Una catequesis sobre los demonios y su expulsión
El combate del cristiano por el Reino ‚Äď¬ęvenga a nosotros tu Reino¬Ľ, no es tanto contra el mundo y la carne, sino contra los esp√≠ritus del mal, contra los demonios. Se inicia ya en el bautismo, que incluye exorcismos, y se prolonga en toda la vida cristiana por la oraci√≥n ‚Äďen el mismo Padrenuestro, ¬ęl√≠branos del Maligno¬Ľ‚Äď, los sacramentos, el ejercicio de las virtudes, la evitaci√≥n del pecado, de la cautividad del mundo ‚Äďpensamientos y costumbres‚Äď, las bendiciones, como el agua bendita, etc.
exorcismo de un cura a un negro

Pero en casos extremos, cuando hay signos suficientes de que el demonio ha logrado un dominio especial sobre un hombre, la Iglesia, fiel al mandato de Cristo, practica los exorcismos. Por medio de ellos el hombre atormentado por el demonio se refugia en Jes√ļs, el Salvador, y en √©l encuentra una acogida llena de misericordia y de paz.Esta es una catequesis que ha escrito el padre Jos√© Mar√≠a Iraburu que le da suma importancia al los exorcismos, porque seg√ļn ense√Īa el Catecismo, los tres sacramentales m√°s importantes, son las bendiciones (1671), las consagraciones, que son bendiciones constitutivas (un abad, un altar, etc.) (1672) y los exorcismos (1673).

LA LUCHA CONTRA EL DEMONIO

Los cristianos debemos ser muy conscientes de que nuestra lucha espiritual a√ļn m√°s que contra ¬ęmundo y carne¬Ľ, es contra ¬ęel demonio¬Ľ, ¬ęcontra los esp√≠ritus malos¬Ľ (Ef 6,11).En la vida de Cristo, sobre todo desde el inicio de su vida p√ļblica (las tentaciones sat√°nicas del desierto), hasta su muerte (la hora del poder de las tinieblas), muestra el Evangelio claramente que el principal enemigo del Reino, en cada persona y en el mundo, es el demonio. Su impugnaci√≥n es mucho m√°s poderosa que la de fariseos, Sanedr√≠n, romanos, pecadores, etc., pues es el demonio quien asiste a todos √©stos contra Cristo. Y lo mismo se comprueba tanto en la vida y ministerio de los Ap√≥stoles como a lo largo de toda la vida de la Iglesia.No debemos temer al demonio; es √©l quien debe temernos a nosotros. El Se√Īor nos mand√≥: ¬ęno se turbe vuestro coraz√≥n, ni teng√°is miedo¬Ľ (Jn 14,27). Pero debemos ser bien conscientes de sus continuas asechanzas, resisti√©ndolas con la oraci√≥n y la virtud, con el ayuno y la penitencia, con todos los medios que la Iglesia nos ofrece; tambi√©n con los exorcismos, en casos extremos.No lo tememos porque sabemos bien que Cristo venci√≥ al Demonio y lo sujet√≥. Ahora es como una fiera encadenada, que no puede da√Īar al cristiano si √©ste no se le acerca, poni√©ndose en ocasi√≥n pr√≥xima de pecado y pecando. El poder tentador de los demonios est√° completamente sujeto a la providencia del Se√Īor, que lo emplea para nuestro bien como castigo medicinal (1Cor 5,5; 1Tim 1,20) o como prueba purificadora (2Cor 12,7-10).El diablo ataca especialmente a los cristianos m√°s santos. El Demonio tienta a los buenos, pues a los pecadores les tienta sobre todo a trav√©s de mundo y carne, manteni√©ndose √©l oculto; y con eso le basta para perderlos. Pero se ve obligado a hostilizar directamente, a cara descubierta, a los santos, porque son cristianos que ya est√°n muy libres de mundo y de la carne. Eso explica que en todas las vidas de los santos hallamos normalmente directas agresiones diab√≥licas. La Iglesia supo todo esto desde el principio.San Juan de la Cruz da la causa:

¬ęConociendo el demonio esta prosperidad del alma ‚Äď√©l, por su gran malicia, envidia todo el bien que en ella ve‚Äď, en este tiempo usa de toda su habilidad y ejercita todas sus artes para poder turbar en el alma siquiera una m√≠nima parte de este bien; porque m√°s aprecia √©l impedir a esta alma un quilate de esta su riqueza que hacer caer a otras muchas en muchos y graves pecados, porque las otras tienen poco o nada que perder, y √©sta mucho¬Ľ (C√°ntico 16,2).

