El catolicismo es el gran escollo a vencer.
Los ataques más fuertes y concentrados contra Bergoglio, inmediatamente luego de su elección y antes que asumiera formalmente como Papa Francisco, provinieron de la izquierda y el laicismo, y se refieren a la connivencia con la dictadura militar argentina y su vista gorda para entregar a dos sacerdotes a sus órdenes. Todo esto fue desmentido y sigue siendo desmentido ahora.

Esta operaci√≥n montada, e inicialmente operada por la diplomacia argentina antes del c√≥nclave, para prevenir la elecci√≥n de Bergoglio como Papa, por ser molesto para el gobierno de Kirchner, sigui√≥ con las denuncias de un ex guerrillero montonero que se dedica a denunciar a personas ‚Äúmolestas pol√≠ticamente‚ÄĚ, y luego se le uni√≥ el coro de la izquierda y los laicistas internacionales que ven a la Iglesia Cat√≥lica como el √ļltimo reducto de resistencia a su plan de hegemon√≠a global.

EL DOSSIER ARGENTINO CONTRA BERGOGLIO

El Vaticano confirm√≥ que la diplomacia argentina en Italia redact√≥ y distribuy√≥ entre ciertos cardenales un dossier sucio para bloquear la posible designaci√≥n de Jorge Mario Bergoglio como sucesor de Benedicto XVI.El dossier sucio, entregado a los cardenales antes del c√≥nclave para designar al nuevo Sumo Pont√≠fice, se urdi√≥ sobre las notas escritas por el periodista Horacio Verbitsky (ex encargado de inteligencia del grupo guerrillero Montoneros) denunciando la presunta complicidad de Bergoglio con la √ļltima dictadura militar, pese al fallo definitivo de la justicia federal en la causa ESMA que desestim√≥ esa acusaci√≥n por falta de pruebas.En el Vaticano aseguran que la falsa denuncia contra Bergoglio fue cocinada por un diplom√°tico argentino de apellido hist√≥rico en el peronismo, tramada por un legislador nacional vinculado a los organismos de Derechos Humanos y filtrada a los electores del futuro Papa por un cardenal que conoce las desavenencias entre Francisco y la presidenta Cristina Fern√°ndez de Kirchner.Los autores materiales del dossier, a sabiendas y negando la verdad hist√≥rica, evitaron agregar en su panfleto diplom√°tico que Bergoglio enfrent√≥ la acusaci√≥n durante una comparecencia como testigo que se formaliz√≥ en el Arzobispado, dur√≥ cuatro horas y ocurri√≥ ante los jueces Germ√°n Castelli, Daniel Obligado y Ricardo Far√≠as, miembros del Tribunal Oral Federal N¬ļ 5 que entend√≠a en la causa ESMA.

HORACIO VERBITSKY ES LA CABEZA DE LA OPERACI√ďN GLOBAL

En una columna publicada en el sitio web de ArgentinosAlerta, el joven escritor Agust√≠n Laje devel√≥ que el director del diario oficialista argentino P√°gina 12, Horacio Verbitsky, fue un ‚Äúdoble agente‚ÄĚ que apoy√≥ a la dictadura que sufri√≥ Argentina hace 30 a√Īos.Verbitsky, a quien el periodista argentino Jorge Lanata describi√≥ como un ‚Äúministro K (del r√©gimen de Cristina Fern√°ndez de Kirchner) sin cartera‚ÄĚ, calific√≥ la elecci√≥n del Papa Francisco como ‚Äúuna verg√ľenza para Argentina y Sudam√©rica‚ÄĚ, y en diversos escritos asegur√≥ que el Santo Padre hab√≠a colaborado con la dictadura que rigi√≥ en el pa√≠s entre 1976 y 1983.P√°gina 12, el diario dirigido por Verbitsky, habr√≠a recibido entre 2011 e inicios de 2012, m√°s de 11 millones de d√≥lares por publicidad del gobierno de Cristina Fern√°ndez de Kirchner.De acuerdo a Agust√≠n Laje,

‚Äúmuchos son los ex guerrilleros que se√Īalan a Verbitsky como un traidor o ‚Äėdoble agente‚Äô‚ÄĚ vinculado a la dictadura.

