Trataremos : El discernimiento espiritual en el dinamismo de la experiencia cristiana; El discernimiento espiritual en la Sagrada Escritura; El discernimiento personal; y El discernimiento comunitario.

1. EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL EN EL DINAMISMO DE LA EXPERIENCIA CRISTIANA

La instancia del discernimiento espiritual nace de la experiencia que el cristianismo realiza de su vida de fe en Cristo, en la Iglesia y en el mundo. La complejidad de las situaciones en que es llamado a vivir y obrar para llevar a cabo el plan de Dios respecto a s√≠ mismo y a los dem√°s, le imponen una atenta consideraci√≥n de los impulsos y de las motivaciones que le inducen a determinadas opciones. Dios llama a cada hombre y a cada grupo de personas reunidas en su nombre con una vocaci√≥n particular, que se inserta en el contexto de la misi√≥n que √©l conf√≠a al pueblo que se ha elegido. Lo que es bueno para uno no es bueno para otro, y lo que es mejor para uno no siempre lo es para otro. De ah√≠ nace el problema: ¬ŅC√≥mo reconocer los signos de Dios en una determinada situaci√≥n y, sobre todo, frente a ciertas opciones?

2. DINAMISMO DE LA EXISTENCIA CRISTIANA

La existencia cristiana no es una realidad est√°tica. Es vida y, como tal, posee todas las caracter√≠sticas de la vida. La vitalidad cristiana la experimentamos en nuestra vitalidad existencial, constituida por pensamientos, sentimientos, actividades, tendencias y relaciones con los dem√°s, con las cosas, con el mundo y con la sociedad. La existencia cristiana tiene en nosotros su nacimiento y su desarrollo continuo. En el origen de esta nueva existencia, como ense√Īa san Pablo (Rom 3,6.8), est√° la fe en Jesucristo, el bautismo y el don del Esp√≠ritu Santo: tres realidades que se integran rec√≠procamente y suscitan en nosotros una acci√≥n vivificadora y santificadora de Dios, el cual establece una relaci√≥n din√°mica con nuestra existencia, llam√°ndola a la salvaci√≥n. La tr√≠ada ‚ÄĒfe, esperanza y caridad (1 Tes 1,2s: 5,8-10: 1 Cor 13,13: Col 1,4s)' constituye la dimensi√≥n fundamental en que la existencia cristiana se manifiesta, realiza y crece en nosotros. El bautismo, como "sacramento de la fe", expresa tambi√©n en el plano sensible la muerte y la resurrecci√≥n de Cristo con el simbolismo eficaz de su rito (Rom 6,3-11), hace participar con plena responsabilidad de la vida eclesial para formar un solo cuerpo en Cristo (1 Cor 12,13) y hace pasar de una existencia de tinieblas a una existencia de luz (Ef 5,8.14), que impone el paso de la muerte al pecado a la vida nueva en Cristo (Rom 6,11-12). Convertido en luz, el cristiano debe caminar como hijo de la luz. Esto le impone la tarea de discernir para percibir continuamente la voluntad de Dios (Ef 5.8.10.17). Ello lo consigue en la medida en que ha recibido el don del Esp√≠ritu, agente divino en √©l, principio din√°mico y norma de su obrar (Rom 8). El Esp√≠ritu divino entabla con el esp√≠ritu humano un di√°logo misterioso, que obliga al hombre a una continua confrontaci√≥n para dar una respuesta d√≥cil que lo lleve a un constante dinamismo de transformaci√≥n interior y de renovaci√≥n, capaz de permitir reconocer el sendero que traza Dios y seguirlo'. Por tanto, el discernimiento espiritual se impone como una constante de la vida del cristiano para pasar de la edad infantil de la fe a la del hombre perfecto o maduro' [ /'Madurez espiritual].

