El desafío que tiene por delante la Iglesia.
En México y Centroamérica los estados han ido perdiendo el control de sus territorios a manos de organizaciones criminales, que en principio tienen su fuente principal de ingresos en el narcotráfico, pero que han ampliado su portafolio hacia actividades como la extorsión (que incluso afecta a los propios sacerdotes católicos) y la trata de migrantes (como mencionó brevemente el Papa Francisco cuendo visitó Lampedusa). Y sobre todo, ha transformado esas sociedades en la mayor zona violencia del mundo, excluyendo las zonas de guerra.
Mexico Drug War

Esto es un reto para la nueva evangelización, porque por un lado estos grupos criminales han desarrollado nuevas devociones como la Santa Muerte en México, por otro lado, ha implicado que en algunos países como El Salvador y Honduras la Iglesia Católica esté mediando entre el estado y las pandillas (aunque en El Salvador mucho más indirectamente ahora), y en general somete a la población a grandes niveles de violencia que afectan grandemente la vida espiritual. En este artículo trataremos de comprender el surgimiento de estos grupos delictivos, especialmente en México, porque constituye un desafío que tiene la Iglesia en su tarea de evangelización en el país.

LA VIOLENCIA EN M√ČXICO Y CENTROAM√ČRICA

M√©xico y Centroam√©rica se han convertido en unas de las zonas m√°s peligrosas del planeta, fuera de las zonas de guerra activas. Actualmente, la regi√≥n est√° enfrentando desaf√≠os sin precedentes en la seguridad, provenientes de las pandillas callejeras, la creciente presencia de organizaciones criminales sofisticadas, y la corrupci√≥n end√©mica en todos los niveles, de la polic√≠a y el gobierno. Estos retos no son nuevos, pero est√°n creciendo en intensidad y visibilidad.La tasa de homicidios de Centroam√©rica se ubica actualmente en poco m√°s de 40 homicidios por cada 100.000 habitantes ‚ÄĒ m√°s del doble de la tasa de homicidios en M√©xico (18 homicidios por cada 100.000 habitantes), un pa√≠s que recibe mucha m√°s atenci√≥n de los medios internacionales por los altos niveles de crimen y violencia. La mayor√≠a de los homicidios en Centroam√©rica se concentran en los pa√≠ses del Tri√°ngulo del Norte ‚ÄĒ Guatemala, El Salvador, y Honduras ‚ÄĒ donde el promedio de la tasa de homicidios es de 58 por cada 100.000 habitantes.Tanto en M√©xico como en Centroam√©rica, los grupos criminales parecen haber abrumado a las fuerzas de seguridad p√ļblicas que no cuentan con el personal suficiente. El control de las actividades ilegales en las √°reas rurales y fronterizas, por donde los migrantes a menudo cruzan, es particularmente dif√≠cil.En primer lugar, es importante distinguir entre las pandillas callejeras, grupos de crimen organizado, y organizaciones criminales trasnacionales

LAS PANDILLAS CALLEJERAS

Tienen sus raíces en la pobreza endémica y en la extendida urbanización, se cuentan por miles y se han aprovechado de las economías ilegales que florecen en los barrios más pobres de la región. En Centroamérica, varias pandillas callejeras predominantes surgieron en los Estados Unidos y fueron traídas a la región por los deportados. Se componen principalmente de hombres jóvenes de comunidades marginalizadas; la mayoría tiene antecedentes violentos y, a menudo, historias de abuso de sustancias. Las pandillas callejeras controlan los barrios y mercados locales de donde extraen sus rentas en forma de extorsión, aunque también se dedican al secuestro, asalto, y al asesinato por contrato. En algunos casos, como se describe abajo, las pandillas callejeras han subcontratado sus servicios como distribuidores de contrabando o sicarios para organizaciones criminales más grandes. Sin embargo, ellas carecen de la sofisticación y la estructura de los grupos de crimen organizado.