Estos ex guerrilleros, revel√≥ Laje, ‚Äúindican, en efecto, que sobre 62 integrantes conocidos que pasaron por el √°rea de inteligencia montonera, el √ļnico que sobrevivi√≥ y ni siquiera result√≥ detenido, es llamativamente Horacio Verbitsky‚ÄĚ.

En 1977, indicó Laje, Horacio Verbitsky se alejó de Montoneros para acercarse a las Fuerzas Armadas.

‚ÄúEs lo que en la √©poca se llamaba ‚Äėcolaboracionismo‚Äô‚ÄĚ, dijo.‚ÄúUna prueba fulminante en este sentido es su colaboraci√≥n en el libro ‚ÄėEl poder a√©reo de los argentinos‚Äô, que edit√≥ el C√≠rculo de la Fuerza A√©rea en 1979. Escrito por el comodoro (r) Juan Jos√© G√ľiraldes, el nombre del ex montonero ilustra la primera p√°gina de la obra en donde se le agradece su aporte‚ÄĚ, indic√≥.

CUAL ES LA DENUNCIA CONCRETA

En la denuncia se le atribu√≠a al cardenal una cuota de responsabilidad por el secuestro de dos sacerdotes jesuitas, que se desempe√Īaban en una villa de emergencia del barrio porte√Īo de Flores, efectuado por miembros de la Marina en mayo de 1976, dos meses despu√©s del golpe.De acuerdo con esa versi√≥n, Bergoglio ‚Äďquien, por entonces, era el provincial de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs en la Argentina‚Äď les pidi√≥ a los padres Orlando Yorio y Francisco Jalics que abandonaran su trabajo pastoral en la barriada y, como ellos se negaron, les comunic√≥ a los militares que los religiosos ya no contaban con el amparo de la Iglesia, dej√°ndoles as√≠ el camino expedito para que los secuestraran, con el consiguiente peligro que eso implicaba para sus vidas.El cardenal nunca quiso salir a responder la acusaci√≥n como, tampoco, jam√°s se refiri√≥ a otras imputaciones del mismo origen sobre supuestos lazos con miembros de la Junta Militar (ni, en general, nunca cont√≥ p√ļblicamente cu√°l fue su actitud durante la √ļltima dictadura).

DESMENTIDOS

El propio Jalics, desde 1978 en Alemania y actualmente en la peque√Īa localidad b√°vara de Wilhelmsthal, que viaj√≥ hace unos a√Īos a Buenos Aires, por invitaci√≥n del arzobispado de la capital argentina, y ‚Äúabord√≥ la cuesti√≥n‚ÄĚ, indicaron fuentes de esa orden en M√ļnich a la edici√≥n digital del semanario Der Spiegel, dijo que ‚ÄúEst√° en paz con Bergoglio‚ÄĚ.Los dos jesuitas fueron liberados tras cinco meses de torturas y Yorio muri√≥ en el 2000 en UruguayTambi√©n el activista de derechos humanos y Premio Nobel de la Paz argentinoAdolfo P√©rez Esquivel, rechaz√≥ tajantemente tales acusaciones desde la televisi√≥n brit√°nica BBC, donde dijo que:

‚Äúhubo obispos que fueron c√≥mplices de la dictadura argentina, pero Bergoglio no‚ÄĚ.

Al nuevo Papa:

‚Äúse lo cuestiona porque se dice que no hizo lo necesario para sacar de la prisi√≥n a dos sacerdotes. S√© personalmente que muchos obispos ped√≠an a la Junta Militar la liberaci√≥n de prisioneros y sacerdotes y no se les conced√≠a‚ÄĚ, record√≥ P√©rez Esquivel.

