La prefiguraci贸n del Papa Francisco en San Francisco.
La elecci贸n del nombre Francisco como Papa tiene muchas implicaciones, desde una similitud con san Francisco en la iluminaci贸n, hasta el pedido de 鈥渞eparar su casa鈥. Y al final de su vida el Se帽or le regal贸 al 鈥減overello鈥 sus llagas, a partir de las cuales realiz贸 numerosos milagros. Esos milagros que el pueblo cat贸lico espera que sucedan por el regalo del pontificado que se inicia.

Tal como le sucedi贸 al hoy Papa Francisco a los 17 a帽os (ver aqu铆), San Francisco de As铆s recibi贸 una visi贸n que inici贸 formalmente su conversi贸n, se le apareci贸 Cristo crucificado y pidi贸 que le siguiera con su cruz. Luego el otro episodio donde le fue dada la misi贸n: 鈥淔rancisco鈥 repara mi casa que est谩 en ruinas鈥, que es de alguna forma el llamado que recibi贸 ahora el Papa Francisco. Y poco tiempo antes de su muerte, San Francisco recibi贸 los estigmas de la crucifixi贸n de Jesucristo, a trav茅s de los cuales realiz贸 muchos milagros como se帽ala San Buenaventura. San Buenaventura escribi贸 la 鈥淟eyenda Menor鈥, donde relata la vida de san Francisco de As铆s, desde su conversi贸n hasta lo que 茅l llama su tr谩nsito.

RESPECTO A SU CONVERSI脫N

Comencemos con dos datos interesantes de su conversi贸n.San Buenaventura cuenta que un d铆a en que oraba retirado en la soledad, se le apareci贸 Cristo Jes煤s en la figura de crucificado, penetr谩ndole tan eficazmente aquellas palabras del Evangelio: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a si mismo, que cargue con su cruz y me siga鈥, que su alma se sinti贸 abrasada en un incendio de amor, al mismo tiempo que fue colmada del ajenjo de la compasi贸n.Y otro d铆a sali贸 al campo a meditar -, y, paseando junto a la iglesia de San Dami谩n - que por su excesiva antig眉edad amenazaba ruina -, movido por el Esp铆ritu, entr贸 en ella a orar. Postrado ante una imagen del Crucificado, se sinti贸 inundado durante la oraci贸n de una gran dulcedumbre y consolaci贸n. Fij贸 sus ojos, arrasados de l谩grimas, en la cruz del Se帽or, y he aqu铆 que oy贸 con sus o铆dos corporales una voz salida de modo maravilloso desde la misma cruz, que por tres veces le dijo:

"Francisco, vete, repara mi casa, que - como ves - est谩 a punto de derrumbarse, Francisco, vete, repara mi casa, que - como ves - est谩 a punto de derrumbarse, Francisco, vete, repara mi casa, que - como ves - est谩 a punto de derrumbarse toda ella!"

LAS SAGRADAS LLAGAS

Una ma帽ana pr贸xima a la fiesta de la Exaltaci贸n de la Santa Cruz, mientras oraba en uno de los flancos del monte, vio bajar de lo m谩s alto del cielo as铆 como la figura de un seraf铆n, que ten铆a seis alas tan 铆gneas como resplandecientes. En vuelo rapid铆simo avanz贸 hacia el lugar donde se hallaba el var贸n de Dios, deteni茅ndose en el aire. Y apareci贸 no solo alado, sino tambi茅n crucificado: ten铆a las manos y los pies extendidos y clavados a la cruz, y las alas dispuestas, de una parte a otra en forma tan maravillosa, que dos de ellas se alzaban sobre su cabeza; las otras dos estaban extendidas para volar, y las dos restantes rodeaban y cubr铆an todo el cuerpo.Fue cuando comprendi贸 entonces - instruido interiormente por aquel que se le aparec铆a al exterior 鈥 鈥deb铆a ser del todo transformado en una clara imagen de Cristo Jes煤s crucificado no por el martirio de la carne, sino mediante el incendio de Su esp铆ritu. Y as铆 sucedi贸, porque, al desaparecer la visi贸n despu茅s de un arcano y familiar coloquio, qued贸 su alma interiormente inflamada en ardores ser谩ficos y exteriormente sellada en su carne la efigie conforme al Crucificado.Al instante comenzaron a aparecer en sus manos y pies las se帽ales de los clavos, vi茅ndose las cabezas de los mismos en la parte interior de las manos y en la superior de los pies, mientras que sus puntas se hallaban al lado contrario.Las cabezas de los clavos eran redondas y negras en las manos y en los pies; las puntas aparec铆an alargadas, retorcidas y remachadas, y, sobresaliendo de la misma carne, rebasaban el resto de ella. Y, en verdad, las puntas de los clavos remachadas debajo de los pies, eran tan destacadas y prominentes hacia el exterior, que no solo no le permit铆an fijar libremente las plantas en el suelo, sino que - seg煤n me informaron los que lo vieron con sus propios ojos - se pod铆an introducir f谩cilmente un dedo a trav茅s de la curva que formaban las dichas puntas.Asimismo, el costado derecho - como si hubiera sido traspasado por una lanza - llevaba una roja cicatriz, que, derramando con frecuencia sangre sagrada, empapaba tan copiosamente la t煤nica y los calzones, que, al lavarlos luego a su tiempo los compa帽eros del Santo, advert铆an sin duda que as铆 como en las manos u en los pies, tambi茅n en el costado ten铆a el siervo del Se帽or impresa la semejanza con el Crucificado.

