gicos muestran que el matrimonio en s铆 puede servir como baluarte contra la violencia dom茅stica.

Tal vez esta correlaci贸n explica parte del 茅xito de la religi贸n.

Despu茅s de todo, las mujeres solteras y divorciadas tienen cuatro a cinco veces m谩s probabilidades de ser v铆ctimas de la violencia que las mujeres casadas.

La cohabitaci贸n est谩 especialmente asociada con un mayor riesgo de abuso dom茅stico.

Y los ni帽os que viven con madres solteras, novios de la madre, o padrastros son los blancos m谩s probables de abuso que los que viven con sus propios padres casados.

El matrimonio reduce la criminalidad masculina en general, y los ni帽os criados por su propia madre y padre casados son menos propensos a involucrarse en la violencia y el crimen.

El cristianismo, cuando se vive de acuerdo con sus ense帽anzas, especialmente las m谩s exploradas en documentos cat贸licos emitidos en los 煤ltimos cincuenta a帽os, promueve la igualdad entre los sexos de una manera profunda y transformadora.

EL CRISTIANISMO Y LA IGUALDAD SEXUAL

La concepci贸n cristiana de la igualdad, profundamente enraizada en la dignidad de cada persona humana como divinamente amada y 煤nica insustituible, promueve un profundo respeto por el valor intr铆nseco de la mujer y sus capacidades y talentos m煤ltiples, afectando notablemente cada faceta de la vida social.

Sobre la dominaci贸n masculina de las mujeres, el Papa Juan Pablo II ha tenido siempre costumbre de se帽alar, que distorsiona profundamente la intenci贸n original del Creador de los sexos para vivir juntos en armon铆a, cada uno ofreciendo a s铆 mismo y al otro en el amor generoso, de hecho, no es por casualidad que los cat贸licos hablan de la dominaci贸n masculina sobre las mujeres como resultado de la primera brecha de desconfianza entre el Creador y la criatura, el pecado original.

Pero en lugar de ense帽ar a las mujeres a contestar la dominaci贸n y el poder con lo mismo, el cristianismo llama a los hombres a ser imitadores del amor noble, intercambiando el predominio para la auto-donaci贸n, y llama a los hombres a un profundo respeto por el valor intr铆nseco y la dignidad de cada persona en sus vidas.

Para los cristianos, despu茅s de todo, la dignidad humana es constitutiva de la persona humana, no est谩 determinada o dictada por la voluntad del Estado.

As铆 pues, aunque nunca debemos dejar de crear y hacer cumplir las leyes que reconocen la dignidad intr铆nseca de la persona humana - como el profundo y hermoso Art铆culo I de la Declaraci贸n Universal de los Derechos Humanos - tambi茅n hay que apoyarse en los valores religiosos y culturales que transforman positivamente las actitudes y los comportamientos en favor del reconocimiento de la dignidad intr铆nseca de la mujer y su valor.

PRO-VIDA, PRO-MUJER

A pesar de la creciente evidencia sociol贸gica del papel de la religi贸n en la lucha contra la violencia, y a pesar de la creciente atenci贸n papal a la causa de la igual dignidad de la mujer, los que tratan de promover la igualdad de la mujer en las Naciones Unidas a menudo son bastante reacios a asociarse o buscar alianzas con una robusta religi贸n pro vida.

En primer lugar, hay que reconocer, en cualquier esfuerzo para poner fin a la violencia contra las mujeres y las ni帽as, que el aborto acaba con la vida inocente de un ni帽o no nacido dependiente.

Sin descontar las motivaciones detr谩s del acto, que a menudo incluyen el miedo, la desesperaci贸n, incluso sentimientos de auto-preservaci贸n, el aborto es objetivamente un acto de violencia, y a menudo tambi茅n experimentada por la madre de tal forma.

Para aquellos de nosotros especialmente preocupados por la dif铆cil situaci贸n de las ni帽as, el aumento del aborto selectivo por sexo todo el mundo es especialmente devastador.

Ojal谩 que todos los que trabajan incansablemente por la igualdad de las mujeres pudieran unirse para reconocer y repudiar este acto expl铆cito de la violencia por raz贸n del sexo.

Pero el aborto no s贸lo destripa los lazos de solidaridad entre la madre y el ni帽o, sino que tambi茅n da帽a profundamente la aut茅ntica igualdad entre mujeres y hombres.

El aborto parece ofrecer a las mujeres una respuesta pr谩ctica a la responsabilidad aparentemente desproporcionada que la relaci贸n sexual puede poner a nuestros pies.

Sin embargo, el aborto no hace nada para cambiar la situaci贸n social de la mujer, el aborto no espera nada m谩s o algo diferente de los hombres y, de hecho, el aborto deja a todas las injusticias sociales, econ贸micas y familiares tal y como est谩n.

Por lo tanto el aborto como "soluci贸n" es un intento de curar la asimetr铆a biol贸gica entre hombres y mujeres - el hecho de que las mujeres quedan embarazadas y los hombres no - al poner la carga en 谩ngulo recto en las mujeres y los cuerpos de las mujeres.

De este modo, el aborto promueve una devaluaci贸n e incluso rechazo de la capacidad crucial que las mujeres disfrutan pero los hombres no, tratando de lograr la igualdad para las mujeres haci茅ndose m谩s como los hombres.

LO QUE LA JUSTICIA EXIGE

La igualdad y la justicia aut茅ntica requieren que los hombres y la sociedad en sentido amplio, protejan y apoyen a las mujeres a soportar la carga del hijo, junto con los muchos y otros talentos y habilidades.

La igualdad y la justicia aut茅ntica requieren que los hombres asuman las responsabilidades paternales de engendrar hijos, algo que los datos de la ciencia social han demostrado desde hace tiempo que produce la maduraci贸n r谩pida en los hombres.

