‚ÄúEl que desprecia el infierno o lo olvida, no escapar√° de √©l‚ÄĚ dec√≠a San Juan Cris√≥stomo.
No debemos basar nuestra moral en el miedo al infierno sino en el amor a Dios.
Pero el temor a un castigo eterno nos ayudar√° a evitar aquello que nos causar√° un da√Īo irreparable.
Pensar en el infierno es saludable y provechoso en momentos de ceguera y debilidad.
Y autom√°ticamente ellos nos lleva a pensar en el amor de Dios.
Un lugar en el INFIERNO
El temor santo del infierno ha hecho muchos santos, aquí traemos ejemplos de cómo funciona.

En la medida que occidente lo empezó a ver como una metáfora, se extinguió una de las fuerzas que hacía a la gente más respetuosa de la moral cristiana y aspirante a la santidad.

Hay muchos testimonios de santos que gracias al temor santo al infierno se convirtieron y luego fueron un ejemplo para los dem√°s.

Acá traemos la historia de un beato franciscano que murió martirizado en 1922 y que ingresó a la vida religiosa gracias a un testimonio sobre el infierno.

Y otro relato sobre c√≥mo un hombre que deb√≠a estar muerto, apareci√≥ en la habitaci√≥n de una dama, la tom√≥ de la mu√Īeca quem√°ndola hasta el hueso, pronunciando estas palabras: ‚Äú¬°Hay un infierno!‚ÄĚ

‚ÄćA San Padre P√≠o (1887-1968) una vez le preguntaron qu√© pensaba de las personas que no creen en el infierno.

√Čl sabiamente respondi√≥: ¬†‚ÄúEllos creer√°n en el infierno cuando lleguen all√≠‚ÄĚ .

EL SANTO TEMOR AL INFIERNO

Los que niegan el infierno no conocen la Palabra de Dios.

‚ÄćSe dejan llevar por un mundo que se burla u opta por ignorar las realidades m√°s importantes.

‚ÄćLos que se burlan del infierno tambi√©n morir√°n, como todos, y no podr√°n escapar la realidad.

Dios quiere que todos estemos unidos con √Čl en el cielo para toda la eternidad.

Sin embargo, en los Evangelios, Jes√ļs habl√≥ a menudo del infierno y del castigo eterno, al hablar de un lugar de

"... tinieblas exteriores, donde habr√° llanto y rechinar de dientes."(Mateo 8:11-12)

Y del castigo eterno de los sin compasión y las personas no caritativas colocadas a su izquierda en el Juicio, declarando:

"Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles." (Mateo 25:41)

O también

"Si, pues, tu mano o tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo y arrójalo de ti.

M√°s te vale entrar en la Vida manco o cojo que, con las dos manos o los dos pies, ser arrojado en el fuego eterno.

Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti.

M√°s te vale entrar en la Vida con un solo ojo que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna del fuego" (Mateo 18:8-9),

Y esto son s√≥lo algunas de las muchas ocasiones en que Jes√ļs habl√≥ del infierno.

Adem√°s, la ense√Īanza del infierno es un dogma infalible de la Iglesia Cat√≥lica.

‚ÄćEs uno de las "cuatro √ļltimas cosas" - el cielo, el infierno, la muerte y el castigo - que la Iglesia presenta a cada uno de nosotros para contemplar.

En resumen, Jes√ļs y Su Iglesia siempre han fomentado un saludable temor al infierno.
Y los que han estudiado la vida de los santos y otras personas piadosas han encontrado que la mayoría de ellos tenía un miedo muy saludable y beneficioso del infierno.
Que les inspiró y animó a luchar contra las tentaciones del mal que se les presentaron.
huerto del infierno

EL CIELO Y EL INFIERNO SON DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA SEG√öN DIOS

El amor de Dios y el cielo no tienen sentido sin creer también en la realidad y la posibilidad de infierno.

‚ÄćSe trata de la libertad de elegirlo a √Čl o no, elegir el amor o el odio.

