Cuando en una parroquia sucede una aparición mariana es profundamente traumático.
Y la primera reacción es negar su autenticidad y hasta ridiculizarla.
Piensa nom√°s en apariciones importantes como Lourdes o Guadalupe, todas se iniciaron con una resistencia de los curas.
Y ni que decir de las que vinieron luego del Concilio Vaticano II.
¬ŅPor qu√© es esto?
¬ŅExceso de celo por separar la paja del trigo?
¬ŅTemor de que alguien les diga que son demasiado cr√©dulos?
¬ŅCulpa reprimida por depositar toda la confianza en una religi√≥n con una base enteramente sobrenatural?
¬ŅExceso de cientificismo?
¬ŅO la herej√≠a del minimismo mariano?

En este artículo tomamos los argumentos del Padre René Laurentín, el mayor mariólogo de la historia, para explicar este fenómeno.

Y lo hacemos como un homenaje a su trabajo y a los frutos que dio para la iglesia.

QUIEN FUE EL PADRE REN√Č LAURENT√ćN

El Padre Ren√© Laurent√≠n, franc√©s, muri√≥ a los 99 a√Īos.

El mayor mariólogo de todos los tiempos.

‚ÄćVivi√≥ durante los 100 a√Īos de F√°tima, una extra√Īa coincidencia de un mariano 100 por ciento.

Sin embargo no estudió a fondo estas apariciones a pesar que fue llamado a hacerlo por la Iglesia portuguesa.

Pero él dijo que no porque había demasiadas pasiones políticas que, en su opinión, habrían obstaculizado su trabajo.

Pero fue el gran investigador de las apariciones de Lourdes, cuyos estudios pioneros sentaron la metodología para las investigaciones posteriores de todas las apariciones.

Y también fue el primero en aplicar la tecnología médica para investigar las apariciones de Medjugorje, de las que decía

“Estoy absolutamente seguro de que son verdad.

Mar√≠a no puede enga√Īar a sus hijos que se pelan las rodillas en el Monte Kizevac‚ÄĚ.

Además ha sido partidario de las apariciones de Salta, llegando incluso a destrabar el diferendo entre el Obispo de Salta y los Servidores que apoyan las apariciones a María Livia, en uno de sus varios viajes a Argentina.

‚ÄćFue consultor destacado del Concilio vaticano II.

‚ÄćNo hay que olvidar que el cap√≠tulo final del documento conciliar Lumen Gentium fue pr√°cticamente escrito por √©l.

Pero a pesar de ello, nunca se alineó con el espíritu del Concilio que sobrevoló después en la Iglesia.

Sino que denunci√≥ que los primeros diez a√Īos despu√©s de del Concilio la mariolog√≠a sufri√≥ un eclipse.

Que √©l sabiamente llam√≥ ‚Äúel invierno mariano‚ÄĚ y cuyos argumentos veremos en este art√≠culo.

‚ÄćLleg√≥ a decir que si las apariciones de Lourdes hubieran sucedido hoy d√≠a, la Iglesia no las aprobar√≠a.

‚ÄćDemostr√≥ con documentos en mano que la devoci√≥n mariana se basa, no es un tipo de variaci√≥n inaceptable de la genuina devoci√≥n cristiana, sino en un plan establecido desde el inicio por Dios para guiarnos en la conversi√≥n.

Y dijo finalmente que el ‚Äúinvierno mariano‚ÄĚ fue disuelto por el pueblo, por el hecho de su devoci√≥n a las m√ļltiples apariciones que luego envi√≥ el Cielo.
aparicion de fatima

EL ‚ÄėCLAVO CALIENTE‚Äô DE LAS APARICIONES MARIANAS PARA LA IGLESIA

Rene Laurentín dice que las apariciones parecen ser un tema clave en el cristianismo, al punto que la Biblia se estructura sobre las apariciones mismas.
Dios habla y se aparece al patriarca Abraham, a Moisés y a los profetas.
A Jesucristo, a los apóstoles Pedro y Pablo y a otros cristianos en los Hechos de los Apóstoles.
En definitiva, de un extremo al otro de las Escrituras.
Las apariciones de Cristo resucitado son la culminación y el cumplimiento del Evangelio.
Y, como ense√Īa el ap√≥stol Pablo (1 Cor 15), son el fundamento de la fe.
Las apariciones de la Virgen son el origen de muchos santuarios y peregrinaciones importantes (Guadalupe, Aparecida, La Salette, Lourdes, F√°tima).
Y ocupan por diversas razones, una posición importante en la actualidad.

