No es ni razonable ni cristiano rechazar todo con el pretexto de que la gente ha sido enga√Īada y que la Revelaci√≥n qued√≥ cerrada con los ap√≥stoles. El Cielo ha enviado a la humanidad numerosas advertencias en el curso de la historia como la vida de varios santos conocidos lo atestiguan. Por otra parte, es igualmente irracional y peligroso aceptarlo todo sin probarlo; Satan√°s sabe c√≥mo disfrazarse de √°ngel de luz y en el pasado, como ahora, ha suscitado un tropel de falsos videntes y de "iluministas" que han confundido a un gran n√ļmero de personas de buena fe.Por lo tanto, no debemos ser incr√©dulos, cuando son posibles las manifestaciones espirituales, ni cr√©dulos porque con frecuencia son ilusorias. Deber√≠an ser examinadas seriamente y por un largo tiempo, y si son vistas como dudosas o de origen diab√≥lica, deber√≠an ser completamente desechadas; pero, por otro lado, deber√≠an ser aceptadas cuando son de orden sobrenatural. √Čste es el consejo de Pablo: ‚ÄúNo exting√°is el esp√≠ritu; no despreci√©is las profec√≠as; examinadlo todo y quedaos con lo bueno‚ÄĚ (I Tes 5:19-21).

REGLAS PARA EL DISCERNIMIENTO DE FEN√ďMENOS ORDINARIOS EN LA VIDA ESPIRITUAL TALES COMO LAS CONSOLACIONES, DESOLACIONES, INSPIRACIONES

I . ¬ŅCu√°les son los esp√≠ritus que buscamos discernir?

Con esta pregunta queremos significar de d√≥nde vienen los pensamientos, sentimientos o deseos que experimentamos internamente, sobre todo cuando reflexionamos o cuando rezamos.En primer lugar vienen de nosotros mismos, de nuestro propio esp√≠ritu. La funci√≥n de nuestro esp√≠ritu es pensar, razonar, comparar, juzgar y adoptar √©sta o aquella opini√≥n, o √©sta o aquella decisi√≥n. Pero puede suceder y de hecho sucede que estemos equivocados. Es necesario reconocer esto, para estar atentos y saber qu√© medios deber√≠amos tomar para controlar nuestro esp√≠ritu en su actividad sobrenatural.Est√°n tambi√©n el mundo y los demonios que incesantemente ejercen sus presiones y atracciones para ‚Äúhacernos caer‚ÄĚ en sus prejuicios, sus errores o su falsa l√≠nea de conducta. Est√°n condenados por Nuestro Se√Īor y por la Iglesia: ‚Äú¬°Ay del mundo por los esc√°ndalos!‚ÄĚ (Mt 18:7).Por otro lado, est√° el Esp√≠ritu Santo, Nuestro Se√Īor, la Virgen Sant√≠sima y los √°ngeles buenos que buscan iluminarnos e instarnos a alejarnos del mal y hacer el bien.Entonces, es importante poder distinguir entre ellos.

2. ¬ŅQu√© acci√≥n ejercen?

Esta acci√≥n es triple y opera sobre nuestros sentidos y sobre nuestras facultades a trav√©s de las consolaciones, de las desolaciones y de las inspiraciones.Las consolaciones son aquellos sentimientos de paz y gozo que a veces son dados a las almas, principalmente durante la oraci√≥n. Algunas veces son sensibles, como las l√°grimas y emociones que son percibidas por los sentidos, y a veces son espirituales o interiores, tales como las iluminaciones sobre alguna verdad o un impulso de amor hacia Dios. Estas √ļltimas son llamadas m√≠sticas o contemplativas cuando son infundidas directamente por Dios y provocan una cierta admiraci√≥n o gusto por Dios.Las desolaciones son aridez y sequedad en la oraci√≥n, tentaciones e impresiones de tristeza y desaliento, y disgusto y aversi√≥n hacia cualquier esfuerzo dirigido a la virtud, etc.Las inspiraciones son los deseos, proyectos o resoluciones para emprender o llevar a cabo un acto de virtud o una pr√°ctica de piedad.

3. ¬ŅPor qu√© es necesario tener reglas para el discernimiento de esp√≠ritus?

Tales reglas son necesarias porque, en la mayor√≠a de las ocasiones, la acci√≥n que diferentes esp√≠ritus llevan a cabo est√°n mezcladas con elementos buenos y malos. Como explica el Padre Rigoleux: ‚ÄúCuando Dios nos da una gracia, el demonio viene al mismo tiempo con la intenci√≥n de arrebatarla, o al menos para debilitarla u opacarla.‚ÄĚAdem√°s, esta acci√≥n es muy sutil, por lo tanto problem√°tica para discernir y por consiguiente sujeto a errores de interpretaci√≥n.Adem√°s, una acci√≥n puede ser mala mientras aparenta ser buena ya que Satan√°s sobresale en hacerse pasar como un √°ngel de luz para apartarnos del recto camino.Finalmente, la acci√≥n del esp√≠ritu de uno es frecuentemente incomprendida o malinterpretada como resultado de la ignorancia generalizada acerca de las reglas para el discernimiento de esp√≠ritus.

4. ¬ŅCu√°les son las reglas y efectos del buen esp√≠ritu?

