Hieronymus_Bosch_-_The_Garden_of_Earthly_Delights

Dado que el pecado es un mal moral, es necesario en primer lugar determinar qu茅 entendemos por mal y particularmente por mal moral. El Mal, es definido por Santo Tom谩s (De malo, 2:2) como una privaci贸n de forma u orden o de medida debida. En el orden f铆sico, una cosa es buena en la proporci贸n que posee entidad. Solo Dios es esencialmente ser y Solo El es bien esencial y perfecto. Todo lo dem谩s posee entidad pero limitada y, en la medida que posee entidad, es bueno. Cuando tiene su debida proporci贸n de forma, orden y medida es, en su propio orden y grado, bueno (ver BIEN).El Mal implica una deficiencia en la perfecci贸n, por lo tanto, no puede existir en Dios, quien es esencialmente y por naturaleza, bueno; s贸lo se encuentra en seres finitos los cuales, debido a sus or铆genes de la nada, son sujetos a la privaci贸n de forma u orden o debida medida y, por la oposici贸n que encuentran, son sujetos a un aumento o disminuci贸n de la perfecci贸n que tienen: "en sentido amplio, el mal puede ser descrito como la suma de oposici贸n, la cual la experiencia demuestra que existe en el universo, en los deseos y necesidades de los individuos; por consiguiente surgen, entre los seres humanos al menos, el sufrimiento el cual abunda en la vida鈥 (ver MAL).De acuerdo a la naturaleza de la perfecci贸n con la cual limita, el mal es metaf铆sico, f铆sico o moral. El mal metaf铆sico no es mal propiamente tal; no es sino la negaci贸n de un bien superior, o la limitaci贸n de los seres finitos por otros seres finitos. El mal f铆sico priva al sujeto afectado de alg煤n bien natural y es adverso al bienestar del sujeto, como dolor y sufrimiento.El mal moral s贸lo se encuentra en los seres inteligentes; los priva de alg煤n bien moral. Aqu铆 trataremos solamente con el mal moral. Este puede ser definido como una privaci贸n de conformidad con la recta raz贸n a la ley de Dios. Dado que la moralidad de un acto humano consiste en su concordancia o no concordancia a la recta raz贸n y a la ley eterna, un acto es bueno o malo en el orden moral de acuerdo a si involucra esta concordancia o no concordancia. Cuando la creatura inteligente, conociendo a Dios y Su ley, deliberadamente reh煤sa obedecerla, resulta el mal moral.El pecado no es mas que un acto moralmente malo (Santo Tom谩s, 鈥淒e Malo鈥, 8:3) un acto en discordia con la raz贸n informada por la ley Divina. Dios nos ha dotado de raz贸n y libre voluntad, y un sentido de responsabilidad; Nos ha hecho sujetos de Su ley, la cual es dada a conocer a nosotros por los dictados de la conciencia, y nuestros actos deben conformarse a estos dictados, de lo contrario, pecamos (Rom. 14.23). En todo acto pecador, deben considerarse dos cosas, la sustancia del acto y el deseo de rectificaci贸n o conformidad (Santo Tom谩s, I-II: 72:1) El acto es algo positivo. El pecador intenta aqu铆 y ahora actuar de determinada forma, desmedidamente eligiendo ese particular bien desafiando la ley de Dios y los dictados de la recta raz贸n.La deformidad no es directamente intencionada como tampoco est谩 involucrada en el acto al parecer y en la medida que 茅ste es f铆sico, pero si en cuanto el acto procede de la voluntad que tiene el poder sobre sus actos y es capaz de escoger este o aquel bien particular contenido dentro de la visi贸n de su objeto adecuado, es decir, el bien universal (Santo Tom谩s, 鈥淒e Malo鈥, Q3, a.2, ad2um). Dios, como primera causa de toda la realidad, es la causa del acto f铆sico como tal, la libre voluntad de la deformidad (Santo Tom谩s I-II:84:2; "De malo", 3:2). El acto malo considerado adecuadamente tiene por sus causas, la libre voluntad eligiendo defectuosamente un bien mutable en lugar de un bien eterno, Dios, y por lo tanto, desvi谩ndose de su verdadero destino 煤ltimo.En todo pecado se encuentra una privaci贸n del debido orden o conformidad a la ley moral, pero el pecado no es una pura o total privaci贸n de todo bien moral (Santo Tom谩s, 鈥淒e Malo鈥, 2:9; I-II: 73:2). Hay una privaci贸n en dos sentidos; una, total que no deja nada de su opuesto, como por ejemplo, la oscuridad que no deja nada de luz; otra, no total, que deja algo del bien del cual se opone como por ejemplo, la enfermedad que no destruye totalmente las a煤n equilibradas funciones del cuerpo necesarias para la salud. Una privaci贸n pura o total privaci贸n de bien puede ocurrir en un acto moral s贸lo bajo el supuesto que la voluntad puede inclinarse al mal como tal, as铆 como por un objeto. Esto es imposible porque el mal como tal no est谩 contenido dentro del punto de vista de un objeto adecuado de la voluntad, la cual es buena. La intenci贸n del pecador termina en alg煤n objeto en el cual hay una participaci贸n de la bondad de Dios, y este objeto est谩 directamente encaminado por El. La privaci贸n del debido orden, o la deformidad, no est谩 directamente propuesta, aunque es aceptada al punto que los deseos del pecador tienden a un objeto en el cual este deseo de conformidad est谩 involucrado, de manera que el pecado no es una pura privaci贸n, sino un acto humano carente de su debida rectitud. Del defecto emerge el mal del acto, del hecho, que es voluntario, su imputabilidad.

DIVISI脫N DEL PECADO

En relaci贸n al principio por el cual procede el pecado, 茅ste puede ser original o actual. La voluntad de Ad谩n, como cabeza de la raza humana para la conservaci贸n o p茅rdida de la justicia original es la causa y fuente del pecado original. El pecado actual es cometido por un acto personal libre de la voluntad del individuo. Se divide en pecados de comisi贸n y de omisi贸n. Un pecado de comisi贸n es un acto positivo contrario a algunos preceptos prohibitivos; un pecado de omisi贸n es una falta de hacer lo que ha sido ordenado, o al menos desear algo incompatible con su cumplimiento (I-II:72:5) En cuanto a su malicia, los pecados se distinguen en pecados de ignorancia, pasi贸n o dolencia, y malicia; en cuanto a las actividades que involucran, en pecados del pensamiento, palabra o hecho (cordis, oris, operis); en cuanto su gravedad, en mortales o veniales. Esta 煤ltima divisi贸n es, sin dudas, la m谩s importante de todas y requiere un tratamiento especial. Aunque, previo a entrar en los detalles, resulta 煤til mostrar algunas distinciones posteriores que ocurren en teolog铆a as铆 como en el uso general.

A. PECADO MATERIAL Y FORMAL

Esta distinci贸n est谩 basada en la diferencia entre los elementos objetivos (el objeto en s铆 mismo, circunstancias) y los subjetivos (advertencia del pecado en el acto). Una acci贸n que, de hecho, es contraria a la ley Divina pero no es conocida como tal por el agente, constituye un pecado material; mientras que el pecado formal es cometido cuando el agente libremente trasgrede la ley tal como se lo ha mostrado su conciencia, ya sea que tal ley realmente exista o si s贸lo se cree que existe por aquel que act煤a. Por lo tanto, una persona que toma algo ajeno mientras piensa que es suyo, comete un pecado material; pero el pecado ser铆a formal si toma lo ajeno en la creencia que pertenece al pr贸jimo, sea 茅sta su creencia correcta o no.

