‚ÄćTodo comenz√≥ hace 25 a√Īos cuando, ante la constataci√≥n de que muchos j√≥venes se perd√≠an entre los vicios propiciados por las pandillas, el padre Greg Boyle, s.j. (a quien los j√≥venes llaman ¬ęFather G¬Ľ) se dio a la tarea de ayudar y sacar adelante a los muchachos, especialmente latinos, con un modelo de negocio rentable para mejorar la situaci√≥n de violencia en que viv√≠an los ex pandilleros.

padre-gregory-boyle

Desde la creaci√≥n de Homeboy Industries, el objetivo fue hacer dinero: generar ganancias para poder dar ayuda a pandilleros arrepentidos en Los √Āngeles.

Se lo considera un plan modelo.Unos 50 empleados rotan en los mesones donde se amasan, rellenan y moldean panes y galletas.

Cuando Herb Fingerhut asumió su cargo de director de operaciones de una panadería, tenía por delante algunos desafíos aparentemente sencillos: lograr que sus trabajadores se cubrieran el cabello con redecillas, que ajustaran los tiempos de producción, que se acostumbraran a marcar tarjeta a la llegada y a respetar los turnos del almuerzo.

Pero la misión era mucho mayor: se trataba de conseguir que expandilleros y delincuentes que habían integrado bandas rivales en las calles convivieran ahora en armonía. Y, como si ello fuera poco, que hicieran que el negocio diera ganancias.

La panader√≠a de Fingerhut es, en realidad, un programa de reinserci√≥n de pandilleros que se considera modelo a nivel mundial: el m√°s grande de Estados Unidos y el m√°s duradero de Los √Āngeles, la ciudad que, a mediados de los ‚Äô80, se hab√≠a ganado la dudosa reputaci√≥n de ‚Äúcapital pandillera‚ÄĚ del pa√≠s.All√≠ -en una zona neutral del centro angelino pero muy cerca del East LA que supo cobijar a m√°s de 1.300 bandas, seg√ļn un conteo de las autoridades locales- naci√≥ Homeboy Industries.

‚ÄúEmpezamos a trabajar con la diversificaci√≥n de la l√≠nea de panes. Lo que tenemos es una panader√≠a artesanal totalmente profesional donde las personas que pasan por un entrenamiento quedan luego en capacidad de conseguir un trabajo y ganarse la vida‚ÄĚ, dice a BBC Mundo el director de operaciones, un experto en marketing criado en una familia polaca con m√°s de cien a√Īos de experiencia en pasteler√≠a.

Unos 50 empleados rotan en los mesones donde se amasan, rellenan y moldean panes y galletas.

Otros se ocupan de llevar los productos a los m√°s de 25 mercados del sur de California donde venden directo al p√ļblico, a otros les toca la distribuci√≥n a hoteles y restaurantes.

‚ÄúNuestra meta es un cliente nuevo a la semana. Y una facturaci√≥n de diez millones de d√≥lares‚ÄĚ, afirma Fingerhut, que indica que han superado la marca de US$1,5 millones.

‚ÄúFATHER-G‚ÄĚ, L√ćDER

La receta lleva 25 a√Īos de maduraci√≥n: este abril, Homeboy festeja el cuarto de siglo como programa antipandillas y, seg√ļn sus responsables, ha atendido a un promedio de 15.000 j√≥venes al a√Īo que llegan en busca de ayuda.

La longevidad y el volumen del proyecto, sin embargo, no explican por completo por qué Homeboy atrae la mirada de académicos y activistas: desde el comienzo fue pensado como un programa de ayuda, sí, pero uno que debía garantizar cierta rentabilidad para conseguir fondos que ayudaran a su operación.

As√≠, esta organizaci√≥n sin fines de lucro se convirti√≥ en un negocio ‚Äďo varios- que dan mucho dinero.

‚ÄúNada es tan efectivo para detener una bala como un empleo‚ÄĚ, dice su eslogan.La idea y la ejecuci√≥n tienen un primer responsable, un hombre que ha adquirido estatus de celebridad entre participantes del programa y colaboradores: Greg Boyle.

Este sacerdote jesuita, fundador del emprendimiento, sigue siendo su motor: cuando ‚ÄúFather-G‚ÄĚ, ‚ÄúG-Dog‚ÄĚ o simplemente ‚ÄúG‚ÄĚ, como lo apodan, est√° en la casa de Homeboy, su d√≠a es una sucesi√≥n de reuniones de cinco minutos con todos lo que hacen fila para verlo.

Son muchos. Un salón lleno de rostros tatuados, brazos con marcas, cuerpos curtidos.

El resto del tiempo Boyle lo pasa viajando. Da cursos y charlas, es consultor de gobiernos y legislaturas, miembro del Concejo Nacional contra las Pandillas, integrante del grupo transnacional impulsado desde Los √Āngeles para ayudar al proceso de pacificaci√≥n entre maras en El Salvador.

‚ÄúCuando empezamos era el peor momento de violencia en Los √Āngeles, con casi 1.000 homicidios (anuales) relacionados con pandillas en 1992.