De acuerdo a los Ejercicios de San Ignacio de Loyola, son:(a) Alegr√≠a espiritual, paz en el alma y ausencia de inquietud.(b) √Ānimo para emprender el bien, la virtud y la perfecci√≥n.(c) Remordimientos tenaces y fuertes en el caso de pecadores graves.(d) Buenos sentimientos producidos sin una previa causa. Los sentimientos que son los resultados de una causa, tales como una pr√©dica, un himno, una emoci√≥n, una memoria, la vista de un objeto, un pensamiento, un prodigio, una aparici√≥n, una visi√≥n o un mensaje, etc., pueden venir tanto del mal esp√≠ritu como del buen esp√≠ritu. Entonces deben ser investigados.(e) Los otros buenos sentimientos que llevan a lo bueno y a lo mejor, y que son buenos en todo aspecto, desde el comienzo al final, deber√≠an ser examinados, y con cuidado, cuando se trata de tomar decisiones.De acuerdo a Santa Margarita Mar√≠a, los signos y efectos del buen esp√≠ritu son:(a) El miedo de ser enga√Īado por Satan√°s apareciendo como un √°ngel de luz.(b) Sentimientos de humildad, y la convicci√≥n de nuestra nada, nuestra insignificancia, nuestra impotencia de hacer cualquier bien.(c) Atribuirle a Dios todo bien, y toda gracia, consolaci√≥n, virtud, √©xito: ‚Äúnada de m√≠, todo de Dios‚ÄĚ.(d) Desconfianza de uno mismo, sobre todo en los casos de contemplaci√≥n y virtud elevados, como as√≠ tambi√©n la ausencia de un sentimiento de seguridad en la propia perseverancia; una reca√≠da es posible en cualquier momento. ‚ÄúAs√≠ pues, el que crea estar en pie, mire que no caiga‚ÄĚ (I Cor. 10:12). ‚ÄúNunca te vuelvas tan seguro que dejes de temer la posibilidad de una reca√≠da, y estate atento a las ocasiones de pecado‚ÄĚ (Santa Teresa).(e) Rezar contra las tentaciones y las trampas del demonio.(f) Desprecio y humillaciones, tra√≠dos por las gracias que una persona ha recibido y viniendo de criaturas, muy a menudo de nuestros superiores. Un m√≠stico sin este signo es un m√≠stico falso, contrario a la opini√≥n com√ļn, que es a√ļn prevaleciente en la Iglesia, y que err√≥neamente considera al fracaso como un mal signo. Esto es olvidar que Cristo fall√≥ humanamente porque √ČL es ‚Äúun signo expuesto a la contradicci√≥n‚ÄĚ.(g) La ausencia de falta de estima hacia nuestro pr√≥jimo y el crecimiento de caridad compasiva hacia √©l.(h) El dolor de estar ‚Äúbien visto‚ÄĚ por otros, porque buscar popularidad es un muy mal signo.(i) La obediencia y la sumisi√≥n a la Iglesia, a nuestros superiores, y a los deberes de nuestro estado de vida.(j) Apertura de conciencia con el director espiritual que no necesariamente es el confesor de la persona.(k) Conformidad y adhesi√≥n a la Sagrada Escritura y a la Iglesia. Sobre este tema Santa Teresa dice en su "Vida" (cap√≠tulos 25,26,32): ‚ÄúEstoy lista para soportar miles de muertes por defender un art√≠culo del Credo; un favor puede s√≥lo ser considerado como viniendo de Dios en la medida que est√© en conformidad con la Sagrada Escritura. Si en lo m√°s m√≠nimo se aparta de ella, ver√≠a en eso una trampa del maligno... No considero una revelaci√≥n como verdadera hasta que no se demuestre no ser contraria a la Sagrada Escritura y a las leyes de la Iglesia que estamos obligados a seguir‚ÄĚ.(I) El amor por las cruces y la sed por las humillaciones.(m) El deseo de morir como causa de virtud: por ejemplo, para no pecar m√°s, para ver a Dios y glorificarlo.(n) La sed de Dios, por un amor perfecto y por una completa uni√≥n con √Čl.(o) La fe y el abandono en la Providencia en todas circunstancias, especialmente en las cruces.(p) El hambre por la Comuni√≥n, por la Eucarist√≠a.Todos estos signos mencionados arriba son tambi√©n indicados por los dos grandes Carmelitas Santa Teresa y San Juan de la Cruz. Ellos insisten sobre todo, en el amor a la cruz, y tambi√©n mencionan los siguientes signos y efectos del buen esp√≠ritu:(a) Confianza en Dios, fe, y esperanza en la victoria de la Gracia.(b) Negarse a rezar para ser liberados de las pruebas, y a√ļn haber recurrido a la oraci√≥n para que le sean dadas pruebas.(c) Luchar para progresar en la virtud: ‚ÄúPor sus frutos los reconocer√©is‚ÄĚ (Mt 7:16)(d) La producci√≥n inmediata en el alma de los buenos efectos prometidos por las manifestaciones sobrenaturales.

5. ¬ŅCu√°les son los signos y efectos del mal esp√≠ritu?

De acuerdo a San Ignacio, son:(a) Tristeza, desaliento, ansiedad, sobre todo si es vano y sin causa. La tristeza a causa de Dios, sin embargo, cuando es provocada por el pecado y por la p√©rdida de almas, no es un mal signo sino bueno.(b) Motivos sutiles y argumentos tortuosos y confusos para determinar esto o aquello.(c) Todo lo que incite a la maldad.(d) Todo aquello que, ante todo presentado como bueno, evoluciona hacia lo menos bueno, lo f√°cil, lo malo. ‚ÄúEntren por la puerta estrecha‚ÄĚ dice Jes√ļs (Lc 13:24), y en su carta 26 y contrase√Īa 194, San Juan de La Cruz declar√≥: ‚Äúsi en cualquier momento cualquier persona, quien quiera que sea y si es tu superior o no, intenta ense√Īarte una doctrina amplia y f√°cil, no le creas y no la aceptes, a√ļn si √©l la confirmara con milagros, sino que abraza la penitencia y a√ļn m√°s penitencia‚ÄĚ.(e) Lo que sea sugerido brutal e intempestivamente ya que el Esp√≠ritu Santo act√ļa dulcemente.De acuerdo con San Juan de la Cruz y Santa Teresa, los signos y efectos del mal esp√≠ritu son:(a) autosatisfacci√≥n est√©ril y vanidad.(b) Angustia -como opuesta al remordimiento o compunci√≥n- acerca de la gravedad de los propios pecados; el verdadero arrepentimiento no consiste en ser escrupuloso.(c) Seguridad espiritual; creyendo en la propia virtud, en la propia inmunidad y en la confirmaci√≥n de la gracia. San Juan de la Cruz rehus√≥ atribuir al verdadero Esp√≠ritu de Dios la elevada oraci√≥n de una monja ‚Äúporque ella manten√≠a una actitud de imprudente seguridad sin temer que pudiera perder su camino interiormente, mientras que el Esp√≠ritu de Dios nunca avanza sin este saludable temor para, como la Sabidur√≠a dice, preservar el alma del mal‚ÄĚ(d) Falta de confianza en Dios; si es imposible para el alma redescubrir la confianza ese es un signo de que la tentaci√≥n no viene de Dios.(e) Impaciencia y murmurar cuando alguien est√° bajo prueba; ‚Äú√©l que se queja o murmura no es perfecto; no es a√ļn un buen cristiano‚ÄĚ, dijo San Juan de la Cruz (contrase√Īa 173).(f) Las penitencias que sean ya sea indiscretas o por encima de nuestras fuerzas/ posibilidades, y especialmente aquellas penitencias que nos impiden cumplir con nuestros deberes de estado o el servicio de Dios.(g) Cosas extravagantes, inoportunas o extraordinarias que atraen la estima y publicidad en la pr√°ctica de las virtudes y de la perfecci√≥n.(h) Desprecio por las cosas peque√Īas.(i) Impresiones o maneras de hacer las cosas careciendo de pureza de conducta, en las propias oraciones y en visiones y revelaciones.(j) Simulaci√≥n y falta de apertura con el confesor y director espiritual. El demonio ama permanecer oculto y no ser descubierto, actuar de inc√≥gnito.(k) Desobediencia y falta de sumisi√≥n a la Iglesia, a sus superiores, y a los deberes de estado.(I) Desprecio por la liturgia, por las directivas de la Iglesia y por el sacerdote.(m) No conformidad con la Escritura y Tradici√≥n: ‚Äúno es necesario buscar ning√ļn otro signo‚ÄĚ, escribi√≥ Santa Teresa en su "Vida", cap√≠tulo 25; ‚Äúesta sola marca es suficiente para descubrir los trucos del mal esp√≠ritu‚ÄĚ.(n) Ese tipo de falsa humildad que, bajo el pretexto de compunci√≥n, quita todo gusto por la vida espiritual y nos deja incapaces de rezar y actuar. ‚ÄúCuando la humildad procede de Dios‚ÄĚ, dice Santa Teresa en su "Vida", cap√≠tulo 30, ‚Äúes verdad que el alma reconoce y llora su propia miseria, y llega v√≠vidamente a tener conciencia de ello, pero esta visi√≥n no le causa problema, aridez; al contrario, el alma experimenta gozo, paz, dulzura y su propia malicia/ansiedad se difunde en luz‚ÄĚ.