B. PECADOS INTERNOS

Pecado que puede ser cometido no solo por actos externos sino tambi茅n por la actividad interna de la mente fuera de cualquier manifestaci贸n externa, son simplemente los preceptos del Dec谩logo: 鈥 No codiciar谩s los bienes ajenos鈥 y del reproche de Cristo a los escribas y fariseos a quienes asemej贸 como 鈥渟epulcros blanqueados...llenos de inmundicia鈥 (Mateo 23:27). De ah铆 que, el Concilio de Trento (Sess. XIV, c.v), al declarar que todos los pecados mortales deben ser confesados, hace especial menci贸n a aquellos que son m谩s secretos y que violan s贸lo los 煤ltimos dos preceptos del Dec谩logo, sumando que ellos 鈥渁 veces hieren m谩s gravemente el alma y son m谩s peligrosos que los pecados cometidos abiertamente鈥. Usualmente, podemos distinguir tres tipos de pecados internos:路 delectatio morosa, i.e. el placer logrado en un pensamiento pecaminoso o imaginaci贸n incluso sin desearlo; 路 gaudium, i.e. vivir complacido con pecados ya cometidos; y 路 desiderium, i.e. el deseo por aquello que es pecaminoso.Un deseo efficacious ej. Uno que incluya la intenci贸n deliberada de realizar o satisfacer el deseo, tiene la misma malicia, mortal o venial, como la acci贸n que tiene en vista. Un deseo inefficacious es aquel que conlleva una condici贸n de tal forma que la voluntad est谩 preparada para realizar la acci贸n en caso que la condici贸n se verificara. Cuando la condici贸n es tal que elimina todo pecado de la acci贸n, el deseo no involucra pecado. Ej. Con gusto comer铆a carne los Viernes si tuviera la dispensa; y en general este es el caso ya sea que la acci贸n sea prohibida s贸lo por ley positiva.Cuando la acci贸n es contraria a la ley natural y sin embargo dadas las circunstancias permitida, o en un estado particular de la vida, el deseo, si incluye aquellas circunstancia o ese estado como condiciones, no es pecado en s铆 mismo. Ej. Yo matar铆a as铆 o asa si tuviera que hacerlo en defensa propia. Usualmente, sin embargo, tales deseos son peligrosos y por lo tanto ameritan reprimirlos. Si, por otro lado, la condici贸n no elimina el pecado de la acci贸n, el deseo es tambi茅n pecaminoso. Este es claramente el caso donde la acci贸n es intr铆nsecamente y absolutamente mala, ej. Blasfemia: uno no podr铆a sin cometer pecado, tener el deseo 鈥 Blasfemar铆a contra Dios si no fuera malo; la condici贸n es un imposible y por lo tanto, no afecta al deseo mismo. El placer tomado de un pensamiento pecaminoso (delectatio, gaudium) es, en t茅rminos generales, un pecado del mismo tipo y gravedad como la acci贸n de la que es pensamiento. Sin embargo, mucho depende de los motivos por los cuales uno piensa en acciones pecadoras. El placer, por ejemplo, que se puede experimentar al estudiar la naturaleza de un asesinato o de cualquier otro crimen, en lograr ideas claras sobre el caso, trazando sus causas, determinando culpabilidad, etc, no es un pecado; por el contrario, a menudo es tanto 煤til como necesario. El caso es por su puesto distinto cuando el placer significa gratificaci贸n por el objeto pecaminoso o la acci贸n en s铆 misma. Y, es evidentemente un pecado cuando uno se jacta de sus proezas malvadas y a煤n m谩s por el esc谩ndalo otorgado.

C. EL PECADO CAPITAL O VICIOS

De acuerdo a Santo Tom谩s (II-II:153:4) 鈥渦n vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal鈥. Entonces, no es la gravedad del vicio en s铆 mismo que lo torna en capital sino el hecho que da origen a muchos otros pecados. Estos son enumerados por Santo Tom谩s (I-II:84:4) como vanagloria (orgullo), avaricia, glotoner铆a, lujuria, pereza, envidia, ira. San Buenaventura (Brevil., III,ix) enumera los mismos. Escritores anteriores hab铆an distinguido 8 pecados capitales: As铆 tambi茅n San Cipriano (De mort., iv); Cassian (De instit. c忙nob., v, coll. 5, de octo principalibus vitiis); Columbanus ("Instr. de octo vitiis princip." in "Bibl. max. vet. patr.", XII, 23); Alcuin (De virtut. et vitiis, xxvii y sgtes.) El n煤mero siete, sin embargo, fue dado por San Gregorio el Grande (Lib. mor. in Job. XXXI, xvii), y se mantuvo por la mayor铆a de los te贸logos de la Edad Media.Es necesario hacer notar que 鈥減ecado鈥 no se predica un铆vocamente de todos los tipos de pecado. 鈥淟a divisi贸n de pecados en veniales y mortales no es una divisi贸n de g茅nero y especies que participan igualmente de la naturaleza del g茅nero, sino la divisi贸n de un an谩logo en cosas de las cuales se predica primera y secundariamente鈥. (St. Thomas, I-II:138:1, ad 1um). 鈥淧ecado, no se predica un铆vocamente de todos los tipos, sino primariamente como pecado actual mortal...y por lo tanto no es necesario que la definici贸n de pecado en general deba verificarse excepto en aquel pecado en el cual se encuentra perfectamente, la naturaleza del g茅nero. La definici贸n de pecado puede ser verificado en otros pecados en cierto sentido鈥 (Santo Tom谩s, II, d. 33, Q. i, a. 2, ad 2um). El pecado actual consiste principalmente en un acto voluntario repugnante al orden de la recta raz贸n. El acto pasa, pero el alma del pecador se mantiene manchada, privada de gracia, en estado de pecado, hasta que el desorden se haya restaurado por penitencia. Este estado es llamado pecado habitual, maccula peccati, reatus culpae (I-II:87:6). La divisi贸n del pecado en original y actual, mortal y venial no es una divisi贸n de g茅nero y especies porque el pecado no tiene la misma significaci贸n cuando se aplica al pecado original y personal, moral y venial. El pecado mortal nos desgarra completamente de nuestro verdadero destino final; el pecado venial s贸lo nos impide en sus logros. El pecado actual personal es voluntario por un acto propio de la voluntad. El pecado original es voluntario no por un acto personal voluntario nuestro, sino por un acto de la voluntad de Ad谩n. El pecado original y actual se distinguen por la forma bajo la cual son voluntarios (ex parte actus); el pecado mortal y venial por la forma bajo la cual afecta nuestra relaci贸n con Dios (ex parte deordinationis). Siendo que un acto voluntario y sus des贸rdenes son la esencia del pecado, es imposible que el pecado pueda ser un t茅rmino gen茅rico respecto al pecado original y actual, mortal y venial. La verdadera naturaleza del pecado se encuentra perfectamente s贸lo en un pecado personal mortal, en otros pecados imperfectamente, de manera que el pecado se predica principalmente del pecado actual y s贸lo secundariamente de los otros. Por lo tanto, debemos considerar: primero, el pecado personal mortal; segundo, el pecado venial.

PECADO MORTAL

El pecado mortal es definido por San Agust铆n (Contra Faustum, XXII, xxvii) as "Dictum vel factum vel concupitum contra legem 忙ternam", ejemplo, algo dicho, hecho o deseado contrario a la ley eterna, o pensamiento, palabra o acto contrario a la ley eterna. Esta es una definici贸n de pecado en tanto acto voluntario. En tanto defecto o privaci贸n, deber铆a ser definido como una aversi贸n a Dios, nuestro verdadero destino final, en raz贸n de una preferencia dada a alg煤n bien mutable. La definici贸n de San Agust铆n es aceptada generalmente por los te贸logos como principalmente una definici贸n del pecado actual mortal. Explica muy bien los elementos materiales y formales del pecado. Las palabras "dictum vel factum vel concupitum鈥 muestra el elemento material del pecado, el acto humano: "contra legem 忙ternam", el elemento formal. El acto es malo porque transgrede la ley Divina. San Ambrosio (De paradiso, viii) define el pecado como una 鈥減revaricaci贸n (dolo*) de la ley Divina鈥.La definici贸n de San Agust铆n, estrictamente considerada, es decir el pecado como un impedimento a nuestro verdadero fin 煤ltimo, no comprende el pecado venial, sino en tanto que el pecado venial es, de alguna manera, contrario a la ley divina, aunque no es impedimento de nuestro fin 煤ltimo, se puede decir que est谩 incluido en la definici贸n tal como est谩. Mientras que en primer lugar una definici贸n de pecados de comisi贸n, los pecados de omisi贸n pueden estar incluidos en la definici贸n porque ellos presuponen alg煤n acto positivo (Santo Tom谩s, I-II:71:5) y la negaci贸n y la afirmaci贸n se reducen al mismo g茅nero. Los pecados que violan la ley humana o la ley natural tambi茅n est谩n incluidos, por cuanto lo que es contrario a la ley humana o natural, es tambi茅n contrario a la ley Divina, en tanto cada ley humana justa se deriva de la ley Divina y no lo es, sino estando en conformidad con la ley Divina.