La literatura sobre las apariciones se ha incrementado en una escala sin precedentes, a partir del debate de los a√Īos 80.

Todo esto parece que les reserva un lugar de honor.

‚ÄćPero a√ļn permanecen en la Iglesia cat√≥lica como un signo de contradicci√≥n (Lc 2,35).

‚ÄúCuando el ni√Īo aparece, el c√≠rculo de la familia aplaude con alegr√≠a‚ÄĚ, escribi√≥ V√≠ctor Hugo.

Cuando la Virgen se aparece, el círculo de la familia (la Iglesia) no aplaude, sino que se ve perturbado e inquieto.

LAS APARICIONES SON PELIGROSAS Y DESCONFIABLES

En Lourdes, diez días después de la primera aparición, 21 de febrero de 1858, la policía de la aldea coge a Bernadette Soubirous de la capa y la arrastra para presentarla al comisario de policía Jacomet para tempestuosos interrogatorios, y más tarde los del fiscal imperial Dutour y el juez Ribes.

‚ÄćEl estado se moviliz√≥ para reprimir, del prefecto al ministro del emperador Napole√≥n III, que estaba de vacaciones en los Pirineos y que se populariz√≥ por poner fin a las barreras, los procesos y querellas administrativas que se hab√≠an multiplicado durante el verano de 1858.

‚ÄćEn Pontmain (1871) el General de Charrette amenaz√≥ a los ni√Īos con su sable.

En Fátima, a los jóvenes videntes se le ordenó que se retractaran, y fueron encarcelados después para prevenir la aparición de 13 de agosto de 1917.

Y así sucesivamente, en una serie abundante de hechos.

‚ÄćEn Lourdes, el 2 de marzo de 1858, durante su primera visita a la rector√≠a, Bernadette fue rechazada con uno de esos tonos de c√≥lera que inflamaban al p√°rroco Peyramale, a pesar de que era un hombre de coraz√≥n, sobre todo atento a los pobres.

‚ÄćLos videntes Pontmain fueron amenazados por el obispo de condenaci√≥n eterna.

Las apariciones, por lo tanto, son el argumento teológico menos científicamente estudiado, el más oculto y controversial.
Hay buenas y serias razones por las cuales las apariciones desorientan y son combatidas.
Cuando una aparici√≥n re√ļne a las masas, como en F√°tima, Lourdes, la administraci√≥n civil se moviliza, es normal.
El hecho es que una reuni√≥n masiva y apasionada al parecer perturbe el orden p√ļblico.

El ‚Äúprincipio de precauci√≥n‚ÄĚ, le invita a ponerles fin, aunque se puede incluso convertirlo a nuestro favor y canalizarlo.

‚ÄćEl Estado responde como la naturaleza, de acuerdo con la aguda observaci√≥n de Jacques Monod, premio Nobel de biolog√≠a, en su famoso libro ‚ÄúEl azar y la necesidad‚ÄĚ.

Cuando un caso (una mutación biológica) hace su aparición en un género, intervienen los mecanismos de rechazo para reducir la necesidad, eliminándolo o asimilándolo al orden repetitivo establecido de generación en generación.

Este principio universal también se lleva a cabo en la gestión administrativa y social.

‚ÄćY las soluciones son similares: la eliminaci√≥n o integraci√≥n.

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Por lo tanto, Guadalupe, Lourdes y Fátima se han convertido, después de la marginación inicial y la represión, en instituciones nacionales, tanto en términos de religión como seculares.

Cada vidente de las apariciones que se comunica con el m√°s all√°, es inaccesible para los ordinarios medios sensoriales.

‚ÄćSon por lo tanto, para la investigaci√≥n universitaria, desconocidos.

Y todavía, si se centra en ellas, para reportarlo y encuadrarlo en su nivel, de acuerdo con el método científico, la sociología o en la medicina no tienen en cuenta las supuestas causas sobrenaturales: el Buen Dios o el diablo.