6. ¬ŅCu√°l deber√≠a ser nuestra actitud hacia las consolaciones y movimientos del buen esp√≠ritu?

De acuerdo a todos los santos que hemos estado citando arriba, deber√≠amos:(a) Reconocer que tales cosas vienen de Dios y no de nosotros.(b) De esta manera no nos ensalzarnos a causa de ello, sino que referiremos todo el m√©rito a Dios, y le daremos gracias por ello.(c) Considerar nuestra propia nada, sobre todo al comienzo y al final de cada oraci√≥n, por muy inspirada que haya sido.(d) Considerar de antemano c√≥mo ser√° cuando estemos privados de estos buenos sentimientos.(e) Limitarse a la raz√≥n, la Sagrada Escritura y a la Iglesia, y nunca apartarse de ellas cuando se deben tomar decisiones.‚ÄúTanto si tales cosas vienen del buen o mal esp√≠ritu, lo mejor es no estar con la menor preocupaci√≥n acerca de eso, y permitirnos ser guiados en todo de acuerdo a la luz de la raz√≥n, las ense√Īanzas de la Iglesia y la doctrina de Cristo‚ÄĚ, escribi√≥ San Juan de la Cruz (Obras, pp 253, 291, 1191, 1195).

7. ¬ŅQu√© se deber√≠a hacer en la desolaci√≥n y los movimientos del mal esp√≠ritu?

De acuerdo a los santos que hemos citado arriba, debemos:(a) Perseverar en nuestro estado de vida y en las resoluciones que hemos tomado previamente.(b) Darnos con el mayor fervor a la oraci√≥n y penitencia.(c) Tener esperanza y espera pacientemente al regreso de la gracia de Dios.(d) Recordar y creer que la gracia de Dios no nos fallar√°.(e) Examinar nuestra conciencia para ver si hemos sido infieles a los ejercicios de piedad o prop√≥sitos y si as√≠ ha sido, reanudarlos.(f) Humillarse confesando que no somos impotentes para hacer alg√ļn bien, y reconociendo que cuando fuimos consolados ese bien vino de Dios.(g) Hacer lo opuesto a lo que el demonio sugiere, como rezar, cantar, etc.(h) Abrir nuestros corazones a nuestro director espiritual o confesor o alguien en cuyo juicio confiamos. Satan√°s se horroriza ante esta apertura de conciencia.(i) Abandonar nuestro punto d√©bil, ya que es aqu√≠ que el demonio nos atacar√° una y otra vez, incesantemente.(j) Recordar que la salvaci√≥n est√° en la cruz y la renuncia de s√≠ mismo, el sufrimiento, las pruebas, las humillaciones. ‚ÄúDios me libre para gloriarme si no es en la cruz de Nuestro Se√Īor Jesucristo‚ÄĚ, dice San Pablo (Gal 6:14). Santa Teresa del Ni√Īo Jes√ļs dice lo mismo: ‚Äúyo hall√© la alegr√≠a y la felicidad en la tierra, pero s√≥lo sufriendo, porque yo sufr√≠ much√≠simo en la tierra; es necesario que las almas sepan esto‚ÄĚ.En sus "Llamas vivas" (pp. 961, 962), San Juan de la Cruz dice:"la raz√≥n por la cual muy pocas almas alcanzan el estado de perfecci√≥n es porque huyen del sufrimiento... Muchas tienen el deseo de avanzar e insistentemente le piden a Dios que las eleve al estado de perfecci√≥n que consiste en la plena uni√≥n con Dios; pero tan pronto como Dios comienza a hacerles sentir las primeras pruebas, estas almas retroceden y huyen del sufrimiento, y entonces huyen del camino estrecho y buscan el camino amplio de la consolaci√≥n. Quieren llegar al estado de perfecci√≥n sin tener que pasar por las pruebas que son el camino a la perfecci√≥n‚ÄĚ.

REGLAS PARA LA APROBACI√ďN DE FEN√ďMENOS EXTRAORDINARIOS DE LA VIDA ESPIRITUAL(Visiones... Apariciones... Revelaciones... Mensajes... Misiones... Profec√≠as)

1. Resumen de las reglas de aprobación

En primer lugar, el vidente deber√≠a creer en las revelaciones que le han sido dadas a √©l, en cuanto a estar seguro del hecho y la naturaleza sobrenatural de la revelaci√≥n.En segundo lugar, los fieles pueden creer en ellas en la medida que est√©n seguros de la naturaleza sobrenatural de las revelaciones. Ciertamente que no deber√≠an despreciarlas sin son probablemente ciertas. Cuando las revelaciones son aprobadas por la Iglesia, los fieles pecar√≠an si las rechazaran, pero no ser√≠a ese un pecado contra la fe.En tercer lugar, la Iglesia cree que tales revelaciones son posibles porque ella consiente en examinarlas y no las rechaza sistem√°ticamente. La Iglesia a√ļn cree que son reales porque ha aprobado muchas revelaciones. Pero la Iglesia no cree que sucedan frecuentemente, y adem√°s juzga que son dif√≠ciles de reconocer, a causa de muchas formas de ilusi√≥n que se pueden encontrar.Finalmente, la Iglesia no las acepta como superior a la revelaci√≥n, y no espera encontrar nuevos dogmas en estas revelaciones privadas.