A. DESCRIPCI脫N B脥BLICA DEL PECADO

En el Antiguo Testamento, el pecado es establecido como un acto de desobediencia (Gen., ii, 16-17; iii, 11; Is., i, 2-4; Jer., ii, 32); como un insulto a Dios (Num., xxvii, 14); como algo detestado y castigado por Dios (Gen., iii, 14-19; Gen., iv, 9-16); como injurioso al pecador (Tob., xii, 10); como algo expiable por penitencia (Ps. 1, 19). En el nuevo Testamento, es claramente ense帽ado en San Pablo que el pecado es una trasgresi贸n de la ley (Rom., ii, 23; v, 12-20); una esclavitud de la cual somos liberados por la gracia (Rom., vi, 16-18); una desobediencia (Heb., ii, 2) castigada por Dios (Heb., x, 26-31). San Juan describe el pecado como una ofensa a Dios, un desorden de la voluntad (Juan, xii, 43), una iniquidad (I Juan, iii, 4-10).Cristo, en muchas de Sus declaraciones ense帽a la naturaleza y extensi贸n del pecado. El vino a promulgar una nueva ley mas perfecta que la antigua, que se pudo extender a ordenar no solo los actos externos sino internos a un grado desconocido anteriormente y, en Su Serm贸n de la Monta帽a condena como pecadores muchos actos que eran juzgados como honestos y correctos por los doctores y maestros de la Antigua Ley. Denuncia de modo especial la hipocres铆a y el esc谩ndalo, la infidelidad y el pecado contra el Esp铆ritu Santo. El ense帽a en particular, que los pecados vienen del coraz贸n (Mat., xv, 19-20).

B. SISTEMAS QUE NIEGAN EL PECADO O DISTORSIONAN SU VERDADERA NOCI脫N

Todos los sistemas, religiosos o 茅ticos, ya sea que niegan, por un lado, la existencia de un creador personal y legislador distinto y superior a su creaci贸n, o por otro lado, la existencia de la voluntad libre y la responsabilidad en el hombre, distorsionan o destruyen la verdadera noci贸n b铆blica-teol贸gica del pecado. En los comienzos de la era Cristiana, los Gn贸sticos, aunque sus doctrinas variaban en sus detalles, negaban la existencia de un creador personal. La idea del pecado en el sentido Cat贸lico no estaba contenida en su sistema. Para ellos, no hay pecado, salvo el pecado de ignorancia que no necesita expiaci贸n; Jes煤s no es Dios (Ver GNOSTICISMO). El Manique铆smo (q.v.) con sus dos principios eternos, bien y mal, en guerra perpetua entre ellos, es tambi茅n destructivo de la verdadera noci贸n de pecado. Todo mal, y consecuentemente todo pecado, viene del principio de mal. El concepto Cristiano de Dios como dador de ley se destruye. El pecado no es un acto voluntario conciente de desobediencia a la voluntad Divina. Los sistemas pante铆stas que niegan la distinci贸n entre Dios y Sus creaturas, hacen que el pecado sea imposible. Si el hombre y Dios son uno, el hombre no es responsable de ninguno de sus actos, donde la moralidad es destruida. Si 茅l es su propia regla de acci贸n, no se puede desviar del bien como ense帽a Santo Tom谩s (I:63:1). La identificaci贸n de Dios y el mundo por el Pante铆smo (q.v.) no da lugar al pecado.Debe haber alguna ley donde el hombre es sujeto, superior y distinto de 茅l, la cual puede ser obedecida y trasgredida, donde el pecado puede entrar dentro de sus actos. Esta ley debe ser mandato de un superior, porque las nociones de superioridad y sujeto son correlativas. Este superior solo puede ser Dios, quien es el 煤nico autor y se帽or del hombre. El Materialismo, negando como lo hace la espiritualidad y la inmortalidad del alma, la existencia de absolutamente ning煤n esp铆ritu, y consecuentemente de Dios, no admite el pecado. No hay voluntad libre, todo est谩 determinado por las inflexibles leyes del movimiento. La 鈥淰irtud鈥 y el 鈥渧icio鈥 son calificaciones de actos, sin sentido. El Positivismo coloca el fin 煤ltimo del hombre en alg煤n bien sensible. Su ley suprema de acci贸n es buscar el m谩ximo de placer. El Egotismo o el altruismo es la norma suprema y criterio de los sistemas Positivistas, y no la ley eterna de Dios como revelada por El y dictada por conciencia. Para los materialistas evolucionistas, el hombre no es sino un animal altamente desarrollado, y la conciencia, un producto de la evoluci贸n. La Evoluci贸n ha revolucionado la moralidad y ya no existe el pecado.Kant en su 鈥淐r铆tica a la Raz贸n Pura鈥, habiendo rechazado todas las nociones esenciales de la verdadera moralidad, es decir, libertad, el alma, Dios y una vida futura, intent贸 en su 鈥淐r铆tica de la Raz贸n Pr谩ctica鈥 reestablecerlas en la medida que eran necesarias para la moralidad. La raz贸n pr谩ctica, nos dice, nos impone una idea de ley y deber. El principio fundamental de la moralidad de Kant es 鈥渆l deber por el bien del deber鈥, no Dios ni Su ley. El deber no puede ser concebido en s铆 mismo como una cosa independiente. Trae consigo ciertos postulados, el primero de los cuales es la libertad. En su doctrina, el hombre, en virtud de su raz贸n pr谩ctica 鈥淵o debo, luego yo puedo鈥 tiene conciencia de la obligaci贸n moral (imperativo categ贸rico). Esta conciencia supone tres cosas: libre voluntad, inmortalidad del alma, y la existencia de Dios, de otro modo el hombre no ser铆a capaz de cumplir sus obligaciones, no podr铆a haber suficiente sanci贸n por la ley Divina, ning煤n premio o castigo en la vida futura. El sistema moral kantiano se maneja entre oscuridades y contradicciones y es destructivo de muchas de las ense帽anzas de Cristo. La dignidad personal es la regla suprema de las acciones del hombre. La noci贸n de pecado como oposici贸n a Dios, es suprimida. De acuerdo a las ense帽anzas del materialismo Monista hoy en d铆a tan diseminado, no hay ni puede haber voluntad libre. De acuerdo a esta doctrina solo existe un cosa y que produce todos los fen贸menos, incluido el pensamiento; no somos sino mu帽ecos en sus manos, llevados de aqu铆 para all谩 a su voluntad y finalmente llevados a la nada. En tal sistema, no hay lugar para el bien y el mal, una libre observancia o una trasgresi贸n voluntaria de la ley. El pecado en su sentido verdadero, es imposible. Sin ley y libertad y un Dios personal no hay pecado.Que Dios existe y puede ser conocido por Sus creaciones visibles, que El ha revelado sus decretos de Su eterna voluntad al hombre y es distinto de Sus creaturas (Denzinger-Bannwart, "Enchiridion", nn. 178 2, 1785, 1701), son materias de fe y ense帽anzas Cat贸licas. El hombre es un ser creado dotado de libre voluntad (ibid., 793), hecho el cual, puede ser probado en las Escrituras y en raz贸n del pecado de Ad谩n quien ha perdido su inocencia primitiva, y mientras la voluntad libre permanece, sus poderes han sido disminuidos. (Ver PECADO ORIGINAL)

C. ERRORES PROTESTANTES

Lutero y Calvino muestran como su error fundamental que propiamente hablando no queda voluntad libre en el hombre luego de la ca铆da de nuestros primeros padres; que el cumplimiento de los preceptos de Dios es imposible a煤n con la asistencia de la gracia, y que el hombre peca en todos sus acciones. La Gracia no es un don interno, sino algo externo.A algunos no se les imputa pecado, porque est谩n cubiertos con el velo del m茅rito de Cristo. La sola f茅 salva y no hay necesidad de buenas obras. En la doctrina de Lutero, el pecado no puede ser una trasgresi贸n deliberada de la Ley Divina. Jansenio en sus 鈥淎gustinos鈥 ense帽贸 que, de acuerdo a los poderes presentes en el hombre, algunos preceptos de Dios son imposibles de cumplir incluso para el justo que se esfuerza por cumplirlos, y luego ense帽a que la gracia por medio de la cual es posible el cumplimiento es deseada incluso por el justo. Su error fundamental consiste en ense帽ar que la voluntad no es libre sino que est谩 guiada necesariamente ya sea por la concupiscencia o la gracia. La libertad interna no es necesaria para el m茅rito o dem茅rito. Basta la Libertad de coerci贸n. Cristo no muri贸 por todos los hombres. Baio ense帽aba una doctrina semi luterana. La libertad no est谩 enteramente destruida, sino que tan debilitada que sin la gracia no puede sino pecar. La verdadera libertad no se requiere para pecar. Un acto malo cometido involuntariamente vuelve al hombre responsable (proposiciones 50-51 en Denzinger-Bannwart, "Enchiridion", nn. 1050-1). Todos los actos hechos sin caridad son pecados mortales y merecen la condenaci贸n porque proceden de la concupiscencia. Esta doctrina niega que el pecado sea una trasgresi贸n voluntaria de la Ley Divina. Si el hombre no es libre, los preceptos no tienen ning煤n sentido en la medida que a 茅l le corresponda.