3. El. DISCERNIMIENTO ENTRE LAS TENSIONES Y LAS AMBIG√úEDADES DE LA EXISTENCIA

As√≠ pues, para que la existencia cristiana pueda desarrollarse en su autenticidad, es necesario una continua confrontaci√≥n entre los impulsos y la gu√≠a de Dios, que se revela en Cristo, en la Iglesia, y los tirones de los instintos humanos o de las potencias del mal, que son contrarias al Esp√≠ritu de Dios. No es f√°cil distinguir entre la acci√≥n del Esp√≠ritu de Dios, la del esp√≠ritu humano y la del esp√≠ritu malo'. Ante todo, la vida interior del hombre es compleja, y "√©ste, por error, puede considerar como una manifestaci√≥n de lo absoluto o de Cristo algo que, de hecho, no es m√°s que fruto de una elaboraci√≥n subjetiva"'. La dificultad proviene tambi√©n de que, estando el Esp√≠ritu de Dios presente en nuestro esp√≠ritu humano, el esp√≠ritu malo intenta imitar al Esp√≠ritu de Dios para enga√Īar al hombre y apartarle as√≠ del plan de salvaci√≥n.Pablo dice que si, mediante el Esp√≠ritu, damos muerte a las acciones pecaminosas de nuestro yo, viviremos: "En efecto, cuantos son guiados por el Esp√≠ritu de Dios, √©stos son hijos de Dios" (Rom 8,14). Pero nuestra tendencia al pecado y a la enemistad con Dios (Rom 8,7) subsiste incluso despu√©s de habernos justificado Dios mediante la fe y el bautismo. Tambi√©n Jes√ļs, inmediatamente despu√©s del bautismo, fue tentado por Satan√°s a abusar de su poder mesi√°nico, desvi√°ndolo del fin para el cual se lo hab√≠a Dios concedido. Esta experiencia de Jes√ļs se repite en la vida del cristiano. Este siente el poder del esp√≠ritu malo, que intenta separarle de Dios, sacarle de su plan o al menos disminuir su capacidad de obrar el bien. Por eso Pablo pone en guardia a los efesios: "Revest√≠os de la armadura de Dios para que pod√°is resistir las tentaciones del diablo" (6,11). Hay que tomar en serio el combate espiritual: "Nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los esp√≠ritus malos que andan por los aires" (Ef 6,12)0.A veces la acci√≥n del poder del mal es muy sutil. Se encamina a proponer acciones o actitudes a primera vista buenas, pero para llevar a consecuencias malas, siguiendo la t√°ctica de la exageraci√≥n: abusar de la propia libertad por el hecho de ser don de Dios, exagerar en la penitencia para llevar luego al cansancio y al rechazo de la vida espiritual; dejarlo todo y a todos, radicalizando la ense√Īanza evang√©lica para exonerar de responsabilidades personales y sociales; usar para la propia gloria los dones recibidos de Dios para la edificaci√≥n de la Iglesia, etc. Satan√°s, como dice san Juan, es el "padre de la mentira" (8,44): por eso debemos "distinguir el esp√≠ritu de la verdad y el esp√≠ritu del error" (1 In 4,6). Por lo dem√°s, la historia de la Iglesia ense√Īa que algunos dones aut√©nticos del Esp√≠ritu no han podido desplegar toda su eficacia o han sido incluso desviados del bien, ya sea porque quienes los pose√≠an no supieron discernir entre inspiraci√≥n de Dios, impulsos y deseos humanos o desviaciones operadas por Satan√°s [ /'Diablo/exorcismo], ya sea porque quienes ten√≠an la misi√≥n de guiar estos dones m√°s bien los apagaron.

II. EL DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL EN LA SAGRADA ESCRITURA

Buscar en la Escritura qué es el discernimiento espiritual significa recorrerla en su totalidad. Más que una teoría sobre el discernimiento, en la Escritura se encuentra un discernimiento en acción, inflen; por una parte, el discernimiento que Dios lleva a cabo en la historia de Israel o en la Iglesia; por otra, lo que el hombre hace para entrar por el camino de la fe y de la justificación y para aumentar la operatividad de su existencia cristiana en la Iglesia y en el mundo'.

1. ACTITUD CR√ćTICA DEL CRISTIANO PARA AVANZAR POR EL CAMINO DE DIOS

En el AT Dios elige: a Ad√°n (G√©n 2,17), a Abrah√°n (G√©n 12,4), al pueblo de Israel (Ex 19,8; 24,3; Jue 24,15; Dt 28,1,15...), a los soberanos y a los caudillos del pueblo. Para responder a esta elecci√≥n, es preciso liberarse de motivos y condiciones oscuras y comprometerse en un camino continuo de b√ļsqueda de fe. Tanto m√°s que junto a la voz de Dios est√° la del pecado (G√©n 4,7) y la de Satan√°s, adversario de Dios, tambi√©n ella llena de misterio'. Para el pueblo elegido se trata de aceptar la visi√≥n misma de Dios, su discernimiento. Esto implica dos momentos: el de la pasividad, es decir, dejarse guiar por √©l, recordar sus beneficios, dar gracias, volver a los or√≠genes para comprender nuevamente su vocaci√≥n, fortalecerse en la confianza de la promesa; el de la actividad, de compromiso, de b√ļsqueda de lo nuevo, siempre bajo la gu√≠a de Dios.El discernimiento de "esp√≠ritus" o de "inspiraciones" se encuentra a lo largo de todo el NT, particularmente en san Pablo. Adem√°s de la menci√≥n expl√≠cita de la diakrisis pneumaton, del "discernimiento de esp√≠ritus" (1 Cor 12,10), se usa el verbo dokimazein y t√©rminos afines, krino/krisis y la rica serie de vocablos contenida en Flp 1,3-11; Col 1,9-14; Ef 1,15-23; 4,11-16; Rom 12,1-8. El verbo dokimazein expresa el significado fundamental del discernimiento, a saber: el de probar, catar, examinar. La necesidad del discernimiento proviene de la instancia cr√≠tica del cristiano sobre el horizonte escatol√≥gico. En efecto, la existencia cristiana se caracteriza, por un lado, por la aceptaci√≥n de la fe con el compromiso que implica y, por otro, por la inminencia del juicio. La vida del hombre y de la comunidad est√° sujeta al examen de Dios, en el cual hay que ofrecer una buena prueba; el juicio final es el resumen de este examen (1 Cor 3,13; Sant 1,12). Por esto es Dios ante todo el que "discierne" el coraz√≥n del hombre; Dios en la historia es eldokimazon tas kardias hemon, es el "Dios que sondea nuestros corazones" (1 Tes 2,4).En los sin√≥pticos, aunque sin un t√©rmino que la especifique, tenemos la realidad del discernimiento, que consiste sustancialmente en "reconocer" en la persona y en la acci√≥n de Jes√ļs el poder del Esp√≠ritu de Dios y la derrota del esp√≠ritu del mal. Jes√ļs es signo de contradicci√≥n (Lc 2,34) y, por tanto, objeto de discernimiento; quienes lo acogen descubren en √©l los caminos del Esp√≠ritu; los dem√°s siguen leyendo las Escrituras sin comprenderlas y ven pasar a Jes√ļs sin reconocer que Dios est√° en √©l.Para los Hechos de los Ap√≥stoles, m√°s all√° de toda teor√≠a, la din√°mica del discernimiento est√° clara: "El Esp√≠ritu de Dios se impone con su misma fuerza y aporta su luz; sus iniciativas son siempre maravillosas y a veces desconcertantes, pero nunca turbulentas y desordenadas; su acci√≥n se ejerce siempre en la Iglesia, cuya paz y expansi√≥n asegura; su obra consiste en dar a conocer y en irradiar el nombre del Se√Īor Jes√ļs".