2. La base doctrinal de estas reglas, en el caso de los videntes

De acuerdo con el manual de Teolog√≠a de Hurter (Vol I, pp 516, 517): ‚ÄúLa persona a quien una revelaci√≥n privada le es dada, puede y a√ļn deber√≠a creerla por un acto de fe divina desde el momento que est√© cierta del hecho de esta revelaci√≥n".De acuerdo al Papa Benedicto XIV, en su ‚ÄúTratado de canonizaci√≥n de los Santos‚ÄĚ: ‚Äúla persona que recibe una revelaci√≥n particular y aquellos a quienes le es transmitida por orden (par ordre), puede y deber√≠a examinar sus t√≠tulos de creencia. Si estos t√≠tulos son reconocidos como v√°lidos, no tienen el derecho en conciencia de rechazar la adhesi√≥n al mismo.El Papa Juan XXIII, en su mensaje de cierre del a√Īo Mariano el 18 de febrero 1959, expres√≥:‚ÄúInstamos a escuchar las saludables advertencias de la Madre de Dios con coraz√≥n sencillo y rectitud de esp√≠ritu. Los Pont√≠fices romanos son constituidos guardianes e int√©rpretes de la Revelaci√≥n Divina, tal como est√° contenida en la Sagrada Escritura y la Tradici√≥n; pero ellos tienen tambi√©n el deber de recomendar a los fieles -cuando, luego de un examen maduro, lo juzgan oportuno para el bien general‚Äď aquellas luces sobrenaturales que agradan a Dios ofrecer libremente a ciertas almas privilegiadas, no para proponer nuevas doctrinas sino en orden a guiar nuestra conducta‚ÄĚ (Cf. Santo Tom√°s de Aquino, II, II, q. 174. art. 6 ad 3m).

3. La base doctrinal de estas reglas, en el caso de los fieles

El fundamento doctrinal de estas reglas, en el caso de los fieles, nos dice Hurter: ‚ÄúLos fieles no est√°n obligados a creer. Sin embargo, no est√° permitido que las desprecien, ya que podr√≠an ser y a√ļn probablemente sean divinas y la presunci√≥n est√° en su favor. Est√° permitido creer en la medida en que sea establecida su autenticidad con certeza. Pueden todav√≠a creer en ellas, a√ļn si su autenticidad es solamente probable, pero en este caso su consentimiento no ser√° un acto de fe teol√≥gica sino de simple prudencia‚ÄĚ.El Papa Benedicto XIV, en su Tratado sobre la Canonizaci√≥n de los Santos, establece: ‚ÄúEn cuanto a lo que concierne a revelaciones privadas, no deber√≠an ser recibidas con un sentido de fe Cat√≥lica, sino con fe humana, de acuerdo a las reglas de prudencia que nos presentan tales revelaciones como probables y piadosamente cre√≠bles. Esto no es para decir que estas revelaciones no pueden o no est√°n destinadas a ser el instrumento de grandes gracias, a√ļn para los fieles; pero como no son el objeto de un acto de fe teol√≥gico, ponerlas en duda o negarlas no es un pecado de herej√≠a".‚ÄúSin embargo, cuando la Iglesia las ha aprobado, y a√ļn m√°s, cuando la Iglesia ha establecido o recomendado ciertas pr√°cticas que emanan de las revelaciones, protestar en su contra ser√≠a una grave falta de respeto y de consentimiento de mente y voluntad los cuales debemos a las directivas y ense√Īanza de la Iglesia, a√ļn cuando ella no invoque el privilegio de infalibilidad‚ÄĚ.El libro de Mons. Saudreau ‚ÄúEL Estado M√≠stico‚ÄĚ, trata sobre todo este tema, en el cap√≠tulo 18 (pp. 209- 270). En la p√°gina 223, discutiendo la responsabilidad de aquellos que desprecian las revelaciones privadas, escribe lo siguiente:‚ÄúNo hay obligaci√≥n de creer a menos que haya certeza, pero los motivos para creer pueden ser tales que toda prudente duda se vuelva imposible. En tal situaci√≥n, quien se niegue a creer y obedecer carecer√≠a de respeto y de sumisi√≥n a Dios, y pecar√≠a gravemente. Cuando una persona que est√° favorecida con una aparici√≥n o con una revelaci√≥n celestial tiene pruebas suficientemente fuertes y cree sin dudar... √©l hace un acto, no de fe cat√≥lica, sino de fe divina y teol√≥gica. Este acto es muy meritorio y puede ser causa principal de grandes gracias".El autor luego cita numerosos ejemplos de castigos o muerte s√ļbita infligida a sacerdotes y religiosos incr√©dulos, y afirma que ‚Äúla mayor√≠a de aquellos a quien Dios ha favorecido con Sus comunicaciones han sido en un comienzo contradichos, burlados, y tratados como visionarios o gente que sufre alucinaciones‚ÄĚ (p. 231).‚ÄúConsideramos necesario demostrar las ventajas de las revelaciones, y el peligro y la falta que hay o que puede ser el desprestigiarlas, porque en nuestra √©poca no hay falta de esc√©pticos; la tendencia a minimizar la importancia de lo sobrenatural, y a reducirlo al nivel m√°s bajo posible, nunca ha sido tan acentuado; es importante cuidarse de no tener esta actitud y no olvidar la recomendaci√≥n de la Escritura: ‚ÄúNo despreci√©is las profec√≠as; examinadlo todo y quedaos con lo bueno‚ÄĚ (I Tes 5:20-21) (ibid., p 233).Mons. Saudreau tambi√©n dice (pp. 268, 269) que, de acuerdo a algunas almas privilegiadas, habr√° terribles castigos en el futuro a causa del escepticismo contempor√°neo sobre este tema.Santa Teresa aclara, en el Libro de las Fundaciones (cap. 8): ‚ÄúCuando un alma es verdaderamente humilde, a√ļn si una visi√≥n viniera del esp√≠ritu de la oscuridad, no causar√≠a ning√ļn da√Īo; pero es tambi√©n cierto que cuando falta la humildad, a√ļn si viniera de Dios, no le traer√≠a ning√ļn beneficio a esa alma‚ÄĚ.De acuerdo con San Juan de la Cruz: ‚ÄúEl segundo tipo de revelaciones concierne a los secretos de los misterios escondidos... y promesas divinas o amenazas, como as√≠ tambi√©n los acontecimientos que deber√≠an o deber√°n tener lugar, ya sea en todo el universo en general o en un reino particular, una provincia, un estado, una familia o una cierta persona: nuestras santas cartas contienen numerosos ejemplos de estas revelaciones... Dios a√ļn las concede en nuestros tiempos a quien le plazca. √Čl suele revelar a ciertas almas lo que le suceder√° a tal o cual persona, o lo que suceder√° en tal o cual reino, etc‚ÄĚ.