OBSESI√ďN Y POSESI√ďN

Los malos cristianos est√°n muy sujetos al mundo, y consiguientemente al diablo, pr√≠ncipe de este mundo. Y tambi√©n est√°n esclavos de su propia condici√≥n carnal a trav√©s de sus vicios: orgullo, pereza, lujuria, avidez de prestigio, placeres y riquezas, etc.Los pecadores, alejados de oraci√≥n y sacramentos, de asc√©tica y de la misma Iglesia, entregados a pecados habituales, y m√°s a√ļn si participan del mundo esot√©rico del espiritismo, el ocultismo, la magia, la adivinaci√≥n, el satanismo y tantas otras pr√°cticas perversas antiguas y modernas, son presas seguras del demonio.Ahora bien, muchas veces el demonio prefiere que su dominio sobre el pecador, aun siendo muy profundo, no se manifieste abiertamente, ni sea consciente en sus cautivos, sino que √©stos se crean libres. Otras veces, sin embargo, humilla y ataca a los pecadores en modos terribles, en agresiones que pueden revestir una gran diversidad de formas y grados:‚ÄďEn el asedio, tambi√©n llamado obsesi√≥n, el demonio act√ļa sobre el hombre desde fuera. Se dice interno cuando afecta a las potencias espirituales, sobre todo a las inferiores: violentas inclinaciones malas, repugnancias insuperables, angustias, pulsiones agresivas, suicidas, etc. Y se dice externocuando afecta a cualquiera de los sentidos externos, induciendo impresiones sensibles muy realistas en vista, o√≠do, olfato, gusto, tacto, las cuales, aun siendo totalmente falsas, se experimentan como si fueran verdaderas.‚ÄďEn la posesi√≥n el demonio entra en la v√≠ctima y la mueve desp√≥ticamente desde dentro. Pero advi√©rtase que aunque el diablo haya invadido el cuerpo de un hombre, y obre en √©l como en propiedad suya, no puede influir en la persona como principio intr√≠nseco de sus acciones y movimientos, sino por un dominio violento, que es ajeno a la sustancia del acto. La posesi√≥n diab√≥lica, consecuentemente, afecta al cuerpo, pero el alma no es invadida, conserva la libertad y, si se mantiene unida a Dios, puede incluso estar en gracia durante la misma posesi√≥n (cf. Juan Pablo II, 13-8-1986). Lo mismo puede suceder, a fortiori, en quienes se ven acosados por asedios diab√≥licos, a veces muy fuertes y duraderos.En casos extremos, el medio apropiado de la lucha espiritual contra el demonio son los exorcismos. Como recordaremos, fueron ejercitados con frecuencia por Cristo Salvador, y √©l envi√≥ a los Ap√≥stoles como evangelizadores y como exorcistas, con especiales poderes espirituales para expulsar a los demonios. Los exorcismos, por tanto, son sacramentales quedeben ser aplicados a aquellos hombres que sufren especialmente los ataques del diablo (Catecismo 1673).

CRISTO ES UN EXORCISTA POTENT√ćSIMO

En los Evangelios, una y otra vez, Jes√ļs se manifiesta como predicador del Reino, como taumaturgo, sanador de enfermos sobre todo, y como exorcista. No conoce a Cristo quien no lo reconoce como exorcista. Es decir, quien no cree en Jes√ļs como exorcista no cree en el Evangelio. La Iglesia cree con una fe cierta en los exorcismos realizados por Cristo, fundament√°ndose en los relatos evang√©licos de la expulsi√≥n de demonios, que por cierto pertenecen al fondo m√°s antiguo de la tradici√≥n sin√≥ptica.Los Evangelios testifican reiteradas veces que la expulsi√≥n de demonios era una parte habitual del ministerio de Cristo, claramente diferenciado de la sanaci√≥n de enfermos (Mc 1,25; 5,8; 7,29; 9,25). ¬ęAl anochecer, le llevaban todos los enfermos y endemoniados, y toda la ciudad se agolpaba a la puerta. Jes√ļs san√≥ a muchos pacientes de diversas enfermedades y expuls√≥ a muchos demonios¬Ľ (Mc 1,32; cf. Lc 13,32). Se trata, ciertamente, de dos acciones distintas.Las curaciones, sin apenas di√°logo, las realiza Jes√ļs con suavidad y gestos compasivos, como tomar de la mano; los exorcismos en cambio suelen ser con di√°logo, y siempre violentos, duros, imperativos. Una ¬ęaproximaci√≥n hist√≥rica¬Ľ a la figura de Jes√ļs, que venga a asimilar los exorcismos a las sanaciones, declara en forma indudable que falta la fe en la historicidad de los Evangelios.El Evangelio refiere numerosos exorcismos de Jes√ļs, y podemos observar que algunos, referidos con m√°s detalle, se dan hoy en los posesos con los mismos rasgos violentos y terribles: aullidos aterrorizadores, fuerza f√≠sica sobrehumana del pose√≠do, ejercitada en ocasiones contra s√≠ mismo‚Ķ

¬ęLlegaron a la regi√≥n de los gerasenos, y en cuanto sali√≥ de la barca vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, un hombre pose√≠do de un esp√≠ritu impuro, que ten√≠a su morada en los sepulcros, y ni aun con cadenas pod√≠a nadie sujetarle, pues muchas veces le hab√≠an puesto grillos y cadenas, y los hab√≠a roto. Continuamente, noche y d√≠a, iba entre los monumentos y por los montes aullando ehiri√©ndose con piedras¬Ľ.

Siente el poseso horror al Salvador y a todos los signos sagrados que lo re-presentan: ¬ępor Dios te conjuro que no me atormentes¬Ľ. Actu√≥ Jes√ļs sobre √©l, con su poder divino compasivo, liber√°ndole totalmente del Maligno. Y al correr la noticia, acudi√≥ la gente, y ¬ęcontemplaban al endemoniado sentado, vestido y en su sano juicio¬Ľ (Mc 5,1-20). No pocos exorcistas actuales han tenido experiencias muy semejantes, aunque la eficacia de su acci√≥n sacramental liberadora no haya sido tan r√°pida y efectiva como la del Salvador.

TAMBI√ČN LOS AP√ďSTOLES SON EXORCISTAS

Cristo, al enviarlos, los potencia especialmente para serlo:

¬ęles di√≥ poder sobre todos los demonios y para curar enfermedades¬Ľ (Lc 9,1). Jes√ļs profetiza: ¬ęen mi nombre expulsar√°n los demonios, hablar√°n lenguas nuevas, pondr√°n sus manos sobre los enfermos y los curar√°n¬Ľ (Mc 16,17-18).