2. B√öSQUEDA DE LA AUTENTICIDAD CRISTIANA

Para san Pablo, el discernimiento es parte imprescindible de la b√ļsqueda din√°mica de la autenticidad cristiana, por lo cual es preciso mantenerlo siempre en acci√≥n. Hay que distinguir las mociones que llevan la impronta del Esp√≠ritu Santo de las que le son contrarias. Mociones, o sea sentimientos, experiencias, actitudes, impulsos hacia determinadas opciones, etc. Todo cristiano que haya experimentado el Esp√≠ritu ha de habituarse a esa percepci√≥n espiritual, a esa finura del esp√≠ritu que le mantiene en su identidad. A algunos el Esp√≠ritu les concede el carisma del "discernimiento de esp√≠ritus" (1 Cor 12,10), es decir, la capacidad de reconocer si una determinada inspiraci√≥n viene del Esp√≠ritu divino o del esp√≠ritu del mal. Mas a todos los creyentes se les da el "don del Esp√≠ritu", que se recibe radicalmente con la fe y el bautismo, y que "habita en nosotros" (Rom 8,9) y nos gu√≠a, haci√©ndonos vivir como hijos de Dios (Rom 8,14). El Esp√≠ritu es, pues, el elemento constitutivo de nuestro ser de cristianos y el principio din√°mico y la norma de acci√≥n, constituy√©ndonos hijos "en la Iglesia" (1 Cor 12,13)". Para san Pablo, el discernimiento es la virtud del tiempo de la Iglesia, situado entre el hecho de la muerte y resurrecci√≥n de Cristo y la parus√≠a. Caracteriza a la Iglesia de los "√ļltimos tiempos" (1 Cor 10,11), per√≠odo en el cual hay que afrontar el "presente siglo malo" (G√°l 1,4). El cristiano no puede conformarse seg√ļn el a "mundo"; debe superarlo, aunque sea en la prueba y en la aflicci√≥n. Con la superaci√≥n de estas pruebas y tribulaciones, mediante un atento discernimiento, el cristiano manifiesta su autenticidad en una "fe purificada" y aprobada por Dios, en una "esperanza probada" en la oscuridad del tiempo presente, en una "caridad filial", "derramada en nuestros corazones por medio del Esp√≠ritu Santo que se nos ha dado" (Rom 5,3-5). El cristiano no se somete a las pruebas de la vida, sino que las discierne para descubrir en ellas la voluntad de Dios, el cual permite que formen parte de la pedagog√≠a de la salvaci√≥n. Ante los tiempos escatol√≥gicos, las pruebas y las tribulaciones asumen el significado de anticipaci√≥n, en el tiempo de la Iglesia, del discernimiento final y se convierten en participaci√≥n del juicio escatol√≥gico ya realizado en la muerte y resurrecci√≥n de Cristo".El discernimiento, en su aspecto moral, tiene por objeto la "voluntad de Dios" (Rom 12,2), el imperativo moral que impone una vida santa y grata a Dios (1 Tes 4,1-3). Este imperativo implica un camino de conversi√≥n continua. El "conocimiento" de que habla a menudo san Pablo (Flm 5-6; Ef 1,15-18; 4,13; Flp 1,9; Col 1,9-10) representa justamente este car√°cter din√°mico de progreso y de crecimiento, que interioriza y conduce a un nivel cada vez m√°s alto la fe, la esperanza y la caridad" Analizando el acto concreto del discernimiento, Therrien dice que es al mismo tiempo uno y complejo, humano y divino, personal y eclesial, "en situaci√≥n" e inserto en el plan √ļnico de salvaci√≥n, que mira a la edificaci√≥n de los hermanos y est√° ordenado a la gloria de Dios, realizado en el tiempo, pero que participa ya del juicio escatol√≥gico ".