D. EL PECADO FILOS脫FICO

Aquellos que construyen un sistema moral independiente de Dios y Su Ley, distinguen entre el pecado teol贸gico y el pecado filos贸fico. El pecado filos贸fico es un acto moralmente malo que viola el orden natural de la raz贸n y no la Ley Divina. El pecado teol贸gico es una trasgresi贸n a la ley eterna. Aquellos que tienen tendencias ateas y sostienen esta distinci贸n, ya sea que niegan la existencia de Dios o mantienen que El no ejecuta providencia alguna en relaci贸n a los actos humanos. Esta posici贸n es destructiva del pecado en su sentido teol贸gico, en tanto Dios y Su Ley, premio y castigo, son hechos fuera de 脡l. Aquellos que admiten la existencia de Dios, Su Ley, la libertad humana y la responsabilidad, y a煤n as铆 afirman una distinci贸n entre el pecado filos贸fico y el teol贸gico, mantienen que en el orden presente de la providencia de Dios son actos moralmente malos, los cuales, mientras violan el orden de la raz贸n, no ofenden a Dios en tanto que el pecador puede ser ignorante de la existencia de Dios o no pensar actualmente en El y en Su Ley cuando act煤a. Sin el conocimiento de Dios o consideraci贸n de El, es imposible ofenderlo. Esta doctrina fue censurada como escandalosa, temeraria y err贸nea por Alejandro VIII (24 de Agosto de 1690) y la siguiente proposici贸n, fue condenada: 鈥淓l pecado filos贸fico o moral es un acto humano en desacuerdo con la naturaleza racional y la recta raz贸n, el pecado teol贸gico y mortal es una trasgresi贸n libre a la ley Divina. Por muy doloroso que parezca el pecado filos贸fico en alguien ya sea ignorante de Dios o no est谩 actualmente pensando en Dios, es un pecado sin duda penoso, pero no es una ofensa a Dios, tampoco un pecado mortal que disuelve la amistad con Dios, ni tampoco merecedor del castigo eterno鈥. (Denzinger-Bannwart, 1290).Esta proposici贸n fu茅 condenada porque no hace una distinci贸n entre la ignorancia vencible y la invencible, m谩s a煤n, supone la ignorancia invencible como suficientemente com煤n, en vez de solo metaf铆sicamente posible y porque en la dispensa presente de la providencia de Dios se nos ense帽贸 claramente en las Escrituras que Dios castigar谩 todo mal que venga de la libre voluntad del hombre. (Romanos ii, 5-11). No hay acto moralmente malo que no incluya una trasgresi贸n a la ley Divina. Desde el hecho que una acci贸n es concebida como moralmente mala, es concebida como prohibida. Una prohibici贸n es ininteligible sin la noci贸n de alguien prohibiendo. Quien proh铆be en este caso y liga la conciencia del hombre solo puede ser Dios, Quien es el 煤nico que tiene el poder sobre la voluntad libre del hombre y sus acciones, de manera que del hecho que cualquier acto sea percibido como moralmente malo y prohibido por conciencia, Dios y Su ley son percibidos, al menos confusamente, y una trasgresi贸n voluntaria al dictado de la conciencia es necesariamente tambi茅n una trasgresi贸n a la ley de Dios. Cardenal de Lugo (De incarnat., disp. 5, lect. 3) admite la posibilidad del pecado filos贸fico en aquellos que son inculpablemente ignorantes de Dios, aunque el sostiene que actualmente no ocurre, porque en el orden presente de la providencia de Dios no puede haber ignorancia invencible de Dios y su Ley. Esta ense帽anza no cae necesariamente dentro de la condena de Alejandro VIII, aunque es com煤nmente rechazada por te贸logos por que un dictado de conciencia necesariamente involucra un conocimiento de la ley Divina como un principio moral.

E. CONDICIONES DE PECADO MORTAL: CONOCIMIENTO, LIBRE VOLUNTAD, MATERIA GRAVE

Contrario a la ense帽anza de Baio (prop. 46, Denzinger-Bannwart, 1046) y a los Reformistas, un pecado debe ser un acto voluntario. Aquellas acciones en s铆 mismas son llamadas propiamente humanas o acciones morales las cuales proceden de la voluntad humana actuando deliberadamente con conocimiento del fin por el cual se act煤a. El hombre difiere de toda creatura irracional precisamente que el es due帽o de sus acciones en virtud de su raz贸n y voluntad libre. (I-II:1:1). Siendo que el pecado es un acto humano defectuoso de la debida rectitud, debe tener en tanto es un acto humano, los constituyentes esenciales de un acto humano. El intelecto debe percibir y juzgar la moralidad del acto y la voluntad libremente elegir. Para que haya un pecado deliberadamente mortal debe haber advertencia total de parte del intelecto y consentimiento total de parte de la voluntad en una materia grave. Una trasgresi贸n involuntaria de la ley incluso en una materia grave, no es formalmente, sino un pecado material. La gravedad de la materia es juzgada por las Ense帽anzas en las Escrituras, las definiciones de concilios y papas, y tambi茅n de la raz贸n. Aquellos pecados juzgados como mortales son los que contienen en s铆 mismos alg煤n desorden grave en relaci贸n a Dios, nuestro pr贸jimo, nosotros mismos o a la sociedad. Algunos pecados no admiten liviandad material, como por ejemplo, la blasfemia, odio de Dios; son siempre mortales (ex toto genere suo), a no ser que se vuelva venial por necesidad de total advertencia por parte del intelecto o consentimiento total por parte de la voluntad. Otros pecados admiten materia liviana; son pecados graves (ex genere suo) en tanto su materia en s铆 misma es suficiente para constituirse en pecado grave sin la suma de ninguna otra materia, aunque es de tal naturaleza que, en un caso dado, debido a su peque帽ez, el pecado puede ser venial, por ejemplo, el hurto.

F. IMPUTABILIDAD

Para que el acto del pecador pueda serle imputado no es necesario que el objeto en el cual termina y especifica el acto, est茅 directamente querido como fin o medio. Es suficiente que sea querido indirectamente o en su causa, es decir, si el pecador prevee, al menos confusamente, qu茅 se seguir谩 del acto el cual libremente realiza o de la omisi贸n de un acto. Cuando la causa produce un efecto doble, uno de los cuales es directamente querido, y el otro indirectamente, el efecto que se sigue indirectamente es moralmente imputable al pecador cuando se verifican estas tres condiciones:路 Primero, el pecador debe preveer al menos confusamente los efectos malos que se siguen de aquello que causa, 路 Segundo, debe ser capaz de abstenerse de ser causa; 路 Tercero, debe estar bajo la obligaci贸n de prevenir el efecto malo.El error y la ignorancia en relaci贸n al objeto o circunstancias del acto causado, afectan el juicio del intelecto y consecuentemente, la moralidad e imputabilidad del acto. La ignorancia invencible excusa totalmente de pecado.La ignorancia vencible no excusa aunque hace al acto menos libre (ver IGNORANCIA). Las pasiones, mientras ellas perturban el juicio del intelecto, afectan m谩s directamente a la voluntad. La pasi贸n antecedente aumenta la intensidad del acto, el objeto es m谩s intensamente deseado, aunque menos libremente, y la perturbaci贸n causada por la pasi贸n puede ser tan grande al punto de hacer del juicio libre un imposible, dejando al agente, por el momento, fuera de s铆 (I-II:6:7 al 3um.) La pasi贸n consecuente, la cual surge del comando de la voluntad, no disminuye la libertad, sino que mas bien es un signo de un intenso acto volitivo. El miedo, la violencia, la herencia, los estados temperamentales y patol贸gicos, en tanto afectan la volici贸n libre, afectan la malicia e imputabilidad de pecado. De la condenaci贸n de los errores de Baio y Jansenio (Denz-Bann, 1046, 1066, 1094, 1291-2) queda claro que para que haya pecado actual y personal son necesarios y se requieren el conocimiento de la ley y un acto personal voluntario y libre de coerci贸n. Ning煤n pecado mortal es cometido bajo estado de ignorancia invencible o en un estado de media conciencia. No se requiere la advertencia actual de lo pecaminoso de un acto, basta la advertencia virtual. No es necesario que est茅 presente la expl铆cita intenci贸n de ofender a Dios y romper su Ley, basta el total y libre consentimiento de la voluntad a un acto malo.

