Incluye el cuestionario enviado a parroquias y obispos.
Luego que el cuestionario de 38 preguntas a las parroquias y obispos hubo recorrido el mundo extraoficialmente, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede se presentó el documento preparatorio de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos cuyo tema es "Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización" que tendrá lugar en el Vaticano del 5 al 19 de octubre de 2014. En este documento, al final aparece el cuestionario.
Mons Lorenzo Baldisseri

Tuvieron a cargo la presentación el Cardenal Péter Erdo, Arzobispo de Esztergom-Budapest (Hungría), Mons. Lorenzo Baldisseri, y Mons. Bruno Forte, Arzobispo de Chieti-Vasto (Italia), respectivamente Relator General de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, Secretario General del Sínodo de los Obispos y Secretario especial de dicha asamblea extraordinaria.Mons. Baldisseri explicó que

"la tem√°tica de este S√≠nodo se inserta en una ruta de trabajo en dos etapas: la primera es, precisamente, la Asamblea General Extraordinaria de 2014 cuyo prop√≥sito es precisar el ‚Äėstatus quaestionis‚Äô y recoger testimonios y propuestas de los obispos para anunciar y vivir el Evangelio con credibilidad para la familia; la segunda es la Asamblea General Ordinaria, prevista para 2015, cuyo fin es dar las l√≠neas operativas para la pastoral de la persona humana y de la familia".

Después recordó que si bien el proceso de elaboración de cada asamblea sinodal comienza con una consulta entre los diversos organismos que son interpelados sobre el tema en cuestión, en este caso, sin embargo,

"este proceso se desarrolla en formas particulares, sea porque la metodología sinodal se encuentra en la actualidad en un momento de revisión general, sea porque se trata de una Asamblea Extraordinaria".

En cuanto a la renovación metodológica,

"la idea es hacer que la institución sinodal sea un instrumento real y efectivo de comunión a través del cual se exprese y se realice la colegialidad deseada en el Concilio Vaticano II".

"De hecho, con este fin, es voluntad del Santo Padre potenciar tambi√©n la actividad de la Secretar√≠a General del S√≠nodo de los Obispos para que pueda cumplir adecuadamente su misi√≥n de promover la colegialidad episcopal, ‚Äėcum Petro e sub Petro‚Äô, en el gobierno de la Iglesia universal. Esto implicar√° no s√≥lo cambios estructurales y de naturaleza metodol√≥gica del proceso sinodal, sino tambi√©n la adaptaci√≥n funcional de la Secretar√≠a General, incluyendo la recuperaci√≥n del espacio f√≠sico de su sede".

Por lo que se refiere al car√°cter extraordinario de la pr√≥xima asamblea sinodal es de se√Īalar que

"este tipo de sínodos responden a la necesidad de tratar una materia que a pesar de referirse al bien de la Iglesia universal, exija una rápida definición. Es evidente que la crisis social y espiritual del mundo actual afecta a la vida familiar y crea una verdadera urgencia pastoral que justifica la convocatoria de una Asamblea General Extraordinaria".

El Cardenal Erdo se√Īal√≥ que en el documento preparatorio

"la familia aparece como una realidad que procede de la voluntad del Creador y constituye una presencia social. Por lo tanto, no es una mera invenci√≥n de la sociedad humana, mucho menos de cualquier poder puramente humano, sino m√°s bien una realidad natural, que fue elevada por Cristo Nuestro Se√Īor en el contexto de la gracia divina. El documento, as√≠ como la Iglesia misma, une estrechamente la problem√°tica de la familia con la del matrimonio".

Pasó revista a todas las cuestiones abordadas en el texto, desde la preparación para el matrimonio y la evangelización de los cónyuges y de sus familias, a las uniones de hecho sin reconocimiento religioso o civil, a la situación de los divorciados católicos que se han vuelto a casar o a las uniones entre personas del mismo sexo, pasando por los procedimientos de nulidad matrimonial.Sin embargo, afirmó, todo el cuestionario que se ha enviado a las conferencias episcopales de todo el mundo

"se coloca en un contexto m√°s elevado: m√°s all√° de los problemas existentes abre el horizonte hacia el reconocimiento del hecho de que la familia es un verdadero don del Creador a la humanidad".

