¬ŅC√≥mo se relacionan los √°ngeles con los demonios y satan√°s?
Una de las fuentes de la doctrina de la Iglesia es el magisterio papal y parte de la doctrina católica está relacionada con los ángeles, con la caída de algunos de ellos que se volvieron en demonios y con satanás. Entre diciembre de 1984 y diciembre de 1986, el papa Juan Pablo II realizó una catequesis sobre ángeles, demonios y satanás. Son seis catequesis que resultan importantes para exponer la doctrina oficial de la iglesia sobre ángeles, demonios y satanás.
angel caido

Las catequesis fueron: La existencia de los √Āngeles; La ca√≠da de los √Āngeles malos; La misi√≥n de los √Āngeles; La naturaleza de los √Āngeles; El pecado y la acci√≥n de satan√°s; La acci√≥n de satan√°s y la victoria de Cristo.

LA EXISTENCIA DE LOS √ĀNGELES REVELADA POR DIOS (9.VII.86)

1. Nuestras catequesis sobre Dios, Creador del mundo, no pod√≠an concluirse sin dedicar una atenci√≥n adecuada a un contenido concreto de la revelaci√≥n divina: la creaci√≥n de los seres puramente espirituales, que la Sagrada Escritura llama '√°ngeles'. Tal creaci√≥n aparece claramente en los S√≠mbolos de la Fe, especialmente en el S√≠mbolo niceno-constantinopolitano: Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas (esto es, entes o seres) 'visibles e invisibles'. Sabemos que el hombre goza, dentro de la creaci√≥n, de una posici√≥n singular: gracias a su cuerpo pertenece al mundo visible, mientras que, por el alma espiritual, que vivifica el cuerpo, se halla casi en el conf√≠n entre la creaci√≥n visible y la invisible. A esta √ļltima, seg√ļn el Credo que la Iglesia profesa a la luz de la Revelaci√≥n, pertenecen otros seres, puramente espirituales, por consiguiente no propios del mundo visible, aunque est√°n presentes y actuantes en √©l. Ellos constituyen un mundo espec√≠fico.2. Hoy, igual que en tiempos pasados, se discute con mayor o menor sabidur√≠a acerca de estos seres espirituales. Es preciso reconocer que, a veces, la confusi√≥n es grande, con el consiguiente riesgo de hacer pasar como fe de la Iglesia respecto a los √°ngeles cosas que no pertenecen a la fe o, viceversa, de dejar de lado alg√ļn aspecto importante de la verdad revelada.La existencia de los seres espirituales que la Sagrada Escritura, habitualmente, llama '√°ngeles', era negada ya en tiempos de Cristo por los saduceos (Cfr. Hech 23, 8). La niegan tambi√©n los materialistas y racionalistas de todos los tiempos. Y sin embargo, como agudamente observa un te√≥logo moderno, 'si quisi√©ramos desembarazarnos de los √°ngeles, se deber√≠a revisar radicalmente la misma Sagrada Escritura y con ella toda la historia de la salvaci√≥n' (.). Toda la Tradici√≥n es un√°nime sobre esta cuesti√≥n. El Credo de la Iglesia, en el fondo, es un eco de cuanto Pablo escribe a los Colosenses: 'Porque en El (Cristo) fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades; todo fue creado por El y para El' (Col 1, 16). O sea, Cristo que, como Hijo-Verbo eterno y consubstancial al Padre, es 'primog√©nito de toda criatura' (Col 1, 15), est√° en el centro del universo como raz√≥n y quicio de toda la creaci√≥n, como ya hemos visto en las catequesis precedentes y como todav√≠a veremos cuando hablemos m√°s directamente de El.3. La referencia al primado de Cristo nos ayuda a comprender que la verdad acerca de la existencia y acci√≥n de los √°ngeles (buenos y malos) no constituyen el contenido central de la Palabra de Dios.En la Revelaci√≥n, Dios habla en primer lugar 'a los hombres. y pasa con ellos el tiempo para invitarlos y admitirlos a la comuni√≥n con El', seg√ļn leemos en la Cons. 'Dei Verbum' del Conc. Vaticano II (n.2). De este modo 'las profunda verdad, tanto de Dios como de la salvaci√≥n de los hombres', es el contenido central de la Revelaci√≥n que 'resplandece ' m√°s plenamente en la persona de Cristo (Cfr. Dei Verbum 2).La verdad sobre los √°ngeles es, en cierto sentido, 'colateral', y, no obstante, inseparable de la Revelaci√≥n central que es la existencia, la majestad y la gloria del Creador que brillan en toda la creaci√≥n ('visible' e 'invisible') y en la acci√≥n salv√≠fica de Dios en la historia del hombre. Los √°ngeles no son, criaturas de primer plano en la realidad de la Revelaci√≥n, y, sin embargo, pertenecen a ella plenamente, tanto que en algunos momentos les vemos cumplir misiones fundamentales en nombre del mismo Dios.4. Todo esto que pertenece a la creaci√≥n entra, seg√ļn la Revelaci√≥n, en el misterio de la Providencia Divina. Lo afirma de modo ejemplarmente conciso el Vaticano I, que hemos citado ya muchas veces: 'Todo lo creado Dios lo conserva y lo dirige con su Providencia extendi√©ndose de un conf√≠n al otro con fuerza y gobernando con bondad todas las cosas. "Todas las cosas est√°n desnudas y manifiestas a sus ojos", hasta aquello que tendr√° lugar por libre iniciativa de las criaturas'. La Providencia abraza, por tanto, tambi√©n el mundo de los esp√≠ritus puros, que aun m√°s plenamente que los hombres son seres racionales y libres. En la Sagrada Escritura encontramos preciosas indicaciones que les conciernen.Hay la revelaci√≥n de un drama misterioso, pero real, que afect√≥ a estas criaturas ang√©licas, sin que nada escapase a la eterna Sabidur√≠a, la cual con fuerza (fortiter) y al mismo tiempo con bondad (suaviter) todo lo lleva al cumplimiento en el reino del Padre, del Hijo y del Esp√≠ritu Santo.5. Reconozcamos ante todo que la Providencia, como amorosa Sabidur√≠a de Dios, se ha manifestado precisamente al crear seres puramente espirituales, por los cuales se expresa mejor la semejanza de Dios en ellos, que supera en mucho todo lo que ha sido creado en el mundo visible junto con el hombre, tambi√©n √©l, imborrable imagen de Dios. Dios, que es Esp√≠ritu absolutamente perfecto, se refleja sobre todo en los seres espirituales que, por naturaleza, esto es, a causa de su espiritualidad, est√°n mucho m√°s cerca de El que las criaturas materiales y que constituyen casi el 'ambiente' m√°s cercano al Creador.La Sagrada Escritura ofrece un testimonio bastante expl√≠cito de esta m√°xima cercan√≠a a Dios de los √°ngeles, de los cuales habla, con lenguaje figurado, como del 'trono' de Dios, de sus 'ej√©rcitos', de su 'cielo'. Ella ha inspirado la poes√≠a y el arte de los siglos cristianos que nos presentan a los √°ngeles como la 'corte de Dios'.