También fue desmentido por Graciela Fernández Meijide, ex secretaria de la CONADEP y Julio Strassera, ex fiscal en el Juicio a los Ex comandantes.

DEL LIBRO-ENTREVISTA "EL JESUITA" (2010), POR SERGIO RUBIN Y FRANCESCA AMBROGETTI

Cardenal: usted desliz√≥ antes que durante la dictadura, escondi√≥ gente que estaba siendo perseguida. ¬ŅC√≥mo fue aquello? ¬ŅA cu√°ntos protegi√≥? En el colegio M√°ximo de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs, en San Miguel, en el Gran Buenos Aires, donde resid√≠a, escond√≠ a unos cuantos. No recuerdo exactamente el n√ļmero, pero fueron varios.Luego de la muerte de monse√Īor Enrique Angelelli el obispo de [la di√≥cesis argentina de] La Rioja, (que se caracteriz√≥ por su compromiso con los pobres), cobij√© en el colegio M√°ximo a tres seminaristas de su di√≥cesis que estudiaban teolog√≠a. No estaban escondidos, pero s√≠ cuidados, protegidos.Yendo a La Rioja para participar de un homenaje a Angelelli con motivo de cumplirse 30 a√Īos de su muerte, el obispo de Bariloche, Fernando Maletti, se encontr√≥ en el micro con uno de esos tres curas que est√° viviendo actualmente en Villa Elo√≠sa, en la provincia de Santa Fe.Maletti no lo conoc√≠a, pero al ponerse a charlar, √©ste le cont√≥ que √©l y los otros dos sacerdotes ve√≠an en el colegio M√°ximo a personas que hac√≠an ‚Äúlargos ejercicios espirituales de 20 d√≠as‚ÄĚ y que, con el paso del tiempo, se dieron cuenta de que eso era una pantalla para esconder gente. Maletti despu√©s me lo cont√≥, me dijo que no sab√≠a toda esta historia y que habr√≠a que difundirla.Aparte de esconder gente, ¬Ņhizo algunas otras cosas?Saqu√© del pa√≠s, por Foz de Iguaz√ļ, a un joven que era bastante parecido a m√≠ con mi c√©dula de identidad, vestido de sacerdote, con el clerigman y, de esa forma, pudo salvar su vida.Adem√°s, hice lo que pude con la edad que ten√≠a y las pocas relaciones con las que contaba, para abogar por personas secuestradas. Llegu√© a ver dos veces al general (Jorge) Videla y al almirante (Emilio) Massera. En uno de mis intentos de conversar con Videla, me las arregl√© para averiguar qu√© capell√°n militar le oficiaba la misa y lo convenc√≠ para que dijera que se hab√≠a enfermado y me enviara a m√≠ en su reemplazo.Recuerdo que ofici√© en la residencia del comandante en Jefe del Ej√©rcito ante toda la familia de Videla, un s√°bado a la tarde. Despu√©s, le ped√≠ a Videla hablar con √©l, siempre en plan de averiguar el paradero de los curas detenidos.A lugares de detenci√≥n no fui, salvo una vez que concurr√≠ a una base aeron√°utica, cercana a San Miguel, de la vecina localidad de Jos√© C. Paz, para averiguar sobre la suerte de un muchacho.¬ŅHubo alg√ļn caso que recuerde especialmente? Recuerdo una reuni√≥n con una se√Īora que me trajo Esther Balestrino de Careaga, aquella mujer que, como antes cont√©, fue jefa m√≠a en el laboratorio, que tanto me ense√Ī√≥ de pol√≠tica, luego secuestrada y asesinada y hoy enterrada en la iglesia porte√Īa de Santa Cruz.La se√Īora, oriunda de Avellaneda, en el Gran Buenos Aires, ten√≠a dos hijos j√≥venes con dos o tres a√Īos de casados, ambos delegados obreros de militancia comunista, que hab√≠an sido secuestrados.Viuda, los dos chicos eran lo √ļnico que ten√≠a en su vida. ¬°C√≥mo lloraba esa mujer! Esa imagen no me la olvidar√© nunca. Yo hice algunas averiguaciones que no me llevaron a ninguna parte y, con frecuencia, me reprocho no haber hecho lo suficiente.