LOS GRUPOS DE CRIMEN ORGANIZADO Y LAS ORGANIZACIONES CRIMINALES TRANSNACIONALES

Los grupos de crimen organizado son m√°s grandes y m√°s sofisticados que las pandillas y, en M√©xico y Centroam√©rica, tienen su origen en desmovilizados de las fuerzas paramilitares, de inteligencia, y el ej√©rcito. Tienen un alcance geogr√°fico de actividad m√°s grande y participan en actividades m√°s lucrativas que las pandillas callejeras ‚ÄĒ principalmente el tr√°fico y distribuci√≥n de drogas y armas. El margen de mayor ganancia de estas actividades ha permitido a los grupos de crimen organizado construir estructuras jer√°rquicas sofisticadas.Fortalecidos por un aumento en la cantidad de drogas ilegales que se mueven a trav√©s de M√©xico y Centroam√©rica, los grupos de crimen organizado tienen m√°s recursos, controlan m√°s infraestructura, tienen acceso a m√°s ‚Äúsoldados‚ÄĚ y armas, y tienen mayor control sobre las instituciones gubernamentales. Estas mismas organizaciones tambi√©n han diversificado sus portafolios criminales, usando sus organizaciones y el control de las rutas ilegales de tr√°fico, como el tr√°fico de personas.Las organizaciones criminales trasnacionales son grupos de crimen organizado que tienen una presencia operacional, no simplemente una presencia transaccional, en varios pa√≠ses.

M√ČXICO: DE LOS NEGOCIOS FAMILIARES A PEQUE√ĎOS EJ√ČRCITOS

En M√©xico las grandes organizaciones criminales tienen sus ra√≠ces a finales de los a√Īos sesenta, cuando peque√Īos grupos familiares se dedicaban al tr√°fico de mercanc√≠a de contrabando, personas, drogas ilegales y otros productos hacia Estados Unidos. Este n√ļcleo de contrabandistas adquiri√≥ mayor importancia cuando la coca√≠na de los Andes empez√≥ a transitar por la regi√≥n entre los a√Īos setentas y ochentas. Los proveedores colombianos usaban a las organizaciones criminales mexicanas para recibir y enviar su producto hacia el norte, donde lo esperaban cadenas de distribuci√≥n locales.Inicialmente, el tr√°fico flu√≠a a trav√©s de M√©xico y era en peque√Īas cantidades, pero el rol de los mexicanos empez√≥ a ser m√°s relevante una vez que Estados Unidos empez√≥ a ejercer mayor presi√≥n a las actividades del Caribe, forzando a los traficantes de coca√≠na a optar por el camino a trav√©s del istmo.Para los a√Īos noventa, gran parte de la coca√≠na que entraba a Estados Unidos pasaba a trav√©s de M√©xico y algunas organizaciones criminales mexicanas empezaron a participar de una mayor parte de las ganancias, estableciendo sus propias redes de distribuci√≥n en Estados Unidos. Estas incluyen los comienzos de las organizaciones que ser√≠an m√°s tarde conocidas como los carteles de Sinaloa, Tijuana, Ju√°rez y el Golfo.En un comienzo, los carteles mexicanos eran peque√Īas organizaciones familiares que depend√≠an de la corrupci√≥n de las fuerzas de seguridad estatales que les prove√≠an protecci√≥n de ser perseguidos judicialmente al igual que de sus rivales. No obstante, esto cambi√≥ una vez que los carteles mexicanos se expandieron y llegaron a la distribuci√≥n, con lo que crecieron sus ganancias y sus operaciones.Los altos ingresos llegaron a una mayor competitividad entre las organizaciones, lo que las llev√≥ a establecer sus propias fuerzas de seguridad para proteger sus mercados y ganancias. Este proceso alter√≥ por siempre la manera en que las organizaciones criminales operaban en M√©xico (y luego en Centroam√©rica), y ha contribuido a la proliferaci√≥n del secuestro de inmigrantes que se mueven a lo largo del pa√≠s.

