‚ÄćY lo tom√≥ como una confirmaci√≥n del cielo a su plan de emitir el Dogma de la Asunci√≥n.
pio xii y milagro del sol
Tambi√©n la Sant√≠sima Virgen ha confirmado su Asunci√≥n (en cuerpo y alma) a los cielos a varios m√≠sticos y videntes, como Sor Mar√≠a de Jes√ļs de Agreda, Santa Br√≠gida, Ana Catalina Emmerich, Amparo Cueva, los videntes de Medjugorje, etc.

EL DOGMA DE LA ASUNCI√ďN Y HECHOS SOBRENATURALES

El dogma de la Asunci√≥n de la Bienaventurada Virgen Mar√≠a fue declarado por el Papa P√≠o XII el 1¬ļ de noviembre de 1950.
Y afirma que ‚Äúla Inmaculada Madre de Dios, Mar√≠a siempre Virgen, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria de los cielos.‚ÄĚ

En esta declaración no se toma posición en cuanto a la cuestión de si María realmente murió.Sin embargo, en uno de sus primeros mensajes dados en Medjugorje, la Virgen le dio esta respuesta a uno de los videntes cuando se le preguntó si ella se fue al cielo antes o después de la muerte:

‚ÄúYo soy la Madre de Dios y la Reina de la Paz. Fui al cielo antes de la muerte‚ÄĚ, 12 de octubre 1981.

Y el 15 de agosto de 1986 le dio a Amparo Cuevas, la vidente de El Escorial, una visión de su Asunción.

‚Äć

milagro del sol en fatima 13 de cotubre 1917
Milagro del sol en F√°tima, el 13 de octubre de 1917

Pero en general se sabe poco de las experiencias sobrenaturales de los Papas, pero seguramente las han tenido.

Una de las más mencionadas es la que tuvo Papa Leon XIII cuando vio demonios atacando el Vaticano, que le condujo a escribir la oración a San Miguel Arcángel (San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla…).

‚ÄćOtra fue la que tuvo Juan Pablo II que se le hizo claro que F√°tima le hab√≠a salvado la vida en el atentado de Al√≠ Agca.

Pero menos conocidas son las experiencias de la ‚Äúdanza del sol‚ÄĚ que tuvo P√≠o XII en fechas cercanas a la promulgaci√≥n del dogma de la Asunci√≥n de Mar√≠a, que lo tom√≥ como un aviso de aprobaci√≥n divina. ¬† ¬†

P√ćO XII Y LA VIRGEN

El Papa Pío XII fue un hijo de la Virgen; siempre hubo una estrecha relación entre la vida de Eugenio Pacelli y el misterio de la Virgen María.
pio xii en su despacho

Desde la infancia, Eugenio Pacelli se dedic√≥ a la Virgen y fue registrado en la Congregaci√≥n de la Asunci√≥n, que ten√≠a una capilla cerca de la iglesia de Jes√ļs.

‚ÄćUna devoci√≥n que parec√≠a prof√©tica, ya que ser√≠a precisamente √©l que declarar√≠a el dogma de la Asunci√≥n en 1950.

El futuro Papa celebr√≥ su primera misa el 3 de abril de 1899, en el altar del icono de Mar√≠a ‚ÄúSALUS¬†POPULI¬†ROMANI‚ÄĚ en la bas√≠lica de Santa Mar√≠a la Mayor.

Y luego Eugenio Pacelli recibió la ordenación episcopal del Papa Benedicto XV en la Capilla Sixtina el 13 de mayo de 1917, el día de la primera aparición de la Virgen de Fátima.

Como Papa, en 1940, Pío XII aprobó las apariciones de Fátima.
Y en 1942, consagró el mundo entero al Corazón Inmaculado de María.

Fue el primer intento de consagrar a Rusia como lo pidi√≥ Nuestra Se√Īora, y acaeci√≥ el 31 de octubre de 1942 Sor Lucia le hab√≠a escrito en 1940 pidiendo la consagraci√≥n.

Ella le dijo que Nuestro Se√Īor mismo ped√≠a al Papa

‚Äúconsagrar el mundo al Inmaculado Coraz√≥n de Mar√≠a, con una menci√≥n especial para Rusia, y ordenar que todos los Obispos del mundo hagan lo mismo en uni√≥n con Su Santidad‚ÄĚ.

El Santo Padre hizo la Consagración al Inmaculado Corazón de María, pero no se hizo en unión con todos los obispos del mundo.

Consagr√≥ a todos los pueblos, y aunque no us√≥ la palabra espec√≠fica ‚ÄúRusia‚ÄĚ, sus palabras y descripciones inconfundiblemente refer√≠an a ese pa√≠s.