¬ŅPuede relatar alguna gesti√≥n que lleg√≥ a buen t√©rmino? Me viene a la mente el caso de un joven catequista que hab√≠a sido secuestrado y por el que me pidieron que intercediera. Tambi√©n en este caso me mov√≠ dentro de mis pocas posibilidades y mi escaso peso. No s√© cu√°nto habr√°n influido mis averiguaciones, pero lo cierto es que, gracias a Dios, al poco tiempo el muchacho fue liberado.¬°Qu√© contenta estaba su familia! Por eso, reitero: despu√©s de situaciones como √©sa, c√≥mo no comprender la reacci√≥n de tantas madres que vivieron un calvario terrible, pero que, a diferencia de este caso, no volvieron a ver con vida a sus hijos.¬ŅCu√°l fue su desempe√Īo en torno al secuestro de los sacerdotes Yorio y Jalics? Para responder tengo que contar que ellos estaban perge√Īando una congregaci√≥n religiosa, y le entregaron el primer borrador de las reglas a los monse√Īores Pironio, Zazpe y Serra. Conservo la copia que me dieron.El superior general de los jesuitas, quien por entonces era el padre Arrupe, dijo que eligieran entre la comunidad en que viv√≠an y la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs y orden√≥ que cambiaran de comunidad. Como ellos persistieron en su proyecto, y se disolvi√≥ el grupo, pidieron la salida de la Compa√Ī√≠a. Fue un largo proceso interno que dur√≥ un a√Īo y pico. No una decisi√≥n expeditiva m√≠a.Cuando se le acepta la dimisi√≥n a Yorio (tambi√©n al padre Luis Dourr√≥n, que se desempe√Īaba junto con ellos) ‚Äďcon Jalics no era posible hacerlo, porque ten√≠a hecha la profesi√≥n solemne y solamente el Sumo Pont√≠fice puede hacer lugar a la solicitud, corr√≠a marzo de 1976, m√°s exactamente era el d√≠a 19; o sea, faltaban cinco d√≠as para el derrocamiento del gobierno de Isabel Per√≥n.Ante los rumores de la inminencia de un golpe, les dije que tuvieran mucho cuidado. Recuerdo que les ofrec√≠, por si llegaba a ser conveniente para su seguridad, que vinieran a vivir a la casa provincial de la Compa√Ī√≠a.¬ŅEllos corr√≠an peligro simplemente porque se desempe√Īaban en una villa de emergencia? Efectivamente. Viv√≠an en el llamado barrio Rivadavia del Bajo Flores. Nunca cre√≠ que estuvieran involucrados en ‚Äúactividades subversivas‚ÄĚ como sosten√≠an sus perseguidores, y realmente no lo estaban.Pero, por su relaci√≥n con algunos curas de las villas de emergencia, quedaban demasiado expuestos a la paranoia de caza de brujas. Como permanecieron en el barrio, Yorio y Jalics fueron secuestrados durante un rastrillaje. Dourr√≥n se salv√≥ porque, cuando se produjo el operativo, estaba recorriendo la villa en bicicleta y, al ver todo el movimiento, abandon√≥ el lugar por la calle Varela.Afortunadamente, tiempo despu√©s fueron liberados, primero porque no pudieron acusarlos de nada, y segundo, porque nos movimos como locos. Esa misma noche en que me enter√© de su secuestro, comenc√© a moverme. Cuando dije que estuve dos veces con Videla y dos con Massera fue por el secuestro de ellos.Seg√ļn la denuncia, Yorio y Jalics consideraban que usted tambi√©n los tachaba de subversivos, o poco menos, y ejerc√≠a una actitud persecutoria hacia ellos por su condici√≥n de progresistas. No quiero ceder a los que me quieren meter en un