Y los Ap√≥stoles, fieles al mandato del Se√Īor, ejercitaron frecuentemente los exorcismos, como lo hab√≠a hecho Cristo:

¬ęSe√Īor, hasta los demonios se nos somet√≠an en tu nombre¬Ľ (Lc 10,17). ¬ęDios hac√≠a milagros extraordinarios por medio de Pablo, hasta el punto de que con solo aplicar a los enfermos los pa√Īuelos o cualquier otra prenda de Pablo, se curaban las enfermedades y sal√≠an los esp√≠ritus malignos¬Ľ (Hch 19,11-12).

ESE MISMO COMBATE CON EL MALIGNO LO COMPROBAMOS EN LA VIDA DE LOS SANTOS

San Pedro apóstol (+67), primer Obispo de Roma, alerta a la comunidad cristiana, para que conozca en la fe desde el principio cuál va a ser realmente su combate.

¬ęEstad vigilantes. Vuestro adversario, el diablo, como le√≥n rugiente, ronda buscando a quien devorar. Resistidle, firmes en la fe, sabiendo que vuestra comunidad fraternal en el mundo entero est√° pasando por los mismos sufrimientos¬Ľ (1Pe 5,8-9).

San Ignacio de Antioquía (+107) integra en su vida espiritual cristiana la lucha contra el demonio en una continuidad perfecta con el Evangelio. Así se ve frecuentemente en sus escritos:

¬ęS√≥lo hemos de esforzarnos en imitar al Se√Īor, a fin de que no se vea entre vosotros huella alguna del diablo, sino que en toda castidad y templanza permanezc√°is en Jesucristo corporal y espiritualmente¬Ľ (Efesios X,3). ¬ęEl que honra al obispo, es honrado por Dios. El que a ocultas del obispo hace algo, rinde culto al diablo¬Ľ (Esmirniotas IX,1). ¬ęPor el amor que os tengo, hago de centinela vuestro, previendo y se√Īalando las asechanzas del diablo¬Ľ (Tralianos VIII,1). No impid√°is mi martirio: ¬ęfuego y cruz, manadas de fieras, quebrantamiento de mis huesos, trituraciones de todo mi cuerpo, tormentos atroces del diablo, vengan sobre m√≠, a condici√≥n s√≥lo de que yo alcance a Jesucristo¬Ľ (Romanos V,3).

San Antonio Abad (+356) es conocido por nosotros a trav√©s de la Vida de Antonio escrita por el gran doctor de la Iglesia San Atanasio (+373), que pudo conocerla muy bien, al ser amigo de los monjes egipcios, con los que convivi√≥ durante alguno de sus exilios. Este libro tuvo gran importancia en la configuraci√≥n primera de la espiritualidad mon√°stica, que se aten√≠a con inmensa reverencia a Antonio y a Atanasio. En la Vita Antonii queda muy claro que el combate por la perfecci√≥n evang√©lica se libra no tanto contra el mundo y la carne, sino que es sobre todo una lucha a muerte contra el demonio.Ya al inicio mismo de su vocaci√≥n, Antonio se vi√≥ hostigado duramente por el diablo, empe√Īado en frustrarla (5-6):

¬ę√©ste fue el primer combate de Antonio contra el diablo, o mejor, el √©xito del Salvador, que realiz√≥ esto en Antonio¬Ľ (7,1).

Adentrándose al poco tiempo cada vez más en las soledades del desierto, se recogió en unos sepulcros abandonados muy lejos de la ciudad.

¬ęPero el enemigo no pudiendo soportar esto y temiendo que Antonio poco a poco convirtiera el desierto en la ciudad de la ascesis, se acerc√≥ una noche con una multitud de demoniois y le dieron tal paliza que, a causa de los dolores, cay√≥ a tierra sin voz¬Ľ (8,1).

¬ęNo pudiendo permanecer en pie por los golpes recibidos de los demonios, oraba postrado y tras la oraci√≥n dec√≠a: ‚ÄúAqu√≠ estoy, soy Antonio. No huyo de vuestros golpes. Aunque me golpe√©is m√°s, nada me separar√° del amor de Cristo‚Ä̬Ľ (9,2).

Siguieron produciéndose las terribles impugnaciones diabólicas, de tal modo que cuando algunos le visitaban se quedaban aterrorizados al escuchar desde fuera los ruidos, golpes y gritos. Pero Antonio les decía:

¬ęLos demonios provocan tales visiones contra los temerosos. Vosotros haced la se√Īal de la cruz, y marchad confiados. Dejad que ser burlen de s√≠ mismos¬Ľ (13,4-5).

Nuevas luchas contra los demonios hubo de librar en su √ļltima ancianidad, venciendo siempre afirm√°ndose en el Salvador: ¬ęmarch√°os inmediatamente, pues yo soy siervo de Cristo¬Ľ (52,4; cf. 51-53).Antonio lleg√≥ a vencer al demonio en forma tan absoluta, que expulsaba demonios de los posesos con irresistible eficacia. En muchos casos su potencia exorcista se mostraba irresistible, y siempre con efectos perdurables:

por ejemplo, una joven (48,1-3); un joven terriblemente humillado por el diablo, que le hac√≠a comer sus propios excrementos (64,1-5); una endemoniada llevada a √©l por su madre: ¬ęhombre de Dios, mi hija es terriblemente atormentada por el demonio¬Ľ (71,1-3).