Por √ļltimo, el Arzobispo Bruno Forte record√≥ que el enfoque para abordar los desaf√≠os de la vida familiar en la actualidad es el que el Beato Juan XXIII anotaba en su diario poco antes de la apertura del Concilio Vaticano II: "mirar todo a la luz del ministerio pastoral, es decir: almas que salvar y que reconstruir".

"No se trata, en definitiva -dijo-, de debatir asuntos de doctrina, por otra parte explicadas ya por el Magisterio también reciente. La invitación que deriva para toda la Iglesia es escuchar los problemas y expectativas que están viviendo hoy en día tantas familias, mostrarse cerca de ellas y ofrecerles de forma creíble la misericordia de Dios y la belleza de la respuesta a su llamada".

EL DOCUMENTO SIN EL CUESTIONARIO

El cuestionario puede leerse aquí.

I ‚Äď El S√≠nodo: familia y evangelizaci√≥n

La misi√≥n de predicar el Evangelio a toda la humanidad ha sido confiada directamente por el Se√Īor a sus disc√≠pulos y es la Iglesia quien lleva adelante tal misi√≥n en la historia. En el tiempo que estamos viviendo, la evidente crisis social y espiritual llega a ser un desaf√≠o pastoral, que interpela la misi√≥n evangelizadora de la Iglesia para la familia, n√ļcleo vital de la sociedad y de la comunidad eclesial. La propuesta del Evangelio sobre la familia en este contexto resulta particularmente urgente y necesaria. La importancia del tema surge del hecho que el Santo Padre ha decidido establecer para el S√≠nodo de los Obispos un itinerario de trabajo en dos etapas: la primera, la Asamblea General Extraordinaria del 2014, ordenada a delinear el ‚Äústatus quaestionis‚ÄĚ y a recoger testimonios y propuestas de los Obispos para anunciar y vivir de manera cre√≠ble el Evangelio de la familia; la segunda, la Asamblea General Ordinaria del 2015, para buscar l√≠neas operativas para la pastoral de la persona humana y de la familia.Hoy se presentan problem√°ticas in√©ditas hasta hace unos pocos a√Īos, desde la difusi√≥n de parejas de hecho, que no acceden al matrimonio y a veces excluyen la idea del mismo, a las uniones entre personas del mismo sexo, a las cuales a menudo es consentida la adopci√≥n de hijos. Entre las numerosas nuevas situaciones, que exigen la atenci√≥n y el compromiso pastoral de la Iglesia, bastar√° recordar: los matrimonios mixtos o inter-religiosos; la familia monoparental; la poligamia, difundida todav√≠a en no pocas partes del mundo; los matrimonios concordados con la consiguiente problem√°tica de la dote, a veces entendida como precio para adquirir la mujer; el sistema de las castas; la cultura de la falta de compromiso y de la presupuesta inestabilidad del v√≠nculo; formas de feminismo hostil a la Iglesia; fen√≥menos migratorios y reformulaci√≥n de la idea de familia; pluralismo relativista en la concepci√≥n del matrimonio; influencia de los medios de comunicaci√≥n sobre la cultura popular en la comprensi√≥n de la celebraci√≥n del casamiento y de la vida familiar; tendencias de pensamiento subyacentes en la propuestas legislativas que desprecian la estabilidad y la fidelidad del pacto matrimonial; la difusi√≥n del fen√≥meno de la maternidad subrogada (alquiler de √ļteros); nuevas interpretaciones de los derechos humanos. Pero, sobre todo, en √°mbito m√°s estrictamente eclesial, la debilitaci√≥n o el abandono de fe en la sacramentalidad del matrimonio y en el poder terap√©utico de la penitencia sacramental.A partir de todo esto se comprende la urgencia con la cual el episcopado mundial, cum et sub Petro, considera atentamente estos desaf√≠os. Por ejemplo, si s√≥lo se piensa que en el actual contexto muchos ni√Īos y j√≥venes nacidos de matrimonios irregulares no podr√°n ver jam√°s a sus padres acercarse a los sacramentos, se comprende el grado de urgencia de los desaf√≠os puestos por la situaci√≥n actual, por otro lado difundida ampliamente en la ‚Äúaldea global‚ÄĚ, a la evangelizaci√≥n.Esta realidad presenta una singular correspondencia con la amplia acogida que est√° teniendo en nuestros d√≠as la ense√Īanza sobre la misericordia divina y sobre la ternura en relaci√≥n a las personas heridas, en las periferias geogr√°ficas y existenciales: las expectativas que se derivan de ello acerca de las decisiones pastorales sobre la familia son muchas. Por lo tanto, una reflexi√≥n del S√≠nodo de los Obispos sobre estos temas parece tanto necesaria y urgente, cuanto imperativa, como expresi√≥n de la caridad de los Pastores, no s√≥lo frente a todos aquellos que son confiados a ellos, sino tambi√©n frente a toda la familia humana.