Desde entonces ese n√ļmero se ha reducido a la mitad, y luego a la mitad‚Ķ en gran medida gracias a este programa, que ayud√≥ a cambiar la manera en la que se pensaba la intervenci√≥n‚ÄĚ, dice Boyle, de 58 a√Īos y tupida barba blanca, en di√°logo con BBC Mundo.

(Y las estad√≠sticas lo apoyan: las cifras del alguacil del condado de Los √Āngeles indican que en 2012 hubo 105 homicidios vinculados con la actividad pandillera).

DIVERSIFICAR INGRESOS

Fue en 1992 que el sacerdote cre√≥ la panader√≠a. Luego vino un restaurante a la calle, un servicio de catering, mermeladas, una l√≠nea de tortillas propia que compite en el supermercado con las grandes marcas y tiene hasta su salsa para acompa√Īar.

‚ÄúEl caf√©, que se llama Homegirl, lo abrimos hace nueve a√Īos pero la idea estaba desde el principio, era s√≥lo cuesti√≥n de tener los fondos.

Y la raz√≥n detr√°s era darle una salida a las mujeres en peligro, sea porque ellas mismas integraban pandillas o porque estaban en situaci√≥n de riesgo por sus parejas o familiares‚ÄĚ, relata Patricia Z√°rate, una mexicana que supervisa la operaci√≥n desde el d√≠a en que el caf√© inaugur√≥.

Desde entonces, han abierto otro en el edificio de la alcald√≠a y en la terminal internacional del aeropuerto de Los √Āngeles.

Y hay más: Homeboy Silkscreen es un taller de estampado de ropa, que ofrece servicios de personalización de camisetas a terceros (y cobra, claro, por los servicios) y fabrica su propia línea de indumentaria.

Algunas prendas, como bolsos y remeras, se consiguen en tiendas de dise√Īo de Los √Āngeles: se han vuelto un objeto de moda.

“Tratamos de buscar el revenue (ganancia) porque eso se inyecta de regreso a la organización.

Sí funcionamos como un negocio: proveemos servicios, tenemos metas y presupuestos, competimos con los negocios locales.

Los clientes pueden venir una vez por el fin social que hay detr√°s, pero vuelven s√≥lo si el producto es bueno‚ÄĚ, dice Z√°rate a BBC Mundo mientras ojea una bandeja gigante de tamales listos para hornear.

POR UN TIEMPO

Desde el punto de vista estrictamente econ√≥mico, muchos critican que la producci√≥n en Homeboy est√° lejos de estar ‚Äúoptimizada‚ÄĚ.

Hay m√°s empleados de los necesarios (‚Äútenemos que tener gente para cubrir cuando otros se van a sesiones de terapia o a estudiar, que es parte del programa‚ÄĚ, dice Z√°rate).

Quienes terminan su entrenamiento son impulsados a buscar trabajo con otro empleador, en lugar de poner los conocimientos avanzados al servicio de la compa√Ī√≠a que los form√≥.

‚ÄúNo podemos olvidarnos por qu√© estamos haciendo todo esto, aunque atendamos tambi√©n a las ganancias‚ÄĚ, confirma Rub√©n Rodr√≠guez, a cargo del taller de estampado textil y bordado que factura m√°s de US$1 mill√≥n al a√Īo desde hace siete periodos contables.

Para los beneficiarios, el entrenamiento temporal es una tabla de salvación.

Así lo dicen: hablan de cómo Father-G los rescató, de las ventajas de aprender disciplina y reglas de conducta entre pares, de cómo en breve deberán salir al mundo real y allí no habrá concesiones

‚ÄúTengo una ni√Īa y ahora quiero ser mejor mam√°, quiero mantenerla a ella y mi independencia. Aqu√≠ aprend√≠ a trabajar con gente y a ser muy amable‚ÄĚ, dice Pamela D√≠az, de 28 a√Īos y mesera en el caf√© de la organizaci√≥n.

“Yo aprendí a hacer negocios, no sabía conducirme frente a la gente ni comunicarme ni hacer relaciones de trabajo.

Mi objetivo ahora es convertirme en vendedor y comerciante senior para tener m√°s oportunidades‚ÄĚ, indica por su parte Mario McDonald, quien trabaja en los mercados.

Para el padre Boyle, las celebraciones del 25¬į aniversario son una ocasi√≥n para seguir en una cruzada, la del dinero.

Conseguir sponsors y donaciones que sostengan a las Industrias Homeboy porque, pese al éxito relativo de sus líneas de negocios, los fondos no alcanzan.

‚ÄúPero queremos que, en un futuro, los ingresos que generamos representen al menos la mitad del costo de nuestras operaciones. Por ahora cubrimos un tercio. Vamos poco a poco‚ÄĚ, dice el jesuita.

Fuentes: El Comercio, Info Católica

S√ļmate a nuestra Newsletter y recibe las √ļltimas publicaciones
en tu bandeja de entrada

Thank you! Your submission has been received!
Oops! Something went wrong while submitting the form.

Noticias

Ver todo