La Hermana Lucia luego dir√≠a que Nuestro Se√Īor mostr√≥ su ‚Äúdeleite‚ÄĚ.
Y aunque la consagración fue incompleta, prometió un fin pronto a la guerra.

De hecho, muy rápidamente después de la consagración, la marea de las batallas de la Segunda Guerra Mundial comenzó a girar a favor de los Aliados.

El 7 de julio de 1952 Pío XII volvió a consagrar explícitamente al pueblo ruso al Corazón Inmaculado de María en su Carta Apostólica Carissimis Russiae Populis (Sobre el Corazón Inmaculado y el Pueblo de Rusia).

Esta vez tampoco se hizo en unión con todos los obispos del mundo.

‚ÄćA su vez, P√≠o XII habl√≥ a menudo con Sor Luc√≠a, la vidente de F√°tima, y √©l le pidi√≥ que transcribiera los mensajes que recibi√≥ de la Virgen.

As√≠ se convirti√≥ en el primer Papa que conoci√≥ el ‚Äútercer secreto de F√°tima‚ÄĚ, que el Papa Juan Pablo II m√°s adelante hiciera p√ļblico aunque los fatimistas consideran que a√ļn hay una parte anexa que el vaticano ‚Äėno dio a conocer.

pio xii en procesion

C√ďMO VIO LA DANZA DEL SOL CUATRO VECES

En 2008 un documento in√©dito sali√≥ a la luz que revel√≥ que el Papa P√≠o XII hab√≠a sido testigo del ‚Äúmilagro del sol‚ÄĚ en cuatro ocasiones.

Y consideró esta experiencia como una confirmación de su plan para declarar el dogma de la Asunción.

El milagro del sol es más conocido por el episodio que ocurrió en Fátima, Portugal, el 13 de octubre de 1917.

‚ÄćSeg√ļn los videntes de F√°tima, Mar√≠a hab√≠a dicho que har√≠a un milagro ese d√≠a para que la gente llegara a creer.

Miles se hab√≠an reunido en el lugar de las apariciones, y el sol ‚Äúbail√≥‚ÄĚ.
Seg√ļn informes se sec√≥ instant√°neamente la tierra empapada por la lluvia y la ropa de los espectadores.

Del archivo privado de Pacelli, conservado por la familia del Papa, emergió un documento excepcional y sin precedentes de la visión de la danza del sol por Pío XII.

‚ÄćEs una nota a mano de P√≠o XII, escrita en l√°piz en la parte posterior de una hoja en el √ļltimo per√≠odo de su vida.

‚ÄćQue fue expuesta en el 2008 en la exposici√≥n del Vaticano dedicada al cincuentenario de la muerte del Papa Pacelli.

‚ÄćEl registro de P√≠o XII es seco, casi notarial, sin caer en el sensacionalismo.

En √©l se describe el ‚Äúmilagro del sol‚ÄĚ que hasta hoy hab√≠a sido confirmado s√≥lo por el testimonio indirecto del cardenal Federico Tedeschini (1873-1959), quien relat√≥ en una homil√≠a que el Santo Padre hab√≠a visto el milagro.

Seg√ļn su propio testimonio, el Papa vio el ‚Äúmilagro del sol‚ÄĚ en cuatro ocasiones y seg√ļn P√≠o XII mismo escribi√≥: ‚ÄúHe visto el ‚Äėmilagro del sol‚Äô, esto es la pura verdad‚ÄĚ.
pio xii hablando en radio

RELATO DE LO QUE VIO P√ćO XII

La nota de P√≠o XII dice que vio el milagro en el a√Īo en que iba a proclamar el dogma de la Asunci√≥n, 1950, mientras caminaba por los jardines del Vaticano.

Dijo que vio el fenómeno varias veces, considerando esto como la confirmación de su plan para declarar el dogma.

La nota del Papa dice que a las 16:00 horas del 30 de octubre de 1950, durante su ‚Äúpaseo habitual en los jardines vaticanos, leyendo y estudiando‚ÄĚ, habiendo llegado a la estatua de Nuestra Se√Īora de Lourdes, ‚Äúhacia la parte superior de la colina [‚Ķ] yo qued√© asombrado por un fen√≥meno que hasta ahora nunca hab√≠a visto‚ÄĚ.