Por otra parte, el libro Vida de Antonio dedica varios cap√≠tulos a exponer las l√≠neas asc√©ticas fundamentales de la lucha contra el demonio (21-43): oraci√≥n, ayuno, fortaleza en Cristo, no temer, llegar a ser temible para el diablo, etc. Es un breve c√≥digo asc√©tico anti-diab√≥lico que hasta hoy mantiene toda su vigencia. Los historiadores del monacato primitivo hacen notar que, una vez que innumerables monjes se apoderaron espiritualmente del desierto, disminuyeron muy notablemente las hostigaciones del diablo.San Francisco de As√≠s (+1226), seg√ļn refieren las cr√≥nicas primeras hagiogr√°ficas, en varias ocasiones mostr√≥ su poder en Cristo sobre los demonios, como en √©stas que recuerdo aqu√≠:Vino el santo a la ciudad de Castello,

¬ęacudieron muchos ciudadanos, tray√©ndole una mujer largo tiempo endemoniada, y le rogaban humildemente que la remediase, porque alborotaba toda la comarca, ya con aullidos dolorosos, ya con crujidos crueles, ya con ladridos de perro. San Francisco se puso en oraci√≥n, y luego hizo sobre ella la se√Īal de la cruz, mand√≥ al demonio que la dejara, e inmediatamente qued√≥ sana de cuerpo y mente¬Ľ (Florecillas, p.II, consideraci√≥n IV).

¬ęLleg√≥ a la ciudad de Arezzo, devorada toda por lucha intestina, que amenazaba pr√≥xima cat√°strofe. Cobijado el hombre de Dios en una choza de las afueras de la ciudad, vi√≥ sobre el circuito de la misma a los demonios, que daban muestras de gran contento mientras azuzaban a sus habitantes a la lucha unos contra otros¬Ľ.

Compadecido Francisco, envió a Fray Silvestro a que fuese a la puerta de la ciudad y expulsara a todos los demonios.

¬ęSe apresur√≥ la piadosa sencillez a cumplir la obediencia, y alabando la presencia de Dios, grit√≥ fuertemente ante la puerta: ‚ÄúDe parte de Dios, y por mandato de nuestro Padre Francisco, march√°os, demonios todos, lejos de aqu√≠‚ÄĚ. Poco despu√©s se pacific√≥ la ciudad y con gran tolerancia guard√°ronse mutuamente los derechos de la ciudadan√≠a¬Ľ.

Predicándoles después Francisco les dijo:

¬ęDirijo la palabra a vosotros, no ha mucho cautivos del diablo y presos de los demonios, pero a quienes veo ahora libres de los mismos, por las s√ļplicas de cierto pobrecillo¬Ľ (Tom√°s de Celano, Vida segunda p.II, 108).

Santo Domingo de Guzmán (+1221), entendía bien que el combate principal de los cristianos, y muy especialmente de aquellos que más procuran la perfección evangélica, es contra el demonio. Traigo sólo un ejemplo.

¬ęEstando en Espa√Īa, en el pueblo llamado Guadalajara, tent√≥ el demonio a algunos de los frailes que le acompa√Īaban para que se alejasen del bienaventurado var√≥n; y ello no se ocult√≥ al santo var√≥n Domingo antes de que se realizase [‚Ķ] y lleno del esp√≠ritu de Dios, comprendi√≥ que era inminente sobre los frailes el grave trance de una tentaci√≥n diab√≥lica, y les refiri√≥ la terribe visi√≥n [que hab√≠a tenido], exhort√°ndolos a que resistieran valientemente al tentador, que no se apodera de nadie si no se le entrega uno espont√°neamente. Poco tiempo despu√©s, a excepci√≥n de tres frailes, los otros ¬ęse apartaron de √©l por persuasi√≥n diab√≥lica [‚Ķ] Y el Padre santo no se indign√≥ contra aquellos que le hab√≠an abandonado, sino que, movido a compasi√≥n, recurri√≥ al punto al refugio de la oraci√≥n; y aquellos que no hab√≠a podido retener con amonestacines, los recobr√≥ con s√ļplicas, porque poco despu√©s, como por instinto de la divina gracia, volvieron a √©l casi todos¬Ľ (Pedro Ferrando, O.P. +1254?: Leyenda de Santo Domingo cp. XXIX).

San Vicente Ferrer (+1419), dominico, uno de los más grandes predicadores de la historia de la Iglesia, obró en vida muchos milagros, y con gran frecuencia manifestó el poder de Cristo en sus exorcismos.

¬ęPara m√°s autorizar la palabra de Dios, ten√≠a por costumbre, acabado el serm√≥n, a lanzar los demonios de los hombres endemoniados que le tra√≠an, para lo cual tuvo especial gracia, gratis data¬Ľ (Justiniano Antist, O.P., Vida de S. Vicente Ferrer, p.I, c.6).

San Ignacio de Loyola (+1556) era sumamente consciente de que los grandes combates asc√©ticos y apost√≥licos en favor del Reino de Cristo se daban no tanto contra la carne y la sangre, sino contra los esp√≠ritus malignos, los demonios, contra el Pr√≠ncipe de este mundo. Y en sus escritos hace referencia al diablo con gran frecuencia, expresando as√≠ su √≠ntima y continua convicci√≥n. Multiplica los avisos, ayuda a reconocer la acci√≥n del demonio, describe minuciosamente cu√°les son sus t√°cticas y sus enga√Īos, se√Īala los modos m√°s eficaces para combatirle, etc. En sus escritos son cientos estas observaciones experimentales y ense√Īanzas doctrinales y espirituales, como para reunirlas en un libro de doscientas p√°ginas.El texto donde quiz√° mejor sintentiza su doctrina es el que hallamos en los Ejercicios espirituales (136-143), en la meditaci√≥n de las dos banderas. Describe all√≠ el campamento de Cristo en toda su grandeza, poder y belleza. A √©l contrapone el ¬ęotro campo en regi√≥n de Babilonia, donde el Caudillo de los enemigos es Lucifer¬Ľ. Y ense√Īa c√≥mo el Enemigo

¬ęhace llamamiento de innumerables demonios y c√≥mo los esparce a lo unos en tal ciudad y a los otros en otra, y as√≠ por todo el mundo, no dejando provincias, lugares, estados ni personas algunas en particular¬Ľ.