Creer en el infierno hace que el cielo sea posible y no creer en el infierno hace que el cielo sea imposible.
De ahí que sin temor al infierno no hay posibilidad de trabajar para el cielo.

Hay un dicho que el pecado es su propio castigo.

Muy cierto.

‚ÄćLa Iglesia nos ense√Īa el bien y el mal para nuestro bien y nuestra protecci√≥n.

La Santa Madre Iglesia, como toda buena madre, quiere ayudar a sus hijos a evitar caer en las trampas que le har√°n da√Īo o le destruyan.

Si un padre advierte un hijo contra el uso de la marihuana, no es porque está tratando de echar a perder su diversión.

Sino porque sabe que hay una buena probabilidad de que vaya a perderse, a estropear su vida con tal adicción y herir a los demás en el proceso.

‚ÄćCreer en el infierno, lejos de negar la bondad de Dios, la ilustra.

‚ÄćCon el fin de vivir en paz eternamente Dios nos ofrece alinearnos con Su voluntad.

Pero si un humano tiene la voluntad de oponerse se le abren las puertas del infierno, haciendo imposible el cielo; es uno u otro, los dos no pueden ser.

Basta con mirar a nuestra sociedad en estos días.

‚ÄćA medida que m√°s y m√°s personas se desconectan de Dios y de su Iglesia y viven de acuerdo con su libre voluntad, exigen que sus necesidades y deseos se cumplan a toda costa.

‚ÄćTodos conocemos gente as√≠; aquellos que exigen la felicidad en sus propios t√©rminos y hacen a todos a su alrededor miserables.

Lo vemos todo el tiempo, aquellos que no se detendr√°n ante nada, destruyendo a cualquiera que se interponga en el camino de sus ambiciones.

‚Äć¬ŅHay que creer que en el momento de la muerte cambiamos m√°gicamente, y perdemos la personalidad que tuvimos en la Tierra y el libre albedr√≠o y nos convertimos en robots en el cielo?

‚Äć¬ŅNo significar√≠a que dejamos de ser lo que somos?

¬ŅNo ser;a que se hicieron acreedores de la muerte eterna?

A medida que m√°s y m√°s personas se separan de Dios y del orden moral, estamos viendo una imagen cada vez m√°s degenerada en la Tierra.

Y un presagio de lo que va a ser su comportamiento en la eternidad.

Estamos viendo literalmente un infierno en la Tierra.

‚ÄćBasta con mirar lo que est√° pasando con el ISIS en el Oriente Medio.

O con la exigencia de los nuevos derechos en occidente: aborto, homosexualidad, eutanasia, pornografía, drogadicción, etc.

Un Dios bueno y justo no sólo no forzará la bondad en los que de manera vehemente se oponen a la misma, sino que no someterá sus voluntades depravadas por otra, para toda la eternidad.

Eso simplemente no tiene sentido.‚Äć

O Dios nos quita la libre voluntad (lo que nos hace humanos) y permite ir a todos al cielo, independientemente de su comportamiento y el deseo de estar allí, sin respetar nuestro libre albedrío.

O √Čl nos permite elegir tambi√©n a los demonios y aceptar nuestra elecci√≥n de no querer estar en el Cielo por toda la eternidad.

Ir√≥nico, ¬Ņverdad?

Creer en el infierno hace que el cielo sea posible y no creer en el infierno hace que el cielo sea imposible.

Veamos dos ejemplo de conversión por comenzar a creer en el infierno.

cielo o infierno

TESTIMONIO DEL BEATO RICARDO DE SANTA ANA

El Beato Ricardo de Santa Ana, fue un sacerdote franciscano martirizado al ser quemado en la hoguera en Nagasaki, Japón, en 1622.

La aparición célebre de un alma condenada fue atestiguada por el Beato Ricardo como la razón principal que le llevó a ingresar en los franciscanos.