II- La Iglesia y el Evangelio sobre la familia

La buena noticia del amor divino ha de ser proclamada a cuantos viven esta fundamental experiencia humana personal, de vida matrimonial y de comuni√≥n abierta al don de los hijos, que es la comunidad familiar. La doctrina de la fe sobre el matrimonio ha de ser presentada de manera comunicativa y eficaz, para que sea capaz de alcanzar los corazones y de transformarlos seg√ļn la voluntad de Dios manifestada en Jesucristo.En relaci√≥n a la citaci√≥n de las fuentes b√≠blicas sobre el matrimonio y la familia, se indican en el presente texto s√≥lo las referencias esenciales. As√≠ tambi√©n para los documentos del Magisterio parece oportuno limitarse a los documentos del Magisterio universal de la Iglesia, integr√°ndolos con algunos textos del Pontificio Consejo de la Familia e invitando a los Obispos que participan en el S√≠nodo a referirse a los documentos de sus respectivos organismos episcopales.Desde siempre y en las m√°s diversas culturas no ha faltado nunca la ense√Īanza clara de los pastores ni el testimonio concreto de los creyentes, hombres y mujeres, que en circunstancias muy diferentes han vivido el Evangelio sobre la familia como un don inconmensurable para la vida de ellos y de sus hijos. El compromiso del pr√≥ximo S√≠nodo Extraordinario es impulsado y sostenido por el deseo de comunicar a todos, m√°s incisivamente este mensaje esperando que, de este modo, ¬ęel tesoro de la revelaci√≥n encomendado a la Iglesia vaya llenando los corazones de los hombres¬Ľ (DV 26).

El proyecto de Dios Creador y Redentor

La belleza del mensaje b√≠blico sobre la familia tiene su fundamento en la creaci√≥n del hombre y la mujer, ambos hechos a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,24-31; 2, 4b-25). Unidos por un v√≠nculo sacramental indisoluble, los esposos viven la belleza del amor, de la paternidad, de la maternidad y de la dignidad suprema de participar as√≠ en la obra creadora de Dios.En el don del fruto de la propia uni√≥n asumen la responsabilidad del crecimiento y de la educaci√≥n de otras personas para el futuro del g√©nero humano. A trav√©s de la procreaci√≥n, el hombre y la mujer cumplen en la fe la vocaci√≥n de ser colaboradores de Dios en la custodia de la creaci√≥n y en el crecimiento de la familia humana.El Beato Juan Pablo II ha comentado este aspecto en la Familiaris Consortio: ¬ęDios ha creado al hombre a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26s): llam√°ndolo a la existencia por amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor. Dios es amor (1Jn 4,8) y vive en s√≠ mismo un misterio de comuni√≥n personal de amor. Cre√°ndola a su imagen y conserv√°ndola continuamente en el ser, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocaci√≥n y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comuni√≥n (cf. Gaudium et Spes, 12). El amor es por tanto la vocaci√≥n fundamental e innata de todo ser humano¬Ľ (FC, n. 11).Este proyecto de Dios creador, que el pecado original ha trastornado (cf, Gn 3,1-24), se ha manifestado en la historia a trav√©s de las vicisitudes del pueblo elegido hasta la plenitud de los tiempos, cuando, con la encarnaci√≥n del Hijo de Dios no s√≥lo qued√≥ confirmada la voluntad divina de salvaci√≥n, sino tambi√©n, con la redenci√≥n, fue ofrecida la gracia para obedecer a esa misma voluntad.El Hijo de Dios, el Verbo hecho carne (cf. Jn 1,14) en el vientre de la Virgen Madre, vivi√≥ y creci√≥ en la familia de Nazaret y particip√≥ en las bodas de Can√° enriqueciendo la fiesta con el primero de sus ‚Äúsignos‚ÄĚ (cf. Jn 2,1-11). √Čl ha aceptado con alegr√≠a la hospitalidad familiar de sus primeros disc√≠pulos (cf. Mc 1,29-31; 2,13-17) y ha consolado el luto de la familia de sus amigos de Betania (cf. Lc 10,38-42;Jn 11,1-44).Jesucristo ha restablecido la belleza del matrimonio proponiendo nuevamente el proyecto unitario de Dios, que hab√≠a sido abandonado por la dureza del coraz√≥n humano, a√ļn en la tradici√≥n del pueblo de Israel (cf. Mt 5,31-32; 19,3-12; Mc 10,1-12; Lc 16,18). Volviendo al origen, Jes√ļs ha ense√Īado la unidad y la fidelidad entre los esposos, reprobando el repudio y el adulterio.Precisamente a trav√©s de la extraordinaria belleza del amor humano ‚Äď ya celebrada con matices inspirados en el Cantar de los Cantares y prefigurada en el v√≠nculo esponsalicio exigido y defendido por Profetas como Oseas (Os 1,2-3,3) y Malaqu√≠as (Ml 2,13-16) ‚Äď Jes√ļs ha confirmado la dignidad originaria del amor conyugal del hombre y de la mujer.