3. CRITERIOS DE DISCERNIMIENTO SEG√öN SAN PABLO

San Juan, en su primera carta, pone en guardia a los cristianos para que adopten una actitud cr√≠tica frente a las inspiraciones: "Querid√≠simos, no os fi√©is de todo esp√≠ritu, sino examinad los esp√≠ritus, a ver si son de Dios" (4,1)". Mas ¬Ņcu√°les son los criterios por los que podemos estar seguros de que una determinada inspiraci√≥n viene efectivamente de Dios? De la doctrina paulina se obtienen algunos de estos criterios16:

  1. Los frutos. El espíritu bueno y el malo se reconocen por sus frutos: "Las obras de la carne son manifiestas: fornicación, impureza, lujuria... Por el contrario, los frutos del Espíritu son: caridad, alegría, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia" (Gál 5,14-22; cf Ef 5,8-10; Rom 7,4-5.19-20).
  2. La comunión eclesial. Los dones auténticos del Espíritu son los que edifican la Iglesia (1 Cor 14,4.12.26). Los carismas son dones fecundos para la Iglesia; sobre todo la profecía, la cual es una palabra eficaz que da paz, ánimo y confianza.
  3. La fuerza en la debilidad. El Espíritu se manifiesta con signos de poder: milagros, seguridad para proclamar la palabra de Dios y afrontar las persecuciones (1 Tes 1,4-5; 2 Cor 12,12). Son signos que resultan tanto más auténticos cuanto más contrastan con la debilidad del apóstol (2 Cor 2,4; 12,9).
  4. La inmediatez de Dios. Seguridad de una vocación divina en la docilidad eclesial. Por una parte, Dios da la certeza de su vocación (Rom 1,1; Gál 1,15; Flp 3,12) y, por otra, esa llamada debe ser autenticada por la comunidad eclesial (Gál 1,18) y por sus responsables.
  5. La luz y la paz. Los dones del Esp√≠ritu no son impulsos ciegos que suscitan dificultades y desorden (1 Cor 14,33). Esto vale no s√≥lo de las manifestaciones extraordinarias, sino tambi√©n de las mociones interiores: "La tristeza que es seg√ļn Dios causa penitencia saludable e irrevocable, mientras que la tristeza del mundo engendra la muerte" (2 Cor 7,10), "porque el pensamiento de la carne es muerte, pero el pensamiento del esp√≠ritu es vida y paz" (Rom 8,6; cf 14,17-18).
  6. La comunión fraterna. Es el criterio más seguro e importante que revela los signos de la presencia del Espíritu (1 Cor 13). La caridad hace también respetar y amar los carismas de los otros (1 Cor 12).
  7. ¬°Jes√ļs es el Se√Īor! El criterio supremo del discernimiento es el alcance y las consecuencias que ciertas mociones o actitudes tienen respecto a Jes√ļs: "Nadie, hablando en el Esp√≠ritu de Dios, dice: 'Maldito es Jes√ļs', ni nadie puede decir: 'Jes√ļs es el Se√Īor', sino el Esp√≠ritu" (1 Cor 12,3). Confesar que Jes√ļs es el Se√Īor no es s√≥lo pronunciar una f√≥rmula, sino descubrir el secreto de su persona, proclamar su divinidad, adherirse a √©l por la fe y el amor, lo cual no es posible m√°s que con la gracia del Esp√≠ritu Santo.

III. EL DISCERNIMIENTO PERSONAL

Distinguimos entre discernimiento personal y discernimiento comunitario. Por el primero entendemos la b√ļsqueda de la voluntad de Dios realizada por una persona particular; por el segundo, la realizada por la comunidad o por un grupo de personas unidas por un v√≠nculo particular y, en √ļltima instancia, por la Iglesia.

1. RELACI√ďN DIAL√ČCTICA ENTRE DISCERNIMIENTO PERSONAL Y COMUNITARIO

LOS dos aspectos, personal y comunitario, son distintos, pero no est√°n separados. El segundo supone el primero, porque una comunidad o un grupo puede ponerse en situaci√≥n de discernimiento en la medida en que los individuos hayan hecho o hagan en su vida una experiencia profunda de la b√ļsqueda de Dios y se dejen guiar por el Esp√≠ritu en sus opciones. Tambi√©n el primero supone el segundo, al menos de forma embrionaria, en cuanto que la escucha de Dios en la vida personal pasa necesariamente a trav√©s de la mediaci√≥n de la Iglesia, que lee los signos de los tiempos de la sociedad en que se vive. La expresi√≥n m√≠nima de esta mediaci√≥n est√° constituida por el di√°logo con el consejero o director espiritual. Cuando nos sentimos inspirados a tomar una opci√≥n determinada o una determinada orientaci√≥n espiritual, es preciso medir estos impulsos con dos criterios fundamentales: la conformidad con la palabra de Dios y la ense√Īanza de la Iglesia (dejarse juzgar por la fe de la Iglesia: Rom 12,6; 1 Cor 14,29-32; 1 In 4,2) y el servicio para la edificaci√≥n de la Iglesia y de la sociedad (es el fin para el cual el Esp√≠ritu Santo otorga los dones: 1 Cor 12,7; 14,12.26; lo contrario de la edificaci√≥n es la divisi√≥n, que no puede venir del Esp√≠ritu: 1 Cor 1,10-13).La mediaci√≥n del consejero espiritual tiene por fin objetivar las experiencias y la mociones personales'', aclarar lo que quiz√° se advierte de modo confuso y situarse en un horizonte eclesial en el cual tomar conciencia de que el Esp√≠ritu es √ļnico y no puede contradecirse [.--n Padre espiritual].