El testimonio est√° relatado en tres obras: Adrian Lyroeus documentado en su "Marianum Trisagium, Libro III", San Alfonso Mar√≠a de Ligorio, que tambi√©n cita a los mismos hechos en sus "Glorias de Mar√≠a", y por √ļltimo en "Los anales de las Misiones Franciscanas, para los a√Īos 1866-1867".

‚ÄćMientras el Beato Ricardo estaba viviendo en Bruselas en 1604 hab√≠a dos j√≥venes estudiantes que en vez de aplicarse al estudio, s√≥lo pensaban en c√≥mo vivir en el placer y el pecado.

Una noche, entre otras, cuando hab√≠a ido a caer en el pecado en una casa de prostituci√≥n, uno de los dos abandon√≥ el lugar despu√©s de alg√ļn tiempo, dejando a su compa√Īero en el pecado detr√°s de √©l.

Llegado a casa, estaba a punto de acostarse en la cama, cuando se acord√≥ de que no hab√≠a recitado aquel d√≠a los pocos "Ave Mar√≠a", que ten√≠a la costumbre de decir todos los d√≠as desde la ni√Īez en honor de la Sant√≠sima Virgen.

‚ÄćMientras era vencido por el sue√Īo, era muy dif√≠cil para √©l para recitar las oraciones cortas, sin embargo, hizo un esfuerzo y las dijo, aunque sin devoci√≥n; luego se qued√≥ dormido.

LLEGA SU AMIGO

Poco despu√©s oy√≥ unos repentinos y groseros golpes en la puerta, e inmediatamente despu√©s vio ante s√≠ a su compa√Īero, desfigurado y horrible.

"¬ŅQui√©n eres t√ļ?" le dijo.

"¬ŅQu√©? ¬ŅNo me reconoces?", respondi√≥ el joven infeliz.

"Pero, ¬Ņc√≥mo est√°s tan cambiado? Te ves como un diablo"

"¡Oh, ten misericordia de mí, porque estoy condenado!"

"¬ŅC√≥mo es eso?"

"Bueno, al salir de esa casa maldita una persona mala saltó sobre mí y me estranguló.
Mi cuerpo se ha quedado en el medio de la calle, y mi alma est√° en el infierno.
Sabed, además, que el castigo mismo te esperaba, pero la Virgen te preservó, gracias a tus prácticas de recitar todos los días las tres Ave Marías en su honor.
Y bendito eres, si sabes cómo sacar provecho de esta información, que la Madre de Dios te da a través de mí".

Cuando acabó estas palabras, el alma condenada abrió parcialmente su manto, y permitió que las llamas y los espíritus malignos que lo estaban atormentando se vieran, y desapareció.

LE LLEGA EL MENSAJE SOBRE SU VIDA

Entonces el joven, sollozando incontrolablemente, se arrojó de cara en el suelo y oró por mucho tiempo, dando gracias a la Santa Virgen María, su libertadora.

Mientras él estaba orando de esta manera comenzó a reflexionar sobre lo que debiera hacer para cambiar su vida.

Y en ese momento este joven del que habla Ricardo oyó sonar el timbre a maitines en el Monasterio Franciscano cercano.

En ese mismo momento gritó:

"Así que ahí es donde Dios me está llamando a hacer penitencia."

Muy temprano a la ma√Īana siguiente se fue al convento y le rog√≥ al Padre Guardi√°n que lo recibiera.

El Padre Guardi√°n, que era muy consciente de su mala vida, no estaba en absoluto interesado en aceptarlo.

El joven estudiante, derramando un torrente de lágrimas, le relató todo lo que había ocurrido.

El buen sacerdote inmediatamente envió dos religiosos a la calle indicada, y allí encontraron el cadáver del miserable joven.

El joven fue ingresado pronto como postulante entre los hermanos, a los que pronto edificó por una vida totalmente dedicada a la penitencia y a la reparación.  
Fueron estos hechos terribles que tocaron la cuerda profunda del santo temor del infierno, y la devoción a la Santísima Virgen en el propio Ricardo.
Así que él también inmediatamente se consagró enteramente a Dios y a la Santísima Virgen en la misma orden en que el joven estudiante, tan maravillosamente protegido por María, acababa de ser recibido.
huella de una mano

UNA VIUDA MUNDANA CON UN AMANTE

Este otro incidente es referido por un honorable sacerdote y superior de una comunidad religiosa.