La ense√Īanza de la Iglesia sobre la familia

Tambi√©n en la comunidad cristiana primitiva la familia aparece como ¬ęIglesia dom√©stica¬Ľ (cf. CCC 1655). En los llamados ‚Äúc√≥digos familiares‚ÄĚ de las Ep√≠stolas Apost√≥licas neotestamentarias, la grande familia del mundo antiguo es considerada como lugar de la solidaridad m√°s profunda entre mujeres y maridos, entre padres e hijos, entre ricos y pobres (cf. Ef 5,21-6,9; Col 3,18-4,1; 1Tm 2,8-15; Tt 2,1-10; 1P 2,13-3,7; cf. adem√°s la Ep√≠stola a Filem√≥n). En particular, la Ep√≠stola a los Efesios ha visto en el amor nupcial entre el hombre y la mujer ¬ęel gran misterio¬Ľ, que hace presente en el mundo el amor de Cristo y de la Iglesia (cf. Ef 5,31-32).En el curso de los siglos, sobre todo en la √©poca moderna hasta nuestros d√≠as, la Iglesia no ha hecho faltar su constante y creciente ense√Īanza sobre la familia y sobre el matrimonio que la fundamenta. Una de las expresiones m√°s altas ha sido propuesta por el Concilio Ecum√©nico Vaticano II, en la Constituci√≥n pastoral Gaudium et Spes, la cual, refiri√©ndose a los problemas m√°s urgentes, dedica un cap√≠tulo entero a la promoci√≥n de la dignidad del matrimonio y de la familia, como aparece en la descripci√≥n de su valor para la constituci√≥n de la sociedad: ¬ęAs√≠, la familia, en la que distintas generaciones coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabidur√≠a y a armonizar los derechos de las personas con las dem√°s exigencias de la vida social, constituye el fundamento de la sociedad¬Ľ (GS 52). De especial intensidad es el llamado a una espiritualidad Cristoc√©ntrica para los esposos creyentes: ¬ęlos propios c√≥nyuges, finalmente, hechos a imagen de Dios vivo y constituidos en el verdadero orden de personas, vivan unidos, con el mismo cari√Īo, modo de pensar id√©ntico y mutua santidad, para que habiendo seguido a Cristo, principio de vida, en los gozos y sacrificios de su vocaci√≥n, por medio de su fiel amor, sean testigos de aquel misterio de amor que el Se√Īor con su muerte y resurrecci√≥n revel√≥ al mundo¬Ľ (GS 52).Tambi√©n los Sucesores de Pedro, despu√©s del Concilio Vaticano II, han enriquecido con su Magisterio la doctrina sobre el matrimonio y sobre la familia, en particular Pablo VI con la Enc√≠clica Humanae vitae, que ofrece espec√≠ficas ense√Īanzas sobre los principios y sobre la praxis. Sucesivamente el Papa Juan Pablo II en la Exhortaci√≥n Apost√≥lica Familiaris consortio ha querido insistir en este aspecto, al proponer el designio divino sobre la verdad originaria del amor de los esposos y de la familia, en estos t√©rminos: ¬ęEl √ļnico ‚Äúlugar‚ÄĚ que hace posible esta donaci√≥n total es el matrimonio, es decir, el pacto de amor conyugal o elecci√≥n consciente y libre, con la que el hombre y la mujer aceptan la comunidad √≠ntima de vida y amor, querida por Dios mismo (cf. Gaudium et Spes, 48), que s√≥lo bajo esta luz manifiesta su verdadero significado. La instituci√≥n matrimonial no es una ingerencia indebida de la sociedad o de la autoridad ni la imposici√≥n intr√≠nseca de una forma, sino exigencia interior del pacto de amor conyugal que se confirma p√ļblicamente como √ļnico y exclusivo, para que sea vivida as√≠ la plena fidelidad al designio de Dios Creador. Esta fidelidad, lejos de rebajar la