LA CA√ćDA DE LOS √ĀNGELES MALOS (23.VII.86)

1. Proseguimos hoy nuestra catequesis sobre los √°ngeles, cuya existencia, querida por un acto del amor eterno de Dios, profesamos (.).En la perfecci√≥n de su naturaleza espiritual, los √°ngeles est√°n llamados desde el principio, en raz√≥n de su inteligencia, a conocer la verdad y a amar el bien que conocen en la verdad de modo mucho m√°s pleno y perfecto que cuanto es posible al hombre. Este amor es el acto de una voluntad libre, por lo cual tambi√©n para los √°ngeles la libertad significa posibilidad de hacer una elecci√≥n en favor o en contra del Bien que ellos conocen, esto es, Dios mismo.Hay que repetir aqu√≠ lo que ya hemos recordado a su debido tiempo a prop√≥sito del hombre: creando a los seres libres, Dios quiere que en el mundo se realice aquel amor verdadero que s√≥lo es posible sobre la base de la libertad. El quiso, pues, que la criatura, constituida a imagen y semejanza de su Creador, pudiera de la forma m√°s plena posible, volverse semejante a El: Dios, que 'es amor'. Creando a los esp√≠ritus puros, como seres libres, Dios, en su Providencia, no pod√≠a no prever tambi√©n la posibilidad del pecado de los √°ngeles. Pero precisamente porque la Providencia es eterna sabidur√≠a que ama, Dios supo sacar de la historia de este pecado, incomparablemente m√°s radical, en cuanto pecado de un esp√≠ritu puro, el definitivo bien de todo el cosmos creado2. De hecho, como dice claramente la Revelaci√≥n, el mundo de los esp√≠ritus puros aparece dividido en buenos y malos. Pues bien, esta divisi√≥n no se obr√≥ por la creaci√≥n de Dios, sino en base a la propia libertad de la naturaleza espiritual de cada uno de ellos. Se realiz√≥ mediante la elecci√≥n que para los seres puramente espirituales posee un car√°cter incomparablemente m√°s radical que la del hombre y es irreversible, dado el grado de intuici√≥n y de penetraci√≥n del bien, del que est√° dotada su inteligencia.A este respecto se debe decir tambi√©n que los esp√≠ritus puros han sido sometidos a una prueba de Car√°cter moral. Fue una opci√≥n decisiva, concerniente ante todo a Dios mismo, un Dios conocido de modo m√°s esencial y directo que lo que es posible al hombre, un Dios que hab√≠a hecho a estos seres espirituales el don, antes que al hombre, de participar en su naturaleza divina.3. En el caso de los esp√≠ritus puros la elecci√≥n decisiva concern√≠a ante todo a Dios mismo, primero y sumo Bien, aceptado y rechazado de un modo m√°s esencial y directo del que pueda acontecer en el radio de acci√≥n de la libre voluntad del hombre. Los esp√≠ritus puros tienen un conocimiento de Dios incomparablemente m√°s perfecto que el hombre, porque con el poder de su inteligencia, no condicionada ni limitada por la mediaci√≥n del conocimiento sensible, ven hasta el fondo la grandeza del Ser infinito, de la primera Verdad, del sumo Bien. A esta sublime capacidad de conocimiento de los esp√≠ritus puros Dios ofreci√≥ el misterio de su divinidad haci√©ndoles participes, mediante la gracia, de su infinita gloria.Precisamente en su condici√≥n de seres de naturaliza espiritual, hab√≠a en su inteligencia la capacidad, el deseo de esta elevaci√≥n sobrenatural a la que Dios les hab√≠a llamado, para hacer de ellos, mucho antes que del hombre, 'part√≠cipes de la naturaleza divina', part√≠cipes de la vida √≠ntima de Aquel que es Padre, Hijo y Esp√≠ritu Santo, de Aquel que, en la comuni√≥n de las tres Divinas Personas, 'es Amor'.Dios hab√≠a admitido a todos los esp√≠ritus puros, antes y en mayor grado que al hombre, a la eterna comuni√≥n de Amor.4. La opci√≥n realizada sobre la base de la verdad de Dios, conocida deforma superior dada la lucidez de sus inteligencias, ha dividido tambi√©n el mundo de los esp√≠ritus puros en buenos y malos.Los buenos han elegido a Dios como Bien supremo y definitivo, conocido a la luz de la inteligencia iluminada por la Revelaci√≥n. Haber escogido a Dios significa que se han vuelto a El con toda la fuerza interior de su libertad, fuerza que es amor. Dios se ha convertido en el objetivo total y definitivo de su existencia espiritual.Los otros, en cambio, han vuelto la espalda a Dios contra la verdad del conocimiento que se√Īalaba en √Čl el Bien total y definitivo. Han hecho una elecci√≥n contra la revelaci√≥n del misterio de Dios, contra su gracia, que los hac√≠a part√≠cipes de la Trinidad y de la eterna amistad con Dios, en la comuni√≥n con El mediante el amor. Bas√°ndose en su libertad creada, han realizado una opci√≥n radical e irreversible, al igual que la de los √°ngeles buenos, pero diametralmente opuesta: en lugar de una aceptaci√≥n de Dios, plena de amor, le han opuesto un rechazo inspirado por un falso sentido de autosuficiencia, de aversi√≥n y hasta de odio, que se ha convertido en rebeli√≥n.5. C√≥mo comprender esta oposici√≥n y rebeli√≥n a Dios en seres dotados de una inteligencia tan viva y enriquecidos con tanta luz? ¬ŅCu√°l puede ser el motivo de esta radical e irreversible opci√≥n contra Dios, de un odio tan profundo que puede aparecer como fruto de la locura?.Los Padres de la Iglesia y los te√≥logos no dudan en hablar de 'ceguera', producida por la supervaloraci√≥n de la perfecci√≥n del propio ser, impulsada hasta el punto develar la supremac√≠a de Dios que exig√≠a, en cambio, un acto de d√≥cil y obediente sumisi√≥n. Todo esto parece expresado de modo conciso en las palabras '"No te servir !2, 20), que manifiestan el radical e irreversible rechazo de tomar parte en la edificaci√≥n del reino de Dios en el mundo creado. 'Satan√°s', el esp√≠ritu rebelde, quiere su propio reino, no el de Dios, y se yergue como el primer 'adversario' del Creador, como opositor de la providencia, como antagonista de la amorosa sabidur√≠a de Dios.De la rebeli√≥n y del pecado de Satan√°s, como tambi√©n del pecado del hombre, debemos concluir acogiendo la sabia experiencia de la Escritura, que afirma: 'En el orgullo est√° la perdici√≥n' (Tob 4, 14).

