Estamos presenciando la victoria casi absoluta del secularismo en Europa, donde un comentario a favor de las familias numerosas, a favor de la heterosexualidad o de tono religioso puede significar el fin de la carrera de un pol铆tico, un empresario, o un simple empleado.
Y tambi茅n estamos presenciando su vertiginoso crecimiento en EE.UU.
驴C贸mo sucedi贸 esto?
familia en la iglesia

Mary Eberstadt re煤ne las piezas del rompecabezas y nos propone una nueva interpretaci贸n, que pone a la familia en el centro de la secularizaci贸n.

Seguramente luego de leer este art铆culo Ud. cambiar谩 su pensamiento sobre muchas cosas.

La autora nos explica, partiendo del 铆ndice de fertilidad de los pa铆ses europeos, c贸mo el n煤mero de hijos que decidimos tener, as铆 como el cuidado de ellos y el miedo a perderlos, incide directamente en nuestro acercamiento o no al fen贸meno religioso.

EL AXIOMA ACTUAL

Desde hace ya m谩s de un siglo ha sido pr谩cticamente un axioma que ciertos aspectos de la modernidad har谩n que la religi贸n vaya desapareciendo entre los modernos y sofisticados occidentales.

Conocida en filosof铆a como la famosa historia de Friedrich Nietzsche del loco que a media plaza grita 鈥淕ott ist tot,鈥 (Dios est谩 muerto), y en sociolog铆a como la 鈥渢esis de la secularizaci贸n鈥, es una idea que a muchos hombres y mujeres educados les parece tan obvia que ya ni siquiera se les ocurre cuestionarla.

Entre mejor educados y m谩s pr贸speros seamos, afirma el argumento del secularismo, m谩s esc茅pticos nos sentiremos frente a las premisas de la religi贸n y menos necesitaremos sus aparentes consuelos.

As铆 que a la larga 鈥 tal vez muy a la larga; el mismo Nietzsche predijo que tomar铆a 鈥渃ientos y cientos de a帽os鈥 para que la 鈥渘oticia鈥 llegara a toda la gente 鈥 la religi贸n, o m谩s espec铆ficamente el cristianismo dominante durante tanto tiempo en Europa, se extinguir谩.

PREPARANDO EL FUNERAL DEL CRISTIANISMO

Como todo el mundo tambi茅n sabe, mucho de lo que pasa en la actualidad parecer铆a no dejar duda al respecto, por lo menos en Europa Occidental.

Ancianos monaguillos en iglesias sin ni帽os a las que asisten s贸lo un pu帽ado de jubilados, hordas de turistas en Notre Dame y otras catedrales entre bancas cada vez m谩s vac铆as acordonadas para los creyentes, antiguas abad铆as, conventos y monasterios convertidos en hoteles de lujo y spas sibar铆ticos, iglesias vac铆as por aqu铆 y por all谩, cerradas por d茅cadas y luego convertidas en discotecas o incluso en mezquitas.

No pasa un d铆a sin que nos llegue alg煤n detalle por el estilo desde el frente post-cristiano europeo.

Si Dios estuviera muerto en el sentido nietzscheano, uno sospecha que el funeral ser铆a algo muy parecido a esto.

M谩s a煤n, pr谩cticamente casi todos los titanes modernos a los que damos cr茅dito o descr茅dito por haberle dado forma al mundo de las ideas tal como lo conocemos 鈥 Emile Durkheim, Max Weber, Charles Darwin, Sigmund Freud, G.W.F. Hegel, Karl Marx, Herbert Spencer, y muchos m谩s 鈥 habr铆an estado de acuerdo, con ciertas minuciosas reservas, en que el simb贸lico loco de la plaza de Nietzsche ten铆a esencialmente algo de raz贸n.

Friedrich Nietzsche

Sus influyentes descendientes intelectuales tambi茅n habr铆an estado de acuerdo; los as铆 llamados modernos y postmodernos pueden haber propuesto modelos de pensamiento singularmente 鈥渢ransgresivos鈥, pero ninguno ha sido tan transgresivo como para cuestionarse si lo que dec铆a el loco de Nietzsche era verdad.

