Se siguen desmontando las acusaciones contra Bergoglio.
El siguiente es el testimonio de un ex jesuita, Jorge Scuro, que narra c贸mo fue que el hoy Papa Francisco salv贸 a la plana mayor de los jesuitas de Uruguay que hab铆a sido puesta presa por los militares, en la d茅cada de los 鈥70.

Eran los 鈥渁帽os de plomo鈥 de la dictadura militar en Uruguay y Argentina, y se conocieron cuando ambos eran seminaristas. El profesor Scuro luego colg贸 los h谩bitos. Es licenciado en Historia, Filosof铆a y Teolog铆a, y fue Director General del Colegio Jes煤s Mar铆a de Carrasco en Uruguay.

EL CONOCIMIENTO CON BERGOGLIO

Conoc铆 a Jorge Mario Bergoglio en febrero de 1966, est谩bamos en la d茅cada de los veinte a帽os de edad. 脡l cursaba la licenciatura de Teolog铆a y yo Filosof铆a en el Colegio M谩ximo de San Miguel (Bs.As.) Adem谩s de la convivencia en la misma casa religiosa se dio un particular v铆nculo, pues 茅l era adjunto en la c谩tedra de Metodolog铆a cient铆fica que curs茅 en ese a帽o. En ese tiempo me deleg贸 tareas de especial inter茅s para m铆, por lo tanto nuestra relaci贸n pas贸 a ser muy frecuente.En diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote. Unos a帽os despu茅s fue designado Provincial de la Provincia Argentina, es decir superior regional para la Argentina. Yo pertenec铆a a la Provincia Uruguaya, en aquel momento independiente, hoy anexada a la argentina.

RAPTO DEL PROVINCIAL DE URUGUAY POR LOS MILITARES

Un hecho circunstancial hizo que volvi茅ramos a encontrarnos. El viernes santo de 1975 fue detenido (raptado) por las Fuerzas Conjuntas uruguayas el Padre Provincial de Uruguay, Carlos Meharu quien celebraba la liturgia de ese d铆a, alrededor de las 20 hs en la Comunidad Cabr茅 de los Jesuitas, en la calle Soriano y Ejido. Estaban, tambi茅n -Perico- Perez Aguire, cinco jesuitas m谩s y treinta j贸venes laicos. Estaba invitado a participar pero opt茅 por ir a la liturgia del Colegio Seminario a una cuadra de all铆.Eran las cinco y media de la madrugada del s谩bado santo cuando me despierta un tel茅fono era Jorge, un compa帽ero jesuita. (Yo viv铆a en la Comunidad Pedro Fabro, el CIAS, en la calle Agraciada). Me dice que Carlitos, el padre provincial, no hab铆a ido a dormir esa noche a su casa de Larra帽aga y Caig眉a (Manresa). Esta comunicaci贸n ahora puede sorprender al lector. Pero recordemos que est谩bamos en plena dictadura y un cambio no avisado de rutinas pod铆a ser indicio de cualquier cosa.Inmediatamente me dirig铆 al Colegio Seminario. La casa principal y referente de los jesuitas en Uruguay. All铆 me encuentro con Pablo, otro compa帽ero, madrugador vocacional quien me entera de lo sucedido en la noche anterior y me dice que est谩n en la Jefatura de Polic铆a. Camino-corro esas cuadras, confirmo la noticia, cruzo al bar de enfrente y acarreo m谩s de cuarenta milanesas al pan. "Atendamos primero el cuerpo" pens茅. Luego llevamos unas frazadas.Y ahora 驴 qu茅 hacemos? Quien pod铆a tomar decisiones estaba preso, el "socio" o sea el n潞 2, Padre Miguel Artola, estaba en Colombia. El "consultor" m谩s antiguo, el Padre Andr茅s Assandri, estaba en Colonia del Sacramento. El Rector de la Comunidad m谩s importante, Luis del Castillo, estaba en R铆o de Janeiro. 驴Entonces? 驴Qui茅n nos quedaba a mano para encarar un plan de acci贸n?: el Secretario, Padre Sancho hombre mayor que qued贸 abatatado con la noticia. Nos miramos con Pablo constatando que est谩bamos solos.