LA MISI√ďN DE LOS √ĀNGELES (30.VII.86)

1. Seg√ļn la Sagrada Escritura, los √°ngeles, en cuanto criaturas puramente espirituales, se presentan a la reflexi√≥n de nuestra mente como una especial realizaci√≥n de la 'imagen de Dios', Esp√≠ritu perfect√≠simo, como Jes√ļs recuerda a la mujer samaritana con las palabras; 'Dios es esp√≠ritu' (Jn 4, 24).Los √°ngeles son, desde este punto de vista, las criaturas m√°s cercanas al modelo divino. El nombre que la Sagrada Escritura les atribuye indica que lo que m√°s cuenta en la Revelaci√≥n es la verdad sobre las tareas de los √°ngeles respecto a los hombres: √°ngel (angelus) quiere decir, en efecto, 'mensajero'. El t√©rmino hebreo 'malak' -m√©lk-, usado en el Antiguo Testamento, significa m√°s propiamente 'delegado' o 'embajador'.Los √°ngeles, criaturas espirituales, tienen funci√≥n de mediaci√≥n y de ministerio en las relaciones entre Dios y los hombres. Bajo este aspecto la Carta a los Hebreos dir√° que a Cristo se le ha dado un 'nombre', y por tanto un ministerio de mediaci√≥n, muy superior al de los √°ngeles (Cfr. Heb 1, 4).2. El Antiguo Testamento subraya sobre todo la especial participaci√≥n de los √°ngeles en la celebraci√≥n de la gloria que el Creador recibe como tributo de alabanza por parte del mundo creado.Los Salmos de modo especial se hacen int√©rpretes de esa voz cuando proclaman, p.e.: 'Alabad al Se√Īor en el cielo, alabad al Se√Īor en lo alto. Alabadlo, todos sus √°ngeles.' (Sal 148, 1-2).De modo semejante en el Salmo 102: 'Bendecid a Yahv√©h vosotros sus √°ngeles, que sois poderosos y cumpl√≠s sus √≥rdenes, prontos a la voz de su palabra' (Sal 102, 20). Este √ļltimo vers√≠culo del Salmo 102 indica que los √°ngeles toman parte, a su manera, en el gobierno de Dios sobre la creaci√≥n, como 'poderosos ejecutores de sus √≥rdenes' seg√ļn el plan establecido por la Divina Providencia.A los √°ngeles est√° confiado en particular un cuidado y solicitud especiales por los hombres, en favor de los cuales presentan a Dios sus peticiones y oraciones, como nos recuerda, p.e., el Libro de Tob√≠as (Cfr. especialmente Tob 3, 17 y 12, 12), mientras el Salmo 90 proclama: 'a sus √°ngeles ha dado √≥rdenes. te llevar√°n en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra'(Cfr. Sal 90, 1-12). Siguiendo el libro de Daniel, se puede afirmar que las funciones de los √°ngeles como embajadores del Dios vivo se extienden no s√≥lo a cada uno de los hombres y a aquellos que tienen funciones especiales, sino tambi√©n a enteras naciones (Dan 10, 13-21).3. El Nuevo Testamento puso de relieve las tareas de los √°ngeles respecto a la misi√≥n de Cristo como Mes√≠as y, ante todo, con relaci√≥n al misterio de la encarnaci√≥n del Hijo de Dios, como constatamos en la narraci√≥n de la anunciaci√≥n del nacimiento de Juan Bautista (Cfr. Lc 1, 11), de Cristo mismo (Cfr. Lc 1, 26), en las explicaciones y disposiciones dadas a Mar√≠a y Jos√© (Cfr. Lc 1, 30-37; Mt 1, 20-21), en las indicaciones dadas a los pastores la noche del nacimiento del Se√Īor (Cfr. Lc 2, 9-15), en la protecci√≥n del reci√©n nacido ante el peligro de la persecuci√≥n de Herodes (Cfr. Mt 2, 13).M√°s adelante los Evangelios hablan de la presencia de los √°ngeles durante el ayuno de Jes√ļs en el desierto a lo largo de 40 d√≠as (Cfr. Mt 4, 11) y durante la oraci√≥n en Getseman√≠ (Cfr. Lc 22, 43). Despu√©s de la resurrecci√≥n de Cristo ser√° tambi√©n un √°ngel, que se aparece en forma de un joven, quien dir√° a las mujeres que hab√≠an acudido al sepulcro y estaban sorprendidas por el hecho de encontrarlo vac√≠o: 'No os asust√©is. Busc√°is a Jes√ļs Nazareno, el crucificado; ha resucitado, no est√° aqu√≠. Pero id a decir a sus disc√≠pulos. '(Mc 16, 6-7). Mar√≠a Magdalena, que se ve privilegiada por una aparici√≥n personal de Jes√ļs, ve tambi√©n a dos √°ngeles (Jn 20, 12-17; cfr. tambi√©n Lc 24, 4). Los √°ngeles 'se presentan' a los Ap√≥stoles despu√©s de la desaparici√≥n de Cristo para decirles: 'Hombres de Galilea, ¬Ņqu√© est√°is mirando al cielo?. Ese Jes√ļs que ha sido arrebatado de entre vosotros al cielo, vendr√° como le hab√©is visto ir al cielo' (Hech 1, 11).Son los √°ngeles de la vida, de la pasi√≥n y de la gloria de Cristo. Los √°ngeles de Aquel que, como escribe San Pedro, 'est√° a la diestra de Dios, despu√©s de haber ido al cielo, una vez sometidos a El √°ngeles, potestades y poderes' (1 Pe 3, 22).4. Si pasamos a la nueva venida de Cristo, es decir, a la 'parus√≠a', hallamos que todos los sin√≥pticos hacen notar que 'el Hijo del hombre. vendr√° en la gloria de su Padre con los santos √°ngeles' (as√≠ Mc 8, 38, Mt 16, 27 y 25, 31, en la descripci√≥n del juicio final; y Lc 9, 26; cfr. tambi√©n San Pablo, 2 Tes 1, 7).Se puede, por tanto, decir que los √°ngeles, como esp√≠ritus puros, no s√≥lo participan en el modo que les es propio de la santidad del mismo Dios, sino que en los momentos clave, rodean a Cristo y lo acompa√Īan en el cumplimiento de su misi√≥n salv√≠fica respecto a los hombres. De igual modo tambi√©n toda la Tradici√≥n y el Magisterio ordinario de la Iglesia ha atribuido a lo largo de los siglos a los √°ngeles este car√°cter particular y esta funci√≥n de ministerio mesi√°nico.