REGLAS PARA EL DISCERNIMIENTO DE FEN√ďMENOS EXTRAORDINARIOS EN LA VIDA ESPIRITUAL

Es necesario saber que los errores son posibles y reales. Afloran menos frecuentemente en los casos de santos que en la gente ordinaria que no est√°n muy avanzados en la virtud; pero la gente deber√≠a saber que los errores pueden suceder a√ļn con los santos. El Padre Poulain nombra a 32 santos que fueron enga√Īados, en las p√°ginas 355 y 356 en su Tratado sobre las Gracias de la oraci√≥n.

1. Cinco causas de errores

(a) Una revelaci√≥n puede a veces ser interpretada incorrectamente por la persona que la recibe, porque es oscura, ya sea porque Dios no la hace completamente conocida, o a causa de las condiciones en las que est√° implicada en la profec√≠a o la revelaci√≥n (Ver San Juan de la Cruz, Ascensi√≥n, Libro 2, cap. 19). Tal fue el caso con San Pedro, quien al escuchar una voz que le dec√≠a tres veces: ‚Äúlev√°ntate, mata y come‚ÄĚ, (Hech 10:13), pens√≥ que era cuesti√≥n de su comida y no una orden para bautizar a los paganos.(b) Cuando las visiones representan escenas hist√≥ricas, muy a menudo lo que representan es solamente aproximado y probable. Por lo tanto, uno se equivocar√≠a al atribuirles una exactitud absoluta, pero Dios no nos enga√Īa cuando √Čl modifica ciertos detalles. √Čl hace esto por una raz√≥n, a saber, para que comprendamos mejor el pensamiento secreto que ha ocultado en el misterio. En efecto, ha habido revelaciones, hechas a personas santas y aprobadas por la Iglesia, que se contradicen una con otra. Esto demuestra la falta de prudencia que es el intentar reconstruir la historia por medio de las revelaciones hechas a los santos.(c) Puede ocurrir que durante una visi√≥n, el esp√≠ritu humano mantenga su poder de mezclar su propia acci√≥n en cierto modo con la acci√≥n divina; en tales ocasiones ser√° autoenga√Īo atribuirle puramente a Dios el conocimiento que es as√≠ obtenido. En una ocasi√≥n ser√° el poder de invenci√≥n el que est√° en juego, y en otras ser√°n hechos o im√°genes recogidas de la memoria.A√ļn aquellos que a menudo tienen verdaderas revelaciones pueden volverse negligentes en el cuidado del discernimiento y, de all√≠ que puedan transmitir una profec√≠a falsa.Adem√°s, los videntes a menudo son llevados a atribuir falsamente a la influencia divina, durante el √©xtasis o los momentos de intensa uni√≥n con Dios, aquellas ideas que tienen que ver con sus propios deseos e ideas preconcebidas en cuestiones de doctrina y de historia. La actividad del propio esp√≠ritu de los videntes es una de las principales causas de error. Encontramos ejemplos de visiones llenas de errores hist√≥ricos en los casos de Santa Isabel de Schoenau, el Beato Hermann Josef, Santa Hildegarda, Santa Catalina de Ricci y Mar√≠a de Agreda, etc.(d) Puede ocurrir que una revelaci√≥n verdadera pueda ser involuntariamente alterada, luego del acontecimiento, por el mismo vidente; este peligro es muy grande cuando la revelaci√≥n escrita es muy larga, y, sin embargo, fue recibido en un modo casi instant√°neo. En tales casos no es excesivo decir que no s√≥lo no fueron dadas todas las palabras por la revelaci√≥n sino que como el pensamiento en la revelaci√≥n no fue detallado, el vidente, por s√≠ mismo, lo desarroll√≥ posteriormente.(e) Es tambi√©n muy posible que secretarios alteren el texto, sin mala intenci√≥n, y en buena fe inserten sus propias elecciones de expresi√≥n en √©l.

2. Las cinco causas de la falsedad de un mensaje

Es posible que un mensaje no s√≥lo contenga errores por las cinco causas que hemos listado arriba sino que tambi√©n puede ser falso en s√≠ mismo por las siguientes causas:(a) Puede ocurrir que la persona que dice que ha recibido revelaciones sea un mentiroso y lo haga de mala fe.(b) Una persona puede inventar cosas en buena fe, o como resultado de una ilusi√≥n, o proviniendo de un cierto desorden de la memoria que consiste en creer y recordar ciertos hechos a√ļn cuando tales hechos nunca han ocurrido.(c) Una persona puede ser enga√Īada por su propia imaginaci√≥n o por su propio esp√≠ritu si ellos son muy v√≠vidos.(d) El demonio puede dar revelaciones o visiones falsas, como en el caso de Nicol√°s de Rheims en el siglo XVII. Tambi√©n puede el demonio producir una alineaci√≥n de los sentidos de la persona en un intento de fraguar un √©xtasis divino. Pero este caso es extremadamente raro y casi no conocido y ciertos ejemplos pueden ser citados.(e) Una revelaci√≥n puede ser la invenci√≥n de fraguadores. Las profec√≠as pol√≠ticas a menudo pueden ser obra de ellos, estando motivados por intereses pol√≠ticos o de dinero, o por el deseo de mofarse del p√ļblico. Tales profec√≠as abundan en √©pocas de revueltas pol√≠ticas o religiosas. Una caracter√≠stica sospechosa, que es notable en las modernas profec√≠as pol√≠ticas, es que nunca instan a las personas a luchar contra la perversi√≥n y no indican ning√ļn medio serio para resistirlos; en cambio dicen que el mundo cambiar√° de improviso, por un milagro, sin una anterior conversi√≥n de coraz√≥n y moral.En la primera mitad de esta parte concerniente a las reglas de discernimiento de fen√≥menos extraordinarios en la vida espiritual, hemos estado estudiando qu√© es necesario saber acerca de ellos.En la restante mitad vamos a estudiar qu√© acciones deben tomarse.

