Mientras el mundo se desmorona:
Se multiplican los signos de crisis econ√≥mica y moral del mundo. La mayor√≠a piensa y siente que la sociedad se desmorona y estamos en cerca de que algo importante pase. Se multiplican los mensajes de videntes hablando que estamos en la gran tribulaci√≥n y cerca del aviso a la humanidad. ¬ŅPero qu√© tan cerca estamos? Solo √Čl lo sabe. Pero vaya como consuelo que en dos grandes apariciones - Medjugorje y Garabandal -, los videntes han dicho que ser√°n los encargados de avisar a la humanidad los sucesos, y hoy estos videntes entraron en su cincuentena de a√Īos.

Desde la d√©cada de 1960 la sociedad y la humanidad muestra signos de ir hacia un despe√Īadero, con crisis cada vez m√°s profundas en todas la √°reas y la destrucci√≥n de las instituciones que introduc√≠an una moral pacificadora. Estamos en una momento de condensaci√≥n de signos, donde ateos y religiosos coinciden que de esta situaci√≥n se sale con un cambio cualitativo real.Los cristianos de todas las √©pocas creyeron que su generaci√≥n era la que iba a presenciar la parus√≠a (la segunda venida de Cristo). Pero en este momento notamos dos movimientos contrapuestos. Dentro de la Iglesia solo el misal habla clara y directamente de la segunda venida de Jes√ļs, mientras que en las homil√≠as no suele mencion√°rselo directamente, cambiando el tono por el concepto de que Jes√ļs est√° con nosotros, llega cuando estamos reunidos. Y por otro lado se han multiplicado los profetas y videntes, y las profec√≠as que hablan del inminente ‚Äúaviso‚ÄĚ e insisten en el llamado urgente a la conversi√≥n.

HIROSHIMA Y LOS SIGNOS DEL EVANGELIO

El problema del tiempo, de la percepci√≥n subjetiva del tiempo, siempre preocup√≥ -o apasion√≥- a Jean Guitton. Y de esto gustaba hablar tanto con Pablo VI como con Marta Robin. Y es que se sab√≠a el acad√©mico franc√©s en una √©poca extra√Īa, hist√≥rica, en ‚Äúuno de esos periodos de crisis que preceden un asalto del umbral, e indudablemente al m√°s decisivo de la evoluci√≥n.‚ÄĚ La segunda guerra mundial hab√≠a marcado a toda una generaci√≥n de intelectuales, pero concretamente la bomba at√≥mica sobre Hiroshima plante√≥ una posibilidad nunca antes imaginada: la locura de unos pocos pod√≠a acabar con todos.Se viv√≠a en una extra√Īa sensaci√≥n, en un tiempo donde las esperanzas de los avances t√©cnicos, sanitarios, sociales, se mezclaba con la desesperanza ante el poder destructor del hombre. Y todo ello de un modo silencioso, casi solemne, que se percib√≠a pero que no se verbalizaba porque uno pertenec√≠a, estaba inmerso, en esa liturgia del discurrir de las cosas. ‚ÄúDespu√©s de Hiroshima, dir√≠a Guitton, estamos en ese intervalo del que no podemos saber si durar√° algunos a√Īos o algunos siglos.‚ÄĚPablo VI ya le hab√≠a constatado, confidencialmente, su sensaci√≥n de que los signos descritos en el Evangelio sobre el fin de los fines parec√≠an condensarse, pero que al mismo tiempo no se pod√≠a saber si esa condensaci√≥n ser√≠a corta o larga en el tiempo. Y a√ļn con todo, lo que ya de antes preocupar√≠a a Mons. Montini no era tanto ese poder destructivo del hombre, sino la apostas√≠a, ese abandono de la fe, la incredulidad, la crisis de pensamiento y de conciencia, el abandono casi normal de las tradiciones religiosas, santas y sagradas. Le parec√≠a que la apostas√≠a era el pecado que caracterizaba nuestro tiempo como ninguno otro. Y esa apostas√≠a entonces socialmente evidente le preocupaba grandemente, ya en 1962, al futuro Pablo VI: ‚ÄúLa evoluci√≥n social, ¬Ņser√° la ruina o el porvenir de la vida cristiana? Ese es el problema que se plantea.‚ÄĚ