libertad de la persona, la defiende contra el subjetivismo y relativismo, y la hace part√≠cipe de la Sabidur√≠a creadora¬Ľ (FC 11).El Catecismo de la Iglesia Cat√≥lica recoge estos datos fundamentales: ¬ęLa alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituyen una √≠ntima comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza est√° ordenada al bien de los c√≥nyuges as√≠ como a la generaci√≥n y educaci√≥n de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Se√Īor a la dignidad de sacramento (cf. GS 48,1; CIC can. 1055, ¬ß1)¬Ľ (CCC 1660).La doctrina expuesta en el Catecismo se refiere tanto a los principios teol√≥gicos como al comportamiento moral, tratados en dos t√≠tulos distintos: El sacramento del matrimonio (nn. 1601-1658) y El sexto mandamiento (nn.2331-2391). La atenta lectura de estas partes del Catecismo ayuda a la comprensi√≥n actualizada de la doctrina de la fe, que ha de sostener la acci√≥n de la Iglesia ante los desaf√≠os del presente. Su pastoral se inspira en la verdad del matrimonio considerado en el designio de Dios, que ha creado el hombre y la mujer y en la plenitud de los tiempos ha revelado en Jesucristo tambi√©n la plenitud del amor esponsalicio elevado a sacramento. El matrimonio cristiano fundado sobre el consenso y tambi√©n dotado de efectos propios, como los bienes y las obligaciones de los esposos, sin embargo no ha sido sustra√≠do al r√©gimen del pecado (cf. Gn 3, 1-24), que puede procurar heridas profundas y tambi√©n ofensas a la misma dignidad del sacramento.La reciente Enc√≠clica del Papa Francisco, Lumen Fidei, habla de la familia en su v√≠nculo con la fe que revela ¬ęhasta qu√© punto pueden ser s√≥lidos los v√≠nculos humanos cuando Dios se hace presente en medio de ellos¬Ľ (LF 50). ¬ęEl primer √°mbito que la fe ilumina en la ciudad de los hombres es la familia. Pienso sobre todo en el matrimonio, como uni√≥n estable de un hombre y una mujer: nace de su amor, signo y presencia del amor de Dios, del reconocimiento y la aceptaci√≥n de la bondad de la diferenciaci√≥n sexual, que permite a los c√≥nyuges unirse en una sola carne (cf. Gn 2,24) y ser capaces de engendrar una vida nueva, manifestaci√≥n de la bondad del Creador, de su sabidur√≠a y de su designio de amor. Fundados en este amor, hombre y mujer pueden prometerse amor mutuo con un gesto que compromete toda la vida y que recuerda tantos rasgos de la fe. Prometer un amor para siempre es posible cuando se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos, que nos sostiene y nos permite entregar totalmente nuestro futuro a la persona amada¬Ľ. ¬ęLa fe no es un refugio para gente pusil√°nime, sino que ensancha la vida. Hace descubrir una gran llamada, la vocaci√≥n al amor, y asegura que este amor es digno de fe, que vale la pena ponerse en sus manos, porque est√° fundado en la fidelidad de Dios, m√°s fuerte que todas nuestras debilidades¬Ľ (LF 53).Fuentes: ACI prensa, Vaticano, Signos de estos Tiempos

Haga click para ver las otras noticias

Entre su email para recibir nuestra Newsletter Semanal en modo seguro, es un servicio gratis:

S√ļmate a nuestra Newsletter y recibe las √ļltimas publicaciones
en tu bandeja de entrada

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.

Ver todo
Estamos migrando el sitio a una nueva plataforma! :)