conventillo. Acabo de exponer, con toda sinceridad, cu√°l era mi visi√≥n sobre el desempe√Īo de esos sacerdotes y la actitud que asum√≠ tras su secuestro. Jalics, cuando viene a Buenos Aires, me visita. Una vez, incluso, concelebramos la misa. Viene a dar cursos con mi permiso.En una oportunidad, la Santa Sede le ofreci√≥ aceptar su dimisi√≥n, pero resolvi√≥ seguir dentro de la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs. Repito: no los ech√© de la congregaci√≥n, ni quer√≠a que quedaran desprotegidos.Adem√°s, la denuncia dice que tres a√Īos despu√©s, cuando Jalics resid√≠a en Alemania y en la Argentina todav√≠a hab√≠a una dictadura, le pidi√≥ que intercediera ante la Canciller√≠a para que le renovaran el pasaporte sin tener que venir al pa√≠s, pero que usted, si bien hizo el tr√°mite, aconsej√≥ a los funcionarios de la Secretar√≠a de Culto del Ministerio de Relaciones Exteriores que no hicieran lugar a la solicitud por los antecedentes subversivos del sacerdote‚Ķ No es exacto. Es verdad, s√≠, que Jalics ‚Äď que hab√≠a nacido en Hungr√≠a, pero era ciudadano argentino con pasaporte argentino ‚Äď me escribi√≥ siendo yo todav√≠a provincial para pedirme la gesti√≥n pues ten√≠a temor fundado de venir a la Argentina y ser detenido de nuevo.Yo, entonces, escrib√≠ una carta a las autoridades con la petici√≥n ‚Äď pero sin consignar la verdadera raz√≥n, sino aduciendo que el viaje era muy costoso ‚Äď para lograr que se instruya a la embajada en Bonn. La entregu√© en mano y el funcionario, que la recibi√≥, me pregunt√≥ c√≥mo fueron las circunstancias que precipitaron la salida de Jalics. ‚ÄúA √©l y a su compa√Īero los acusaron de guerrilleros y no ten√≠an nada que ver‚ÄĚ, le respond√≠. ‚ÄúBueno, d√©jeme la carta, que despu√©s le van a contestar‚ÄĚ, fueron sus palabras.¬ŅQu√© pas√≥ despu√©s? Por supuesto que no aceptaron la petici√≥n. El autor de la denuncia en mi contra revis√≥ el archivo de la Secretar√≠a de Culto y lo √ļnico que mencion√≥ fue que encontr√≥ un papelito de aquel funcionario en el que hab√≠a escrito que habl√≥ conmigo y que yo le dije que fueron acusados de guerrilleros.En fin, hab√≠a consignado esa parte de la conversaci√≥n, pero no la otra en la que yo se√Īalaba que los sacerdotes no ten√≠an nada que ver. Adem√°s, el autor de la denuncia soslaya mi carta donde yo pon√≠a la cara por Jalics y hac√≠a la petici√≥n.Tambi√©n se coment√≥ que usted propici√≥ que la Universidad Del Salvador, creada por los jesuitas, le entregara un doctorado honoris causa al almirante Massera. Creo que no fue un doctorado, sino un profesorado. Yo no lo promov√≠. Recib√≠ la invitaci√≥n para el acto, pero no fui. Y, cuando descubr√≠ que un grupo hab√≠a politizado la universidad, fui a una reuni√≥n de la Asociaci√≥n Civil y les ped√≠ que se fueran, pese a que la Universidad ya no pertenec√≠a a la Compa√Ī√≠a de Jes√ļs y que yo no ten√≠a ninguna autoridad m√°s all√° de ser un sacerdote.Digo esto porque se me vincul√≥, adem√°s, con ese grupo pol√≠tico. De todas maneras, si respondo a cada imputaci√≥n, entro en el juego. Hace poco estuve en una sinagoga participando de una ceremonia. Rec√© mucho y, mientras lo hac√≠a, escuch√© una frase de los textos sapienciales que no recordaba: ‚ÄúSe√Īor, que en la burla sepa mantener el silencio.‚ÄĚ La frase me dio mucha paz y mucha alegr√≠a.