G. MALICIA

La verdadera malicia del pecado mortal consiste en la trasgresi贸n conciente y voluntaria de la ley eterna e implica un desprecio de la voluntad Divina, un total alejamiento de Dios, nuestro verdadero fin 煤ltimo y la preferencia por algo creado a lo cual nos subyugamos. Es una ofensa ofrecida a Dios, y una injuria a El; no en el sentido que afecta ning煤n cambio en Dios, quien es inmutable por naturaleza, sino que el pecado a trav茅s de su acto, priva a Dios de la reverencia y honor que se le debe: no es una falta de malicia de parte del pecador sino la inmutabilidad de Dios que lo previene a El del sufrimiento. Como una ofensa ofrecida a Dios, el pecado mortal es, de alguna manera infinito en su malicia, en tanto es dirigido contra un ser infinito, y la gravedad de la ofensa es medida por la dignidad del ofendido (Santo Tom谩s, III:1:2 al 2um). En cuanto acto, el pecado es finito, la voluntad del hombre no es capaz de malicia infinita. El pecado es una ofensa contra Cristo Quien ha redimido al hombre (Fil, iii, 18); contra el Esp铆ritu Santo Quien nos santifica (Heb, x, 29), una injuria al hombre mismo, causando la muerte espiritual del alma y convierte al hombre en servidor del demonio. La primera y mas importante malicia del pecado se deriva del objeto sobre el cual la voluntad desordenadamente tiende, y del objeto considerado moralmente, no f铆sicamente. El fin por el cual el pecador act煤a y las circunstancias que rodean el acto son tambi茅n factores determinantes de su moralidad. Un acto el cual, objetivamente considerado, es moralmente indiferente, puede quedar como bueno o malo por las circunstancias, o por la intenci贸n del pecador. Un acto que es objetivamente bueno puede quedar como malo, o de le pueden agregar nuevas especies de bien o mal, o un nuevo grado. Las circunstancias pueden cambiar el car谩cter del pecado a tal grado que se torna espec铆ficamente diferente del considerado objetivamente; o pueden simplemente agravar el pecado aunque no cambie su car谩cter espec铆fico, o pueden disminuir su gravedad. Para que ejerzan esta influencia determinante, son necesarias dos cosas: deben contener en s铆 mismas alg煤n bien o mal y deben ser aprehendidas, al menos confusamente, en su aspecto moral. El acto externo, en tanto es mera ejecuci贸n de un acto interno eficaz y voluntario, de acuerdo a la opini贸n tomista com煤n, no agrega ninguna bondad o malicia esencial al pecado interno.

H. GRAVEDAD

Mientras que todo pecado mortal nos aleja de nuestro verdadero fin 煤ltimo, no todos los pecados mortales son igualmente graves, como queda claro en las Escrituras (Juan, xix, 11; Mat, xi,22; Luc, vi) y tambi茅n de la raz贸n. Los pecados se distinguen espec铆ficamente por sus objetos, los cuales alejan al hombre no de igual modo de su fin 煤ltimo. Nuevamente, siendo que el pecado no es pura privaci贸n sino una mezcla, todos los pecados no destruyen de igual modo el orden de la raz贸n. Los pecados espirituales, otras cosas siendo iguales, son mas graves que los pecados carnales. (Santo Tom谩s, "De malo", Q. ii, a. 9; I-II, Q. lxxiii, a. 5).

I. DISTINCI脫N ESPEC脥FICA Y NUM脡RICA DEL PECADO

Los pecados se distinguen espec铆ficamente por sus formalmente diversos objetos; o por su oposici贸n a diferentes virtudes, o por diferentes preceptos morales de la misma virtud. Los pecados que son espec铆ficamente distintos son tambi茅n num茅ricamente distintos. Los pecados dentro de la misma especie se distinguen num茅ricamente de acuerdo al numero de actos completos de la voluntad en relaci贸n al total de los objetos. Un objeto total es aquel que, ya sea por s铆 mismo o por la intenci贸n del pecador, forma un todo completo y no est谩 referido a otra acci贸n como parte del todo. Cuando los actos completos de la voluntad se relacionan al mismo objeto hay tantos pecados como actos moralmente interrumpidos.

J. MATERIA QUE CAUSA PECADO

Considerando que el pecado es un acto voluntario carente de debida rectitud, el pecado se encuentra, como en una materia, principalmente en la voluntad. Empero, dado que no solo los actos producidos por la voluntad, son voluntarios, sino tambi茅n aquellos que son producidos por otras facultades bajo el comando de la voluntad, el pecado puede encontrarse en estas facultades, en tanto son sujetas en sus acciones al comando de la voluntad, son instrumentos de ella, y se mueven bajo su gu铆a (I-II:74)Los miembros externos del cuerpo no pueden ser principios efectivos de pecado (I-II:74:2, ad 3um). Son meros 贸rganos que tienen actividad por el alma; no inician la acci贸n. Los poderes apetitivos, por el contrario, pueden ser principios efectivos de pecado, porque ellos poseen, a trav茅s de su conjunci贸n inmediata con la voluntad y subordinaci贸n a ella, una cierta, pero imperfecta libertad (I-II:56:4, ad 3um). Los apetitos sensuales tienen sus propios objetos sensibles a los cuales se inclinan naturalmente, y siendo que el pecado original ha roto el lazo que los mantiene en completa sujeci贸n a la voluntad, pueden anteceder la voluntad en sus acciones y tender a sus propios objetos desordenadamente. Por lo tanto, pueden ser principios pr贸ximos de pecado cuando se mueven desordenadamente, contrario a los dictados de la recta raz贸n.Es propio de la raz贸n regir las facultades inferiores, y cuando aparece un disturbio en lo sensorial, la raz贸n puede hacer uno de dos cosas: puede consentir al deleite sensible o puede reprimir y rechazarlo. Si consiente, el pecado ya no pertenece a la parte sensible del hombre, sino del intelecto y la voluntad y, consecuentemente, si la materia es grave, el pecado es mortal. Si lo rechaza, no se puede imputar pecado alguno. No puede haber pecado en la parte sensible del hombre independiente de la voluntad. Los movimientos desordenados del apetito sensible a los que les preceden la advertencia de la raz贸n, y que son padecidos involuntariamente, no son siquiera pecados veniales. Las tentaciones de la carne no consentidas, no son pecados. La concupiscencia, que queda luego de la culpabilidad del pecado original es perdonada en el bautismo, no es pecadora al punto que no es consentida (Coun. of Trent, sess. V, can. v). El apetito sensible por s铆 mismo no puede ser sujeto de pecado mortal, porque no puede ni asir la noci贸n de Dios como un fin 煤ltimo, ni apartarnos de El, aversi贸n sin la cual no puede haber pecado mortal.La raz贸n superior, cuya gesti贸n es ocuparse ella misma de la cosas Divinas, puede ser el principio pr贸ximo del pecado, ambos, en relaci贸n a su propio acto, conocer la verdad, y, en el sentido que dirige las facultades inferiores: En relaci贸n a su propio acto, en tanto que voluntariamente abandona el conocer lo que se puede y debe saber; en relaci贸n al acto a trav茅s del cual dirige las facultades inferiores, al punto que comanda los actos desordenados o falla en reprimirlos. (I-II:74:7, ad 2um) . La voluntad nunca consiente un pecado que no sea al mismo tiempo un pecado de la raz贸n superior como malamente dirigi茅ndola, ya sea por estar actualmente deliberando y comandando el consentimiento, o fallando en la deliberaci贸n e impedimento al consentimiento de la voluntad cuando puede y debe hacerlo. La raz贸n superior es el 煤ltimo juez de los actos humanos y tiene una obligaci贸n de deliberar y decidir si el acto a realizar est谩 de acuerdo a la ley de Dios o no. El pecado venial tambi茅n se puede encontrar en la raz贸n superior cuando deliberadamente consiente pecados que son veniales en su naturaleza, o cuando no hay un total consentimiento en el caso de un pecado que es considerado objetivamente mortal.