Con todo y sus dem谩s incertidumbres radicales, todos 鈥渟aben鈥 que lo que dec铆a era verdad, al igual que los popularizadores del ate铆smo en el pasado y en nuestros d铆as, desde Bertrand Russell (Por Qu茅 No Soy Cristiano) hasta la gran cantidad de escritores de manifiestos que han aparecido recientemente aqu铆 y en Europa Occidental.

Todos son herederos de la teor铆a de la secularizaci贸n y pies de p谩gina de Nietzsche aunque, como algunos dejan claro, parece que la 鈥渋nevitabilidad鈥 se est谩 tardando mucho m谩s de lo que cualquiera de ellos desear铆a.

PERO EL CRISTIANISMO NO DESAPARECI脫 A脷N Y CONTRATACA

En uno de esos vuelcos que muestran que la historia es una experta en el arte de la iron铆a, el loco de Nietzsche parece estar hoy m谩s lejos que nunca de tener la 煤ltima palabra acerca de ese imaginario cad谩ver en la catedral.

A pesar de una revoluci贸n tras otra en los 煤ltimos 120 a帽os, algo sorprendente ha ocurrido: se han lanzado vigorosos contraataques contra la teor铆a de la secularizaci贸n, especialmente en los 煤ltimos a帽os.

De hecho 鈥渓a teor铆a de la secularizaci贸n est谩 experimentando actualmente el reto m谩s sostenido de toda su larga historia鈥, una observaci贸n hecha no por el Vaticano, sino por dos de los m谩s importantes te贸ricos del lado opuesto.

Lo que es m谩s, est谩n en lo cierto.

Tal vez no sea muy sorprendente que gran parte del ataque reciente haya sido dirigido por intelectuales cristianos, principalmente los cat贸licos.

Juan Pablo II , Benedicto XVI (y ahora lo contin煤a el recientemente elegido papa Francisco), han considerado que la recristianizaci贸n de Europa es una prioridad urgente, y la han impulsado no s贸lo con la ret贸rica cat贸lica sino tambi茅n con el lenguaje de la filosof铆a europea moderna.

Otros cr铆ticos parecen igual de envalentonados y a la ofensiva.

Como Robert Royal observ贸 recientemente en The God That Did Not Fail, tres siglos de descr茅dito, escepticismo, cr铆tica, revoluci贸n y desprecio no s贸lo no han podido derrotar las creencias religiosas, sino que de hecho han reforzado su autodefensa.

Adem谩s de las cr铆ticas hechas por creyentes declarados, la teor铆a de la secularizaci贸n ha puesto a pensar dos veces a algunos de sus antiguos proponentes, entre los que destaca el ap贸stata intelectual Peter L. Berger.

En pocas palabras, y a pesar del status axiom谩tico que el loco de Nietzsche ha disfrutado durante tanto tiempo, hay sangre fresca en el agua alrededor de este asunto de la teor铆a de la secularizaci贸n, y los grupos que observan a ambos lados lo saben.

LO QUE NO HA SIDO EXPLICADO

Lo que la teor铆a de la secularizaci贸n asume es que las creencias religiosas son ontol贸gicamente lo primero para la gente, y que a partir de ah铆 determinan o dan forma a sus dem谩s acciones 鈥 que incluyen decisiones personales tan elementales como si se casan y tienen hijos o no.

Lo que est谩 implicado aqu铆 es una sorprendente 鈥 aunque generalmente presupuesta 鈥 concepci贸n de c贸mo un fen贸meno social impulsa a otro: los creyentes tienen una mayor tendencia a tener familia porque las creencias religiosas de alguna manera vienen primero.

Y ah铆 est谩 el verdadero defecto del argumento convencional acerca del c贸mo y el porqu茅 del colapso de la religi贸n en Europa Occidental.

Porque lo que no ha sido explicado, sino m谩s bien asumido a lo largo de esta cadena argumental, es por qu茅 la relaci贸n causal entre la fe y la pr谩ctica debe siempre correr en esa direcci贸n y no en la otra, al menos parte del tiempo.