3. Estudiar si la persona da signos divinos

Esto significa que es necesario examinar si el vidente est√° absolutamente seguro de la naturaleza sobrenatural de sus revelaciones, y si √©l o ella obra milagros o da profec√≠as. Si la respuesta es afirmativa las revelaciones vienen de Dios y no del maligno o la naturaleza. Veremos abajo si la estigmatizaci√≥n puede ser un signo divino.Pero las revelaciones son en realidad raramente acompa√Īadas por tales signos divinos decisivos; por lo tanto es necesario llegar a un juicio siguiendo las reglas de prudencia, y luego de analizar las razones a favor y en contra. Para hacer esto, uno debe estudiar al individuo, la raz√≥n de ser de las revelaciones y sus circunstancias concomitantes, y los efectos de la revelaci√≥n.Algunas personas proponen que deber√≠a probarse que ni el demonio ni nuestras ideas personales han tenido influencia en la acci√≥n de Dios, pero este procedimiento s√≥lo difiere del anterior que hemos esbozado en el modo en que se clasifica la informaci√≥n y en que se sacan las conclusiones.

4. Estudiar a la misma persona

(a) En primer lugar, cu√°les son sus cualidades y defectos? Es la persona sincera, desde el punto de vista f√≠sico, intelectual y moral? Est√° mentalmente equilibrada? Dotada de sano juicio? Exagera o inventa? Est√° debilitada por enfermedad, vigilias o ayunos?Si las respuestas son favorables es probable que no exista raz√≥n para temer las principales causas de error.(b) ¬ŅQu√© tipo de instrucci√≥n ha recibido esta persona? Qu√© lecturas ha hecho? Es necesario asegurarse que el conocimiento que se dice ha sido revelado no haya sido extra√≠do de libros o conversaciones de te√≥logos, como fue el caso de Santa Hildegarda.(c) ¬ŅQu√© progreso ha hecho la persona en virtud desde las revelaciones? El punto m√°s importante a saber es si la persona ha progresado mucho, luego de las revelaciones; si es as√≠, entonces hay una gran probabilidad a favor de lo sobrenatural; de lo contrario, las revelaciones deben ser consideradas como sospechosas.El demonio no puede llevar a las almas a practicar virtudes s√≥lidas de una manera verdadera y duradera. Por enga√Īo √©l puede fingir alentarlos por un tiempo pero terminar√° en exageraciones y peculiaridades; bajo su influencia, las penitencias ser√°n incrementadas hasta el punto de arruinarle la salud, y ser√°n acompa√Īados de desobediencia; la pureza de conciencia degenerar√° en escr√ļpulos, la humildad en desaliento; el celo se volver√° indiscreto, y seducir√° al alma sac√°ndola del estado presente y la lanzar√° a aventuras que terminar√°n en un callej√≥n sin salida.(d) ¬ŅHa hecho la persona predicciones y todas han sido claramente expresadas y hechas realidad sin tener que invocar a sutilezas de interpretaci√≥n? Cuando una sola predicci√≥n aislada se ha hecho realidad, existe una sola probabilidad de que es divina ya que pudo haber sido lanzada al azar, y el demonio puede conjeturar muchos eventos futuros a la luz del patr√≥n usual marcado por las voluntades divinas y humanas en circunstancias similares.Si las profec√≠as no se cumplen y no hay serias razones para creer que son condicionales, se presumir√° que no son divinas. ‚Äúy si dices en tu coraz√≥n:¬Ņc√≥mo reconoceremos la palabra que no ha dicho Yahv√©? Si el profeta habla en nombre de Yahv√©, y no sucede ni se cumple la palabra, es que Yahv√© no ha dicho tal palabra; el profeta lo ha dicho por presunci√≥n; no le tengas miedo‚ÄĚ (Dt 18:21-22).(e) ¬ŅQu√© gracias extraordinarias de uni√≥n con Dios cree esta persona que recibi√≥ previamente y cu√°l es su juicio acerca de ellas? Aparte de los casos excepcionales, estas gracias son s√≥lo concedidas cuando la persona est√° avanzada en la maneras de orar.(f) ¬ŅLe han sido enviadas grandes pruebas antes o despu√©s de las revelaciones? Por ejemplo, enfermedad, contradicciones, fracaso, y retrasos en llevar a cabo ciertos emprendimientos en los cuales la persona ten√≠a puesto su coraz√≥n? Si la respuesta es afirmativa, es un buen signo porque la vida de los santos est√° llena de estas pruebas, y es imposible que las gracias extraordinarias no sean acompa√Īadas por cruces; son una marca de la amistad con Dios. Si no hay cruces, la revelaci√≥n es sospechosa.La prueba m√°s com√ļn de estos favores extraordinarios es que la gente, si escucha acerca de ellos, adopta una actitud esc√©ptica u hostil. Las cr√≠ticas y dudas son una excelente ocasi√≥n de prueba para juzgar la humildad del vidente, su paciencia y su confianza.(g) ¬ŅHa tomado la persona las tres precauciones indispensables para evitar ilusiones? A saber: el miedo a ser enga√Īado, apertura a un director espiritual y no haber deseado las revelaciones?Est√° claro que creerse preservado de las ilusiones es justo la disposici√≥n necesaria para tenerlas. Asimismo, no estar dispuesto a estar abierto y considerarse un buen juez en la materia es favorable a las trampas del enemigo, quien no quiere que se le descubran sus trampas. Finalmente, una revelaci√≥n deber√≠a ser generalmente considerada como sospechosa si ha sido deseada.