K. CAUSAS DE PECADO

Bajo este t铆tulo, es necesario distinguir entre la causa eficiente, ej. El agente que realiza la acci贸n pecadora, y aquellos otros agentes, influencias o circunstancias que incitan al pecado y consecuentemente involucran peligro, mas o menos grave, para aquel que est谩 expuesto. Estas causas incitantes son explicadas en art铆culos especiales sobre OCASIONES DE PECADO y TENTACI脫N. Aqu铆 consideraremos solo la causa eficiente o causas de pecado. Estas son interiores y exteriores. La causa total y suficiente de pecado es la voluntad, la cual es regulada en sus acciones, por la raz贸n y act煤a sobre los apetitos sensitivos. Las causas internas principales de pecado son la ignorancia, flaqueza o pasi贸n, y la malicia. Ignorancia por parte de la raz贸n, flaqueza y pasi贸n por parte del apetito sensible y malicia por parte de la voluntad. Un pecado tiene cierta malicia cuando la voluntad peca por su propio m茅rito y no bajo la influencia de la ignorancia o la pasi贸n.Las causas exteriores del pecado son el demonio y el hombre, quien lleva al pecado por medio de la sugesti贸n, la persuasi贸n, tentaci贸n y el mal ejemplo. Dios no es la causa del pecado (Concilio de Trento, sess, VI, can vi, in Denx-Bann, 816). El dirige todas las cosas a El y es el fin de todas sus Acciones, y no puede ser la causa del mal sin auto-contradicci贸n. En cualquier entidad donde hay pecado como acci贸n, 茅l es la causa. La mala voluntad es la causa del desorden (I-II:79:2). Un pecado puede ser causa de otro en tanto un pecado puede estar ordenado a otro como a su fin. Los as铆 llamados, siete pecados capitales, pueden ser considerados como la fuente de donde proceden otros pecados. Son propensiones pecadoras las cuales se revelan en actos pecaminosos particulares. El pecado original en raz贸n de sus lamentables efectos, es la causa y fuente de pecado y por esta raz贸n, nuestra naturaleza ha sido herida e inclinada al mal. La ignorancia, la enfermedad, la malicia y concupiscencia son consecuencias del pecado original.

L. EFECTOS DEL PECADO

El primer efecto del pecado mortal en el hombre es alejarlo de su verdadero fin 煤ltimo, y privar su alma de la gracia santificante. El acto pecaminoso ocurre y el pecador es dejado en un estado de aversi贸n habitual de Dios. El estado pecaminoso es voluntario e imputable al pecador, porque necesariamente se sigue del acto de pecado que el libremente realiza, y se mantiene hasta su satisfacci贸n. (ver PENITENCIA). Este estado de pecado es llamado por los te贸logos, pecado habitual, no en el sentido que el pecado habitual implique un h谩bito vicioso, sino en el sentido que significa un estado de aversi贸n de Dios dependiente del pecado actual que precede, consecuentemente voluntario e imputable. Este estado de aversi贸n lleva necesariamente consigo, en el presente orden de la providencia de Dios, la privaci贸n de la gracia y caridad por medio de los cuales el hombre est谩 ordenado a su fin sobrenatural. La privaci贸n de la gracias es la 鈥渕acula peccati鈥 (Sto. Tom谩s, I-II, Q 1xxxvi) la mancha del pecado del que se habla en las Escrituras (Jos., xxii, 17; Isaias, iv, 4; 1 Cor., vi, 11). No es nada positivo, cualidad o disposici贸n, una obligaci贸n al sufrimiento, una denominaci贸n extr铆nseca que viene del pecado, sino solamente la privaci贸n de gracia santificante. No hay distinci贸n real sino conceptual entre el pecado habitual (reatus culpae) y la mancha de pecado (macula peccati). El pecado habitual es uno y la misma privaci贸n considerada como destructiva del debido orden del hombre a Dios, y la mancha o 鈥渕acula鈥 del pecado es considerado como privador del alma de la belleza de la gracia.El segundo efecto del pecado est谩 en transmitir el dolor del sufrimiento padecido. (reatus paenae). El pecado (reatus culpae) es la causa de esta obligaci贸n (reatus paenae). El sufrimiento puede estar inflingido en esta vida a trav茅s del medio de castigos medicinales, calamidades, enfermedades, males temporales, los cuales tienen a alejarnos dl pecado; o pueden ser inflingidos en la vida por venir por la justicia de Dios como castigo vindicativo. Los castigos en la vida futura son proporcionados al pecado cometido y es obligaci贸n padecer este castigo por pecados no arrepentidos, que es lo que significa la 鈥渞eatus poenae鈥 de los te贸logos. El dolor a padecer en la vida futura, se divide en sanciones de p茅rdidas (poena damni) y penas del sentido (poena sensus). La pena de p茅rdida es la privaci贸n de visi贸n beat铆fica de Dios como castigo por alejarse de El. La pena del sentido es el sufirimiento como castigo por la conversion a alguna cosa creada en lugar de Dios. Este doble sentido del color por el castigo del pecado mortal es eterno (I Cor., vi, 9; Mat., xxv, 41; Mar ix,45). Un pecado mortal es sufuciente para caer en el castigo (ver INFIERNO). Otros efectos del pecado son: remordimiento de conciencia (Sab, v, 2-13); una inclinaci贸n hacia el mal, as铆 como los h谩bitos son formados por la repetici贸n de actos similares; un oscurecimiento de la inteligencia, una dureza de la voluntad (Mat., xiii, 14-15; Rom., xi, 8); un enviciamiento general de la naturaleza, la cual sin embargo no destruye totalmente la sustancia y las facultades del alma sino meramente debilita el recto ejercicio de sus facultades.

PECADO VENIAL

El pecado venial es esencialmente diferente del pecado mortal. No nos aleja de nuestro verdadero fin 煤ltimo, no destruye la caridad, el principio de uni贸n con Dios, ni priva al alma de gracia santificante y es intr铆nsecamente reparable. Es llamado venial precisamente porque, considerada su propia naturaleza, es perdonable; en s铆 mismo, meritorio de castigo temporal, no eterno. Se distingue del pecado mortal en cuando al desorden. Con el pecado mortal, el hombre queda enteramente apartado de Dios, su verdadero fin 煤ltimo y, al menos impl铆citamente, coloca su fin 煤ltimo en alguna cosa creada. Con el pecado venial, el no es apartado de Dios, tampoco coloca su fin 煤ltimo en creaturas. Se mantiene unido con Dios por caridad, pero no tiende a El como debiera. La verdadera naturaleza del pecado en tanto contraria a la ley eterna, que repele especialmente al principal fin de la ley, se encuentra en el pecado mortal. El pecado venial es solo de manera imperfecta, contrario a la ley en tanto no es contrario al principal fin de ley, ni aleja al hombre de su fin al que est谩 encaminado por la ley. (St. Thomas, I-II, Q. lxxxviii, a. 1; and Cayetano, I-II, Q. lxxxviii, a. 1, para el sentido de pr忙ter legem y contra legem de Sto. Tom谩s).