Es como si la historia intelectual reciente hubiera alineado correctamente todas las piezas del rompecabezas 鈥 modernidad, creencia e incredulidad, tecnolog铆a, familias que se encogen y desaparecen 鈥 s贸lo para juntarlas de una manera que desde lejos se ve como un todo, pero que deja fuera un elemento cr铆tico

LA PIEZA FALTANTE ES LA FAMILIA

Existen fuertes evidencias emp铆ricas que sugieren una explicaci贸n alternativa de lo que el loco de Nietzsche realmente vio en las 鈥渢umbas鈥 (l茅ase las iglesias y catedrales) de Europa.

En resumen, no s贸lo es posible sino altamente probable que muchos cristianos de Europa Occidental no hayan simplemente dejado de tener hijos y familias porque se secularizaron.

Al menos algunas veces, como sugieren los registros, tambi茅n se secularizaron porque dejaron de tener hijos y familias.

Si esta enmienda a la explicaci贸n convencional del colapso de la fe en Europa es correcta, entonces ciertas conclusiones 鈥 algunas de ellas radicales 鈥 se derivan de ella.

驴Por qu茅 deber铆amos creer que un cambio fundamental en la formaci贸n de las familias ha sido al menos parcialmente responsable por los cambios en las creencias religiosas y no al rev茅s, como sostiene el pensamiento convencional?

Una raz贸n muy simple es que, cronol贸gicamente, el primero precedi贸 a los segundos en Europa Occidental, por lo menos parte del tiempo.

LOS LAZOS DE LA FAMILIA

El arquetipo del modelo dom茅stico de Europa Occidental, a lo largo de casi toda la cristiandad 鈥 es decir, hasta muy recientemente 鈥 se reduce a conexiones elementales basadas en lazos biol贸gicos: madre, padre, hermana, t铆o, hijo, hija y el resto.

Como el estudioso de las leyes Gerad Bradley, entre otros, ha descrito, otros tipos de hogares podr铆an 鈥渋mitar鈥 esta forma de organizaci贸n, pero no reproducirla.

Est谩 basada en la actividad sexual entre un hombre y una mujer unidos legalmente y de otras formas, que da como resultado hijos emparentados biol贸gicamente y que luego son criados por esos padres (y en un contexto de familia ampliada, tal vez por otros).

Bradley y otros te贸ricos se refieren a esta estructura como la 鈥渇amilia natural鈥 por su base biol贸gica.

Hist贸ricamente, alguna versi贸n de esta 鈥渇amilia natural鈥 ha sido casi omnipresente, desde las tribus analfabetas en la selva amaz贸nica hasta las civilizaciones de Mesopotamia y los muy ridiculizados (pero claramente dentro de la mayor铆a humana) Ozzie y Harriet.

La vitalidad de esta forma de organizaci贸n dom茅stica puede ser dif铆cil de medir con exactitud, pero algunos indicadores como el matrimonio, el divorcio y los 铆ndices de cohabitaci贸n son seguramente parte de ella, como lo es tambi茅n la fertilidad, el indicador m谩s f谩cil de medir.

Y aqu铆 es donde la secuencia de eventos en Europa Occidental empieza a ponerse interesante.

Qu茅 clase de patrones demogr谩ficos podr铆amos esperar si la causalidad inversa que se propone aqu铆 se pudiera sostener, es decir, si fuera verdad que la disminuci贸n de las familias estuviera contribuyendo al declive religioso, por lo menos parte del tiempo?

Curiosamente, hay algunos.

LA DISMINUCI脫N DE LA FERTILIDAD

Primero esperar铆amos encontrar que la disminuci贸n de la fertilidad y la formaci贸n de familias hubiera existido en Europa Occidental por alg煤n tiempo antes de la secularizaci贸n tal y como la conocemos 鈥 la p茅rdida de la fe y de h谩bitos como ir a la iglesia 鈥 se hubieran convertido en la norma social.

Y ese parece de hecho ser el caso.

Viendo s贸lo el indicador de la fertilidad 鈥 de nuevo, porque es tal vez el m谩s f谩cil de observar 鈥 lo que los dem贸grafos llaman la in茅dita y generalizada 鈥渃a铆da sostenida鈥 del 铆ndice de nacimientos que caracteriza a Europa Occidental en la actualidad comenz贸 en diferentes momentos en diferentes pa铆ses, pero mucho antes de lo que se cree en casi todos.

En Francia, por ejemplo, la ca铆da comenz贸 en los 煤ltimos a帽os del siglo dieciocho.

