Multitudes recurren a los exorcistas cristianos coptos:
Dos sacerdotes cristianos coptos son los exorcistas estrella del Egipto musulmán, porque los jeques musulmanes no pueden con los casos más difíciles. La tradición cuenta que en el siglo XIX el gobernador Mohamed Ali, padre del Egipto Moderno, recurrió a un exorcista cristiano para sacar al demonio del alma de su hija Zuhra.

Tanto la Biblia como el Corán mencionan a los "jinn ifrit" (espíritus del diablo) y los jeques también celebran exorcismos, pero muchos de sus fieles acaban recalando en las iglesias coptasfascinados por la luminosa ceremonia copta y atormentados por el peregrinaje fallidoa predicadores y curanderos.

EL EXORCISTA PADRE SAMAAN

Horadada en su roca de la √°rida colina de Muqattam, la iglesia de San Sime√≥n re√ļne cada jueves a varios miles de fieles cristianos y musulmanes √°vidos de sanaci√≥n.El padre Samaan levant√≥ el templo en los a√Īos 90 y desde entonces libra entre sus muros su particular guerra contra los estragos de Satan√°s.La ceremonia semanal es una sucesi√≥n de c√°nticos y plegarias interrumpidos a menudo por los espeluznantes alaridos de los hechizados que pueblan los primeros bancos.

"El cura tiene en su cuerpo el esp√≠ritu de Jesucristro. Yo vine una vez porque me dol√≠an los ojos y √©l me san√≥ con aceite", cuenta Um Ashraf, una cristiana de 57 a√Īos.

Con sotana negra y larga barba, "baba" Samaan - como le llama su batall√≥n de seguidores - es uno de los m√°s reputados exorcistas del pa√≠s √°rabe. Con la promesa de curaci√≥n, los peregrinos recorren cientos de kil√≥metros.En una ocasi√≥n una musulmana viaj√≥ desde Siria en busca de la salvaci√≥n de su hija discapacitada. Seg√ļn sus fieles, el sacerdote resuelve cada a√Īo cientos de casos de posesiones demon√≠acas.

'S√ćNTOMAS' DE LOS POSE√ćDOS

La presencia del maligno, aseguran, se manifiesta a través de prolongados dolores de pecho o espalda y ciertas enfermedades graves. Incluso la falta de apetito sexual en las mujeres casadas es percibido como síntoma de que, sin saberlo, mantienen relaciones extramatrimoniales con luzbel.

"Sanar√© a todos los que est√°n pose√≠dos por Sat√°n", jura al micr√≥fono el septuagenario Samaan cuando, despu√©s de dos horas, la misa consume el preludio de los exorcismos. "A quien le toque una gota de este agua puede estar seguro de que Jes√ļs le curar√°".

LOS EXORCISMOS

La voz ronca del anciano instala en el templo una tensa expectaci√≥n. El olor a incienso permanece a√ļn suspendido en la atm√≥sfera cuando el sacerdote abandona el altar y, escoltado por un ej√©rcito de j√≥venes voluntarios, se aproxima a las gradas donde se retuercen los vasallos de Belceb√ļ.Una joven musulmana, con su cabellera cubierta por el "hiyab" (velo), es una de las primeras dolientes sobre las que Samaan roc√≠a el agua bendita:

"En el nombre de Jesucristo te ordeno que salgas", grita mientras los espasmos sacuden el cuerpo de la muchacha y chillidos de p√°nico se propagan entre quienes aguardan su turno. "Sal del cuerpo", insiste armado con una peque√Īa cruz de madera.

Unos segundos m√°s tarde, el forcejeo cesa. De s√ļbito el terror desaparece del rostro. La cabeza cancela su temblorosa agitaci√≥n. Las extremidades dejan de batirse contra el suelo. Y el cuerpo febril de la joven, despose√≠do de cualquier resistencia, cae rendido en los brazos del cura.Los aplausos de j√ļbilo retumban en la piedra cuando la chica, empapada y extraviada, escapa del trance y se levanta socorrida por sus compa√Īeras.Samaan talla con un rotulador la cruz en la frente y la palma de las manos y se abre entre la multitud para lanzarse sobre el siguiente esp√≠ritu. Vea m√°s aqu√≠ fotos.

NO SIEMPRE EL EXORCISMO ES F√ĀCIL

El litigio no siempre resulta tan pulcro y breve. Si Satanás se enroca, el exorcista zurra y escupe al enfermo hasta que el enemigo se esfuma y el cuerpo -víctima de la tunda y la saliva- desfallece o vomita.Cuando recobran el hálito, pocos redimidos recuerdan los segundos de agonía. Quienes dicen haberlo vivido evocan lenguas de fuego devorándoles:

"Estoy enferma. He acudido a muchos m√©dicos sin sentir el m√°s m√≠nimo alivio. Mis amigos me aconsejaron que viniera porque me han hecho magia negra", relata Manal Adl Falil, una musulmana de 35 a√Īos llegada desde la provincia de Menufiya, en el f√©rtil Delta del Nilo.

La brujer√≠a tambi√©n 'habita' el cuerpo de la musulmana Azza, una madre de 28 a√Īos y habitante de la mediterr√°nea Alejandr√≠a.

"Est√° endemoniada desde hace 6 a√Īos. Grita constantemente y cuando escucha recitar el Cor√°n se queja de que le duele el coraz√≥n y se desploma", asegura su progenitora Zeinab. "Es la primera vez que entramos en una iglesia porque en la mezquita no pudieron curarla".

TAMBI√ČN EL PADRE YUNAN EN LA CATEDRAL COPTA DE EL CAIRO

La "yihad" (la guerra santa de los musulmanes) se libra en misa y con versículos bíblicos. Los poderosos fogonazos del ritual de la minoría cristiana -que representa el 10% de la población egipcia - seduce desde hace centurias a los creyentes de Alá.

"Los exorcismos son necesarios porque cada vez se comenten más pecados y, como resultado, se han disparado las enfermedades", explica el también sacerdote exorcista Makari Yunan. Licenciado en Teología y Pedagogía, Yunan declara cada viernes la guerra a Lucifer desde la antigua catedral copta de El Cairo.

El sacerdote no da abasto para expulsar a un diablo que anida en quienes poseen una devoci√≥n d√©bil, profesan los "pecados del dinero o del cuerpo como el adulterio" y veneran las "aficiones del amor propio, la ambici√≥n del poder y el ego√≠smo". Para 'infiltrarse', dicen que aprovecha los momentos de vulnerabilidad: la oscuridad, la visita a ciertas casas, las ca√≠das al suelo o el paso por el cuarto de ba√Īo.Decenas de v√≠deos se erigen como prueba del "don divino" que Yunan comenz√≥ a practicar en 1976 y con el que ha recorrido el planeta.

"No soy yo el que cura sino Jesucristo. No hay ning√ļn nombre que domine al diablo salvo el de Jesucristo", matiza antes de glosar alguno de sus √ļltimos 'prodigios'. "El pasado viernes dos mujeres enfermas de c√°ncer y otra con par√°lisis dijeron que se hab√≠an curado", agrega el religioso.

"Cualquier persona de cualquier clase o religión y con cualquier enfermedad es bien recibida. Nuestros días son como el vapor del agua. Se viven fugazmente y se desvanecen. Hay que aceptar a Jesucristo antes de que se acabe el tiempo", zanja el cura.

Fuentes: El Mundo, Signos de estos Tiempos

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