‚ÄćAlgunos las definen c√≥mo historias de las cuales es necesario establecer la g√©nesis interna y espec√≠fica, sobre el plano literario o semi√≥tico: estudio de una tradici√≥n folkl√≥rica o de una estructura en que se examinan las variantes, pero sobre todo, los estereotipos.

Para otros, un n√ļmero mucho menor (m√©dicos y psic√≥logos) estos fen√≥menos que s√≥lo el vidente percibe, son fen√≥menos psicol√≥gicos que deben ser considerados como alucinaciones, sue√Īos o fantas√≠as.

‚ÄćHasta ahora se ha pasado por alto el hecho de que los estudios de encefalograf√≠a han excluido estas tres explicaciones para los √©xtasis.

‚ÄćSin embargo, otros definen las apariciones como un fen√≥meno antropol√≥gico y tratan de ponerlos en esta imagen humana, sin detenerse en la referencia personal, incluso trascendente, que constituye el elemento esencial para los videntes.

¬ŅSi las apariciones ocupan un lugar en la historia, de unos cuatro mil a√Īos, tal vez el enfoque actual no deber√≠a ser simplista, cuando no difamatorio, en la confrontaci√≥n con los videntes y los grupos humanos que les prestan atenci√≥n?

El problema es complicado.

‚ÄćLa medicina se ha convertido en una ciencia en el siglo XVI, cuando fund√≥ la ‚Äúetiolog√≠a‚ÄĚ: el estudio de las causas, excluyendo las causas sobrenaturales, divinas o diab√≥licas, extra√Īas a nuestro cosmos.

Por esta raz√≥n, la mayor√≠a de los m√©dicos (incluso cristianos) se niegan a reconocer no s√≥lo un ‚Äúmilagro‚ÄĚ (cosa que no es de gran importancia), sino tambi√©n el car√°cter ‚Äúinexplicable‚ÄĚ de una curaci√≥n.

‚ÄćUn cient√≠fico, de hecho, por principios, no abdica de su papel frente a lo incomprensible: la b√ļsqueda sin descanso hasta que encuentra la explicaci√≥n: no existe lo inexplicable, sino s√≥lo inexplicado.

El recurso de un ‚Äúdeus ex machina‚ÄĚ es la negaci√≥n misma del m√©todo cient√≠fico.

‚ÄćEn este marco, contin√ļa, inc√≥modamente, el estudio de las supuestas curaciones milagrosas, revisadas por comit√©s cient√≠ficos en Lourdes o Roma, en vista de las causas de canonizaci√≥n, que requieren un dictamen de los milagros.

‚ÄćA pesar que los exorcistas testimonian extra√Īas enfermedades inexplicables, dialogan con los m√©dicos, sin que el estudio de estos fen√≥menos haya sido tratado cient√≠ficamente.

‚ÄćLas consultas de la Iglesia para dar a los ‚Äúmilagros‚ÄĚ, un estatus cient√≠fico se enfrentaron a esta dificultad, y con la misma complejidad del t√©rmino ‚Äúmilagro‚ÄĚ que los Evangelios llaman ‚Äúse√Īal‚ÄĚ y/o prodigio (‚Äús√™meia kai terata ‚Äú).

En el 1900 se resolvieron los problemas a partir de principios a priori:

‚ÄúNunca he encontrado el alma sobre mi bistur√≠ ‚ÄĚ (un cirujano en 1900),

o también:

‚Äć‚ÄúHe estado en el cielo y no he visto a Dios‚ÄĚ (Gagarin).

La ciencia actual, que trata de la relatividad, las relaciones de incertidumbre, etc, ha pasado del racionalismo simplista y el ‚Äúcientificismo‚ÄĚ a la racionalidad m√°s abierta a lo desconocido.
Sin renunciar a la razón y a la exigencia de no admitir nada que no esté fundado y verificado por la experiencia.