En Gran Breta帽a, que era entonces m谩s rica que Francia, el declive comenz贸 un siglo m谩s tarde 鈥 es decir, en una 茅poca en la que la mayor铆a de los europeos eran todav铆a cristianos practicantes de alguna manera visible.

Algunos pa铆ses no ver铆an esta disminuci贸n de la fertilidad sino hasta mucho m谩s tarde.

Irlanda, un dram谩tico ejemplo no comenz贸 a parecerse a los otros pa铆ses europeos sino hasta bien entrado el siglo veinte.

Pero por muy tarde o muy temprano que se hayan unido al declive demogr谩fico, y con o sin ocasionales destellos de baby booms, la fertilidad europea en general descendi贸 mucho antes de la dram谩tica extinci贸n de la pr谩ctica religiosa que observamos hoy.

RELACI脫N ENTRE RELIGIOSIDAD Y NATALIDAD

Si el declive de la familia estuviera realmente impulsando el declive de la fe 鈥 de nuevo, aunque fuera s贸lo parte del tiempo 鈥 uno esperar铆a encontrar una correspondencia general como la siguiente: los pa铆ses m谩s religiosos fueron aquellos en los que la tasa de nacimientos fue la m谩s alta, y los menos religiosos fueron aquellos que registraron una disminuci贸n m谩s temprana.

驴Por qu茅? Porque si esta teor铆a es correcta, la persistencia de la familia natural estaba de alguna manera manteniendo viva la religiosidad en algunos lugares, incluso cuando su disminuci贸n en otras partes estaba contribuyendo a extinguirla.

Ciertamente, una mirada m谩s cercana a dos pa铆ses en extremos opuestos del espectro demogr谩fico, Francia e Irlanda, sugiere algunas evidencias que corroboran esto.

En Francia, por ejemplo, en donde el secularismo ha sido una feroz fuerza social y pol铆tica por siglos, la gente generalmente dej贸 de tener beb茅s mucho antes que en cualquier otro pa铆s del continente.

Aunque muchos asumen que el control de la natalidad no comenz贸 a una escala significativa hasta la invenci贸n de la p铆ldora, esta opini贸n com煤n no es correcta: muchos m茅todos artificiales y naturales de anticoncepci贸n han sido conocidos y utilizados masivamente en diferentes lugares y tiempos.

Ese fue aparentemente el caso de Francia a principios del siglo diecinueve.

Para 1880, de acuerdo a la autoridad en materia demogr谩fica Jean-Claude Chesnais, el uso extendido de los m茅todos anticonceptivos hizo que el 铆ndice total de natalidad (es decir, los nacimientos por mujer en su periodo de vida) cayera a 3.25 por cada mil (la misma tasa que en los Pa铆ses Bajos a principios de los a帽os sesenta del siglo veinte).

Un historiador de la 茅poca report贸 que la disminuci贸n fue tan estrepitosa que 鈥渆l t茅rmino de 鈥榝amilia francesa鈥 fue desde entonces utilizado discretamente por los ingleses para referirse a los hogares con dos hijos鈥.

As铆, el patr贸n en Francia parece ser en general el que se habr铆a predicho invirtiendo la causalidad convencional entre la fe y la pr谩ctica: los franceses dejaron de tener beb茅s mucho antes que en cualquier otro lugar de Europa, y su religiosidad disminuy贸 tambi茅n antes que en otros lugares.

Consideremos ahora el ejemplo muy diferente de Irlanda, donde el cambio en la religiosidad lleg贸 mucho m谩s tarde que en Francia.

De hecho, ha sido mucho m谩s dram谩tico precisamente en la generaci贸n m谩s reciente.

La disminuci贸n en la asistencia semanal a misa, por ejemplo, fue una de las m谩s vertiginosas en Europa, seg煤n se ha reportado, del 91% de los cat贸licos irlandeses en 1973 a 34% en el 2005.

La cultura irlandesa, seg煤n afirman quienes visitan Irlanda y los mismos irlandeses, ha cambiado m谩s en la 煤ltima generaci贸n que en los cientos de a帽os que la precedieron.

La influencia del secularismo ha golpeado a Irlanda con gran velocidad e intensidad鈥.