EL DESARROLLO DEL ALA MILITAR

Es significativo por varias razones. La primera, representa un quiebre del modelo de organizaciones familiares peque√Īas del pasado. La transformaci√≥n fue profunda. Los nuevos ej√©rcitos paramilitares, adoptaron la terminolog√≠a y la l√≥gica militar y de sus entrenadores militares, algunos de los cuales eran mercenarios extranjeros. Las organizaciones empezaron a designar ‚Äútenientes‚ÄĚ y a crear ‚Äúc√©lulas‚ÄĚ, las cuales incluyeron varias partes responsables de recolecci√≥n de inteligencia. Estos nuevos ‚Äúsoldados‚ÄĚ llevaron a cabo entrenamiento y adoctrinamiento obligatorio, para luego unirse a la lucha para evitar que otros carteles incursionaran en su territorio. Junto con su nueva cara militar, la infraestructura de los carteles tambi√©n creci√≥. Para este entonces contaban con refugios, equipos de comunicaci√≥n, carros y armas ‚Äďel mismo tipo de infraestructura necesaria para cualquier actividad criminal sofisticada, desde un robo hasta un secuestro, incluso hasta el contrabando de mercanc√≠a.M√°s all√° de asegurar su propio territorio, los carteles empezaron a competir por territorio estrat√©gico, o plazas como se le conoce. En el mundo de la delincuencia mexicana, el control de una plaza significa cobrarle un impuesto, enti√©ndase en el mismo sentido de un peaje, a cualquier actividad llevada a cabo por cualquier grupo criminal que opere en ese territorio. El llamado piso suministra un flujo de ingresos, ya que el grupo al mando se lleva m√°s de la mitad de las ganancias por el contrabando que se mueve a trav√©s de su corredor; ya sean armas, personas o droga. Las fuerzas de seguridad corruptas, en alg√ļn momento participaron en esta parte del negocio, pero con el tiempo, los grupos criminales usurparon ese control.A su vez, la lucha por las plazas depende del n√ļmero de soldados que mantiene cada cartel. En el caso del Cartel de Tijuana, la familia Arellano F√©lix comenz√≥ a trabajar con la Pandilla de la Calle Logan de San Diego, capacit√°ndolos en el uso de armas, t√°cticas y en recolecci√≥n de inteligencia. El Cartel del Golfo contrat√≥ a miembros del Grupo Aerom√≥vil de Fuerzas Especiales (GAFES) de M√©xico, que adopt√≥ el nombre de los Zetas en honor a los c√≥digos que usaban por radio sus comandantes militares. El Cartel de Ju√°rez contrat√≥ a polic√≠as y expolic√≠as para formar el grupo que se conoce como La L√≠nea; y m√°s tarde una pandilla callejera conocida como los Aztecas en El Paso. El c√°rtel de Sinaloa eventualmente design√≥ a una facci√≥n de su grupo, la Organizaci√≥n de los Beltr√°n Leyva, para crear un peque√Īo ej√©rcito para hacer frente a sus rivales; apoyados por varias pandillas callejeras m√°s peque√Īas, en lugares donde el c√°rtel opera a lo largo de la frontera de Estados Unidos con M√©xico.Los nuevos "soldados" tienen una caracter√≠stica com√ļn: no son parte de la estructura familiar original, que otrora se encontraba en el n√ļcleo de las organizaciones criminales mexicanas. En el pasado, las organizaciones criminales mexicanas eran relativamente peque√Īas, en su mayor√≠a compuestas por familiares del estado de Sinaloa, donde hab√≠an trabajado en campos de cultivos de amapola y marihuana.La membrec√≠a a los grupos se daba a trav√©s de lazos de sangre, matrimonio, o afecto ‚Äďhasta que las fuerzas del mercado requer√≠an que estas uniones tradicionales se profesionalizaran y abrieran la admisi√≥n a extranjeros con el fin de seguir siendo competitivos.En un principio, los l√≠deres de estos grupos conced√≠an a los ‚Äúforasteros‚ÄĚ, poca autoridad o poder discrecional. Algunos l√≠deres, como Ram√≥n Arellano F√©lix, del c√°rtel de Tijuana, y Osiel C√°rdenas Guill√©n, del C√°rtel del Golfo, controlaban directamente sus nuevos ej√©rcitos, exigiendo su lealtad a toda costa. Con el tiempo, esto result√≥ ser un mal modelo a seguir, no obstante, ya que tan pronto como el l√≠der fuerte era eliminado (como en el caso de Arellano F√©lix en 2002) o detenido (como en el caso de C√°rdenas en 2003), las lealtades individuales se desintegraban y estos ej√©rcitos comenzaban a romper con el comando central del cartel. La lealtad se convirti√≥ en una mercanc√≠a sujeta a la din√°mica de los precios del mercado, en lugar de ser una obligaci√≥n "familiar" o tradicional.