LOS MILAGROS A TRAV脡S DE LAS LLAGAS

Como quiera que el var贸n santo y humilde se esforzaba por encubrir con toda diligencia aquellas sagradas se帽ales, plugo al Se帽or realizar para su gloria, mediante las mismas, algunos patentes prodigios, para que, poniendo en evidencia por estos claros signos el poder oculto de dichas llagas, resplandeciese como astro brillant铆simo en medio de las densas oscuridades de este siglo tenebroso. Sirva como prueba de ello el siguiente hecho.Antes de la permanencia del Santo en el mencionado monte Alvernia, se sol铆a formar en el mismo monte una oscura nube, que desencadenaba en las cercan铆as una violenta tempestad, devastando peri贸dicamente los frutos de la tierra. Pero a partir de aquella dichosa aparici贸n ces贸 el acostumbrado granizo, no sin admiraci贸n y gozo de los habitantes del lugar, de modo que el mismo aspecto del cielo, serenado fuera de costumbre, pon铆a de manifiesto la excelencia de aquella visi贸n celeste y el poder de las llagas que all铆 fueron impresas.En aquel mismo tiempo se hab铆a propagado en la provincia de Rieti una grave peste, que en tal grado comenz贸 a infestar todo ganado lanar y vacuno, que casi todo 茅l parec铆a estar atacado de una enfermedad sin remedio. Pero un hombre temeroso de Dios que advertido en una visi贸n nocturna que se acercara apresuradamente al eremitorio de los hermanos donde a la saz贸n moraba el bienaventurado Padre y que, consiguiendo de sus compa帽eros el agua en que el Santo se hab铆a lavado las manos y los pies, rociara con ella los animales enfermos; de este modo desaparecer铆a toda aquella peste. Habiendo cumplido diligentemente dicho encargo aquel hombre, Dios infundi贸 tal poder al agua que hab铆a tocado las sagradas llagas, que por poco que alcanzase su aspersi贸n a los animales enfermos, se alejaba al punto la plaga pestilencial y, recuperando los animales su primitivo vigor, sal铆an corriendo a pastar, como si antes no hubieran padecido mal alguno.Aquellas manos consiguieron desde entonces un poder tan maravilloso, que a su contacto salut铆fero devolv铆an a los enfermos una s贸lida fortaleza, y a los paral铆ticos la recuperaci贸n del sentido y movimiento en sus miembros ya 谩ridos, y lo que es mucho m谩s prodigioso que todo esto: otorgaban a los mortalmente heridos la reintegraci贸n a una vida totalmente sana. De entre sus muchos prodigios voy a adelantar dos en forma resumida.En L茅rida, un hombre llamado Juan, devoto del bienaventurado Francisco, una tarde fue tan atrozmente cosido de heridas, que se cre铆a dif铆cil pudiera sobrevivir hasta el d铆a siguiente. Entonces se le apareci贸 de modo admirable el sant铆simo Padre, y, toc谩ndole en las heridas con sus sagradas manos, en el mismo momento recuper贸 tan por completo su salud, que toda aquella regi贸n proclamaba al prodigioso portaestandarte de la cruz como dign铆simo de toda veneraci贸n.En Potenza, ciudad de la Pulla, un cl茅rigo llamado Rogerio, mientras pensaba con ligereza acerca de los sagrados estigmas del bienaventurado Padre, de improviso fue herido en su mano izquierda debajo del guante que llevaba puesto, como si le hubiera alcanzado una saeta despedida por una ballesta; el guante, empero, permaneci贸 intacto. Atormentado durante tres d铆as por agud铆simos dolores y sinceramente arrepentido ya de su comportamiento, invoc贸 al bienaventurado Francisco y le conjur贸 por sus gloriosas llagas que viniera en su auxilio; y obtuvo una curaci贸n tan cabal, que desapareci贸 todo dolor y no le qued贸 la m谩s leve huella de la lesi贸n. De lo cual se deduce claramente que aquellas sagradas se帽ales fueron grabadas con el poder y dotadas de la virtud de Aquel de quien es propio infringir heridas y proporcionar su curaci贸n, vulnerar a los obstinados y sanar a los contritos de coraz贸n.Fuentes: Leyenda Menor de San Buenaventura, Signos de estos Tiempos

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