EN BUSCA DE AUXILIO

Necesit谩bamos un interlocutor de absoluta confianza y a la mano. Se nos ocurre llamar a Mons. Carlos Mullin, jesuita, obispo de Minas. Sab铆amos que ten铆a contactos con algunos gobernantes. Lleg贸 esa misma tarde. Fue una buena elecci贸n pues los dos ten铆amos buen relacionamiento con 茅l y su gesto paternal nos dio algo de calma.Enseguida llam贸 al Presidente la Rep煤blica, Juan Mar铆a Bordaberry: le contestan que estaba en su estancia de Durazno. Llama al Ministro del Interior: estaba en la semana de la cerveza en Paysand煤. Llama al General Gregorio (Goyo) Alvarez (hoy purgando sentencia encarcelado), estaba en la semana de Lavalleja en Minas. No se pod铆a creer. Llegu茅 a pensar que si Dios Padre llegara al Uruguay durante una santa y criolla semana de turismo tendr铆a que recorrer las rutas de la Patria montado en bicicleta para encontrar a alguno de sus fieles.El paciente y tenaz Mons. Carlos Mullin, a quien no vi retroceder ante ninguna adversidad en varios a帽os que conviv铆 con 茅l, se atrevi贸 a jugar su 煤ltima carta. Llam贸 al Comandante en Jefe de las FF.AA. y 茅ste s铆 contesta. Monse帽or saluda y r谩pidamente le dice que ponga en libertad, ya, al Padre Provincial a todos los jesuitas y laicos que ten铆an presos. El general contesta:

"Lo llamo en 10 minutos, d茅jeme averiguar de qu茅 se trata".

Al rato suena el tel茅fono:

"No pueden ser liberados pues pasar谩n el lunes a la justicia militar." "隆De ning煤n modo"! fue la respuesta.

"Si no los libera ma帽ana, Domingo de Pascua, con las Iglesias repletas hago leer un comunicado del Episcopado entablando juicio eclesi谩stico al Estado uruguayo".

Yo pensaba que esta escena surrealista s贸lo pod铆a darse entre Mons. Mullin y elGral. Vadora. La respuesta del general fue que no pod铆a hacer eso pues 茅l pondr铆a soldados en las puertas de todas las iglesias, capillas de la Rep煤blica.La respuesta de Mons. fue fulminante,

"Ud. no tiene FUERZA para hacer eso pues no puede controlar todos esos lugares entre las seis de la ma帽ana y las 21 horas."

En el correr del domingo saldr铆an libres los laicos m谩s j贸venes. En cuanto a los jesuitas, el martes podr铆an ser liberados quienes no tuvieran "antecedentes". Se trataba de Perico y Carlitos.Aquello no terminar铆a f谩cilmente. Hab铆a que hacer algo m谩s fuerte.El domingo de la Pascua de Resurrecci贸n fui a las cinco y veinte de la madrugada al Aeropuerto pues sab铆a que hab铆a un vuelo a Buenos Aires. En esa 茅poca hab铆a vuelos con aviones peque帽os de cuatro compa帽铆as con frecuencias de unos 45 minutos. En ese primer vuelo matutino ya hab铆amos sacado en anteriores oportunidades a alg煤n compa帽ero perseguido. Me arriesgu茅 a probar suerte.

ENCUENTRO EN BUENOS AIRES CON BERGOGLIO

Iba a Buenos Aires a encontrarme con mi amigo Jorge Mario Bergoglio. Estaba seguro que me ayudar铆a, 茅l era el provincial argentino. Nos encontramos en un bar en Corrientes y Callao. Lleg贸 a la hora establecida. Le cont茅 y me pregunt贸 sin indagar

"驴Qu茅 quer茅s que haga? - "隆Quiero hablar con el Padre Arrupe!" Le dije. (Era nuestro Padre General, en Roma, le dicen el Papa Negro)

Sin m谩s me dijo "vamos". "Esperame en la puerta del Salvador, necesito conseguir un auto".

Cuando llega subo y ya en marcha se saca el cuello romano, lo guarda en la guantera. Empieza a dar vueltas por Buenos Aires, ninguna telef贸nica le serv铆a.

"Nadie tiene que reconocerme"

Terminamos en Avellaneda en una casucha telef贸nica. En la cabina disca y habla directamente con el General. El alma me estaba volviendo al cuerpo. Le explica muy breve y me pasa el tel茅fono. Me presento, 隆no pod铆a creerlo se acordaba de m铆! Hac铆a unos meses hab铆amos conversado en Roma. (脡ramos unos treinta y seis mil jesuitas en el mundo).

"D铆game que puedo hacer por Ud." "Necesitamos que haga llegar unos telegramas de la Santa Sede a Montevideo" "Espera que cojo un l谩piz"

Le di los nombres del Presidente de la Rep煤blica, del ministro del Interior, del sub secretario, del ministro de Defensa, del Comandante en Jefe de las FF.AA. y del Sr. Nuncio Apost贸lico.Le agradec铆 a Jorge Mario y tarde en la noche regres茅 a Montevideo. Al d铆a siguiente, lunes, antes de las siete y treinta ya estaba en el Seminario dedicado a mis tareas, como si nada hubiese sucedido.Al rato me entero que TODOS los telegramas hab铆an llegado y que el gobierno era un aquelarre. Antes del medio d铆a liberaron a los jesuitas, menos a Perico y Carlitos. Insist铆an en pasarlos a la justicia militar. Los liberaron a los dos el martes.