‚ÄúEl sol, que todav√≠a estaba muy alto, luc√≠a p√°lido, la esfera estaba opaca, totalmente rodeada por un c√≠rculo luminoso‚ÄĚ, relat√≥.
Y uno podía mirar al sol “sin la menor molestia.
Hab√≠a una nube de muy poca luz en frente de √©l‚ÄĚ.
La nota del Santo Padre describe que “la esfera opaca se movió un poco hacia afuera, ya sea girando o moviéndose de izquierda a derecha y viceversa.
Pero dentro de la esfera, se pod√≠an ver los movimientos marcados con total claridad y sin interrupci√≥n‚ÄĚ.
Pío XII dijo que vio el mismo fenómeno “el 31 de octubre y 1 de noviembre, el día de la definición del dogma de la Asunción.
Luego otra vez el 8 de noviembre, y despu√©s de eso, nunca m√°s‚ÄĚ.

El Papa reconoci√≥ que en otros d√≠as aproximadamente a la misma hora, trat√≥ de ver si el fen√≥meno se repet√≠a, ‚Äúpero fue en vano ‚Äď no pod√≠a fijar mi mirada en el Sol ni por un instante; mis ojos se deslumbraban‚ÄĚ.

‚ÄćP√≠o XII habl√≥ sobre el incidente con algunos cardenales y colaboradores cercanos, de modo que sor Pascalina Lehnert, la monja encargada de los apartamentos papales, declar√≥ que:

‚ÄúP√≠o XII estaba muy convencido de la realidad del extraordinario fen√≥meno, que hab√≠a visto en cuatro ocasiones‚ÄĚ.

Los fenómenos solares son testimoniados repetidas veces por los peregrinos de Medjugorje y de otros lugares de aparición de la Virgen.

PLEGARIA DE P√ćO XII A MAR√ćA REINA

No en vano, luego de las demostraciones que P√≠o XII tuvo del cielo, su devoci√≥n a Nuestra Se√Īora se debe haber profundizado.

Fruto de ello es la oración de 1954 en ocasión de la fiesta de María Reina, el 22 de agosto.

“Desde lo hondo de esta tierra de lágrimas, en que la humanidad dolorida se arrastra trabajosamente; en medio de las olas de este nuestro mar perennemente agitado por los vientos de las pasiones.

Elevamos los ojos a vos, Oh Mar√≠a amad√≠sima, para reanimarnos contemplando vuestra gloria y para saludaros como Reina y Se√Īora de los cielos y de la tierra, como reina y Se√Īora nuestra.

Con legítimo orgullo de hijos queremos exaltar esta vuestra realeza y reconocerla como debida por la excelencia suma de todo vuestro ser, dulcísima y verdadera Madre de Aquel, que es Rey por derecho propio, por herencia y por conquista.

Reinad, Madre y Se√Īora, se√Īal√°ndonos el camino de la santidad, dirigi√©ndonos, a fin de que nunca nos apartemos de √©l.

Lo mismo que ejerc√©is en lo alto del Cielo vuestra primac√≠a sobre las milicias ang√©licas, que os aclaman como soberana suya, sobre las legiones de los Santos, que se deleitan con la contemplaci√≥n de vuestra f√ļlgida belleza.

Así también reinad sobre todo el género humano, particularmente abriendo las sendas de la fe a cuantos todavía no conocen a vuestro hijo divino.

Reinad sobre la Iglesia, que profesa y celebra vuestro suave dominio y acude a vos como a remedio seguro en medio de las adversidades de nuestros tiempos.

Mas reinad especialmente sobre aquella parte de la Iglesia que est√° perseguida y oprimida, d√°ndole fortaleza para soportar las contrariedades, constancia para no ceder a injustas presiones.

Luz para no caer en las asechanzas del enemigo.

Firmeza para resistir a los ataques manifiestos y en todo momento fidelidad inquebrantable a vuestro Reino.

Reinad sobre las inteligencias, a fin de que busquen solamente la verdad.

Sobre las voluntades, a fin de que persigan solamente el bien.

Sobre los corazones a fin de que amen √ļnicamente lo que vos misma am√°is.

Reinad sobre los individuos y sobre las familias, al igual que sobre las sociedades y naciones.

Sobre las asambleas de los poderosos, sobre los consejos de los sabios, lo mismo que sobre las sencillas aspiraciones de los humildes.

Reinad en las calles y en las plazas, en las ciudades y en las aldeas, en los valles y en las monta√Īas, en el aire, en la tierra y en el mar.

Y acoged la piados plegaria de cuantos saben que vuestro reino es reino de misericordia, donde toda s√ļplica encuentra acogida, todo dolor consuelo, toda desgracia alivio, toda enfermedad salud.

Y donde, como a una simple se√Īal de vuestras suav√≠simas manos, de la muerte misma brota alegre vida‚ÄĚ.

Fuentes:

‚Äć

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