NATURALEZA DE LOS √ĀNGELES (6.VIII.8)

1. En las √ļltimas catequesis hemos visto c√≥mo la Iglesia, iluminada por la luz que proviene de la Sagrada Escritura, ha profesado a lo largo de los siglos la verdad sobre la existencia de los √°ngeles como seres puramente espirituales, creados por Dios. Lo ha hecho desde el comienzo con el S√≠mbolo niceno-constantinopolitano y lo ha confirmado en el Conc. Lateranense IV (1215), cuya formulaci√≥n ha tomado el Conc. Vaticano I en el contexto de la doctrina sobre la creaci√≥n: Dios 'cre√≥ de la nada juntamente al principio del tiempo, ambas clases de criaturas: las espirituales y las corporales, es decir, el mundo ang√©lico y el mundo terrestre; y despu√©s, la criatura humana que, compuesta de esp√≠ritu y cuerpo, los abraza, en cierto modo, a los dos' (Cons. Dei Filius).O sea: Dios cre√≥ desde el principio ambas realidades: la espiritual y la corporal, el mundo terreno y el ang√©lico. Todo lo que El cre√≥ juntamente('simu√©l') en orden a la creaci√≥n del hombre, constituido de esp√≠ritu y de materia y colocado seg√ļn la narraci√≥n b√≠blica en el cuadro de un mundo ya establecido seg√ļn sus leyes y ya medido por el tiempo ('deinde').2. Juntamente con la existencia, le fe de la Iglesia reconoce ciertos rasgos distintivos de la naturaleza de los √°ngeles. Su realidad puramente espiritual implica ante todo su no materialidad y su inmortalidad. los √°ngeles no tienen 'cuerpo' (si bien en determinadas circunstancias se manifiestan bajo formas visibles a causa de su misi√≥n en favor de los hombres), y por tanto no est√°n sometidos a la ley de la corruptibilidad que une todo el mundo material. Jes√ļs mismo, refiri√©ndose a la condici√≥n ang√©lica, dir√° que en la vida futura los resucitados '(no) pueden morir y son semejantes a los √°ngeles' (Lc 20, 36).3. En cuanto criaturas de naturaleza espiritual los √°ngeles est√°n dotados de inteligencia y de libre voluntad, como el hombre pero en grado superior a √©l, si bien siempre finito, por el l√≠mite que es inherente a todas las criaturas. Los √°ngeles son tambi√©n seres personales y, en cuanto tales, son tambi√©n ellos, 'imagen y semejanza' de Dios.La sagrada Escritura se refiere a los √°ngeles utilizando tambi√©n apelativos no s√≥lo personales (como los nombre propios de Rafael, Gabriel, Miguel), sino tambi√©n 'colectivos' (como las calificaciones de: Serafines, Querubines, Tronos, Potestades, Dominaciones, Principados), as√≠ como realiza una distinci√≥n entre √Āngeles y Arc√°ngeles. Aun teniendo en cuenta el lenguaje anal√≥gico y representativo del texto sacro, podemos deducir que estos seres-personas, casi agrupados en sociedad, se subdividen en √≥rdenes y grados, correspondientes a la medida de su perfecci√≥n y a las tareas que se les conf√≠a. Los autores antiguos y la misma liturgia hablan de los coros ang√©licos (nueve, seg√ļn Dionisio el Aeropagita).La teolog√≠a, especialmente la patr√≠stica y medieval, no ha rechazado estas representaciones tratando en cambio de darles una explicaci√≥n doctrinal y m√≠stica, pero sin atribuirles un valor absoluto. Santo Tom√°s ha preferido profundizar las investigaciones sobre la condici√≥n ontol√≥gica, sobre la actividad cognoscitiva y volitiva y sobre la elevaci√≥n espiritual de estas criaturas puramente espirituales, tanto por su dignidad en la escala de los seres, como porque en ellos pod√≠a profundizar mejor las capacidades y actividades propias del esp√≠ritu en grado puro, sacando de ello no poca luz para iluminar los problemas de fondo que desde siempre agitan y estimulan el pensamiento humano: el conocimiento, el amor, la libertad, la docilidad a Dios, la consecuci√≥n de su reino.4. El tema a que hemos aludido podr√° parecer 'lejano' o 'menos vital' a la mentalidad del hombre moderno. Y sin embargo la Iglesia, proponiendo con franqueza toda la verdad sobre Dios creador incluso de los √°ngeles, cree prestar un gran servicio al hombre.El hombre tiene la convicci√≥n de que en Cristo, Hombre-Dios, en √©l (y no en los √°ngeles) es en quien se halla el centro de la Divina Revelaci√≥n. Pues bien, el encuentro religioso con el mundo de los seres puramente espirituales se convierte en preciosa revelaci√≥n de su ser no s√≥lo como cuerpo, sino tambi√©n esp√≠ritu, y de su pertenencia a un proyecto de salvaci√≥n verdaderamente grande y eficaz dentro de una comunidad de seres personales que para el hombre y con el hombre sirven al designio providencial de Dios.5. Notamos que la Sagrada Escritura y la Tradici√≥n llaman propiamente √°ngeles a aquellos esp√≠ritus puros que en la prueba fundamental de libertad han elegido a Dios, su gloria y su reino. Ellos est√°n unidos a Dios mediante el amor consumado que brota de la visi√≥n beatificante, cara a cara, de la Sant√≠sima Trinidad. Lo dice Jes√ļs mismo: 'Sus √°ngeles ven de continuo en el cielo la faz de mi Padre, que est√° en los cielos' (Mt 18, 10). Ese 'ver de continuo la faz del Padre' es la manifestaci√≥n m√°s alta de la adoraci√≥n de Dios.Se puede decir que constituye esa 'liturgia celeste', realizada en nombre de todo el