A. DEFINICI脫N

Siendo que el acto voluntario y su desorden son la esencia del pecado, el pecado venial en tanto que es un acto voluntario puede ser definido como un pensamiento, palabra o realidad discorde con la ley de Dios. Retarda al hombre en el logro de su fin 煤ltimo al tiempo que no lo aleja de El. Su desorden consiste ya sea en la elecci贸n no totalmente deliberada de alg煤n objeto prohibido por la ley de Dios, o en la adhesi贸n deliberada a alg煤n objeto creado no como fin 煤ltimo sino como medio, cuyo objeto no aleja al pecador de Dios, pero no est谩, sin embargo, referido a El como un fin. El hombre no puede apartarse de Dios excepto al colocar deliberadamente su fin 煤ltimo en cosas creadas, y con el pecado venial no adhiere a ning煤n bien temporal disfrutandolo como fin 煤ltimo, sino como medio en referencia a Dios no actualmente sino habitualmente en tanto 茅l mismo est谩 ordenado a Dios por caridad. "Ille qui peccat venialiter, inh忙ret bono temporali non ut fruens, quia non constituit in eo finem, sed ut utens, referens in Deum no n actu sed habitu" (I-II:88:1, ad 3) Para que haya pecado mortal, debe ser adherido al menos impl铆citamente, alg煤n bien creado como un fin 煤ltimo-Esta adherencia no puede ser lograda por un acto semi-deliberado. Al adherir a un objeto que est谩 en desacuerdo con la ley de Dios y sin embargo no es destructivo del fin principal de la ley Divina, no se ha establecido una verdadera oposici贸n entre Dios y ese objeto. El bien creado no es deseado como un fin. El pecador no est谩 colocado en la posici贸n de escoger entre Dios y la creatura como fines 煤ltimos que se oponen, sino que est谩 en tal condici贸n mental que si el objeto al cual se adhiere fuera prohibido como contrario a su verdadero fin 煤ltimo, el no adherir铆a a 茅l, sino que preferir铆a mantener su amistad con Dios. Un ejemplo podr铆a darse en la amistad humana. Un amigo se abstendr铆a de hacer algo que por s铆 mismo tendiera directamente a disolver la amistad, al tiempo que se permitir铆a a veces hacer cosas que desagradan al amigo sin destruir la amistad.La distinci贸n entre el pecado mortal y venial est谩 establecida en las Escrituras. En San Juan (1 Juan v, 16-17) est谩 claro que hay algunos pecados que llevan 鈥渉acia la muerte鈥 y algunos pecados que no 鈥渓levan hacia la muerte鈥; es decir, mortal y venial. El texto cl谩sico de la distinci贸n entre el pecado mortal y venial es aquel de San Pablo (1 Cor., iii,8-15) donde el explica en detalle la distinci贸n entre el pecado mortal y el venial.鈥淸11] Pues nadie puede cambiar la base; ya est谩 puesta, y es Cristo Jes煤s. [12] Sobre este cimiento se puede construir con oro, plata, piedras preciosas, madera, ca帽a o paja. [13] Un d铆a se ver谩 el trabajo de cada uno. Se har谩 p煤blico en el d铆a del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probar谩 la obra de cada uno. [14] Si lo que has construido resiste al fuego, ser谩s premiado. [15] Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendr谩 que pagar. Se salvar谩, pero no sin pasar por el fuego.鈥 La madera, ca帽a y paja significan los pecados veniales (Santo Tom谩s, I-II:89:2) los cuales, construidos sobre la base de una fe viva en Cristo, no destruyen la caridad y de sus mismas naturalezas, no merecen castigo eterno, sino temporal. 鈥淎s铆 como鈥 dice Santo Tom谩s (la madera, la ca帽a y la paja) 鈥渟on juntados en una casa y no pertenecen a la sustancia del edificio, as铆 tambi茅n los pecados veniales se multiplican en el hombre, m谩s el edificio espiritual se mantiene, y por estos, el hombre sufre ya sea el fuego de las tribulaciones temporales en esta vida, o en el purgatorio despu茅s de esta vida y sin embargo, obtiene la salvaci贸n eterna鈥. (ibid).La conveniencia de la divisi贸n en madera, ca帽a y paja est谩 explicada por Santo Tom谩s (iv, dist. 21, Q. i, a. 2). Algunos pecados veniales son mas graves que otros y menos perdonables y esta diferencia est谩 bien explicada por la inflamabilidad de la madera, la ca帽a y la paja. El que exista una distinci贸n entre los pecados mortales y veniales, es un asunto de fe (concilio de Trento, sess, VI, c.xi y c谩nones 23-25; sess. XIV de poenit, c.v). Esta distinci贸n es com煤nmente rechazada por todos los herejes modernos y antiguos. En el siglo cuarto Jovino afirm贸 que todo pecado era igual en culpa y merecedor de alg煤n castigo (St. Aug., 鈥淓p. 167鈥, ii, n.4); Pelagio (q.v), afirm贸 que todo pecado priva al hombre de justicia y por lo tanto, es mortal; Wyclif, que no hay garant铆as en las Escrituras que diferencien el pecado en mortal y venial, y que la gravedad del pecado depende no de la calidad de la acci贸n, sino en el grado de predestinaci贸n o reprobaci贸n de manera que el peor de los cr铆menes del predestinado es infinitamente menos que la mas leve falta del reprobado; Hus, que todas las acciones de los viciosos, son pecados mortales mientras que todos los actos del virtuoso, son buenos y virtuosos (Denz-Bann, 642); Lutero, que todos los pecados de los no creyentes son mortales y todos los pecado del regenerado, con excepci贸n de la infidelidad, son veniales; Calvino, al igual que Wyclif, basa la diferencia entre el pecado mortal y el venial en la predestinaci贸n, pero agrega que un pecado es venial por la fe del pecador. La veinteava de las proposiciones condenadas de Baio reza: 鈥淣o hay pecado venial por naturaleza, aunque todo pecado merece castigo eterno鈥 (Denz-Bann., 1020). Hirscher en tiempos mas recientes, ense帽贸 que todos los pecados que son completamente deliberados, son mortales, aunque negaba la distinci贸n de pecados en raz贸n de sus objetos, sino que 茅sta descansa en la imperfecci贸n del acto. (Kleutgen, 2nd ed., II, 284, etc.).

B. MALICIA DEL PECADO VENIAL

La diferencia en la malicia del pecado mortal y venial consiste en lo siguiente: el pecado mortal es contrario al fin principal de la ley eterna, esto es, ataca la sustancia misma de la ley la cual comanda que ning煤n ser creado debe ser preferido a Dios en tanto fin o igualado a El, mientras que el pecado venial es s贸lo un desacuerdo con la ley, no contraria u opuesta a ella, no ataca su sustancia. Lo sustancial de la ley, su perfecto logro es entorpecido por el pecado venial.

C. CONDICIONES

Es Cometido un pecado venial cuando la materia del pecado es liviano, aunque la advertencia del intelecto y el consentimiento de la voluntad son totales y deliberados, y, cuando, aunque la materia del pecado sea grave, no hay total advertencia por parte del intelecto y consentimiento total por parte de la voluntad. Un precepto, obliga sub gravis aquello que tiene por objeto un fin importante que lograr y su trasgresi贸n est谩 prohibida bajo pena de perder la amistad de Dios. Un precepto obliga sub levi cuando no est谩 tan directamente impuesto.

D. EFECTOS

El pecado venial no priva al alma de la gracia santificante, ni la disminuye. No produce una m谩cula o mancha, como lo hace el pecado mortal, pero disminuye el lustre de la virtud 鈥 "In anima duplex est nitor, unus quiden habitualis, ex gratia sanctificante, alter actualis ex actibus virtutem, jamvero peccatum veniale impedit quidem fulgorem qui ex actibus virtutum oritur, non autem habitualem nitorem, quia non excludit nec minuit habitum charitatis" (I-II:89:1). El pecado venial frecuente y deliberado disminuye el fervor de la caridad, dispone al pecado mortal (I-II:88:3) y obstruye la recepci贸n de gracias que de otra forma Dios dar铆a. Disgusta a Dios y obliga al pecador a castigo temporal ya sea en su vida o en el Purgatorio. No podemos evitar todo pecado venial en esta vida. 鈥淎unque el mas justo y p铆o ocasionalmente durante su vida cae en algunos leves pecados diarios, conocidos como veniales, no por ellos deja de ser considerado justo鈥 (Concilio de Trento, sess VI, c. Xi). Y el c谩non xxiii dice: 鈥淪e alguien declara que un hombre una vez absuelto, no puede pecar de nuevo, o que puede evitar para el resto de su vida todo pecado incluso venial, excomulguemoslo鈥 pero de acuerdo a la opini贸n com煤n, podemos evitar solo el que sean totalmente deliberados. El pecado venial puede coexistir con el pecado mortal en aquellos que estan separados de Dios por el pecado mortal. Este hecho no cambia su naturaleza o reparabilidad intr铆nseca, y el hecho que no sea coexistente con la caridad no es resultado de pecado venial sino del mortal. Es per accidens, por una raz贸n extr铆nseca que el pecado venial en este caso sea irreparable y castigado en el infierno. Que el pecado venial puede aparecer en su verdadera naturaleza como esencialmente diferente al pecado mortal es considerado de facto coexistente con la caridad (I Cor, 3, 8-15). El pecado venial no necesita la gracia de absoluci贸n. Puede ser remitido con la oraci贸n, la contrici贸n, la comuni贸n ferviente y otras obras p铆as. Sin embargo, es laudable su confesi贸n (Denz-Bann, 1539).