EL TESTIMONIO DE ALICIA OLIVEIRA

‚ÄúRecuerdo que Bergoglio vino a verme al juzgado por un problema de un tercero, all√° por 1974 √≥ 1975, empezamos a charlar y se gener√≥ una empat√≠a que abri√≥ paso a nuevas conversaciones. En una de esas charlas, hablamos de la inminencia de un golpe. El era el provincial de los jesuitas y, seguramente, estaba m√°s informado que yo. En la prensa hasta se barajaban los nombres de los futuros ministros. El diario La Raz√≥n hab√≠a publicado que Jos√© Alfredo Mart√≠nez de Hoz ser√≠a el ministro de Econom√≠a‚ÄĚ, evoca Oliveira y agrega que ‚ÄúBergoglio estaba muy preocupado por lo que present√≠a que sobrevendr√≠a y, como sab√≠a de mi compromiso con los derechos humanos, tem√≠a por mi vida. Lleg√≥ a sugerirme que me fuera a vivir un tiempo al colegio M√°ximo. Pero yo no acept√© y le contest√© con una humorada completamente desafortunada frente a todo lo que despu√©s sucedi√≥ en el pa√≠s: ‚ÄėPrefiero que me agarren los militares a tener que ir a vivir con los curas‚Äô‚ÄĚ.De todas maneras, la magistrada tom√≥ sus prevenciones. Le dijo a la secretaria del juzgado, de su m√°xima confianza, la doctora Carmen Argibay ‚Äď a la postre ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Naci√≥n, a propuesta de Kirchner ‚Äď que estaba pensando en dejarle un tiempo a los dos hijos que por entonces ten√≠a, para esconderse por temor a ser detenida por los militares. Finalmente, no tom√≥ la decisi√≥n ni fue apresada.En cambio, Argibay fue detenida el mismo d√≠a del golpe. Oliveira, desesperada, trat√≥ de dar con su paradero hasta que en la c√°rcel de Devoto le informaron que estaba all√≠, pero nunca supo ‚Äď ni ella ni la propia detenida ‚Äď el motivo por el que Argibay pas√≥ varios meses presa.Tras la ca√≠da del gobierno de Isabel Per√≥n, las reuniones de Oliveira con Bergoglio se hicieron m√°s frecuentes.‚ÄúEn esas conversaciones, pude comprobar que sus temores eran cada vez mayores, sobre todo por la suerte de los sacerdotes jesuitas del asentamiento‚ÄĚ, relata Oliveira.‚ÄúHoy creo que Bergoglio y yo ‚Äď acota ‚Äď comenzamos a entender tempranamente c√≥mo eran los militares de aquella √©poca. Su inclinaci√≥n a la l√≥gica amigo-enemigo, su incapacidad para discernir entre la militancia pol√≠tica, social o religiosa y la lucha armada, tan peligrosas. Y ten√≠amos muy claro el riesgo que corr√≠an los que iban a las barriadas populares. No s√≥lo ellos, sino la gente del lugar, que pod√≠a ‚Äėligarla de rebote‚Äô.‚ÄĚRecuerda que a una chica amiga que iba a catequizar tambi√©n al asentamiento ‚Äď y que no ten√≠a militancia alguna ‚Äď le implor√≥ que no fuese m√°s. ‚ÄúLe advert√≠ que los militares no entend√≠an, y que cuando ve√≠an en la villa a alguien que no viv√≠a all√≠ pensaban que era un terrorista-marxista leninista internacional‚ÄĚ, cuenta.Le cost√≥ mucho hac√©rselo entender. Al final, la chica se fue y, a√Īos despu√©s, le reconoci√≥ que su consejo le hab√≠a salvado la vida