2. EL ITINERARIO DEL DISCERNIMIENTO PERSONAL SEG√öN SAN IGNACIO DE LOYOLA

Entre los numerosos autores espirituales que han tratado del discernimiento'', san Ignacio de Loyola ocupa un puesto relevante debido a la experiencia espiritual que tuvo de la alternancia de diversas mociones espirituales a partir de su conversi√≥n'', experiencia que describi√≥ en sus Ejercicios espiritualesRO, los cuales est√°n guiados enteramente por el discernimiento espiritual con vistas a una elecci√≥n de vida que ha de hacerse para la mayor gloria de Dios (nn. 169-189). Veamos los elementos m√°s destacados de este itinerario:a) Conquistar la libertad interior, don del Esp√≠ritu Santo. Toda predeterminaci√≥n o prejuicio bloquea el proceso de conocimiento y de b√ļsqueda de la voluntad de Dios. Por eso hay que "vencerse a uno mismo y ordenar la vida sin dejarse determinar por ning√ļn afecto desordenado" (n. 21; 1). No hay que ocultar la dificultad que existe para llegar a una mirada de fe y a un impulso de amor tan purificados. Es preciso estar animado por el deseo del "magis" (n. 23) para emprender este itinerario "con gran √°nimo y liberalidad con suCreador y Se√Īor, ofreci√©ndole todo su querer y libertad, para que su Divina Majestad, as√≠ de su persona como de todo lo que tiene, se sirva conforme a su sant√≠sima voluntad" (n. 5). Toda la persona debe dedicarse a discernir entre la diversidad de las mociones espirituales, sobre todo su afectividad profunda para "sentir y gustar de las cosas interiormente" (n. 2).b) Escucha de la palabra y compromiso din√°micos. Dios se comunica mediante la palabra que libera; el hombre debe colaborar con su adhesi√≥n personal. Por eso san Ignacio dice: "demandar la gracia que quiero" (n. 91). Por una parte, es preciso pedir, sabiendo que no puede uno dar por s√≠ mismo lo que se busca en el plano de la salvaci√≥n y de la perfecci√≥n cristiana; por otra, hay que desear lo que se pide, con una participaci√≥n comprometida de toda la persona en la acci√≥n de Dios.c) Prontitud para el cambio. El discernimiento supone la prontitud para cuestionarse frente a la interpelaci√≥n de la palabra de Dios y estar dispuesto a cambiar lo que sea en la vida personal, social o comunitaria. S√≥lo Dios es lo absoluto y lo inmutable; todo el resto ("las cosas creadas", n. 23) es relativo, y frente a ello "es menester hacernos indiferentes" (n. 23). La indiferencia es la actitud positiva consistente en optar fundamentalmente por Dios y por su plan sobre nosotros, por lo que todo el resto se vuelve innecesario y s√≥lo se acoge en la medida en que sea manifestaci√≥n de la voluntad divina. Esto implica saber poner en discusi√≥n toda opci√≥n, preferencia o seguridad que no encuentre confirmaci√≥n en Dios. Hay que dejarse llevar por el Esp√≠ritu, que es fuente de perenne novedad y creatividad. Renunciar al cambio es cerrarse a la novedad del Esp√≠ritu, que puede abrir un camino nuevo que nos lleve m√°s cerca de Dios y de los hermanos. Esta prontitud para el cambio, en los Ejercicios, es tratada en el "pre√°mbulo para hacer elecci√≥n" en dos actitudes, una positiva al cambio y la otra negativa. La primera es la del que se coloca frente al problema de una elecci√≥n con "ojo simple", solamente "mirando para lo que soy creado, es, a saber, para alabanza de Dios nuestro Se√Īor y salvaci√≥n de mi alma" (n. 169). La segunda es la del que invierte el orden de las cosas: primero escoge el medio y luego intenta atraer a Dios a lo que ha elegido (n. 169).d) La experiencia de consolaciones y de desolaciones. San Ignacio describe la resonancia interior que la palabra de Dios y sus mociones suscitan en nosotros, con alternancia de euforia y de depresi√≥n, mediante los t√©rminos de consolaci√≥n y de desolaci√≥n espiritual. ¬ŅQu√© es la consolaci√≥n espiritual? "Llamo consolaci√≥n espiritual cuando en el alma se causa alguna moci√≥n interior, con la cual viene el alma a inflamarse en amor de su Creador y Se√Īor y, por consiguiente, cuando ninguna cosa criada sobre la faz de la tierra puede amar en s√≠, sino en el Creador de todas ellas... Finalmente, llamo consolaci√≥n a todo aumento de esperanza, fe y caridad y a toda alegr√≠a interna que llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud de su alma, tranquiliz√°ndola y pacific√°ndola en su Creador y Se√Īor" (n. 316). Se trata, pues, de una experiencia de los "frutos" del Esp√≠ritu, de un incremento de las actitudes fundamentales de la existencia cristiana, a saber: de la fe, de la esperanza y de la caridad.La desolaci√≥n, en cambio, es lo contrario de la consolaci√≥n: "As√≠ como oscuridad del alma, turbaci√≥n en ella, moci√≥n hacia las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones que mueven a desconfianza, sin esperanza, sin amor, hall√°ndose del todo perezosa, tibia, triste y como separada de su Creador y Se√Īor" (n. 317). Por consiguiente, la consolaci√≥n es energ√≠a del Esp√≠ritu Santo para emprender o confirmarse en una elecci√≥n dada; la desolaci√≥n lleva lejos del Se√Īor y es signo de la acci√≥n en nosotros del esp√≠ritu malo, "con cuyos consejos no podemos tomar el camino para acertar" (n. 318).e) La din√°mica de una elecci√≥n. A trav√©s de la experiencia del discernimiento de las mociones interiores se puede llegar a una elecci√≥n seg√ļn Dios. Pero ante todo es necesario que el objeto de la elecci√≥n sea bueno o indiferente (n. 170). Fuera del caso de una intervenci√≥n extraordinaria de Dios, que nos manifestar√≠a as√≠ su voluntad, una elecci√≥n ha de realizarse a trav√©s de una "suficiente claridad y conocimiento por experiencia de consolaciones y desolaciones y por experiencia de discernimiento de varios esp√≠ritus" (n. 176). Cuanto m√°s profunda es esta experiencia espiritual, tanto m√°s es posible desenmascarar tambi√©n las "sutilezas" de la acci√≥n del enemigo, el cual "se transforma en √°ngel de luz", insin√ļapensamientos aparentemente buenos, pero que luego resultan ser espiritualmente nocivos (n. 332), por lo cual es preciso examinar "el discurso de los pensamientos" para ver si terminan "en alguna cosa mala o distractiva o menos buena" (n. 353). Este proceso, sin embargo, no exime de emplear las energ√≠as humanas, a saber: de examinar serenamente los motivos en pro y en contra de una determinada elecci√≥n, que ha de hacerse en el "tiempo tranquilo", "cuando el alma no est√° agitada por varios esp√≠ritus y usa sus potencias naturales libre y tranquilamente" (n. 177). De la elecci√≥n que ha de hacerse en este tiempo tranquilo, san Ignacio describe un itinerario concreto: 1) precisar el objeto de la elecci√≥n; 2) fijar el fin, a saber: Dios y su alabanza, y encontrarse en la indiferencia, pronto a "seguir lo que sintiere ser m√°s en gloria y alabanza de Dios nuestro Se√Īor y salvaci√≥n de mi alma" (n. 179); 3) pedir al Se√Īor que oriente las mociones interiores hacia su voluntad; 4) considerar las ventajas y las desventajas del objeto de la elecci√≥n s√≥lo con vistas al fin; 5) deliberar seg√ļn motivos razonables; 6) presentar en la oraci√≥n la elecci√≥n hecha a Dios para que la confirme (nn. 179-183).