Santa Teresa de Jes√ļs (+1582), con la oraci√≥n, la cruz y el agua bendita, libr√≥ grandes batallas contra los demonios, que se le representaban a veces con horribles formas. Al principio se asustaba, pero pronto se afirm√≥ en la fe de que los cristianos somos reyes en Cristo, y participamos de su se√Īor√≠o sobre toda criatura, tambi√©n sobre los demonios.

¬ęSi este Se√Īor es poderoso, como veo que lo es y s√© que lo es y que son sus esclavos los demonios ‚Äďy de esto no hay que dudar, pues es de fe‚Äď, siendo yo sierva de este Se√Īor y Rey ¬Ņqu√© mal me pueden ellos hacer a m√≠?, ¬Ņpor qu√© no he de tener yo fortaleza para combatir contra todo el infierno? Tomaba una cruz en la mano y parec√≠a darme Dios √°nimo, que yo me ve√≠a otra en un breve tiempo, que no temiera meterme con ellos a brazos, que me parec√≠a que con aquella cruz f√°cilmente los venciera a todos. Y as√≠ dije: ‚Äúvenid ahora todos, que siendo sierva del Se√Īor quiero yo ver qu√© me pod√©is hacer‚Ä̬Ľ.

Y en esta actitud desafiante, concluye:

¬ęNo hay duda de que me parec√≠a que me ten√≠an miedo, porque yo qued√© sosegada y tan sin temor de todos ellos que se me quitaron todos los miedos que sol√≠a tener hasta hoy; porque, aunque algunas veces les ve√≠a, no les he tenido m√°s casimiedo, antes me parec√≠a que ellos me lo ten√≠an a m√≠. Me qued√≥ un se√Īor√≠o contra ellos, bien dado por el Se√Īor de todos, que no se me da m√°s de ellos que de moscas. Me parecen tan cobardes que, en viendo que los tienen en poco, no les queda fuerza¬Ľ (Vida 25,20-21).

Santa Teresa conoció bien la fuerza del agua bendita ante los demonios:

¬ęno hay cosa con que huyan m√°s para no volver; de la cruz tambi√©n huyen, mas vuelven. Debe ser grande la virtud del agua bendita; para m√≠ es particular y muy conocida consolaci√≥n que siente mi alma cuando la tomo¬Ľ. Y a√Īade algo muy propio de ella: ¬ęconsidero yo qu√© gran cosa es todo lo que est√° ordenado por la Iglesia¬Ľ (ib. 31,4; cf. 31,1-11).

San Antonio Mar√≠a Claret (+1870), fundador de los Misioneros Hijos del Coraz√≥n Inmaculado de Mar√≠a (claretianos), como otros grandes predicadores populares, manifest√≥ el poder divino de Cristo Salvador no solamente con la palabra, sino tambi√©n con los actos de exorcismo. √Čl mismo refiere en su Autobiograf√≠a la f√≥rmula de exorcismo que empleaba:

¬ęSatan√°s con todos tus secuaces: como Ministro que soy, aunque indigno, de Jesucristo y de Mar√≠a Sant√≠sima, te mando que te marches de aqu√≠ y te vayas a tu lugar. Te lo mando en nombre del Padre +, que nos ha criado, en nombre del Hijo +, que nos ha redimido de tu tiran√≠a, y en nombre del Esp√≠ritu Santo +, que nos ha consolado y santificado. Am√©n.¬Ľ

¬ęTe lo mando tambi√©n en nombre de Mar√≠a Sant√≠sima, Virgen y Madre de Dios vivo +, que te ha machacado la cabeza.¬Ľ

¬ęVete, Satan√°s; vete, soberbio y envidioso; nunca jam√°s impidas la conversi√≥n y salvaci√≥n de las almas¬Ľ (n. 273).

Sin embargo, en el cap√≠tulo IX de ese mismo libro trata De la curaci√≥n de energ√ļmenos y de las muchas ficciones que hay entre los que se dicen posesos (183-191). Al describir sus primeras misiones en Catalu√Īa, se muestra muy reticente ante las posesiones diab√≥licas muchas veces falsas, haciendo notar tambi√©n, por otra parte, que su condici√≥n de misionero itinerante era dif√≠cilmente compatible con el servicio de exorcista, que suele exigir largo tiempo y dedicaci√≥n.

¬ęViendo yo que much√≠simos [de los que se presentaban o le eran llevados como posesos] no ten√≠an tales demonios y, por otra parte, al ver que me hac√≠an perder mucho tiempo, que lo necesitaba para o√≠r confesiones de los que se hab√≠an convertido por la predicaci√≥n, me dije: ‚ÄúM√°s necesario es que saques los demonios de las almas que est√°n en pecado mortal que no de los cuerpos, si es que √©stos los tienen‚Ä̬Ľ (n. 184).