ENTREVISTA A EX PROVINCIAL DE LOS JESUITAS

√Ālvaro Restrepo es exprovincial jesuita y maestro de novicios. Habl√≥ con Mar√≠a Isabel Rueda sobre el papa Francisco, de quien afirma que protegi√≥ en todo momento a los jesuitas que estuvieron en peligro durante la dictadura de Videla."Ustedes se van de Argentina porque no puedo responder por la vida de ustedes aqu√≠", les habr√≠a dicho Bergoglio a los dos sacerdotes que fueron secuestrados y torturados por los militares, quienes ahora declaran tener "gratitud" hacia el actual Papa. "Un Papa siempre debe ser desconcertante, como Jes√ļs", opina Restrepo, quien conoci√≥ personalmente a Francisco.Usted lo conoci√≥ en diversas etapas de su vida, y hasta le dice Jorge Mario. ¬ŅSe considera amigo del nuevo papa Francisco?S√≠, me encontr√© con √©l varias veces, afectuosa y respetuosamente. ¬ŅQue si soy amigu√≠simo? Depende de lo que llamemos amigu√≠simo. Si salimos a tomar caf√© o mate, no. Lo llamo Jorge Mario porque me refer√≠a as√≠ a √©l antes de que fuera papa. Cuando era obispo, en alguna oportunidad le dije ‚Äėeminencia', y √©l me trataba de ‚Äė¬°che, √Ālvaro, mir√°!'. Tuve que bajarme al mismo nivel de familiaridad.En 1997 usted era provincial de los jesuitas, y lo enviaron a Buenos Aires a resolver una disidencia que le hab√≠an armado a Bergoglio, que ya era obispo de Buenos Aires...No deja de ser extra√Īo que para esa misi√≥n escogieran a un provincial colombiano. Pero no dir√≠a que fue una disidencia. Eran distintas maneras de pensar.¬ŅLa divisi√≥n fue porque los m√°s ortodoxos se fueron con Bergoglio y los modernos se rebelaron?Cuando llegu√© a Argentina pens√© eso. Que iba a encontrar a los modernos y a los atrasados. Pero descubr√≠ que era un problema de liderazgos. El argentino es muy afectivo, se entrega, necesita un l√≠der, y en cierto momento nacieron liderazgos distintos. Unos segu√≠an la formaci√≥n de Jorge Mario y otros eran m√°s nuevos, una generaci√≥n distinta.¬ŅEst√° al tanto de la controversia pol√≠tica alrededor del papa, por su pasado durante la dictadura de Videla?El Nobel P√©rez Esquivel ha hecho una aclaraci√≥n que me dio gran alegr√≠a. Dijo que "no hay ning√ļn v√≠nculo que lo relacione (al nuevo papa) con la dictadura".Otra cosa dice el periodista argentino Horacio Verbitsky. En su libro ‚ÄėEl silencio: de Paulo VI a Bergoglio', acusa al papa de haber ‚Äėentregado' a dos jesuitas que fueron torturados por la dictadura militar...Yo conoc√≠ a esos dos jesuitas. Uno es Francisco (Franz) Jalics, de origen h√ļngaro, y el otro Orlando Yorio (quien ya muri√≥).¬ŅTuvo oportunidad de escuchar sus versiones?Con Orlando me encontr√© tiempo despu√©s en Montevideo. Fui a visitarlo personalmente un d√≠a. Hab√≠a salido ya de la Compa√Ī√≠a, pero sigui√≥ de cura diocesano. Jalics se qued√≥ un poco m√°s en Argentina, antes de radicarse en Alemania, y un d√≠a fue a verme. Me dijo: "Con Jorge Mario no tengo sino gratitud". Con Orlando las cosas s√≠ quedaron as√≠, con su salida de la Compa√Ī√≠a.El padre Yorio se muri√≥ con su versi√≥n de que el provincial Bergoglio los hab√≠a desprotegido, cuando los secuestraron de un barrio muy pobre donde trabajaban.