IV. EL DISCERNIMIENTO COMUNITARIO

Las instancias y el itinerario del discernimiento personal se aplican de modo an√°logo al discernimiento comunitario.

1. EN QU√Č CONSISTE

Un grupo de personas, unido por un vinculo particular, como puede ser una comunidad religiosa, un grupo de oraci√≥n o de compromiso apost√≥lico, sobre todo si se tiene que tomar opciones, est√° llamado a realizar, en cuanto grupo, un discernimiento de la voluntad de Dios tocante a su modo de vivir la fe y de comprometerse en la Iglesia y en la sociedad. Se trata de interrogarse delante de Dios para comprender si la decisi√≥n que hay que tomar es conforme al proyecto evang√©lico y si responde a los tiempos de la Iglesia y a las exigencias de los hombres de nuestro tiempo. Es una actitud de b√ļsqueda desinteresada, en la cual cada miembro del grupo se siente corresponsable y colabora en la valoraci√≥n de las mociones del Esp√≠ritu para que el grupo como tal llegue a la decisi√≥n que m√°s agrada al Se√Īor. El discernimiento comunitario se aplica de modo particular a la comunidad religiosa, sea local o provincial, o al instituto entero. El Vat. II alienta ese estilo de b√ļsqueda com√ļn de la voluntad de Dios en orden a la renovaci√≥n de la vida religiosa.

2. SUS FUNDAMENTOS

Como el discernimiento personal tiene supuestos necesarios, también el comunitario se funda en algunas premisas, que aseguran su posibilidad y rectitud.