universo, a la cual se asocia incesantemente la liturgia terrena de la Iglesia, especialmente en sus momentos culminantes. Baste recordar aqu√≠ el acto con el que la Iglesia, cada d√≠a y cada hora, en el mundo entero, antes de dar comienzo a la plegaria eucar√≠stica en el coraz√≥n de la Santa Misa, se apela 'a los √Āngeles y a los Arc√°ngeles' para cantar la gloria de Dios tres veces santo, uni√©ndose as√≠ a aquellos primeros adoradores de Dios, en su culto y en el amoroso conocimiento del misterio inefable de su santidad.6. Tambi√©n seg√ļn la Revelaci√≥n, los √°ngeles, que participan en la vida de la Trinidad en la luz de la gloria, est√°n tambi√©n llamados a tener su parte en la historia de la salvaci√≥n de los hombres, en los momentos establecidos por el designio de la Providencia Divina. 'No son todos ellos esp√≠ritus administradores, enviados para servicio a favor de los que han de heredar la salud?', pregunta el autor de la Carta a los Hebreos (1, 14). Y esto cree y ense√Īa la Iglesia, bas√°ndose en la Sagrada Escritura por la cual sabemos que la tarea de los √°ngeles buenos es la protecci√≥n de los hombres y la solicitud por su salvaci√≥n.Hallamos estas expresiones en diversos pasajes de la Sagrada Escritura, como por ejemplo en el Salmo 90, citado ya repetidas veces: 'Pues te encomendar√° a sus √°ngeles para que te guarde en todos tus caminos, y ellos te levantar√°n en sus palmas para que tus pies no tropiecen en las piedras' (90, 11-12). Jes√ļs mismo, hablando de los ni√Īos y amonestando a no escandalizarlos, se apela a 'sus √°ngeles' (Mt 18, 10). Adem√°s, atribuye a los √°ngeles la funci√≥n de testigos en el supremo juicio divino sobre la suerte del quien ha reconocido o renegado a Cristo: 'A quien me confesare delante de los hombres, el Hijo del hombre le confesar√° delante de los √°ngeles de Dios. El que me negare delante de los hombres, ser√° negado ante los √°ngeles de Dios' (Lc 12, 8-9; cfr. Ap. 3,5). Estas palabras son significativas porque si los √°ngeles toman parte en el juicio de Dios, est√°n interesados en la vida del hombre. Inter√©s y participaci√≥n que parecen recibir una acentuaci√≥n en el discurso escatol√≥gico, en el que Jes√ļs hace intervenir a los √°ngeles en la parus√≠a, o sea, en la venida definitiva de Cristo al final de la historia (Cfr. Mt 24, 31; 25, 31. 41).7. Entre los libros del Nuevo Testamento, los Hechos de los Ap√≥stoles nos hacen conocer especialmente algunos episodios que testimonian la solicitud de los √°ngeles por el hombre y su salvaci√≥n. As√≠, cuando el √°ngel de Dios libera a los Ap√≥stoles de la prisi√≥n (Cfr. Hech 5, 18-20), y ante todo a Pedro, que estaba amenazado de muerte por la mano de Herodes (Cfr. Hech 12, 5-10). O cuando gu√≠a la actividad de Pedro respecto al centuri√≥n Cornelio, el primer pagano convertido (Cfr. Hech 10, 3-8; 11, 12¬©13), y an√°logamente la actividad del di√°cono Felipe en el camino de Jerusal√©n a Gaza (Hech 8, 26-29).De estos pocos hechos citados a t√≠tulo de ejemplo, se comprende c√≥mo en la conciencia de la Iglesia se ha podido formar la persuasi√≥n sobre el ministerio confiado a los √°ngeles en favor de los hombres. Por ello, la Iglesia confiesa su fe en los √°ngeles custodios, vener√°ndolos en la liturgia con una fiesta especial, y recomendando el recurso a su protecci√≥n con una oraci√≥n frecuente, como en la invocaci√≥n del '√Āngel de Dios'. Esta oraci√≥n parece atesorar las bellas palabras de San Basilio: 'Todo fiel tiene junto a s√≠ un √°ngel como tutor y pastor, para llevarlo a la vida' (Cfr. San Basilio, Adv. Eunomium, III, 1; v√©ase tambi√©n Santo Tom√°s, S.Th. I, q.11, a.3).8. Finalmente es oportuno notar que la Iglesia honra con culto lit√ļrgico a tres figuras de √°ngeles, que en la Sagrada Escritura se les llama con un nombre.El primero es Miguel Arc√°ngel (Cfr. Dan 10, 13.20; Ap 12, 7; Jdt. 9). Su nombre expresa sint√©ticamente la actitud esencial de los esp√≠ritus buenos: 'Mica-El' significa, en efecto: '¬Ņquien como Dios?'. En este nombre se halla expresada, pues, la elecci√≥n salv√≠fica gracias a la cual los √°ngeles 'ven la faz del Padre' que est√° en los cielos.El segundo es Gabriel: figura vinculada sobre todo al misterio de la Encarnaci√≥n del Hijo de Dios (Cfr. Lc 1, 19. 26). Su nombre significa: 'Mi poder es Dios' o 'Poder de Dios', como para decir que en el culmen de la creaci√≥n, la Encarnaci√≥n es el signo supremo del Padre omnipotente.Finalmente el tercer arc√°ngel se llama Rafael. "Rafa-El' significa: 'Dios cura', El se ha hecho conocer por la historia de Tob√≠as en el antiguo Testamento (Cfr. Tob 12, 50. 20, etc.), tan significativa en el hecho de confiar a los √°ngeles los peque√Īos hijos de Dios, siempre necesitados de Custodia, cuidado y protecci√≥n.Reflexionando bien se ve que cada una de estas tres figuras: Mica-El, Gabri-El, Rafa-El reflejan de modo particular la verdad contenida en la pregunta planteada por el autor de la Carta a los Hebreos: '¬ŅNo son todos ellos esp√≠ritus administradores, enviados para servicio en favor de los que han de heredar la salvaci√≥n?' (1, 14).