UN GIGANTE SIN CABEZA Y SIN ESPERANZA

La intelectualidad que asist√≠a at√≥nita a unos cambios sociales brutales, previamente hab√≠a sido testigo del poder destructor del hombre. La locura del hombre y su capacidad destructora hab√≠a llegado a las mismas fuentes morales que regaban las sociedades y los pueblos. Ya no se trataba de una postura individual, de pensamiento libre, de pensamiento fuerte. No, las sociedades, al decir de Montini, se mov√≠an por un poderoso pragmatismo que sosten√≠a las energ√≠as del mundo; ‚Äúy el mundo marcha, se lanza hac√≠a adelante, como un gigante ciego desencadenado‚ÄĚ.Hab√≠a puesto el hombre su esperanza en s√≠ mismo; hab√≠a decido lanzarse hac√≠a un pragmatismo sin Dios, y ese gigante desencadenado, perdido el oriente de su salvaci√≥n, decidi√≥ avanzar hacia adelante en el s√≥lo progreso, la sola riqueza. Y hoy asistimos at√≥nitos a un gigante que corre sin cabeza y sin esperanza. El coraz√≥n de occidente parece crujir ante su incapacidad de crecer m√°s y m√°s. Y la incertidumbre, que antes permanec√≠a oculta en los despachos, parece extenderse a mercados, econom√≠as y naciones. Se quiso lanzarse en una marcha hac√≠a adelante, hac√≠a el m√°s, y ahora se descubre que se corr√≠a campo traviesa, sin ser consciente de los peligros del correr fuera de un camino, de una verdad moral que marque las l√≠neas del peligro. Montini entendi√≥ que la evoluci√≥n social afectar√≠a gravemente al porvenir del cristianismo, pero ahora vemos que tambi√©n ha quedado afectado el porvenir social.Sin embargo en momentos tales, cuando la humanidad se encuentra en una encrucijada, la percepci√≥n de estar ante un punto de inflexi√≥n hace percibir la seriedad de los tiempos y la gravedad de las consecuencias, condensando nuevamente los temores y despertando nuevamente esa sensaci√≥n de emergencia en la que no se puede saber si este intervalo hist√≥rico, este punto de inflexi√≥n al que se asiste, durar√° a√Īos o d√©cadas. Y es m√°s, si saber tampoco si lo que vendr√° ‚Äúser√° para peor o para mejor‚ÄĚ.A Guitton y a Pablo VI nos les fue dado ver como ese motor de occidente, como esas esperanzas del mundo, que descansaban crudamente en el s√≥lo hombre, al final ten√≠a un solo rostro: y no se trataba del hombre renacentista, sino del hombre econ√≥mico. Ser√≠a la econom√≠a -el crecimiento perpetuo- el alma y el coraz√≥n del mundo.

EL GIGANTE COLAPSA Y SE DESMORORONA

Pero a diferencia de ayer el colapso al que asistimos no es sino cuantitativo. El salto de umbral, la crisis cualitativa fue anterior, y a ella asistieron Guitton y Montini. La elecci√≥n por la apostas√≠a, por el s√≥lo hombre y el s√≥lo hombre capaz de destruir todo. Y si ahora esto no llama la atenci√≥n es porque se vive en el acostumbramiento de tal realidad. Acostumbramiento necesario, porque si el poder destructor del hombre asust√≥ en aquellos a√Īos 40, hoy no levanta temores no porque no exista el riesgo, sino porque ese terror nuclear fue arma intimidante que permiti√≥ a occidente crecer ‚Äďrealizar su triunfal marcha econ√≥mica - sin enemigos. Acostumbramiento provocado porque esa apostas√≠a social -que los a√Īos 60 evidenciaron- era argumento necesario para hacer del hombre trascendente un hombre consumidor.No, no deb√≠a escandalizar la p√©rdida de Dios, sino convertirse en criterio moral y norma jur√≠dica que favoreciera el s√≥lo crecimiento, el s√≥lo consumo. Pero ese motor se alimentaba de un carburante, de una esperanza, de unas metas, que han roto inesperadamente. El crecimiento, ese para mayor gloria del bienestar, parece estar saltando hecho a√Īicos.Y sin su ‚Äúesperanza‚ÄĚ el gigante desencadenado puede causar estragos. Y a esa ausencia de ‚Äúesperanza‚ÄĚ el sistema no est√° acostumbrado. Porque pudo acostumbrarse al terror at√≥mico, ya que se convirti√≥ en guardi√°n de su sistema econ√≥mico. Porque pudo acostumbrarse a la apostas√≠a silenciosa, ya que se convirti√≥ en puerta para el consumo. Pero no podr√° acostumbrarse a un sistema econ√≥mico roto porque ese ha sido su alma, su coraz√≥n, su porqu√©, su para qu√©. Y un gigante sin impulso vital colapsa y se desmorona.Entonces, cuando se asiste al inicio de un colapso, la percepci√≥n de la gravedad aparece n√≠tidamente, y renace esa sensaci√≥n de emergencia que yac√≠a apagada por el acostumbramiento. Nada ha cambiado, el salto cualitativo nos antecede en el tiempo, pero nuevamente se asiste a la incapacidad de saber si este colapso durar√° a√Īos o d√©cadas; de saber si el umbral en el que se permanece ser√° anticipo de algo peor o algo mejor.Guitton y Pablo VI, como toda su generaci√≥n, asistieron a ese punto de inflexi√≥n hist√≥rico, pero cuanto ocurre ahora no sino consecuencia de aquello, por tanto, constataci√≥n de que el umbral en el que se entr√≥ agoniza ahora en su ‚Äúalma‚ÄĚ. Y eso genera incertidumbre, por cuanto ya se percibe que no s√≥lo est√° afectado el porvenir del cristianismo, sino de la sociedad tal como la conocemos.

¬ŅQU√Č TAN CERCA EST√Ā EL AVISO?