  1. Cada miembro del grupo debe haber tenido la experiencia del discernimiento personal. Esto supone una vida interior genuina que haya ense√Īado a buscar la voluntad de Dios con libertad espiritual.
  2. El discernimiento es posible √ļnicamente como experiencia fuerte de fe, no s√≥lo personal, sino tambi√©n comunitaria. Es un acto de abandono, de escucha, de confianza en Dios, que gu√≠a a las personas, a los grupos y la historia. Es Dios el que, en su presente de gracia, interpela a la comunidad sobre su identidad y su misi√≥n apost√≥lica. El le dirige su palabra en Cristo, en la Iglesia y a trav√©s de los signos de los tiempos. "El amor que me hace elegir" ‚ÄĒdice san Ignacio‚ÄĒ debe descender "de arriba, del amor de Dios", de modo que la elecci√≥n. se haga "√ļnicamente por su Creador y Se√Īor" (n. 184). El grupo debe vivir as√≠ el "nosotros" de la fe y estar abierto a la fe de la Iglesia entera.
  3. El grupo que intenta discernir la voluntad de Dios debe abrirse al Espíritu Santo, el cual "guiará a la verdad completa" (Jn 16,13). El discernimiento, en efecto, es "espiritual", es decir, se hace sólo en el Espíritu, bajo su influjo. Esta apertura al Espíritu requiere la purificación del corazón y de las intenciones y una profunda conversión a Cristo y al evangelio.
  4. La oración, que crea el clima para el discernimiento, debe vivirse no sólo a nivel personal, sino también a nivel comunitario, en una relación filial con Dios que haga sentirse a todos hijos de un mismo Padre y lleve a exclamar "Abba, Padre" (Gál 4,6; Rom 8,15).

3. CONDICIONES PSICOL√ďGICO-ESPIRITUALES

Las leyes de la psicolog√≠a de grupo desempe√Īan su papel en el discernimiento comunitario. Ayudan a distinguir lo que facilita y lo que obstaculiza una aut√©ntica b√ļsqueda de loscaminos de Dios. He aqu√≠ algunas condiciones para crear premisas de autenticidad:

  1. El propósito inicial debe ser el de "buscar y encontrar la voluntad de Dios" (n. 1). Ha de adoptarse no un punto de vista sujeto a intereses humanos o egoístas, sino el del plan salvífico que Dios tiene sobre la comunidad y, a través de ella, sobre la Iglesia y sobre el mundo. Es contraria a esto la actitud del que quiere hacer prevalecer, dentro de ese grupo, su parecer o su posición.
  2. Para un encuentro con los dem√°s en la b√ļsqueda de Dios es preciso purificarse de las pasiones, que bloquean una aut√©ntica relaci√≥n interpersonal. Tales son, por ejemplo, la incomunicabilidad con los hermanos, sentimientos cultivados de envidia, de celos, de no participaci√≥n en la alegr√≠a y el dolor ajenos, etc.
  3. Condici√≥n importante es la de aceptaci√≥n de que los dem√°s nos cuestionen, as√≠ como Dios a trav√©s de los mismos. Esta disponibilidad pone al desnudo la verdad que somos y que buscamos. Desenmascara nuestras ambig√ľedades, los prejuicios, las predeterminaciones; verifica si algunas de nuestras seguridades son aut√©nticas o falsas, si buscamos el inter√©s de Dios o nos buscamos a nosotros mismos.
  4. Renunciar a la autosuficiencia, a la pretensión de conocer en solitario la voluntad de Dios. Esta se encuentra mediatizada por el testimonio y la experiencia espiritual de los otros, de la Iglesia y de la sociedad. Al rechazar sentirse constituido en un sistema cerrado y estático de verdad, nos abrimos a la posibilidad de ser completados por los otros, por su competencia, sensibilidad y experiencia. Con frecuencia algunas elecciones importantes se preparan cuidadosamente con una investigación sociológica, psicológica y política para captar las instancias que provienen de una sociedad en rápida mutación. El discernimiento espiritual no puede ignorar estos datos, sino que los ve en una perspectiva diversa de aquella con que una administración puede programar su ejercicio. La perspectiva es la evangélica, en la cual entran factores imponderables con un metro puramente humano.
  5. Condición concomitante de la precedente es la de dar cabida a los demás en uno mismo, en los propios puntos de vista y convicciones. Es una actitud de respeto a la persona de losdemás, de sincera caridad evangélica, por encima de ciertas ideologías que dividen.
  6. Condición importante es también la de que un grupo o comunidad no se cierre en sí mismo, sino que se sienta parte de comunidades más vastas y de la Iglesia entera, viviendo sus orientaciones universales.