LAS APARICIONES NO SON VISTAS CON OJOS BENIGNOS EN LA IGLESIA

Paradójicamente la Iglesia, que es una de las instituciones más reservadas para lo religioso y lo espiritual, es familiar a esos criterios.
Ahora, en todos los niveles, la pastoral normalmente sofoca las apariciones, causando tensiones y conflictos a menudo duros.
Hoy en d√≠a son numerosos, en Dozul√© y San Damiano, en Medjugorje, o Damas/Soufanieh, que la Iglesia ortodoxa local acept√≥ primero y luego rechaz√≥.‚Äć
‚ÄćEsta oposici√≥n y reserva de la Iglesia se basan en fundamentos de irrefutabilidad, de los cuales es necesario tener pleno conocimiento y plena conciencia.
Ante esta imponente constatación: las apariciones no tienen su lugar entre las diversas disciplinas académicas que juegan un papel importante en la Iglesia.
Las apariciones posteriores al Evangelio son ignoradas por la teología dogmática.
No son el objeto de la ‚Äúfe divina‚ÄĚ sino de ‚Äúfe humana‚ÄĚ, escribi√≥ el futuro Papa Benedicto XIV en el siglo XVIII.
Son extra y sub teológicas, entonces marginales.
Seamos realistas.
La teología fundamental, las ignora.
No se encuentran entre los ‚Äúdiez lugares teol√≥gicos‚ÄĚ que son las fuentes de la fe, de acuerdo con Melchor Cano (siglo XVI).
Ni siquiera se menciona en uno de los ‚Äúlugares anexos‚ÄĚ como ‚Äúla filosof√≠a, el derecho, la historia,‚ÄĚ considerados como herramientas.
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El primer Código de Derecho Canónico (1917) trataba negativamente este ámbito: prohibía cualquier publicación de apariciones que no sean reconocidas y castigaba con la excomunión a los transgresores.

‚ÄćEstos dos c√°nones fueron suprimidos el 14 de octubre de 1966 y el nuevo c√≥digo, simplemente no habla m√°s que apariciones.

En resumen, ya no son prohibidas, pero se han convertido en un hecho no-canónico.
Han bajado en la escala de valores de la Iglesia.
Y a pesar del interés que les otorgan muchos pastores y creyentes que reconocen los frutos, no han encontrado su lugar.
Y nunca han suscitado investigación de un calibre digno de este nombre entre los grandes teólogos.

Esto se debe a algunas razones fundamentales.

De acuerdo con el análisis de Karl Rahner, la tradicional marginación de las apariciones no es un reflejo elemental ni un mecanismo simple de rechazo administrativo.

Es causada por razones oficiales y fundamentales:
en primer lugar, las palabras de Jesucristo al apóstol Tomás.
Este discípulo no aceptaba la resurrección de Cristo:
‚Äć‚ÄúHasta que no meta mi dedo en sus heridas, no lo creer√©‚ÄĚ.‚Äć
Jes√ļs aparece e ir√≥nicamente le invita a hacerlo, y concluye: "Bienaventurados los que creen sin haber visto" (Jn 20, 29)
Cristo no es garantía de los videntes, sino de los creyentes.

Es la √ļltima de las bienaventuranzas, al t√©rmino del √ļltimo Evangelio, el cristiano no ve, cree en la palabra de Dios.

Cualquier excepción parece deplorable, a pesar de que las apariciones tienen un lugar considerable en el Nuevo Testamento.

Esto motiva la legítima oposición de la Iglesia a la doctrina de los grandes místicos y a los impulsos de la imaginación; es necesaria la prudencia.

Pero la ‚Äúprudencia‚ÄĚ no significa ‚Äúdesconfianza‚ÄĚ o ‚Äúpusilanimidad‚ÄĚ, ‚Äúrechazo‚ÄĚ o ‚Äútergiversaci√≥n‚ÄĚ.
En cualquier caso, la Iglesia, que considera esencial el Evangelio y los sacramentos, hace una gran reserva sobre la clarividencia de la otra vida.

Opone la certeza divina, fundada en la Palabra y la luz divina, a las apariciones, ya que estas son sólo manifestaciones ocasionales y discutibles del poder divino.

‚ÄćA pesar de estas deficiencias, las apariciones son de gran importancia de hecho, en la Iglesia, en muchos niveles y a muchos t√≠tulos.