Entonces, cuando la incertidumbre es alimento del d√≠a a d√≠a se aplauden soluciones r√°pidas o se procuran huidas de la realidad. Y a veces esperanzas prontas que den salida a un agujero que se intuye complejo. Y una de estas esperanzas son los mensajes que nos llegan de ‚Äúuna vidente centroeuropea‚ÄĚ de la que no se tienen muchos m√°s datos, salvo el que, seg√ļn ella, tiene direcci√≥n espiritual con algunos sacerdotes.Estos mensajes llamaron la atenci√≥n porque desde su inicio en el a√Īo 2010 su tono y contenido parecen explicar sencillamente el ahora y narrarnos el ma√Īana inmediato. Y tal concreci√≥n parecen un consuelo psicol√≥gico para tiempos de incertidumbre. Son mensajes concretos, notorios, claros‚Ķ y que no s√≥lo hablan de lo que pasa ahora, y de lo que pasar√° en general, sino que llegan a dar fechas. Perm√≠taseme citar el m√°s evidente:

“El tiempo es ya breve. Todo va a suceder rápidamente. El GRAN AVISO ya está cerca, por tanto no hay mucho tiempo para rezar por aquellas pobres almas que se perderán. Rezando la Coronilla de la Divina Misericordia por aquellas almas concretas, se salvarán millones de ellas.

Hijos M√≠os, ahora os encontr√°is en medio de lo que se llama la Tribulaci√≥n, como se predijo en Mi Libro Sagrado. La segunda parte, la Gran Tribulaci√≥n, comenzar√°, como dije, antes de finales de 2012. Esto no deber√≠a infundirte miedo, hija M√≠a, sino que sirve para hacerte consciente de la urgencia de que Mis hijos pidan Mi ayuda.‚ÄĚ

No cabe duda, no estamos acostumbrados a tal detalle, a tal precisi√≥n. Dios no parece hablar as√≠. Gustaba nuestro Se√Īor de la met√°fora, de la imagen como signo de una realidad que sobrepasaba al mismo signo y al mismo tiempo lo explicaba. Se acordaron los primeros cristianos de Jerusalem de aquella imagen de donde est√°n las √°guilas se reunir√°n los cuerpos y al saber de las legiones romanas que bajaban hacia Jerusalem con sus estandartes huyeron de la ciudad, que ser√≠a sitiada por largos meses, hasta la inanici√≥n. O el bueno de Juan Bosco, que espoleado por el conocimiento de las cosas futuras quiso poner dos misteriosa fechas en las estatuas que custodiar√≠an su Mar√≠a Auxiliadora de Tur√≠n‚Ķ pero al final no las puso, y ah√≠ quedan, como se√Īal de la prudencia de un santo.No, no gusta el Se√Īor de dar fechas. Y estas fechas sorprenden. Y m√°s porque nacen en tiempos de incertidumbre y uno puede gustar atarse a ellas para fundar su esperanza en una promesa de corta duraci√≥n. Y las cosas, como dec√≠a Guitton, pueden durar a√Īos, o siglos. Y no digo, no quiero decirlo, que esta vidente no sea de Dios. Pero poco sabemos de ella. Y eso no es bueno, sobre todo cuando su fama ha crecido como la espuma en tan poco tiempo.Los santos m√≠sticos han forjado su fama tras a√Īos de dura prueba. Y con todo bien podr√≠a ser de Dios, que tambi√©n √Čl gusta de ser concreto a medida que se acerca la hora del castigo. Y si no que se lo digan al bueno de Jon√°s, que le fue dado anunciar fechas m√°s cortas que las de nuestra vidente centroeuropea. Pero como desconocemos tanto sobre ella cualquier juicio puede ser aventurado en un sentido u otro.Ahora bien, no hemos de olvidar que la percepci√≥n de los tiempos ‚Äďesa percepci√≥n de los tiempos de la que gustaba Guitton- es subjetiva, y esa subjetividad puede jugar malas pasadas a los mismos m√≠sticos si no son prudentes (el padre Gobbi bien supo de esto). Y muestra de esa prudencia dio Marta Robin al acad√©mico franc√©s cuando indignada por las preguntas que se le hac√≠an sobre el ma√Īana le respondi√≥ airada ‚Äúno pertenezco al sindicato de las echadoras de cartas‚ÄĚ.Hay que ser cauto, prudente y entender que para los m√≠sticos, como para Marta Robin, ‚Äúes imposible decir si ese porvenir vislumbrado, presentido, previsto, es inmediato, muy cercano, lejano, muy lejano, √ļltimo, escatol√≥gico; si suceder√° ma√Īana o dentro de mil a√Īos‚ÄĚ. Y conclu√≠a Guitton: ‚Äúdicho de otro modo, el tiempo visto por el profeta no tiene la tercera dimensi√≥n: la profundidad. El momento presente contiene el tiempo todo entero, del cual es una conclusi√≥n.‚ÄĚFuentes: Cesar Uribarri para Religi√≥n en Libertad, Signos de estos Tiempos

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