4. T√ČCNICA DEL DISCERNIMIENTO COMUNITARIO

La palabra "t√©cnica" no debe hacer pensar en una planificaci√≥n con ritmos mec√°nicos. El discernimiento es una actividad espiritual que se desarrolla bajo la moci√≥n del Esp√≠ritu, el cual obra con libertad y pide a los hombres una respuesta libre. En este clima debe vivir el cristiano. Por discernimiento comunitario (y tambi√©n personal) se entiende, pues, ante todo, un estilo de vida evang√©lica permanente; una vigilancia evang√©lica pronta siempre a acoger la voz de Dios y a actuar en consecuencia, y contraria a toda visi√≥n ego√≠sta. La actitud de buscar primero el reino de Dios lleva a discernir los caminos de Dios de modo espont√°neo en las circunstancias ordinarias de la vida y en las decisiones m√°s comunes y necesarias.En cambio, el discernimiento comunitario en el sentido restringido del t√©rmino se impone en algunos momentos fuertes de la vida de un grupo o de una comunidad cuando est√°n en juego valores importantes para la vida cristiana y la misi√≥n eclesial. En este caso, dando por supuesto cuanto queda dicho antes, se requiere tambi√©n una cierta t√©cnica, la cual ha de ser el√°stica para adaptarse a las circunstancias y a la madurez espiritual de los individuos y del grupo. El discernimiento comunitario, por lo dem√°s, tiene diversos grados de realizaci√≥n y diversas fases de profundizaci√≥n.De todos modos, las etapas esenciales del discernimiento comunitario deber√≠an ser las siguientes: a) Vivificar en el grupo un clima de fe, de escucha de Dios y de los otros, de disponibilidad y de oraci√≥n. b) Precisar con exactitud el tema que ha de ser objeto de discernimiento y de eventual decisi√≥n. Por eso el que est√© encargado de dirigir y alentar el discernimiento ha de proporcionar todas las informaciones objetivas sobre el tema, de modo que todos conozcan con exactitud los "datos" necesarios. Debe tratarse de un tema cuya discusi√≥n competa al grupo y que sea de importancia y trascendencia para su vida y su misi√≥n religiosa. c) Comenzar con un tiempo de oraci√≥n personal, para ponerse a la escucha de Dios, presentarle el tema sobre el que se invoca su luz y poder captar las mociones espirituales que proceden del Esp√≠ritu Santo con un coraz√≥n libre de afectos desordenados. d) A esto puede seguir una reuni√≥n de "escucha", en la cual cada uno puede expresar lo que ha experimentado en la oraci√≥n, siendo escuchado por los dem√°s con aut√©ntica participaci√≥n, sin discutir su experiencia. e) Puede dedicarse otro tiempo de oraci√≥n personal para pedir al Se√Īor discernimiento sobre motivos en favor o en contra del tema de que se trata.,nLuego sigue una reuni√≥n de "discusi√≥n" y de an√°lisis de los argumentos que cada uno aduce y que est√°n iluminados por las mociones del Esp√≠ritu, por la consolaci√≥n o desolaci√≥n espirituales. g) Cuando el discernimiento llega a un punto de maduraci√≥n suficiente, se pasa a la fase deliberativa. Lo ideal es que la b√ļsqueda desapasionada lleve a una decisi√≥n un√°nime. Si √©sta no se diese, seria preciso que al menos hubiese unanimidad en la aceptaci√≥n de lo que la mayor√≠a ha decidido como lo mejor. h) Por √ļltimo, sigue la confirmaci√≥n de la decisi√≥n tomada, que se manifiesta a varios niveles. En el caso de una comunidad religiosa, tenemos la confirmaci√≥n del superior, el cual "toma la decisi√≥n" y asegura as√≠ a la comunidad que se encuentra en el camino justo. Est√° luego la confirmaci√≥n que viene del mismo Esp√≠ritu Santo, el cual infunde un aumento de fe, de esperanza y de caridad despu√©s de tomada la decisi√≥n. Finalmente. hay una confirmaci√≥n "apost√≥lica", o sea la experiencia de que la elecci√≥n hecha libera nuevas energ√≠as apost√≥licas, da un sentido m√°s vivo de la Iglesia y un mayor entusiasmo misionero. Estos signos de la acci√≥n de Esp√≠ritu en el discernimiento realizado llevan a un sentido de agradecimiento y de alabanza del Se√Īor.BIBL.‚ÄĒAA. VV., El discernimiento (Equipo Mundo Mejor, n. 43, 1975).‚ÄĒAA. VV., Dicernimiento comunitario, Inst. Teol. Vida Religiosa, Madrid 1976.‚ÄĒAA. VV., Discernimiento de esp√≠ritus, en "Concilium", 139 (1978).‚ÄĒAA. VV.,Discernimiento espiritual en tiempos dif√≠ciles, en "Rev. de Espiritualidad", 153 (1979).‚ÄĒCastillo, J. M. El discernimiento cristiano seg√ļn san Pablo, Facultad de Teolog√≠a, Granada 1975.‚ÄĒLaplace, J, Discernement pour temps de Irise, Chalet, Par√≠s 1978.‚ÄĒPenning de Vries, P, Discernimiento. Din√°mica existencial de la doctrina y del esp√≠ritu de san Ignacio de Loyola, Mensajero, Bilbao 1967.‚ÄĒTherrien, G, Le discernement dans les √©crits pauliniens, Gabalda, Par√≠s 1973.Fuentes: A. Barruffo, MercabaEntre su email para recibir nuestra Newsletter Semanal en modo seguro, es un servicio gratis:

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