San Juan Mar√≠a Vianney (+1859), en un descuido, se le escap√≥ una confidencia al responder a un feligr√©s muy amigo que le pregunt√≥ cu√°ntos conversiones habr√≠a m√°s o menos cada a√Īo en la parroquia. ¬ęM√°s de setecientas¬Ľ, le respondi√≥. ¬°Dos conversiones al d√≠a, y de ¬ępeces gordos¬Ľ, como √©l dec√≠a! ¬°Y conversiones que perduraban!‚Ķ Se comprende que los demonios odiaban indeciblemente a aquel hombre que, con la fuerza del Salvador, les arrancaba tantos hombres cautivos tanto en el confesonario como tambi√©n por los exorcismos, mostrando en ambos ministerios una potencia espiritual irresistible (A. Trochu, El Cura de Ars, p.I, cp. XI).El Santo Cura apenas dorm√≠a, y en ese poco tiempo reservado al descanso, durante unos treinta y cinco a√Īos (1824-1858), sufri√≥ con gran frecuencia los furiosos ataques de los demonios: horas de insomnio y de espantosos combates, aullidos, golpes en el cuerpo, muebles volcados o rotos, portazos, ruidos atronadores, insultos‚Ķ El esc√°ndalo nocturno que causaban los diablos en la residencia del Cura ocasionaron que alg√ļn feligr√©s de buena voluntad se ofreciera a pasar la noche en la casa. Pero pronto, aterrorizado, suspendi√≥ la experiencia, para no volver nunca m√°s. No describo estos ataques porque los que se dieron contra el santo Padre P√≠o eran muy semejantes, como en seguida veremos. El santo Cura, seg√ļn dej√≥ escrito un sacerdote amigo suyo, una vez le dijo:

¬ęUno se habit√ļa a todo, amigo. El diablo y yo somos casi compa√Īeros¬Ľ.

¬ęConforme envejec√≠a el Cura de Ars, las obsesiones diab√≥licas iban disminuyendo en n√ļmero y en intensidad. El esp√≠ritu del mal, que no pudo desalentar aquella alma heroica, acab√≥ por desalentarse √©l mismo. Poco a poco fue dejando la lucha, o mejor dicho, Dios quiso que una existencia tan hermosa, tan pura, aparentemente tan tranquila, pero en el fondo tan afligida, se extinguuiese en medio de una profunda paz¬Ľ (ib.).

El santo Padre P√≠o de Pietrelcina (+1968), durante muchos a√Īos, estuvo encerrado incontables horas cada d√≠a en el confesonario, a semejanza del Cura de Ars. Y por haber liberado de la cautividad del Maligno con la fuerza del Salvador a innumerables penitentes, era muy especialmente odiado y combatido por los demonios. A los sufrimientos que padec√≠a el P. P√≠o causados por su estigmatizaci√≥n, que dur√≥ cincuenta a√Īos, por la celebraci√≥n ag√≥nica de la santa Misa, por la compasi√≥n hacia los pecadores, por las persecuciones contra su persona y sus obras, se a√Īad√≠an normalmnete los ataques de los demonios.El padre Emilio de Marte contaba que en una ocasi√≥n, estando lleno el convento, le pusieron una cama en la misma celda del P. P√≠o.

¬ęUna noche me despert√© presa de enorme sobresalto, debido a un ruido ensordecedor. No s√© qu√© fue lo que ocurri√≥, porque, aterrorizado, me envolv√≠ lo mejor que pude entre las mantas. O√≠a que sollozaba el padre P√≠o y que dec√≠a: ‚Äú¬°Madonna m√≠a!‚Ķ ¬°Virgen Mar√≠a, ay√ļdame!‚ÄĚ. O√≠a tambi√©n carcajadas horribles y ruidos de hierros que se retorc√≠an y que ca√≠an por tierra y de cadenas que se arrastraban por el suelo.¬Ľ

¬ęRecuerdo que a la ma√Īana siguiente, a la luz de la candela, pude ver los hierros que sosten√≠an las cortinas y que rodeaban la cama del padre P√≠o totalmente retorcidos y extendidos por el suelo, y que el pobre padre P√≠o ten√≠a un ojo horriblemente hinchado y el rostro tambi√©n muy golpeado¬Ľ.

Tuvo que venir el herrero y arreglarlo todo. Muchos días más tarde aceptó dar alguna explicación:

¬ę¬ŅQuer√©is saber por qu√© el diablo me proporcion√≥ tan soberana paliza aquella noche? Pues por defender, como padre espiritual que soy, a uno de vosotros¬Ľ.

El padre Pío supo que un hijo espiritual estaba sufriendo una tentación muy fuerte, y por la oración del rosario acudió a la Virgen en su ayuda.

¬ęDespu√©s que N.N. super√≥ la tentaci√≥n y se durmi√≥ tranquilamente, el peso de la batalla lo deb√≠ llevar yo. Fui apaleado terriblemente por el enemigo, pero, al fin, triunfamos rotundamente en la batalla¬Ľ (Leandro S√°ez de Ocariz, P√≠o de Pietrelcina cp.8).

Hoy son muchos los autores cat√≥licos que, haciendo suyo el pensamiento de los protestantes liberales, estiman que las posesiones diab√≥licas son falsas; son simplemente enfermedades. Pagola, por ejemplo, siguiendo su t√°ctica habitual, afirma primero que Jes√ļs no solamente curaba enfermos, sino que ¬ęse acercaba tambi√©n a los pose√≠dos y los liberaba de los esp√≠ritus malignos. Nadie lo pone en duda¬Ľ. Pero a√Īade a continuaci√≥n, negando lo afirmado:

¬ęEn general, [hoy] los exegetas tienden a ver en la ‚Äúposesi√≥n diab√≥lica‚ÄĚ una enfermedad. Se tratar√≠a de casos de epilepsia, histeria, esquizofrenia o ‚Äúestados alterados de conciencia‚ÄĚ en los que el individuo proyecta de manera dram√°tica hacia un personaje maligno las represiones y conflictos que desgarran su mundo interior. Sin duda es leg√≠timo pensar hoy as√≠, pero lo que viv√≠an aquelloscampesinos de Galilea tiene poco que ver con este modelo de ‚Äúproyecci√≥n‚ÄĚ de conflictos sobre otro personaje¬Ľ (Jes√ļs, aproximaci√≥n hist√≥rica, PPC 2007, 4¬™ ed.: 169, y 10¬™ ed.: 179).