Consideremos como evidencia secundaria este dato fascinante: las diferencias en los 铆ndices de fertilidad dentro de los mismos Estados Unidos tambi茅n se alinean de manera general con las diferencias en la religiosidad.

En los estados del noroeste, el patr贸n se parece mucho al de Europa Occidental, mientras que en el sur y en los estados de la frontera el 铆ndice de fertilidad es correspondientemente m谩s alto, y tambi茅n entre la poblaci贸n m谩s rica y educada de la iglesia de los Santos de los 脷ltimos D铆as.

LA ANTICONCEPCI脫N

En este punto, el lector puede estar tentado a decir que eso es lo que uno esperar铆a; despu茅s de todo, la gente religiosa tiende a tener familias m谩s grandes.

Por supuesto, es indudablemente cierto que algunas personas buscan tener m谩s hijos porque se sienten religiosamente 鈥渓lamados鈥 a hacerlo.

Pero como una explicaci贸n general de lo que ocurre en la relaci贸n entre estos dos factores, el axioma de que la religi贸n est谩 dictando el tama帽o de la familia est谩 plagado de problemas l贸gicos.

Se asume com煤nmente, por ejemplo, que los cat贸licos m谩s religiosos tienen familias m谩s grandes por la prohibici贸n del uso de los anticonceptivos. Eso puede ser cierto, de nuevo, algunas veces.

Nuestro argumento aqu铆, hay que recordarlo, no es que la teor铆a de la secularizaci贸n se equivoca en todo.

Pero si la prohibici贸n de los anticonceptivos es interpretada como la 煤nica raz贸n por la que la gente religiosa tiene familias m谩s grandes, entonces no nos podemos explicar el hecho de que los cristianos evang茅licos, que no tienen las mismas prohibiciones teol贸gicas en cuanto al control de la natalidad, tengan una tasa de fertilidad m谩s alta que otros grupos.

Los jud铆os ortodoxos de los Estados Unidos tienen muchos m谩s hijos que los jud铆os seculares, aunque el juda铆smo ortodoxo permite tambi茅n la utilizaci贸n de medidas de control de la natalidad dentro del matrimonio para ciertos prop贸sitos, y no proscribe totalmente el aborto.

Los mormones tienen tambi茅n una tasa muy alta de formaci贸n de familias naturales, aunque el aborto tampoco est谩 totalmente prohibido y a las parejas se les permite el uso de anticonceptivos artificiales si despu茅s de orar determinan que es lo mejor para ellos, lo que constituye una gran v铆a de escape.

M谩s a煤n, incluso a los cat贸licos no se les ordena que tengan todos los hijos que puedan, sino que razonen y sopesen sus responsabilidades en cuanto al tama帽o de su familia.

As铆, la idea de que tener familias numerosas es simplemente algo que las familias creyentes 鈥渉acen鈥 nos obliga a plantearnos la pregunta acerca de la relaci贸n entre estas dos cosas, especialmente porque, fuera de la iglesia cat贸lica, no existe ya ninguna restricci贸n significativa contra el control artificial de la natalidad en ninguna otra secta cristiana.

En suma, la explicaci贸n superficial de que las personas tienen familia s贸lo porque son religiosas es problem谩tica porque no explica por qu茅 aquellos que tienen 鈥渃arta blanca鈥 teol贸gica en cuanto a la utilizaci贸n del aborto y los anticonceptivos contin煤an sin embargo teniendo familias m谩s grandes.

As铆 que 茅sta es una evidencia m谩s de que las cosas funcionan al rev茅s (por lo menos algunas veces), es decir, no s贸lo que la gente religiosa se inclina por la familia, sino tambi茅n que la familia tiene algo que inclina a la gente hacia la religiosidad.

La cronolog铆a del secularismo en Europa Occidental, en la que el encogimiento sin precedentes de la familia apareci贸 a veces antes y a veces junto con una disminuci贸n sin precedentes de la fe, sugiere por lo menos eso.

OTRA TEOR脥A ES REQUERIDA

Parece que se requiere alguna explicaci贸n alternativa, y una teor铆a que argumenta que la religiosidad es motivada en parte por la formaci贸n de una familia, al menos para algunas personas, puede ser esa explicaci贸n.