LA BIBLIA ES UN TEJIDO DE VISIONES Y APARICIONES

El Nuevo Testamento comienza con la aparici√≥n de un √°ngel al sacerdote Zacar√≠as (Lc 1,5-23), el mensaje del √°ngel Gabriel a la Virgen Mar√≠a (Lc 1,25-38) y la de un √°ngel del Se√Īor a los pastores de Navidad (Lc 2,8-19).‚Äć

La Transfiguraci√≥n de Cristo es acompa√Īada por la aparici√≥n de Mois√©s y El√≠as (Mt 17,3), asiste un √°ngel a Jes√ļs durante su agon√≠a (Lc 22,43).

Hay más: las manifestaciones visuales de Cristo resucitado a los apóstoles (aunque muy similares a las otras, desde el punto de vista fenomenológico y psicológico) se consideran como el fundamento de la fe de acuerdo con el apóstol Pablo (1 Cor 15,1-53).

Uno puede preguntarse si no existe un cierto forzamiento, como una falta de lógica, entre la devaluación sistemática de las apariciones actuales y la valorización dogmática de Cristo resucitado.

Las apariciones de Cristo tambi√©n marcan la historia de la Iglesia primitiva: de Esteban (Hechos 7,56) a Pedro, Pablo y otros, seg√ļn los Hechos de los Ap√≥stoles.

‚ÄćAlgunas apariciones de la Virgen han establecido santuarios y peregrinaciones importantes de la Iglesia Cat√≥lica (con la excepci√≥n de Roma).

Guadalupe, en M√©xico (m√°s de 10 millones de peregrinos al a√Īo), Aparecida en Brasil, Lourdes (5 millones de peregrinos al a√Īo), F√°tima, y as√≠ sucesivamente.

Gruta Massiabelle
Sin embargo, las apariciones han continuado en la Iglesia durante los siglos hasta hoy, con una multiplicaci√≥n sin precedentes en los √ļltimos tiempos.
Es m√°s, en los tiempos modernos ‚Äď algo nuevo ‚Äď muchas apariciones tienen un significado prof√©tico, hist√≥rico y culturalmente innegable, duradero y significativo.
Guadalupe es considerada por los historiadores independientes como el fundamento del cristianismo de la cultura y la civilización mestiza del Nuevo Mundo, el continente católico donde reside la mitad de los bautizados de la Iglesia Romana.

La Salette (1846) ha movilizado a grandes espíritus: Pío IX, apoyó el reconocimiento de esta aparición, el Papa León XIII reconoció y apoyó a Melanie en sus tribulaciones, y en su exilio.

Lo mismo que muchos obispos, santos hoy beatificados y canonizados (Don Bosco, San Aníbal Di Francia) y una serie de otras personalidades destacadas del siglo XX: Arthur Rimbaud, León Bloy, Jacques Maritain, Paul Claudel y Louis Massignon.

‚ÄćLourdes devolvi√≥ el valor a la prioridad de los pobres seg√ļn el Evangelio, en el momento en el cual la capacidad electoral y c√≠vica se medida por los ingresos, de acuerdo con la artificial lema ‚ÄĚ Arricchitevi‚ÄĚ (Guizot).

‚ÄćBernadette Soubirous pertenec√≠a a la familia m√°s pobres de la ciudad: la polic√≠a hab√≠a detenido a su padre por la √ļnica raz√≥n de que ‚Äúsu estado de miseria‚ÄĚ le hac√≠a ‚Äúpresunto culpable‚ÄĚ del ‚Äúrobo‚ÄĚ de harina cometido en la panader√≠a Maisongrosse.

Y luego Fátima profetizó en 1917 el fin del comunismo y la persecución.

‚ÄćP√≠o XII y Juan Pablo II han sido repetidamente objeto de este mensaje.

‚ÄćOrdenaron a todos los obispos a la vez la consagraci√≥n pedida por Luc√≠a, y otros compromisos que han asumido sin precedentes haciendo revelar (a trav√©s de terceros, es cierto) la visi√≥n del sol en el jard√≠n del Vaticano (P√≠o XII) y el ‚Äúsecreto F√°tima‚ÄĚ (Juan Pablo II).

‚ÄćLas apariciones han tenido fuerte impacto en la vida p√ļblica, en todos los niveles.