Este sacerdote tuvo los detalles de la historia a partir de una estrecha relación de una dama quien se lo contó.

En el momento de este relato, el d√≠a de Navidad de 1859, esta persona a√ļn estaba viva y ten√≠a aproximadamente cuarenta a√Īos de edad.

Por lo tanto no se menciona ning√ļn nombre en el registro de este evento para proteger la identidad de las personas.

‚ÄćLa mujer en cuesti√≥n en esta historia estaba viviendo en Londres, en el invierno de 1847-1848.

Ella era viuda, de alrededor de veintinueve a√Īos de edad, muy rica y mundana.

‚ÄćEntre los j√≥venes que la visitaban estaba un joven se√Īor de mala conducta que la cortejaba y con quien ella eventualmente cometi√≥ una serie de pecados.

Una noche estaba en la cama leyendo una novela cuando el reloj dio la una en punto.
Ella apag√≥ la vela y estaba a punto de dormirse cuando, para su gran sorpresa, se dio cuenta de un brillo extra√Īo de la luz que ven√≠a de la puerta del sal√≥n, que se extendi√≥ poco a poco a su habitaci√≥n.

HAY UN INFIERNO

Estupefacta en un primer momento y sin saber qué era aquello, comenzó a alarmarse.

Cuando vio que la puerta de la habitaci√≥n se abr√≠a lentamente y el joven se√Īor, el socio de sus des√≥rdenes, entr√≥ en el cuarto.

Antes de que tuviera tiempo de decir una sola palabra, √©l la agarr√≥ por la mu√Īeca izquierda, y con una voz silbante, le dijo en ingl√©s:
‚Äć‚Äú¬°Hay un infierno!‚ÄĚ.‚Äć
El dolor que de repente sintió en su brazo fue tan grande que inmediatamente se desmayó.

Cuando volvió en sí, alrededor de una media hora después, inmediatamente llamó a su doncella.

Esta √ļltima, al entrar, not√≥ un fuerte olor a quemado.

Acerc√°ndose a su se√Īora que estaba desesperada y casi no pod√≠a hablar, not√≥ de inmediato en la mu√Īeca una quemadura tan profunda que el hueso estaba al descubierto, y la carne casi toda consumida.

‚ÄćPor otra parte, se√Īal√≥ que, desde la puerta del sal√≥n a la cama y de regreso de la cama a la misma puerta, la alfombra llevaba las marcas de pasos que hab√≠an quemado las fibras de la alfombra.

‚ÄćSeg√ļn las instrucciones de su ama, ella abri√≥ la puerta del sal√≥n y all√≠ se encontr√≥ con m√°s huellas sobre la alfombra.

SU AMANTE HAB√ćA MUERTO

Al d√≠a siguiente, la infeliz se√Īora supo, con un terror que f√°cil imaginar, que en esa misma noche, hacia la una de la ma√Īana, su amigo, hab√≠a sido encontrado borracho medio muerto debajo de la mesa.
Y que sus sirvientes lo habían llevado a su habitación, y había muerto por intoxicación etílica en los brazos de ellos.

El sacerdote superior dijo en su relato que ella todav√≠a est√° viva y que, para ocultar de la vista las huellas de su ominosa quemadura, lleva en la mu√Īeca izquierda, como un brazalete y un anillo de oro ancho, del que ella no se despega de d√≠a o de noche.

‚ÄćLo repito: tengo todos estos detalles de su pariente cercano, una cristiana seria, a cuya palabra presto la mayor creencia, dice el sacerdote.

De esta historia nunca se habla, incluso en la familia, y sólo se me confió a mí, suprimiendo todo nombre propio.

Fuentes:

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