EL PECADO Y LA ACCI√ďN DE SATAN√ĀS (13.VIII.86)

1. Continuando el tema de las precedentes catequesis dedicadas al art√≠culo de fe referente a los √°ngeles, criaturas de Dios, vamos a explorar el misterio de la libertad que algunos de ellos utilizaron contra Dios y contra su plan de salvaci√≥n respecto a los hombres.Como testimonia el Evangelista Lucas en el momento, en el que los disc√≠pulos se reun√≠an de nuevo con el Maestro llenos de alegr√≠a por los frutos recogidos en sus primeras tareas misioneras, Jes√ļs pronuncia una frase que hace pensar: 've√≠a yo a Satan√°s caer del cielo como un rayo' (Lc 10, 18).Con estas palabras el Se√Īor afirma que el anuncio del reino de Dios es siempre una victoria sobre el diablo, pero al mismo tiempo revela tambi√©n que la edificaci√≥n del reino est√° continuamente expuesta a las insidias del esp√≠ritu del mal. Interesarse por esto, como tratamos de hacer con nuestra catequesis de hoy, quiere decir prepararse al estado de lucha que es propio de la vida de la Iglesia en este tiempo final de la historia de la salvaci√≥n (como afirma el libro del Apocalipsis. Cfr. 12, 7). Por otra parte, esto ayuda a aclarar la recta fe de la Iglesia frente a aquellos que la alteran exagerando la importancia del diablo o de quienes niegan o minimizan su poder maligno.Las precedentes catequesis sobre los √°ngeles nos han preparado para comprender la verdad, que la Iglesia ha transmitido, sobre Satan√°s, es decir, sobre el √°ngel ca√≠do, el esp√≠ritu maligno, llamado tambi√©n diablo o demonio.2. Esta 'ca√≠da', que presenta la forma de rechazo de Dios con el consiguiente estado de 'condena', consiste en la libre elecci√≥n hecha por aquellos esp√≠ritus creados, los cuales radical y irrevocablemente han rechazado a Dios y su reino, usurpando sus derechos soberanos y tratando de trastornarla econom√≠a de la salvaci√≥n y el ordenamiento mismo de toda la creaci√≥n.Un reflejo de esta actitud se encuentra en las palabras del tentador a los progenitores: 'Ser√©is como Dios' o 'como dioses' (Cfr. Gen 3, 5). As√≠ el esp√≠ritu maligno trata de transplantar en el hombre la actitud de rivalidad, de insubordinaci√≥n a Dios y su oposici√≥n a Dios que ha venido a convertirse en la motivaci√≥n de toda su existencia.3. En el Antiguo Testamento, la narraci√≥n de la ca√≠da del hombre, recogida en el libro del G√©nesis, contiene una referencia a la actitud de antagonismo que Satan√°s quiere comunicar al hombre para inducirlo a la transgresi√≥n (Cfr. Gen 3, 5). Tambi√©n en el libro de Job (Cfr. Job 1, 11; 2,5.7), vemos que satan√°s trata de provocar la rebeli√≥n en el hombre que sufre. En el libro de la Sabidur√≠a (Cfr. Sab 2, 24), satan√°s es presentado como el art√≠fice de la muerte que entra en la historia del hombre juntamente con el pecado.4. La Iglesia, en el Conc. Lateranense IV (1215), ense√Īa que el diablo (satan√°s) y los otros demonios 'han sido creados buenos por Dios pero se han hecho malos por su propia voluntad'. Efectivamente, leemos en la Carta de San Judas: . a los √°ngeles que no guardaron su principado y abandonaron su propio domicilio los reserv√≥ con v√≠nculos eternos bajo las tinieblas para el juicio del gran d√≠a' (Jds 6). As√≠ tambi√©n en la segunda Carta de San Pedro se habla de '√°ngeles que pecaron' y que Dios 'no perdon√≥. sino que, precipitados en el t√°rtaro, los entreg√≥ a las cavernas tenebrosas, reserv√°ndolos para el juicio' (2, 4).Est√° claro que si Dios 'no perdon√≥' el pecado de los √°ngeles, lo hace para que ellos permanezcan en su pecado, porque est√°n eternamente 'en las cadenas' de esa opci√≥n que han hecho al comienzo, rechazando a Dios, contra la verdad del bien supremo y definitivo que es Dios mismo. En este sentido escribe San Juan que: 'el diablo desde el principio peca' (1 Jn 3, 3). Y ' √©l es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba en √©l' (Jn 8, 44).5. Estos textos nos ayudan a comprender la naturaleza y la dimensi√≥n del pecado de satan√°s, consistente en el rechazo de la verdad sobre Dios, conocido a la luz de la inteligencia y de la revelaci√≥n como Bien infinito, amor, y santidad subsistente.El pecado ha sido tanto m√°s grande cuanto mayor era la perfecci√≥n espiritual y la perspicacia cognoscitiva del entendimiento ang√©lico, cuanto mayor era su libertad y su cercan√≠a a Dios. Rechazando la verdad conocida sobre Dios con un acto de la libre voluntad, satan√°s se convierte en 'mentiroso c√≥smico' y 'padre de la mentira' (Jn 8, 44). Por esto vive la radical e irreversible negaci√≥n de Dios y trata de imponer a la creaci√≥n, a los otros seres creados a imagen de Dios, y en particular a los hombres, su tr√°gica 'mentira sobre el Bien' que es Dios. En el libro del G√©nesis encontramos una descripci√≥n precisa de esa mentira y falsificaci√≥n de la verdad sobre Dios, que satan√°s (bajo la forma de serpiente) intenta transmitir a los primeros representantes del g√©nero humano: Dios ser√≠a celoso de sus prerrogativas e impondr√≠a por ello limitaciones al hombre (Cfr. Gen 3, 5). Satan√°s invita al hombre a liberarse de la imposici√≥n de este juego, haci√©ndose 'como Dios'.6. En esta condici√≥n de mentira existencial satan√°s se convierte -seg√ļn San Juan- tambi√©n en homicida, es decir, destructor de la vida sobrenatural que Dios hab√≠a injertado desde el comienzo en √©l y en las criaturas 'hechas a imagen de Dios': los otros esp√≠ritus puros y los