‚ÄćLourdes ha determinado la ruta de la red ferroviaria del sur de Francia.

El gobierno marxista de Yugoslavia, radicalmente opuesto a la de las apariciones de Medjugorje, había proyectado la construcción de un aeropuerto cercano.

‚ÄćLourdes es un geiser de creatividad, ha promovido a gran escala el viaje de pacientes con par√°lisis, dependientes de di√°lisis o de los pulmones, ciegos, locos, etc, con enormes beneficios al ser humano, por las atenciones m√©dicas, movilizando todos los a√Īos miles de ambulancias, enfermeras, m√©dicos.

‚ÄćEstas apariciones han adquirido tambi√©n una marca cient√≠fica.

‚ÄćEl examen de los videntes, a trav√©s del uso del electroencefalograma, utilizado por primera vez en Europa en 1984 y luego en Am√©rica del Norte y Am√©rica del Sur, ha revolucionado el conocimiento de que hab√≠a del √©xtasis.

Laurentín lo aplicó por primera vez al estudio de los videntes de Medjugorje.

Esta nueva interacción entre la ciencia contemporánea y las apariciones invita a tomar más plenamente las apariciones como un fenómeno humano, no sólo médico.

Sino también psicológico, también relacionadas con el campo del psicoanálisis, la sociología de la religión, la etnología y la historia de la mentalidad.

‚ÄćEn el momento ning√ļn fen√≥meno est√° siendo excluido de la consideraci√≥n cient√≠fica y todos deben ser investigados del modo m√°s completo que sea posible.

‚Äć¬ŅNo ser√≠a lo mejor para resolver el contraste entre la importancia de las apariciones (generadoras de una amplia literatura) y su devaluaci√≥n o exclusi√≥n que hemos observado?

Esta tendencia a evitarlas, debida a la ambig√ľedad del fen√≥meno, exige superaci√≥n, sobre todo de la oposici√≥n radical en ideolog√≠a de la Iglesia y del cientificismo que ha quedado superado.

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LO QUE ESTA EN LA BASE ES LA DESCONFIANZA DE LAS DEVOCIONES POPULARES

Hemos hablado de las de la contrariedad que causan las apariciones marianas en muchos √°mbitos de la Iglesia, pero el fen√≥meno es m√°s de fondo.‚Äć

Seguramente muchos de nosotros hayamos pasado por episodios con algunos sacerdotes y laicos que menosprecian la religiosidad popular atacando las devociones populares en las √ļltimas d√©cadas.

Que hoy por hoy, es lo que mueve al pueblo y no las homil√≠as muy sesudas y con muchas citas b√≠blicas, o el ‚Äútrabajo social de base‚ÄĚ.

‚ÄćMientras que han sido pocos sacerdotes que las han defendido, especialmente lo han hecho los p√°rrocos m√°s de pueblo.

Para complementar lo dicho por Laurentín traemos otra opinión coincidente.

El cardenal Carlo María Viganó, Nuncio en EE.UU., ha hablado sobre esto y salido a defender la religiosidad popular.

Llegando a proponer que debemos trabajar para revivir la piedad popular y las devociones comunales.

El cardenal Vigan√≥ critic√≥ a la ‚Äúreligi√≥n pura‚ÄĚ y se√Īala al Concilio Vaticano II como el promotor de esto.

Veamos lo que dice:

La evaluación negativa de la piedad popular se vio influenciada por causas internas y externas al ámbito eclesial.

Entre las primeras se impuso la existencia de lecturas parciales y selectivas de los textos conciliares y post-conciliares, así como una interpretación parcial e interesada de su doctrina.

Entre las causas √ļltimas se debe registrar la importante influencia ejercida por las teor√≠as de la secularizaci√≥n.

La aceptación de la teología de la secularización en muchos círculos eclesiales implicó el desprecio por el cristianismo expresado por las formas exteriores de piedad popular como es sin duda el ejemplo más obvio.

Se le considera un catolicismo superficial, separado de la vida y el compromiso histórico.

Uno de los resultados del Concilio fue la definici√≥n de la Iglesia como pueblo de Dios, que alent√≥ que surgieran peque√Īos grupos que se consideraban m√°s comprometidos.