Jes√ļs ¬ępractic√≥ exorcismos liberando de su mal a personas consideradas en aquella cultura como pose√≠das por esp√≠ritus malignos¬Ľ (ib. 4¬™ ed.: 474, y 10¬™ ed.: 502).

LOS EXORCISMOS SEG√öN ENSE√ĎA EL CATECISMO

Con las bendiciones y consagraciones (1671-1672), los m√°s importantes sacramentales de la Iglesia.

1673 ¬ęCuando la Iglesia pide p√ļblicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustra√≠da a su dominio, se habla de exorcismo. Jes√ļs lo practic√≥ (cf. Mc 1,25-26; etc.), de √Čl tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf. Mc 3,15; 6,7.13; 16,17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebraci√≥n del Bautismo. El exorcismo solemne llamado ‚Äúel gran exorcismo‚ÄĚ s√≥lo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demon√≠aco gracias a la autoridad espiritual que Jes√ļs ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo ps√≠quicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia m√©dica. Por tanto, es importante, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de un presencia del Maligno y no de una enfermedad (cf. CIC can. 1172)¬Ľ.

CRECIMIENTO DEL DOMINIO DEL MALIGNO

Crece hoy el dominio del diablo en las naciones descristianizadas, y por eso aumenta en ellas la necesidad de los exorcismos. All√≠ donde el Reino de Cristo disminuye ‚Äďpor la herj√≠a y el pecado, la infidelidad y la apostas√≠a¬≠‚Äď, crece necesariamente el poder efectivo del diablo sobre los hombres y las naciones. Esta realidad hist√≥rica ya fue discernida en la Iglesia sobre todo a partir del siglo XVIII, cuando se van preparando en las naciones de antigua tradici√≥n cristiana armas renovadas al servicio del diablo para su dominio sobre el mundo.En 1886, Le√≥n XIII, despu√©s, al parecer, de una visi√≥n sobrenatural de los poderes de los demonios en el mundo, compuso contra ellos una oraci√≥n de exorcismo, que hab√≠a de rezarse, y se rez√≥, en toda la Iglesia al terminar la Misa: Sancte Micha√ęl Archangele, defende nos in proelio¬Ľ‚Ķ Fue integrada esta oraci√≥n en el Rituale Romanum tradicional de Paulo V (ed. 1954, tit. XII, c.III). Y fue recuperada en el nuevo Ritual de exorcismos (1999), al final del mismo, entre las ¬ęS√ļplicas que pueden ser empleadas privadamente por los fieles en la lucha contra las potestades de las tinieblas¬Ľ.Los Papas vienen alertando m√°s y m√°s de este mysterium iniquitatis creciente sobre todo en el Occidente ap√≥stata (P√≠o X, Supremi apostolatus cathedra, 1903, nn. 131-132; P√≠o XI (Divini Redemptoris 1937, n.22; P√≠o XII, Nous vous adressons 1950).Pablo VI denuncia en varias ocasiones que en el mundo actual

¬ęuna potencia adversa ha intervenido. Su nombre es el diablo‚Ķ Nosotros creemos en la acci√≥n que Satan√°s ejerce hoy en el mundo¬Ľ (29-VI-1972).

¬ę¬ŅCu√°les son las necesidades m√°s grandes de la Iglesia? Que no os maraville como simplista o incluso supersticiosa o irreal nuestra respuesta: una de las m√°s grandes necesidades de la Iglesia es la defensa contra este mal que llamamos demonio‚Ķ El Mal no es solamente una deficiencia. Es la acci√≥n de un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Realidad terrible, misteriosa y temible¬Ľ (15-XI-1972).

En el mismo sentido advierte Juan Pablo II que

¬ęlas impresionantes palabras del Ap√≥stol Juan, ‚Äúel mundo entero est√° bajo el Maligno‚ÄĚ (1Jn 5,19) aluden a la presencia de Satan√°s en la historia de la humanidad, una presencia que se hace m√°s fuerte a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios¬Ľ (13-8-1886; cf. 20-8-1886).

Son muchos los signos de la demonización creciente del mundo.

Ateísmo, agnosticismo, irracionalismo, magia, espiritismo, adivinación, cultos esotéricos, satanismo, maleficios, perversión de la filosofía, política destructora del orden natural, guerras, enormes injusticias internacionales, destrucción de la familia, aborto, anticoncepción, divorcio, promiscuidad sexual, pornografía omnipresente, que por vías informáticas llega a todo el mundo, también hasta el rincón de un patio de escuela durante el recreo; celebrities casi siempre escandalosas, predominio creciente de unaintelligentzia anticristiana en política, leyes, universidades y medios de comunicación; orientación anti-Cristo de los grandes Organismos internacionales; idolatría del cuerpo y de las riquezas; falsificación de las identidades nacionales, desprecio de la razón y de la cultura, de la historia y de la tradición, etc.

Todas estas realidades, dif√≠cilmente discutibles, hacen ver que gran parte del mundo actual est√° bajo el dominio de Satan√°s, sobre todo en los pa√≠ses descristianizados. Por lo dem√°s, el crecimiento de las tinieblas y el apagamiento de la luz son fen√≥menos absolutamente relacionados. Es, pues, obligado pensar que en la ra√≠z de esa demonizaci√≥n creciente de la humanidad, especialmente en los pa√≠ses ap√≥statas de la fe cristiana, est√° el oscurecimiento del Evangelio, el alejamiento de nuestro Se√Īor y Salvador Jesucristo y de su Santa Iglesia ‚Äďoraci√≥n, Eucarist√≠a, sacramentos, vida cristiana‚Äď.