驴Por qu茅 es importante saber si la decadencia de la familia natural ha sido un factor no apreciado en la decadencia de la religi贸n misma?

Porque si el argumento de este ensayo es correcto 鈥 es decir, si la gente llega a la pr谩ctica religiosa casi todo el tiempo, o incluso s贸lo algunas veces, por su experiencia de la familia, y no al rev茅s 鈥 entonces el veredicto acerca del destino de la religiosidad en el avanzado Occidente parece ser muy diferente del que ha sido escrito por el gui贸n convencional de la secularizaci贸n.

No hay nada fijo o inevitable en los bajos 铆ndices actuales de nacimientos o (teniendo en cuenta que la fertilidad es s贸lo una de varias medidas de la vitalidad de la familia) los bajos 铆ndices de matrimonios, o incluso las ideas acerca de qu茅 tan deseable es la familia natural misma, en Europa o en cualquier otro lugar.Todas estas medidas de la vitalidad de la familia han fluctuado a lo largo de la historia, algunas veces de manera radical.

Tanto el bajo 铆ndice de nacimientos como la disminuci贸n de los matrimonios entre los patricios romanos, por ejemplo, fueron preocupaci贸n suficiente en el per铆odo de Augusto para se impusieran las leyes Julianas que favorec铆an a la familia (y que dicho sea de paso fueron declaradas un fracaso total por T谩cito cien a帽os despu茅s).

Durante los a帽os de la depresi贸n en los Estados Unidos, para tomar un ejemplo muy diferente de esta fluctuaci贸n, la tasa de nacimientos era de aproximadamente dos hijos por mujer; y en un abrir y cerrar de ojos m谩s tarde, en los a帽os del baby boom, era de cuatro. M谩s a煤n, incluso las naciones de Europa Occidental 鈥 donde se encuentran ahora algunos de los 铆ndices de natalidad m谩s bajos del planeta 鈥 experimentaron un baby boom tan reciente que todav铆a est谩 en la memoria de sus pobladores de edad madura hoy en d铆a.

De igual manera, uno puede imaginar las decisiones personales que afectan los cambios en la informaci贸n social y demogr谩fica en cualquier cantidad de escenarios. Un catalizador potencial es el econ贸mico.

Todos los pa铆ses avanzados de Occidente enfrentan crisis fiscales y pol铆ticas en sus sistemas de seguridad social.

Su falla o colapso, en alguna parte, parece inevitable y con consecuencias posiblemente catastr贸ficas.

Si y cuando esto pase 鈥 si ya no se puede contar con que la contribuci贸n del Estado para mantener a los ancianos 鈥 los y las j贸venes posiblemente tendr谩n que tomar decisiones radicalmente diferentes sobre de qui茅n preferir铆an depender en su tercera edad, incluyendo la soluci贸n tradicional de tener m谩s hijos.

De hecho, las bases intelectuales de tal transformaci贸n parecer铆an haber sido colocadas ya en la m谩s reciente contraliteratura de pensadores que han examinado la 鈥渂omba鈥 de la poblaci贸n y han encontrado que es un petardo defectuoso.

Hay otra raz贸n menos tangible pero igualmente real de por qu茅 es posible imaginar un giro tanto en los 铆ndices de matrimonios como en el tama帽o de las familias.

LAS CONSECUENCIAS DE TASAS DE FERTILIDAD BAJA

El mundo no ha experimentado estos 铆ndices hist贸ricamente bajos de la familia 鈥 ni los problemas que acarrean 鈥 durante mucho.

El ejemplo de las madres solteras, aunque festejado por las feministas de la generaci贸n anterior en nombre de la 鈥渓iberaci贸n鈥, es visto ahora como lo que es, una tarea inhumanamente dif铆cil para cualquier mujer, por no mencionar a las m谩s pobres y vulnerables, entre quienes se ha vuelto algo com煤n.

De la misma manera 鈥 aunque tenga una carga pol铆tica afirmarlo en una 茅poca en la que se defienden los matrimonios gay, los matrimonios polig谩micos, los vientres en alquiler y otras nuevas formas de organizaci贸n familiar 鈥 una generaci贸n de cient铆ficos sociales ha establecido que a los hijos les va mejor cuando crecen con sus padres biol贸gicos unidos en matrimonio y en casa, y que los hijos que no disfrutan esas ventajas est谩n en mayor riesgo de tener una gran cantidad de problemas.