Estos ‚Äúcat√≥licos de participaci√≥n‚ÄĚ o ‚Äúcat√≥licos progresistas‚ÄĚ adoptaron una actitud de contraposici√≥n contra aquellos cristianos que participaban en las expresiones de la piedad popular, y los consideraron como simplones, ritualistas, incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos, y necesitados de purificaci√≥n.

Al mismo tiempo, acusaron a la piedad popular de matices supersticiosos, de haberse alejado de la realidad, de alienar el compromiso cristiano, de ser incapaz de formar militantes y promover actitudes evangélicas, el desarrollo y la liberación.

Uno de los resultados m√°s evidentes del Concilio fue la reforma lit√ļrgica.

En algunos casos se produjo la promoción de una liturgia excesivamente pragmática, en la que los elementos pedagógicos y didácticos abundaron, en detrimento de su carácter misterioso, lo que llevó al abandono del canto, el silencio y los gestos.

Uno de los objetivos loables era lograr una experiencia religiosa purificada en las motivaciones internas, así como en las formas externas.

Fue promovida una ‚Äúpureza‚ÄĚ sin ra√≠ces y una religiosidad abstracta, lo que supuso entre otras cosas la eliminaci√≥n de las tradiciones religiosas que estaban asociadas con rasgos m√°gicos, utilitarios o supersticiosos.

La afirmación conciliar de la centralidad de la liturgia y la celebración eucarística llevó a bastantes pastores a suprimir muchas de las prácticas populares.
Bas√°ndose en que la piedad popular se manifiesta, en diversas circunstancias, bajo formas diferentes de las previstas por los textos lit√ļrgicos oficiales.
Un obispo americano incluso fue tan lejos como para prohibir la Exposición del Santísimo Sacramento.

La reforma hizo hincapi√© en la mayor importancia que la Sagrada Escritura ten√≠a que tener en la celebraci√≥n lit√ļrgica.

Como consecuencia, hubo una evaluación negativa de la escasa presencia bíblica en las manifestaciones populares, muchas de las cuales son pobres en la teología y en las citas bíblicas, pero rica en sentimentalismo.

La promulgación de la Constitución Sacrosanctum Concilium en 1963 coincidió con uno de los momentos en los que el movimiento hacia la secularización tuvo mayor fuerza, y esto influyó en la aplicación de las reformas conciliares.

En este contexto, a la liturgia se le dio la tarea de respuesta temporal, con la adquisición de un tono profético, de denuncia de las injusticias sociales y de pecado y la llamada a la participación.

En tanto que la piedad popular fue juzgada en forma negativa, y acusada de efectos anestésicos en relación con los problemas sociales.

Todos estos elementos, que de alguna manera se hicieron presentes durante la reforma post-conciliar de la liturgia, se tradujo en la supresión indiscriminada y arbitraria de numerosas prácticas de piedad popular.

En este contexto, las palabras pronunciadas por Pablo VI en 1973, durante una audiencia p√ļblica son elocuentes:

“Voces autorizadas nos recomiendan cautela con respecto al proceso de reforma de las tradicionales costumbres religiosas populares, para protegerlas contra la extinción de los sentimientos religiosos, en el curso de darle una expresión nueva y más auténticamente espiritual.

Un sentido de lo que es verdadero, bello, simple, un sentido de la comunidad, y tambi√©n de la tradici√≥n ‚Äď que merece respeto ‚Äď debe presidir las manifestaciones externas de culto, con el fin de preservar el cari√Īo de la gente por ellas‚ÄĚ.

Estas devociones populares fueron y siguen siendo importantes.

Mediante la eliminación de ellas, nosotros amputamos una dimensión importante de nuestra identidad católica.

Hubo prisa por deshacerse de estas devociones.

Y a continuación los gremios y asociaciones parroquiales se apagaron.

La gente dejó de pensar en su iglesia como parte del ritmo de su semana.

Las devociones fueron reprimidas con real brutalidad.

‚ÄćEllas ayudaban a los fieles a permanecer conectados con su Iglesia y no irse.

Las diversas cosas se reforzaban entre sí en lugar de restar valor a las demás.

‚ÄćNecesitamos m√°s devociones populares.

‚ÄćFuentes:

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