5. El estudio de la revelación en sí

(a) ¬ŅEs el texto verdaderamente aut√©ntico? ¬ŅO ha habido algunas correcciones o a√ļn supresiones de ciertas expresiones y de ciertos pasajes, como inexactos u oscuros?(b) ¬ŅConcuerda totalmente la revelaci√≥n con el dogma y con las ense√Īanzas del la Iglesia, as√≠ como tambi√©n con las afirmaciones ciertas de la historia y de la ciencia? ‚ÄúYo no considero una revelaci√≥n como verdadera a menos que no haya absolutamente nada en contra de la Sagrada Escritura y de las leyes de la Iglesia que estamos obligados a seguir‚ÄĚ, dice santa Teresa en su "Vida" (cap. 32, p√°g. 354).(c) ¬ŅContiene alguna ense√Īanza o es acompa√Īado de alguna acci√≥n contraria a la decencia o a la moral? San Juan de la Cruz dijo: ‚ÄúUna de las trampas del mal esp√≠ritu es divulgar los pecados de otro con tanta falsedad como aparente luz. Su fin es difamatorio‚ÄĚ.(d) ¬ŅEs la revelaci√≥n √ļtil bajo el punto de vista de la salvaci√≥n eterna? Se puede estar seguro que las revelaciones no son de origen divino cuando el objetivo es simplemente hacer conocer temas vulgares que no tienen utilidad alguna para el bien de las almas. Dios no dar√° lugar a una revelaci√≥n para satisfacer la curiosidad, sino s√≥lo por un motivo grave. Por lo tanto, y a pesar de sus escenarios aparentemente religiosos, se debe tener como cuenteras aquellas personas que, en el nombre de alg√ļn esp√≠ritu celeste, est√°n prontas a responder cualquier consulta que se les haga a cualquier hora y en cualquier lugar, sobre temas tales como nacimientos, casamientos, juicios, enfermedades y resultados de acontecimientos pol√≠ticos.Una revelaci√≥n tambi√©n deber√≠a considerarse sospechosa cuando su √ļnico fin es aclarar una cuesti√≥n disputada de teolog√≠a, historia o astronom√≠a. Deber√≠a comprenderse claramente que la salvaci√≥n eterna es lo √ļnico importante a la vista de Dios. San Juan de la Cruz dice que ‚Äúpor el resto, su intenci√≥n es que los hombres recurran a medios humanos‚ÄĚ (Ascenso, Libro 2, cap. 22).La revelaci√≥n deber√≠a tambi√©n considerarse sospechosa si, aunque muy buena, es lugar com√ļn y puede ser encontrada en libros de asc√©tica. En tal caso es probable que el vidente, sin darse cuenta, est√© repitiendo lo que ha aprendido en su lectura, o a√ļn est√° siendo abusado por el demonio, que quiere ganar su confianza para conducirlo en una de sus audaces trampas.Si las revelaciones o las visiones son muy numerosas, esta circunstancia, tomada en s√≠ misma, no es signo desfavorable, porque considerarla desfavorable ser√≠a condenar a un mont√≥n de santos. Por otra parte, si las revelaciones son largas y numerosas y no contienen nada falso, deshonesto o f√ļtil, puede concluirse, con probabilidad, que no vienen del demonio, porque de otro modo √©l estar√≠a fracasando en su objetivo ya que no es posible que el demonio se oculte por mucho tiempo.(e) Cuando las actitudes, gestos, palabras y circunstancias que acompa√Īan a la visi√≥n son examinados en detalle, a√ļn en el caso de personas que son muy razonables y de buena educaci√≥n ¬Ņes la revelaci√≥n conforme a aquella dignidad y seriedad que es apropiada a la Divina Majestad, o contrariamente est√° caracterizada por peculiaridades, comportamiento grotesco, convulsiones, ...?Muchos autores aseguran que el demonio nunca tendr√≠a permiso para tomar la forma de una paloma o de un cordero en sus apariciones porque estos son los s√≠mbolos del Esp√≠ritu Santo y de Cristo. Pero esta doble aserci√≥n est√° contradicha por los hechos. As√≠, santa Francisca Romana vio un d√≠a al demonio que tomaba la forma de un cordero, el cual se lleg√≥ hasta ella y se ech√≥ suavemente a los pies de la santa; ella lo reconoci√≥ y el demonio se transform√≥ en un lobo furioso.En otra ocasi√≥n vio siete demonios que aparecieron como siete corderos blancos, declarando que simbolizaban los siete dones del Esp√≠ritu Santo; pero nuevamente los reconoci√≥ y se cambiaron en lobos intentando atacarla.La celebrada Magdalena de la Cruz, que obr√≥ prodigios por medio de la acci√≥n del esp√≠ritu del mal, un d√≠a vio al diablo aparec√©rsele en la forma de una paloma.(f) Durante y despu√©s de la revelaci√≥n, ¬Ņqu√© paz o qu√© inquietud experimenta la persona? √Čste es uno de los m√°s importantes medios de discernimiento. Con personas de buena voluntad la acci√≥n del buen esp√≠ritu se caracteriza por dar paz, gozo, seguridad y valor, excepto, quiz√°s, en el primer instante. La acci√≥n del demonio, por lo contrario, produce efectos diametralmente opuestos: cuando act√ļa sobre personas de buena voluntad produce, excepto, quiz√°s, en el primer instante inquietud, tristeza, desaliento, agitaci√≥n y oscuridad.Por consiguiente, se sigue que el estado de paz o de falta de ella de la persona da un medio incuestionable para distinguir las verdaderas revelaciones de las falsas, cuando una de estas caracter√≠sticas est√° bien definida. Sin embargo, hay que considerar tambi√©n la acci√≥n del propio esp√≠ritu: es posible que este esp√≠ritu pueda introducirse en una revelaci√≥n cuando tiene lugar durante un per√≠odo de profundo recogimiento y de gran paz que viene de Dios. Consecuentemente, el sentido de paz no es suficiente por s√≠ mismo, para probar que todo es divino; s√≥lo lo hace probable.(g) ¬ŅConmina la revelaci√≥n a empresas espec√≠ficas como una nueva devoci√≥n, la construcci√≥n de un santuario, la creaci√≥n de una obra para la que no hay suficientes recursos, una nueva congregaci√≥n?Si √©ste es el caso, la obra deber√≠a ser examinada para ver si es buena en s√≠ misma, en conformidad con el pensar de la Iglesia; √ļtil, y de una utilidad que explique la necesidad para que se haya usado un medio tan excepcional como una revelaci√≥n; oportuna, es decir, si responde a una nueva necesidad, y si puede causar da√Īo a cualquier otra obra que ser√≠a mejor apoyar. A este respecto, el Cardenal Pitra ha dicho: ‚ÄúEst√° totalmente permitido desechar tales revelaciones, a√ļn si han sido aprobadas, cuando se hace por razones s√≥lidas y cuando sobre toda la doctrina contraria est√° establecida por documentos y experiencia incuestionable‚ÄĚ.Se deber√≠a advertir que las revelaciones de mujeres son probablemente falsas cuando, a trav√©s de este medio, buscan dirigir a cl√©rigos y jerarcas y ense√Īarles cuando hablan sobre autoridad.(h) Finalmente, ¬Ņhan sido las revelaciones expuestas a la prueba del tiempo y de discusi√≥n? Sin esta condici√≥n ninguna revelaci√≥n puede ser considerada como fuera de cuesti√≥n, a pesar que no haya recibido ning√ļn juicio desfavorable.

6. ¬ŅEs la estigmatizaci√≥n un signo divino?