Es interesante que tanto el 铆ndice de matrimonios como el de tener hijos parecen tener actualmente un peque帽o incremento entre las mujeres relativamente educadas y con una buena situaci贸n econ贸mica de los Estados Unidos, por razones que han puesto a pelear a los soci贸logos.

Tal vez el aprendizaje del pasado reciente, en particular de los problemas que han surgido de otros tipos de estructuras familiares, sea una de las razones de ese cambio.Y la gente s铆 aprende de esa manera, despu茅s de todo.

Consid茅rese el ejemplo del tabaco, y cuantas d茅cadas llev贸 cambiar el consenso global de un fomento benevolente a una reprobaci贸n total.

Ese ejemplo es una confirmaci贸n poderosa del hecho de que las normas sociales cambian de maneras inesperadas.

Cualquier cantidad de cosas puede afectar la decisi贸n de cualquier individuo sobre si se casa o no, o la de cualquier pareja sobre si ser铆a deseable tener otro hijo o dos, desde consideraciones sublimes como qu茅 es lo que har铆a m谩s feliz a la familia extendida hasta factores prosaicos como cu谩ntos ni帽os pueden llevar en un auto sin ser infraccionados.

Y por supuesto, una de las consideraciones m谩s importantes de los padres de familia, el acceso a la educaci贸n, es tambi茅n susceptible a los cambios pol铆ticos.

En los Estados Unidos, donde casi todas las escuelas p煤blicas urbanas son consideradas deficientes y poco deseables, los padres de familia que viven en esas zonas frecuentemente deciden cu谩ntos hijos tener pensando en cu谩nto les costar谩 mandarlos a estudiar a escuelas en otros lugares.

Cualquier cantidad de factores 鈥 la restauraci贸n de la educaci贸n p煤blica, deducciones significativas de impuestos por colegiaturas, mejoras a las redes de la educaci贸n en casa 鈥 podr铆a afectar esos c谩lculos en otra direcci贸n.

Por esas razones, entre otras, parece posible imaginar un cambio sustancial en la manera en la que algunos contemplar谩n en el futuro la formaci贸n de una familia, conforme las consecuencias de algunas tendencias actuales 鈥 es decir, sus consecuencias negativas 鈥 se sigan experimentando.

Ese cambio tambi茅n encajar铆a con los hechos demogr谩ficos de la vida en los Estados Unidos y el r谩pido envejecimiento del resto de Occidente.

Una cosa es ser una persona saludable de 40 a帽os sin hijos, digamos que libre para disfrutar todos los viajes, la vida nocturna, el entretenimiento y todo lo dem谩s que est谩 fuera del alcance de la mayor铆a de las personas de 40 a帽os que s铆 tienen hijos, y otra cosa es ser una persona enferma de 80 a帽os en una casa para ancianos, tal vez con hijos en edad madura que viven en otra ciudad, enfrentando el dolor, la mortalidad, y las preguntas m谩s dif铆ciles de la vida en medio de extra帽os enfundados en batas de hospital.

El paso de la edad madura a la vejez de la generaci贸n del baby boom parece garantizar por s铆 solo que este tema se mantendr谩 en primer plano en las pr贸ximas d茅cadas.

Por la misma raz贸n, es dif铆cil entender lo que est谩 ocurriendo en las trincheras del encogimiento de la familia sin sentir que algo muy valioso se ha perdido, ya sea en el caso de las decenas de miles de residentes en asilos de ancianos que murieron en la ola de calor en Francia hace unos a帽os o en otras historias del frente de los experimentos de vida con pocos parientes en todo el mundo.

En Jap贸n, que est谩 en la mism铆sima vanguardia demogr谩fica de la familia reducida, el patetismo aparece de la mano de la prosperidad general: la 鈥渞enta 鈥渄e personas que no pertenecen a la familia para ceremonias, los relatos de pueblos vac铆os en los que s贸lo quedan los ancianos, la popularidad de las mu帽ecas parlantes abrazadas por ancianas que aseguran encontrar en ellas la compa帽铆a que generaciones anteriores recib铆an de sus nietos.