√Čl les dijo: "Ustedes se van de Argentina porque no puedo responder por la vida de ustedes aqu√≠".¬ŅO sea que el padre Bergoglio pudo haber querido sacar a los sacerdotes Jalics y Yorio para protegerlos?Esa pregunta yo la contestar√≠a afirmativamente ciento por ciento. Prueba de ello est√° en la carta que tengo, que Jalics manda con motivo de la elecci√≥n del papa con su testimonio de que "√©l nos trat√≥ bien, y si estamos vivos es por √©l". Lo defiende mucho.¬ŅExiste una carta del padre Jalics, uno de los dos jesuitas mencionados, pronunci√°ndose a favor del papa?Se la voy a traducir del italiano, a su vez traducida del alem√°n, como me lleg√≥: "Viv√≠ en Buenos Aires a partir de 1957. En 1974, movido por el √≠ntimo deseo de vivir el Evangelio y de estar atento a la tragedia de los pobres, con el permiso del arzobispo y del entonces provincial Jorge Mario Bergoglio, y junto con otro confratello (Orlando), fuimos a habitar en una favela, en un barrio miserable de la ciudad. En la situaci√≥n de entonces, o sea, de guerra civil, fueron muertos por la junta militar, en el espacio de uno a diez a√Īos, cerca de 10.000 personas. Guerrilleros de izquierda y civiles inocentes. A causa de informaciones falsas y tendenciosas, nuestra situaci√≥n fue interpretada mal, aun dentro de la vertiente intereclesial. En aquel tiempo hab√≠amos tomado contacto con uno de nuestros colaboradores laicos porque entr√≥ a hacer parte de la guerrilla. Nueve meses despu√©s, cuando fue arrestado ese se√Īor, interrogado por los militares, tuvieron conocimiento de nosotros". Contin√ļa Jalics: "En la hip√≥tesis de que hubi√©semos tenido algo que ver con la guerrilla, fuimos arrestados. Despu√©s de un interrogatorio de cinco d√≠as el oficial que hab√≠a dirigido el interrogatorio nos dijo que nos iba a liberar. En sus palabras: "Padre, porque ustedes de ninguna manera son culpables. Ya les buscar√© el modo de que vuelvan a trabajar por los pobres". A pesar del apoyo de esa afirmaci√≥n de alg√ļn modo incomprensible, fuimos sin embargo mantenidos en c√°rcel cinco meses, encadenados y con los ojos vendados".¬ŅY en qu√© parte habla del papa?Aqu√≠ viene: "Despu√©s de ser liberados, no estoy en grado de hacer ninguna declaraci√≥n en contra del arzobispo Bergoglio. Abandon√© Argentina. Despu√©s de a√Īos tuve la oportunidad de hablar con √©l sobre lo que hab√≠a sucedido. Hemos celebrado p√ļblicamente juntos la misa y nos hemos abrazado. No queda nada que tenga que ser reconciliado. Y por lo que a m√≠ respecta, lo considero como un incidente absolutamente cerrado. Le deseo al papa Francisco abundancia de bendici√≥n en su ministerio".¬ŅDe d√≥nde sac√≥ esa carta?Me la mandaron de la curia general por medio de un jesuita que trabaja all√°. De manera que no es por lavarme las manos, pero recuerdo la charla con Jalics, en la que personalmente me cont√≥ que hab√≠a hablado con Bergoglio, y que todo estaba muy bien.Fuentes: Valores Religiosos, ACI Prensa, Religi√≥n Digital, Religi√≥n en Libertad, Vatican Insider y otros, Signos de estos Tiempos

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