La respuesta debe ser afirmativa si los estigmas son duraderos, incorruptibles y sin supuraci√≥n o infecci√≥n; si no pueden ser curados con medicaci√≥n y ap√≥sitos, a√ļn cuando a veces sanan; si sangran abundantemente y peri√≥dicamente a las horas, d√≠as o fiestas lit√ļrgicas de la Pasi√≥n de Cristo; si son producidas en personas de virtudes heroicas; y si muestran todas las caracter√≠sticas de su origen sobrenatural cuando sus efectos y distintas circunstancias son examinados.Pero la respuesta podr√≠a ser negativa si las heridas no poseen las garant√≠as arriba enumeradas; porque la autosugesti√≥n, el fraude y el demonio pueden a veces producir heridas que son aparentemente y superficialmente similares a un verdadero estigma. Sin embargo, tales casos son muy raros y no soportan un examen cr√≠tico y el paso del tiempo, que resulta en ser r√°pidamente desenmascarados y condenados.La cuesti√≥n fue tratada en el Congreso de Avon del 17 al 19 de abril de 1936, y sus discusiones y conclusiones fueron informadas en la entrega de Octubre de 1936 de Carmelite Studies. Fue tambi√©n excelentemente resumido en el segundo volumen del P. Garrigou Lagrange, Los Tres Caminos de la Vida Espiritual, de la p√°gina 775 y siguientes (de la edici√≥n inglesa).Finalmente, deber√≠a advertirse que la gran mayor√≠a de te√≥logos, psic√≥logos y doctores, concuerdan todos en la opini√≥n arriba expuesta, y no aceptan argumentos insubstanciales de los pocos doctores que mantienen que es posible producir estigmas por autosugesti√≥n.

7. Estudiar los efectos producidos por la revelación

En el volumen II de su trabajo, Los tres edades de la vida espiritual (pp. 325, 796- 798), el Padre Garrigou Lagrange da unas pocas y buenas indicaciones sobre c√≥mo uno deber√≠a examinar la cuesti√≥n. En la pr√°ctica es suficiente formular una sola pregunta:S√≠ o no, la revelaci√≥n ha producido buenos frutos de gracia?(a) El principio de discernimiento es dado en los Evangelios. Nuestro Se√Īor dice:‚ÄúGuardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocer√©is. ¬Ņacaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? As√≠, todo √°rbol bueno da frutos buenos, pero el √°rbol malo da frutos malos. Un √°rbol bueno no puede producir frutos malos, ni un √°rbol malo producir frutos buenos (Mt 7:15-18).A la luz de este principio, que ‚Äúel √°rbol deber√≠a ser juzgado por su fruto‚ÄĚ, podemos juzgar qu√© esp√≠ritu mueve al alma favorecida. Uno debe mirar los resultados de su influencia y compararlos con lo que el Evangelio nos dice sobre las principales virtudes cristianas; si estas virtudes son incrementadas, es un signo de que es un buen esp√≠ritu, sobre todo si estos frutos est√°n perdurando; aquellos, ciertamente, quienes est√°n animados por una mala intenci√≥n no pueden permanecer escondidos por mucho tiempo.(b) Los verdaderos m√≠sticos y los ext√°ticos tambi√©n producen frutos.Con ellos, siguiendo las revelaciones u otros fen√≥menos , hay siempre un desarrollo en su comprensi√≥n de los temas divinos, los que tienen que ver con la vida interior, la vida de la Iglesia, y de todo lo que ata√Īe a la salvaci√≥n o p√©rdida de las almas; hay tambi√©n un constante incremento en el amor hacia Dios, y una devoci√≥n al pr√≥jimo que se evidencia en los trabajos que hacen y que finalizan exitosamente. Sus fundaciones perduran con frecuencia por siglos; tal fue el caso de San Francisco de As√≠s, Santa Teresa, y Santa Catalina de Siena quien a pesar de morirse a los 32 a√Īos, y de no saber leer ni escribir, no obstante, por un largo tiempo, jug√≥ uno de los papeles m√°s importantes en los asuntos de su tiempo, en particular al proteger el regreso del Papa a Roma.Con los m√≠sticos verdaderos hay una idea dominante que se subordina a las otras, en perfecta armon√≠a con ellas como por ejemplo: el pensamiento de la naturaleza del Todopoderoso y de Su amor, el deseo de responder a Su amor por encima de todo, la pasi√≥n por la salvaci√≥n de las almas, la b√ļsqueda de la uni√≥n divina, etc.En La Psicolog√≠a de los M√≠sticos, Montmorand, quien es un no creyente, escribe en las p√°ginas 20 y 21:‚ÄúLos verdaderos m√≠sticos son personas pr√°cticas de acci√≥n, no personas de razonamiento y teor√≠a. Saben c√≥mo organizar, y tienen el don de mando. Son muy capaces en resolver asuntos. Las obras que fundaron han sido viables y duraderas; la coronaci√≥n de su obra maestra parecer√≠a tener buen sentido, un buen sentido que no es perturbado por ninguna exaltaci√≥n m√≥rbida o imaginaci√≥n desordenada, y la cual es acompa√Īada por una muy rara fuerza de penetraci√≥n‚ÄĚ.(c) As√≠ es c√≥mo el mismo autor describe los frutos de los falsificadores y especialmente de los hist√©ricos: ‚Äúcon los falsificadores e hist√©ricos en particular, la inestabilidad se incrementa o crece, y con ella el disimulo y la mentira. Finalmente, se vuelven completamente dominados por una sensibilidad caprichosa". Trabajos de ReferenciaAdem√°s de los trabajados ya mencionados en el texto, el autor tambi√©n enumera las siguientes autoridades que el lector puede consultar sobre el tema. Algunos de ellos, sin embargo pueden estar disponibles en franc√©s.En primer lugar, hay tratados detallados del Padre Scaramelli; p√°ginas 311 a 418 del libro Gracias de la oraci√≥n del Padre Poulain (Graces d'Oraison); y las lecciones 24 y 25 del libro Teolog√≠a Espiritual del Padre Guibert.Existen tambi√©n m√°s estudios condensados en Dictionnaire du Catholicisme, cols. 874 to 877; p√°ginas 321 a 328 del libro Iniciaci√≥n de los Ejercicios del Padre Albert Valensin; y los n√ļmeros 953 al 957 y 1281 a 1285 de Msgr. Tanquerey's Manual.Finalmente hay excelentes reglas de San Ignacio en sus Ejercicios y aquellos contenidos en la Imitaci√≥n de Cristo, libro 3, cap√≠tulos 54 y 55.Entre su email para recibir nuestra Newsletter Semanal en modo seguro, es un servicio gratis:

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