La gente del futuro quiz谩 aprecie mejor que muchos de nosotros ahora esa peculiar felicidad humana no s贸lo por los hijos que uno tiene, sino tambi茅n por los que ellos tienen.

EL FACTOR DE LA FAMILIA Y LA NATALIDAD AFECTA MUCHO A LA RELIGIOSIDAD

Hay muchas razones para ser pesimista respecto a lo que el futuro le depara a la fe religiosa, si por 鈥減esimismo鈥 nos referimos a un declive a煤n mayor.

El divorcio y los hijos ileg铆timos (por no mencionar los vientres en alquiler, la poligamia, la poliandria, la paternidad m煤ltiple, y los experimentos pol铆ticos que tienen que ver con los hijos que desaf铆an la evidencia emp铆rica sobre lo que es mejor para ellos) junto con otras fuerzas m谩s est谩n golpeando a la familia natural.

Entre m谩s experimentemos con ella y m谩s la redefinamos para ajustarla a nuestros deseos materiales, nuestras agendas pol铆ticas y nuestras ajetreadas vidas, m谩s parecer谩 que nos arriesgamos a perder aquello que hace que la gente se incline hacia la religi贸n en primer lugar. Sin embargo, en la antropolog铆a religiosa propuesta aqu铆 鈥 y contraria a la de la teor铆a de la secularizaci贸n 鈥 no hay nada de inevitable en el declive de la familia natural, y por ende en el de la religi贸n.

Por supuesto, todo lo anterior debe entenderse s贸lo como una generalizaci贸n acerca de grupos, no una descripci贸n que se ajuste a un individuo en particular.

Es una descripci贸n de la manera en la que mucha gente en muchos lugares podr铆a posiblemente inclinarse hacia la religi贸n o ser indiferente a ella. De ah铆 que haya que hacer algunas especificaciones obvias pero necesarias: por supuesto, el simple hecho de tener familias e hijos no garantiza en absoluto la fe religiosa, y muchos hogares repletos han resultado ser el escenario de todos los vicios y pecados conocidos.

Tambi茅n por supuesto, como lo muestra la historia del clero y de la vida mon谩stica, muchas personas solteras y sin hijos parecen o铆r la voz de Dios sin que intervenga ning煤n nexo familiar propio, y por otro lado hay ateos felices con familias de m谩s de un hijo o dos.

Esta diferencia de opini贸n con Nietzsche no es un intento de explicar todos los casos, o alg煤n caso individual.

Es m谩s bien un esfuerzo por preguntar qu茅 es lo que hace a mucha gente religiosa o no en muchos de los casos.

En suma, podemos dejar abierta la posibilidad de que para algunas personas como Nietzsche, un fil贸sofo sin hijos, la religiosidad desaparece tal como 茅l lo describi贸: en un proceso de arriba hacia abajo, bajo los martillazos de un alma torturada sentada en un estudio y dejado ah铆 para que sus herederos intelectuales lo diseminaran.

Pero parece seguro afirmar que para muchas otras personas esta antropolog铆a religiosa no describe por qu茅 las cosas son como son, y la historia reciente de Europa Occidental, en la que el declive de la fertilidad y de la vida familiar precedi贸 o acompa帽贸 a la disminuci贸n de la pr谩ctica religiosa, corrobora este punto.

En conclusi贸n, y tomando en cuenta lo que sabemos ahora sobre la situaci贸n religiosa y familiar en Europa Occidental 125 a帽os m谩s tarde, Nietzsche ten铆a raz贸n al declarar que las grandes catedrales cristianas se hab铆an vuelto tumbas.

Pero puede haber estado equivocado acerca de qu茅 fue exactamente lo que se enterr贸 en ellas.

No fue precisamente Dios sino m谩s bien la familia natural europea lo que se puso a descansar all铆, un entierro que desde hac铆a tiempo estaba en proceso en algunos pa铆ses, mucho antes de que su loco entrara en la plaza, y que seguramente es un momento cr铆tico que fue pasado por alto en la historia de c贸mo la Europa cristiana se volvi贸 secular.

Fuentes: Mary Eberstadt en Tedium Vitae

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