PERMISOS Y REMEDIOS

Dado que por f茅 sabemos que Dios es omnipotente, omnisapiente y toda bondad, es dif铆cil considerar el pecado en Su creaci贸n. La existencia del mal es el problema subyacente en toda teolog铆a. Se han dado varias explicaciones que den cuenta de su existencia, que difieren de acuerdo a los principios filos贸ficos y credos religiosos de sus autores. Cualquier explicaci贸n cat贸lica debe tener en cuenta las verdades definidas de la omnipresencia, onmisapiencia y bondad de Dios; la libre voluntad por parte del hombre; el hecho que el sufrimiento es el castigo por el pecado. Del mal metaf铆sico, la negaci贸n de un bien mayor, Dios como causa, en tanto ha creado seres con formas limitadas. Del mal f铆sico (malum p忙n忙) del cual El es tambi茅n causa. Considerado como procedente de Dios, el mal f铆sico es bueno, y es inflingido como castigo del pecado de acuerdo con decretos de justicia divina, compensando as铆 la violaci贸n del orden por el pecado. Es malo s贸lo para el sujeto afectado por 茅l.Dios no es la causa del mal moral (malum culpae) (Concilio de Trento, Sess. VI, can.vi) ni directa ni indirectamente. El pecado es una violaci贸n del orden, y Dios ordena todas las cosas a El, como el fin 煤ltimo, consecuentemente El no puede ser la causa directa del pecado. El retiro de Dios de la gracia la cual previene el pecado, no lo hace a El la causa indirecta del pecado por cuanto este retiro es efectivo de acuerdo a los decretos de Su divina Sabidur铆a y justicia como castigo de pecado previo. El no est谩 obligado de impedir el pecado, consecuentemente, no se le puede imputar como causa (I-II:79:1). Cuando leemos en las Escrituras y en los Padres que Dios inclina a los hombres a pecar, el sentido es, ya sea que en Su justo juicio El permite a los hombres caer en el pecado por una licencia punitiva, ejerciendo Su justicia al castigar el pecado pasado; o que El directamente causa no el pecado sino ciertas obras externas, buenas en s铆 mismas, las cuales son tan abusadas por las voluntades malas de los hombres que aqu铆 y ahora cometen mal; o que el les da el poder de lograr sus malos designios. Respecto del acto f铆sico del pecado, Dios es la causa en tanto que es una entidad y buena. La mala voluntad del hombre es causa suficiente de la malicia del pecado. Dios no puedo haber impedido la creaci贸n del hombre por el hecho de prever su ca铆da. Esto habr铆a significado la limitaci贸n de su Omnipresencia por una creatura, y habr铆a sido destructiva de El. El era libre de crear al hombre aunque El previ贸 su ca铆da, y El no cre贸 otorg谩ndole libre voluntad y d谩ndole los medios suficientes para perseverar en el bien y as铆 haberlo querido. Debemos agregar nuestra ignorancia de la permisi贸n del mal diciendo las palabras de San Agust铆n, que Dios no habr铆a permitido el mal y que El no fue lo suficientemente poderoso para hacer bien del mal. La finalidad de Dios al crear este Universo es El mismo, no el bien del hombre y de alguna manera u otra el bien y el mal sirven para Sus fines, y finalmente habr谩 una restauraci贸n del orden violado gracias a la justicia Divina.Ning煤n pecado quedar谩 sin castigo..El mal que hacen los hombres debe ser purgado ya sea en este mundo a trav茅s de un acto de contrici贸n (Ver PENINTENCIA) o en el mundo por venir en el purgatorio o el infierno, de acuerdo al pecado mortal o venial no arrepentido que mancha el alma, y merece castigo eterno o temporal (ver MAL). Dios ha proporcionado un remedio contra el pecado y ha manifestado Su amor y bondad frente a la ingratitud del hombre a trav茅s de la Encarnaci贸n de Su Divino Hijo (ver ENCARNACI脫N); a trav茅s de la instituci贸n de Su Iglesia para guiar a los hombres e interpretar para el Su ley, la administraci贸n de los Sacramentos, que son siete canales de gracia, las cuales usadas apropiadamente suministran un remedio adecuado al pecado y es un medio de uni贸n con Dios en el cielo, el cual es el fin de Su ley.

EL SENTIDO DE PECADO

La comprensi贸n del pecado, en la medida que pueda ser entendido por nuestra inteligencia finita, sirve para unir m谩s al hombre con Dios. Le imprime de un temor saludable, temor de sus propios poderes, temor, si es dejado a s铆 mismo, de perder la gracia; con la necesidad que existe tras la b煤squeda de la ayuda y gracia de Dios para mantenerse firme en el temor y amor de Dios, y as铆 progresar en la vida espiritual. El pecado no puede ser entendido, sin la toma de conciencia que el estado moral presente del hombre no es aquel con el cual Dios lo cre贸, que sus poderes est谩n debilitados; que tiene que lograr un fin sobrenatural, el cual es imposible por sus propios esfuerzos y sin ayuda, que sin la gracia no hay proporci贸n entre el fin y los medios; que el mundo, la carne y el mal son en realidad agentes activos luchando contra el llevandolo para que los sirva en lugar de servir a Dios. La hip贸tesis de la evoluci贸n da cuenta de la evoluci贸n f铆sica del origen del hombre, la ciencia no conoce ninguna condici贸n humana bajo la cual el hombre exhiba caracter铆sticas del estado de justicia original, ni estado de no pecado. La ca铆da del hombre en esta hip贸tesis es en realidad un ascenso a un grado superior de ser. 鈥淯na ca铆da podr铆a parecer, as铆 como a veces un hombre vicioso parece estar degradado por debajo de las bestias, aunque como promesa y potencia, en realidad fue un ascenso鈥 (Sir O.Lodge 鈥淟ife and Matter鈥 pag. 79). Esta ense帽anza destruye la noci贸n de pecado tal como es ense帽ada por la Iglesia Cat贸lica. El pecado no es una fase de un lucha ascendente, es m谩s bien un rechazo deliberado, y voluntario a luchar. Si no hubiera habido ca铆da desde un estado superior a uno inferior, entonces la ense帽anza de las Escrituras, en relaci贸n a la Redenci贸n y la necesidad de una regeneraci贸n bautismal es ininteligible. La ense帽anza Cat贸lica es aquella que coloca el pecado bajo su verdadera luz, que justifica la condena del pecado que encontramos en las Escrituras. La Iglesia continuamente se esfuerza por inculcar en sus hijos un sentido de temor reverencial al pecado algo a lo cual hay que temer y evitar. Somos creaturas ca铆das, y nuestra vida espiritual en la tierra es una lucha. El pecado es nuestro enemigo y mientras con nuestras propias fuerzas no lo podemos evitar, con la gracia de Dios si podemos. Si nosotros no ponemos obst谩culos a las obras de la gracia, podemos evitar todo pecado deliberado. Si tenemos la mala fortuna de pecar, y buscar la gracia de Dios y su perd贸n con un coraz贸n humilde y contrito, El no nos repelar谩. El pecado tiene remedio por la gracia, la cual es dada por Dios, por los m茅ritos de Su 煤nico Hijo, Quien nos ha redimido, restaurando con Su pasi贸n y muerte, el orden violado por el pecado de nuestros primeros padres y haci茅ndonos nuevamente hijos de Dios y herederos del Cielo. Mientras el pecado sea visto como una condici贸n humana necesaria e inevitable, donde la inhabilidad para evitar el pecado es concebido como necesario, el desaliento le sigue naturalmente. Pero, no hay desaliento si son tomadas en cuenta la doctrina Cat贸lica de la creaci贸n del hombre en un estado superior, la ca铆da por una trasgresi贸n voluntaria, los efectos de 茅sta transmitidos por decreto Divino a la posteridad, la destrucci贸n del equilibrio de las facultades humanas que dejan al hombre inclinado al mal; los dogmas de la redenci贸n y la gracia como reparaci贸n del pecado. Dejados a nuestra merced, caemos, pero manteni茅ndonos cerca de Dios y continuamente buscando Su ayuda podemos pararnos y luchar contra el pecado, y si debemos ganarnos la f茅 durante la batalla, la recompensa ser谩 coronada en el cielo. (Ver CONCIENCIA; JUSTIFICACI脫N; ESC脕NDALO).Fuentes: O'Neil, Arthur Charles. "Sin." The Catholic Encyclopedia. Vol. 14. New York: Robert Appleton Company, 1912. Entre su email para recibir nuestra Newsletter Semanal en modo seguro, es un servicio gratis:

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