"Las puertas de la celda se abrieron de golpe y a todos se les soltaron las cadenas." Hch.16,26

Ese mismo d铆a se me presenta en la porter铆a del Colegio un conocido polic铆a quien en varias oportunidades me hab铆a dejado en claro que nos segu铆a permanentemente a un grupo de jesuitas, curas, comunistas y "encubiertos" Sent铆 que se me habr铆a la tierra bajo los pies. Me habr铆a descubierto.Para mi asombro me ven铆a a preguntar c贸mo hab铆a hecho la Compa帽铆a de Jes煤s para comunicarse tan r谩pidamente con la Santa Sede y lograr semejante efectividad. Poniendo mi mejor cara de pocker le dije que no ten铆a ni idea, que yo era un simple pinche y no pod铆a darle ninguna pista. Insisti贸, insisti贸. Amenaz贸, pero opt贸 por irse.

CON EL EX-JESUITA ORLANDO YORIO Y EL PADRE YALICS

A帽os despu茅s, 1997, no siendo ya jesuita, me viene a ver de improviso el Viceprovincial argentino, Juan Luis Moyano, compa帽ero de generaci贸n durante muchos a帽os y entra帽able amigo, me pide que reciba a Orlando Yorio.Orlando (que ya no era jesuita, estaba en el clero secular) hab铆a sido agredido para matarlo y por error muere su teniente cura, un reci茅n ordenado sacerdote del clero secular. La dictadura militar hab铆a terminado. 驴Qui茅nes fueron los asesinos agresores?.Juan Luis actu贸 con rapidez, pens贸 que no se pod铆an hacer consultas al Arzobispo de Montevideo o al Provincial pues el tr谩mite pod铆a, aunque fuera expeditivo, enlentecer fatalmente el traslado que ya se estaba haciendo.Sin pesta帽ar le dije que SI. A las horas Orlando estaba en casa. Provisoriamente se lo instal贸 en una casita en la Costa de Oro. Le ped铆 a un cura amigazo, con quien hicimos los cuatro a帽os de teolog铆a, que le consiguiera una capilla para que desarrollara su tarea pastoral.Con esto encaminado inform茅 al Padre Provincial. Luego a Mons. Gottardi para pedirle su bendici贸n o benepl谩cito. Aquello fue incre铆ble, ver para creer, Mons Gottardi me escuch贸, pens贸 y me dijo: "Muy bien". Comenta distintas posibilidades y quedamos en que me avisar铆a la resoluci贸n.D铆as despu茅s le ofreci贸 la parroquia de Avda. Italia, Sta. Bernardita. El querido y ya muy debilitado Orlando se emocion贸 al conocer su nuevo destino......En esta estad铆a recordamos viejos tiempos en el M谩ximo y conversamos mucho. Muri贸 tres a帽os despu茅s.Con algunos amigos, jesuitas y ex jesuitas de la era de plomo, a煤n hoy nos seguimos reuniendo e intercambiamos reflexiones.El padre Yalicsopt贸 por irse a Europa siguiendo la invitaci贸n del Padre General.Nunca le escuch茅 una sola palabra de reproche ni resentimiento en privado o en p煤blico, en confianza podr铆a haberlo hecho. Era el director espiritual de nuestra comunidad jesuita en San Miguel, donde, en otra comunidad viv铆a Jorge Mario con quien nos ve铆amos permanentemente por tareas en com煤n.Vengo haciendo una remoci贸n de escombros interiores desde el anuncio de Francisco. Me conmueve mucho. Tener responsabilidades institucionales y sobre personas es terrible. Es una permanente elecci贸n del mal menor en pleno frente de batalla. No son disquisiciones en escritorio confortable. Hay quienes hacen g谩rgaras con los dolores ajenos. Que se animen a presentar pruebas y no suspicacias.Puedo agregar muchas cosas m谩s, pero me qued茅 sin espacio. Detr谩s de las an茅cdotas quedan las opciones profundas que se jugaban y se siguen jugando para el actual papa Francisco y para cada uno de nosotros.Lo que sigue ahora es retomar la nueva evangelizaci贸n. La Iglesia es santa y pecadora.Fuentes: A Peu, Signos de estos Tiempos

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