hombres; satan√°s quiere destruir la vida seg√ļn la verdad, la vida en la plenitud del bien, la vida sobrenatural de gracia y de amor. El autor del libro de la Sabidur√≠a escribe:. por envidia del diablo entr√≥ la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen' (Sab 2, 24). En el Evangelio Jesucristo amonesta: . temed m√°s bien a aquel que puede perder el alma y el cuerpo en la gehena' (Mt 10,28).7. Como efecto del pecado de los progenitores, este √°ngel ca√≠do ha conquistado en cierta medida el dominio sobre el hombre.Esta es la doctrina constantemente confesada y anunciada por la Iglesia, y que el Concilio de Trento ha confirmado en el tratado sobre el pecado original (.): Dicha doctrina encuentra dram√°tica expresi√≥n en la liturgia del bautismo, cuando se pide al catec√ļmeno que renuncie al demonio y a sus seducciones.Sobre este influjo en el hombre y en las disposiciones de su esp√≠ritu (y del cuerpo) encontramos varias indicaciones en la Sagrada Escritura, en las cuales satan√°s es llamado 'el pr√≠ncipe de este mundo' (Cfr. Jn 12, 31; 14, 30;16, 11) e incluso 'el Dios del siglo' (2 Cor 4, 4). Encontramos muchos otros nombres que describen sus nefastas relaciones con el hombre: 'Belceb√ļ' o 'Belial', 'esp√≠ritu inmundo', 'tentador', 'maligno' y finalmente 'anticristo' (1 Jn 4, 3). Se le compara a un 'le√≥n' (1 Pe 5, 8), a un 'drag√≥n' (en el Apocalipsis) ya una 'serpiente' (Gen 3). Muy frecuentemente para nombrarlo se ha usado el nombre de 'diablo' del griego 'diaballein' -diaballein- (del cual 'diabolos'),que quiere decir: causar la destrucci√≥n, dividir, calumniar, enga√Īar. Y a decir verdad, todo esto sucede desde el comienzo por obra del esp√≠ritu maligno que es presentado en la Sagrada Escritura como una persona, aunque se afirma que no est√° solo: 'somos muchos', gritaban los diablos a Jes√ļs en la regi√≥n de las gerasenos (Mc 5, 9); 'el diablo y sus √°ngeles', dice Jes√ļs en la descripci√≥n del juicio final (Cfr. Mt 25, 41).8. Seg√ļn la Sagrada Escritura, y especialmente el Nuevo Testamento, el dominio y el influjo de Satan√°s y de los dem√°s esp√≠ritus malignos se extiende al mundo entero. Pensemos en la par√°bola de Cristo sobre el campo (que es el mundo), sobre la buena semilla y sobre la mala semilla que el diablo siembra en medio del grano tratando de arrancar de los corazones el bien que ha sido 'sembrado' en ellos (Cfr. Mt 13, 38-39). Pensemos en las numerosas exhortaciones a la vigilancia (Cfr. Mt 26, 41; 1 Pe 5, 8), a la oraci√≥n y al ayuno (Cfr. Mt 17, 21). Pensemos en esta fuerte invitaci√≥n del Se√Īor: 'Esta especie (de demonios) no puede ser expulsada por ning√ļn medio sino es por la oraci√≥n' (Mc 9, 29).La acci√≥n de Satan√°s consiste ante todo en tentar a los hombres para el mal, influyendo sobre su imaginaci√≥n y sobre las facultades superiores para poder situarlos en direcci√≥n contraria a la ley de Dios. Satan√°s pone a prueba incluso a Jes√ļs (Cfr. Lc 4, 3-13) en la tentativa extrema de C contrastar las exigencias de la econom√≠a de la salvaci√≥n tal como Dios le ha preordenado.No se excluye que en ciertos casos el esp√≠ritu maligno llegue incluso a ejercitar su influjo no s√≥lo sobre las cosas materiales, sino tambi√©n sobre el cuerpo del hombre, por lo que se habla de 'posesiones diab√≥licas' (Cfr. Mc 5,2-9). No resulta siempre f√°cil discernir lo que hay de preternatural en estos casos, ni la Iglesia condesciende o secunda f√°cilmente la tendencia a atribuir muchos hechos e intervenciones directas al demonio; pero en l√≠nea de principio no se puede negar que, en su af√°n de da√Īar y conducir al mal, Satan√°s pueda llegar a esta extrema manifestaci√≥n de su superioridad.9. Debemos finalmente a√Īadir que las impresionantes palabras del Ap√≥stol Juan: 'El mundo todo est√° bajo el maligno' (1 Jn 5, 19), aluden tambi√©n a la presencia de Satan√°s en la historia de la humanidad, una presencia que se hace m√°s fuerte a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios. El influjo del esp√≠ritu maligno puede 'ocultarse' de forma m√°s profunda y eficaz: pasar inadvertido corresponde a sus 'intereses': La habilidad de Satan√°s en el mundo es la de inducir a los hombres a negar su existencia en nombre del racionalismo y de cualquier otro sistema de pensamiento que busca todas las escapatorias con tal de no admitir la obra del diablo.Sin embargo, no presupone la eliminaci√≥n de la libre voluntad y de la responsabilidad del hombre y menos a√ļn la frustraci√≥n de la acci√≥n salv√≠fica de Cristo. Se trata m√°s bien de un conflicto entre las fuerzas oscuras del mal y las de la redenci√≥n. Resultan elocuentes a este prop√≥sito las palabras que Jes√ļs dirigi√≥ a Pedro al comienzo de la pasi√≥n: . Sim√≥n, Satan√°s os busca para ahecharos como trigo; pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe' (Lc 22,31).Comprendemos as√≠ por que Jes√ļs en la plegaria que nos ha ense√Īado, el 'Padrenuestro', que es la plegaria del reino de Dios, termina casi bruscamente, a diferencia de tantas otras oraciones de su tiempo, record√°ndonos nuestra condici√≥n de expuestos a las insidias del Maligno.El cristiano, dirigi√©ndose al Padre con el esp√≠ritu de Jes√ļs e invocando su reino, grita con la fuerza de la fe: no nos dejes caer en la tentaci√≥n, l√≠branos del Mal, del Maligno. Haz, oh Se√Īor, que no cedamos ante la infidelidad a la cual nos seduce aquel que ha sido infiel desde el principio.