LA AMPLIACI√ďN DE LAS OPERACIONES

Los nuevos ej√©rcitos privados eran costosos en todos los niveles y los l√≠deres de los carteles empezaron a buscar formas de reducir los costos, incluso a medida que continuaban su expansi√≥n y profesionalizaci√≥n de sus operaciones. Pese a que la evidencia es escasa, los informes indican que desde finales de los noventa; de forma gradual, de mala gana, y violentamente los carteles desplazaron la responsabilidad financiera y el control operativo hacia sus lugartenientes ‚Äďun proceso que √ļnicamente fue evidente cinco o seis a√Īos m√°s tarde‚Äď. Con esta autonom√≠a reci√©n adquirida, muchas c√©lulas ampliaron sus operaciones m√°s all√° de los servicios de seguridad e incursionaron en la extorsi√≥n de negocios legales y, m√°s tarde adelante, el secuestro.Este cambio en la toma de decisiones financiera y operativa representa un segundo cambio profundo en la forma que los carteles mexicanos operan. De un momento a otro, en lugar de una organizaci√≥n criminal centralizada, hab√≠a numerosas c√©lulas exigiendo piso a las actividades criminales como el contrabando y el tr√°fico de personas; compitiendo, a menudo violentamente, por el territorio y los mercados.Los ingresos por tr√°fico de personas son importantes. De acuerdo con Naciones Unidas (ONU), se estima que el tr√°fico de personas en el hemisferio occidental es un negocio de USD$ 6.000 millones al a√Īo. No obstante, para los carteles mexicanos los ingresos totales provenientes del tr√°fico de personas son relativamente peque√Īos en comparaci√≥n con los ingresos del tr√°fico internacional de drogas, que se encuentran probablemente en el rango de alrededor USD$ 15.000 a USD$ 25.000 millones. Los m√°rgenes de ganancias del tr√°fico de drogas ‚Äďlos cuales son aproximadamente el 80 por ciento de los ingresos‚Äď son tambi√©n probablemente mayores que para el tr√°fico de personas.Las nuevas organizaciones militarizadas ten√≠an una mentalidad nueva, centrada en la ocupaci√≥n de grandes cantidades de espacio f√≠sico. Su crecimiento r√°pido provoc√≥ un cambio en la estructura financiera. A medida que aumentaban las operaciones, tambi√©n aumentaba la necesidad de proteger a los l√≠deres de ser detectados. Las unidades de los ej√©rcitos multifac√©ticos ganaron mayor autonom√≠a para ahondar en m√ļltiples actividades criminales. Esto posibilit√≥ la entrada de personal cuyas lealtades no eran hacia la c√ļpula. El nuevo sistema descentralizado funcionaba, siempre y cuando una persona fuerte siguiera siendo el l√≠der. Sin embargo, tan pronto como ese l√≠der era eliminado, la organizaci√≥n inevitablemente se resquebrajaba y, en muchos casos, estallaba la violencia entre facciones rivales.Este proceso se ha repetido una y otra vez en la √ļltima d√©cada. En un esfuerzo por aumentar las ganancias, las diferentes facciones dentro de las grandes organizaciones han diversificado sus portafolios criminales, ahondando en el tr√°fico de personas, el contrabando, la extorsi√≥n, la pirater√≠a, el secuestro y otras actividades criminales. Muchas de estas facciones han eventualmente roto los lazos con sus organizaciones originales, incluyendo grandes fracciones del Cartel de Tijuana, los Zetas, La L√≠nea, y la Organizaci√≥n de los Beltr√°n Leyva. Las autoridades a√ļn se refieren a los peque√Īos grupos con los nombres de los grupos m√°s grandes a los que alguna vez pertenecieron. Esta pr√°ctica puede ayudar a dar sentido al caos que es la situaci√≥n en M√©xico, pero la realidad es mucho m√°s compleja en el campo. InSight Crime, por ejemplo, recientemente cont√≥ la existencia de 28 grupos criminales en M√©xico. Estos grupos suelen contratar unidades m√°s peque√Īas, pandillas locales, lo que complica a√ļn m√°s la situaci√≥n y hace que nuestro trabajo de categorizar el caos m√°s dif√≠cil.Existe poca evidencia anecd√≥tica que confirma que las organizaciones criminales mexicanas han establecido sus propias redes de distribuci√≥n en los Estados Unidos. Ha habido algunos arrestos de l√≠deres mexicanos del crimen organizado y los miembros de sus familias en los Estados Unidos, pero no es claro si las estructuras organizativas de estos grupos se han consolidado en ese pa√≠s. Tampoco existe evidencia convincente de que los carteles mexicanos tienen una presencia permanente en funcionamiento en pa√≠ses productores de droga como Colombia, Per√ļ y Bolivia. La presencia de los carteles mexicanos en los pa√≠ses andinos parece ser puramente transaccional, m√°s que operativa o estrat√©gica. En este sentido, es poco probable que las organizaciones criminales mexicanas se hayan vuelto completamente integradas verticalmente o "vuelto transnacionales", como suele suponerse.Fuentes: Insight Crime, Signos de estos Tiempos

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