Una cultura del aborto ofrece a los hombres en cambio, una escotilla de escape r谩pido de las relaciones y responsabilidades - y por eso no debemos sorprendernos de la coacci贸n y la intimidaci贸n masculina, que seg煤n relatos de las mujeres, a menudo es un catalizador para sus abortos.

DEBILITAMIENTO DE LA SANA RELACI脫N ENTRE HOMBRE Y MUJER

Adem谩s, en la 煤ltima d茅cada y media, un n煤mero de economistas americanos y algunos estudios europeos han demostrado que las leyes del aborto liberales y la anticoncepci贸n generalizada, especialmente cuando act煤an en conjunto, han debilitado la capacidad de las mujeres para encontrar hombres dispuestos a comprometerse, m谩s que con encuentros sexuales limitados.

Estos estudios han demostrado que entre las poblaciones m谩s desfavorecidas en particular, el sexo anticonceptivo, con el aborto como un mecanismo de seguridad, ha dado lugar a una fuerte disminuci贸n del matrimonio, una subida brusca de la maternidad en solitario, y un aumento de la frecuencia de la convivencia; y todo esto asociado con la feminizaci贸n de la pobreza, as铆 como una mayor probabilidad de violencia dom茅stica.

La justicia reproductiva aut茅ntica deber铆a recorrer un largo camino hacia la aut茅ntica promoci贸n de la igualdad entre hombres y mujeres, y a su vez, lograr relaciones m谩s armoniosas entre ellos.

Los elementos de esta justicia podr铆a incluir, por ejemplo, que los hombres asuman una mayor responsabilidad de los roles sociales y la crianza tradicionalmente ejercidos por mujeres; lograr pol铆ticas y leyes que valoren adecuadamente el trabajo de cuidado que realizan las mujeres de manera desproporcionada; y, por 煤ltimo, que se encuentren formas m谩s eficaces y equitativas para que las mujeres con hijos participen en la esfera p煤blica.

Es de suma importancia que la lucha para promover la dignidad de la mujer, tanto en el 谩mbito p煤blico como privado, involucre a los hombres en la soluci贸n - en un cuidado escrupuloso para evitar la objetivaci贸n, la opresi贸n y la violencia contra la mujer, reconociendo su contribuci贸n positiva en la labor de la familia.

LLAMADO PAPAL

A lo largo de su pontificado, el Papa Juan Pablo II conden贸 con fuerza la subyugaci贸n, la violencia y la discriminaci贸n contra la mujer, y pidi贸 la consecuci贸n de la igualdad real de las mujeres en todas las esferas de la vida:

"igual remuneraci贸n por igual trabajo, protecci贸n para las madres trabajadoras, justas promociones en la carrera, igualdad de los c贸nyuges en materia de derechos de familia", y mayor valor para el trabajo de cuidado de las esposas y madres.

Pero Juan Pablo II tambi茅n centr贸 su atenci贸n en estos asuntos directamente sobre los hombres.

En su enc铆clica de 1988 sobre la dignidad y vocaci贸n de la mujer, escribe,

"cada hombre debe mirar dentro de s铆 mismo para ver si la que se le encomend贸 a 茅l como a una hermana en humanidad... no ha llegado a ser para 茅l un 鈥榦bjeto... de placer, de explotaci贸n...鈥"

Y en una enc铆clica sobre la familia, 茅l escribe:

"se deben hacer esfuerzos para restablecer socialmente la convicci贸n de que el lugar y la funci贸n del padre en y para la familia es de importancia 煤nica e insustituible".

Profundamente problem谩tico, contin煤a, no s贸lo es el padre ausente, sino tambi茅n:

"la presencia opresiva del padre, especialmente donde todav铆a prevalece el fen贸meno de 鈥榤achismo鈥, o la superioridad abusiva de las prerrogativas masculinas que humillan a la mujer e inhiben el desarrollo de la salud y las relaciones familiares".

El Papa Benedicto XVI tambi茅n llam贸 a los hombres a entregarse sin reservas a la familia como un correctivo a las pr谩cticas opresivas, como en esta admonici贸n a los hombres en su carta apost贸lica del 2011 para 脕frica:

"No tengan miedo de demostrar tangiblemente que no hay amor m谩s grande que dar la vida por quienes se ama (cf. Jn 15:13), es decir, en primer lugar, por la propia esposa e hijos..."

Y contin煤a:

"Su testimonio de la dignidad inviolable de toda persona humana servir谩 como un ant铆doto eficaz contra las pr谩cticas tradicionales que sean contrarias al Evangelio y opresivas para las mujeres en particular."

COMO CONCLUSI脫N

La evidencia sociol贸gica revela que los hombres fieles cristianos est谩n prestando atenci贸n a la medida del Evangelio a entregarse generosamente a sus esposas e hijos, proporcionando un efectivo "ant铆doto" o "efecto protector" contra la violencia, que a menudo es engendrada por las ideolog铆as de dominaci贸n masculina.

La concepci贸n cristiana de la persona humana como dotada por Dios con una dignidad inherente, independientemente de su sexo, raza o circunstancia social, promueve el respeto y la armon铆a entre los sexos.

Este efecto del cristianismo sobre los hombres es un activo de gran alcance en la lucha mundial contra la violencia dom茅stica.

En lugar de ver a la creencia y a la pr谩ctica religiosa como un obst谩culo a la igualdad sexual aut茅ntica, nos corresponde verla por lo que puede ser: un medio poderoso y transformador para llevar la paz a los pueblos, las familias y sobre todo a los hombres.

Fuentes: Public Discourse

S煤mate a nuestra Newsletter y recibe las 煤ltimas publicaciones
en tu bandeja de entrada

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.

Iglesia y Cristianismo

Ver todo