LA ACCI√ďN DE SATAN√ĀS Y LA VICTORIA DE CRISTO (20.VIII.86)

1. Nuestras catequesis sobre Dios, Creador de las cosas 'visibles e invisibles', nos ha llevado a iluminar y vigorizar nuestra fe por lo que respecta a la verdad sobre el maligno o Satan√°s, no ciertamente querido por Dios, sumo Amor y Santidad, cuya Providencia sapiente y fuerte sabe conducir nuestra existencia a la victoria sobre el pr√≠ncipe de las tinieblas.Efectivamente, la fe de la Iglesia nos ense√Īa que la potencia de Satan√°s no es infinita. El s√≥lo es una criatura, potente en cuanto esp√≠ritu puro, pero siempre una criatura, con los l√≠mites de la criatura, subordinada al querer y al dominio de Dios. Si Satan√°s obra en el mundo por su odio a Dios y su reino, ello es permitido por la Divina Providencia que con potencia y bondad ('fortiter et suaviter') dirige la historia del hombre y del mundo. Si la acci√≥n de Satan√°s ciertamente causa muchos da√Īos -de naturaleza espiritual- e indirectamente de naturaleza tambi√©n f√≠sica a los individuos y a la sociedad, √©l no puede, sin embargo, anular la finalidad definitiva a la que tienden el hombre y toda la creaci√≥n, el bien. El no puede obstaculizar la edificaci√≥n del reino de Dios en el cual se tendr√°, al final, la plena actuaci√≥n de la justicia y del amor del Padre hacia las criaturas eternamente 'predestinadas' en el Hijo-Verbo, Jesucristo. M√°s a√ļn, podemos decir con San Pablo que la obra del maligno concurre para el bien y sirve para edificar la gloria de los 'elegidos' (Cfr. 2 Tim 2, 10).2. As√≠ toda la historia de la humanidad se puede considerar en funci√≥n de la salvaci√≥n total, en la cual est√° inscrita la victoria de Cristo sobre 'el pr√≠ncipe de este mundo' (Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11). 'Al Se√Īor tu Dios adorar√°s y a El s√≥lo servir√°s' (Lc 4, 8), dice terminantemente Cristo a Satan√°s.En un momento dram√°tico de su ministerio, a quienes lo acusaban de manera descarada de expulsar los demonios porque estaba aliado de Belceb√ļ, jefe de los demonios, Jes√ļs responde aquellas palabras severas y confortantes a la vez :'Todo reino en s√≠ dividido ser√° desolado y toda ciudad o casa en s√≠ dividida no subsistir√°. Si Satan√°s arroja a Satan√°s, est√° dividido contra s√≠: ¬Ņc√≥mo, pues, subsistir√° su reino?. Mas si yo arrojo a los demonios con el poder del esp√≠ritu de Dios, entonces es que ha llegado a vosotros el reino de Dios' (Mt 12, 25-26. 28). 'Cuando un hombre fuerte bien armado guarda su palacio, seguros est√°n sus bienes; pero si llega uno m√°s fuerte que √©l, le vencer√°, le quitar√° las armas en que confiaba y repartir√° sus despojos' (Lc 11, 21-22). Las palabras pronunciadas por Cristo a prop√≥sito del tentador encuentran su cumplimiento hist√≥rico en la cruz y en la resurrecci√≥n del Redentor. Como leemos en la Carta a los Hebreos, Cristo se ha hecho part√≠cipe de la humanidad hasta la cruz 'para destruir por la muerte al que ten√≠a el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a aquellos que estaban toda la vida sujetos a servidumbre' (Heb 2, 14-15). Esta es la gran certeza de la fe cristiana: 'El pr√≠ncipe de este mundo ya est√° juzgado' (Jn 16, 11); 'Y para esto apareci√≥ el Hijo de Dios, para destruir las obras del diablo' (1 Jn 3, 8), como nos atestigua San Juan. As√≠, pues, Cristo crucificado y resucitado se ha revelado como el 'm√°s fuerte' que ha vencido 'al hombre fuerte', el diablo, y lo ha destronado.De la victoria de Cristo sobre el diablo participa la Iglesia: Cristo, en efecto, ha dado a sus disc√≠pulos el poder de arrojar los demonios (Cfr. Mt 10,1, y paral.; Mc 16, 17). La Iglesia ejercita tal poder victorioso mediante la fe en Cristo y la oraci√≥n (Cfr. Mc 9, 29; Mt 17, 19 ss.), que en casos espec√≠ficos puede asumir la forma de exorcismo.3. En esta fase hist√≥rica de la victoria de Cristo se inscribe el anuncio y el inicio de la victoria final, la parus√≠a, la segunda y definitiva venida de Cristo al final de la historia, venida hacia la cual est√° proyectada la vida del cristiano. Tambi√©n si es verdad que la historia terrena contin√ļa desarroll√°ndose bajo el influjo de 'aquel esp√≠ritu que -como dice San Pablo- ahora act√ļa en los que son rebeldes' (Ef 2, 2), los creyentes saben que est√°n llamados a luchar para el definitivo triunfo del bien: 'No es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los esp√≠ritus malos de los aires' (Ef 6, 12).4. La lucha, a medida que se avecina el final, se hace en cierto sentido siempre m√°s violenta, como pone de relieve especialmente el Apocalipsis, el √ļltimo libro del Nuevo Testamento (Cfr. Ap 12, 7-9). Pero precisamente este libro acent√ļa la certeza que nos es dada por toda la Revelaci√≥n divina: es decir, que la lucha se concluir√° con la definitiva victoria del bien. En aquella victoria, precontenida en el misterio pascual de Cristo, se cumplir√° definitivamente el primer anuncio del G√©nesis, que con un t√©rmino significativo es llamado proto-Evangelio, con el que Dios amonesta a la serpiente: 'Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer' (Gen 3, 15). En aquella fase definitiva, completando el misterio de su paterna Providencia, 'liberar√° del poder de las tinieblas' a aquellos que eternamente ha 'predestinado en Cristo' y les 'transferir√° al reino de su Hijo predilecto' (Cfr. Col 1, 13-14). Entonces el Hijo someter√° al Padre tambi√©n el universo, para que 'sea Dios en todas las cosas' (1 Cor 15, 28).5. Con √©sta se concluyen las catequesis sobre Dios Creador de las 'cosas visibles e invisibles', unidas en nuestro planteamiento con la verdad sobre la Divina Providencia. Aparece claro a los ojos del creyente que el misterio del comienzo del mundo y de la historia se une indisolublemente con el misterio del final, en el cual la finalidad de todo lo creado llega a su cumplimiento. El Credo, que une as√≠ org√°nicamente tantas verdades, es verdaderamente la catedral armoniosa de la fe.De manera progresiva y org√°nica hemos podido admirar estupefactos el gran misterio de la inteligencia y del amor de Dios, en su acci√≥n creadora, hacia el cosmos, hacia el hombre, hacia el mundo de los esp√≠ritus puros. De tal acci√≥n hemos considerado la matriz trinitaria, su sapiente finalidad relacionada con la vida del hombre, verdadera 'imagen de Dios', a su vez llamado a volver a encontrar plenamente su dignidad en la contemplaci√≥n de la gloria de Dios. Hemos recibido luz sobre uno de los m√°ximos problemas que inquietan al hombre e invaden su b√ļsqueda de la verdad: el problema del sufrimiento y del mal. En la ra√≠z no est√° una decisi√≥n errada o mala de Dios, sino su opci√≥n, y en cierto modo su riesgo, de crearnos libres para tenernos como amigos. De la libertad ha nacido tambi√©n el mal. Pero Dios no se rinde, y con su sabidur√≠a transcendente, predestin√°ndonos a ser sus hijos en Cristo, todo lo dirige con fortaleza y suavidad, para que el bien no sea vencido por el mal.Fuentes: Fortea, Signos de estos Tiempos

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