¬ę¬ŅExisten se√Īales, y cu√°les, de la presencia de la acci√≥n diab√≥lica? ‚Äďse pregunta Pablo VI‚Äď. Podremos suponer su acci√≥n siniestra all√≠ donde la negaci√≥n de Dios se hace radical, sutil y absurda; donde la mentira se afirma, hip√≥crita y poderosa, contra la verdad evidente; donde el amor es eliminado por un ego√≠smo fr√≠o y cruel; donde el nombre de Cristo es impugnado con odio consciente y rebelde (1Cor 16,22; 12,3); donde el esp√≠ritu del Evangelio es mistificado y desmentido; donde se afirma la desesperaci√≥n como √ļltima palabra¬Ľ (15-XI-1972)‚Ķ

Si esto es as√≠, es indudable que en nuestro tiempo se dan claramente las se√Īales de la acci√≥n del diablo. Estas se√Īales tambi√©n en otras √©pocas se han dado, pero no tanto como en el presente. Ya hemos visto que los √ļltimos Papas no han dudado en atribuir el ¬ęlado oscuro¬Ľ de nuestro tiempo al influjo diab√≥lico.Disminuye la fe en el diablo, que en muchas Iglesias descristianizadas viene a desaparecer de la predicaci√≥n y de los escritos de espiritualidad. Poner entre par√©ntesis el tema del demonio y silenciarlo sistem√°ticamente se considera como exigencia de un ¬ęcristianismo correcto¬Ľ, es decir, moderno, aceptable en el mundo actual, alejado de un Evangelio primitivo, demasiado afectado por las culturas paganas. Quienes hoy niegan al diablo y su acci√≥n en el mundo se creen muy inteligentes, capaces de superar un cristianismo necesitado de verificaci√≥n; pero en realidad, ¬ęalardeando de de sabios, se hicieron necios¬Ľ (Rm 1,22), y no entienden absolutamente nada de cuanto sucede en la Iglesia y el mundo. Est√°n ¬ęm√°s perdidos que un perro en Misa¬Ľ.Pablo VI, cuando se iba generalizando esta herej√≠a, que hoy se mantiene fuerte, dej√≥ claro que

¬ęse sale del cuadro de la ense√Īanza b√≠blica y eclesi√°stica quien se niega a reconocer la existencia [del demonio]; o bien la explica como una pseudo-realidad, una personificaci√≥n conceptual y fant√°stica de las causas desconocidas de nuestras desgracias¬Ľ (15-XI-1972).

Disminuyen al mismo tiempo los exorcismos, hasta el punto de que el ministerio de exorcista desaparece en muchas Iglesias descritianizadas. Las mismas Iglesias que toleran en los bautizados la ausencia masiva de los sacramentos, especialmente de la Eucarist√≠a y de la penitencia (90% de los bautizados), toleran tambi√©n la extinci√≥n de los sacramentales, bendiciones y exorcismos. El pueblo cristiano fiel sigue pidiendo a Dios ¬ęl√≠branos del Maligno¬Ľ, pero son muchas las Iglesias locales que no tienen exorcistas, o que si tienen alguno, es a veces alguien que se honra en declarar que no hace exorcismos.La desaparici√≥n de exorcistas y exorcismos se produce justamente cuando m√°s se necesitan. Y no hay en ello contradicci√≥n o paradoja alguna. Es perfectamente l√≥gico que se fortalezca y extienda m√°s el poder del demonio all√≠ donde los exorcismos sacramentales no son ejercidos por la Iglesia. Caus√¶ ad invicem sunt caus√¶. Como he dicho, el pueblo cristiano fiel sigue pidiendo al Padre celestial diariamente ¬ęl√≠branos del Maligno¬Ľ. Y sabemos bien que nuestro Se√Īor Jesucristo, gran exorcista, di√≥ misi√≥n y poder a sus ap√≥stoles para expulsar los demonios.Por eso hemos de considerar como una de las m√°s graves deficiencias de las Iglesias descristianizadas la omisi√≥n de los exorcismos, es decir, de las ayudas sacramentales que necesitan aquellos hijos suyos especialmente asediados o pose√≠dos por el diablo. Estos bautizados se ven afligidos por terribles sufrimientos y sujetos a graves peligros espirituales, y no reciben la ayuda sacramental de aquellas Iglesias que se niegan a darles el auxilio poderoso de los exorcismos. Obispos, sacerdotes y di√°conos resisten as√≠ a la misi√≥n apost√≥lica y a la palabra de Cristo: ¬ęen mi nombre expulsar√°n los demonios¬Ľ (Mc 16,17).

RITUALES DE EXORCISMO

‚ÄďEl Rituale Romanum de exorcismos fue establecido despu√©s del Concilio de Trento por Paulo V (1614) partiendo, naturalmente, de formularios precedentes. Siglos m√°s tarde, con leves modificaciones y a√Īadidos, tuvo una reedici√≥n autorizada por P√≠o XI (1925). Y en el pontificado de P√≠o XII (1952), fue objeto de una nueva edici√≥n (Rituale Romanum. Editio typica 1952, Libreria Editrice Vaticana 2008, 970 pgs.). Resumo el contenido del T√≠tulo XI.

-Capítulo 1, De exorcizandis obsessis a dæmonio. Las 21 observaciones y normas previas que se dan en este inicio proporcionan al exorcista unas orientaciones muy prácticas, llenas de sabiduría y prudencia, que vienen a concentrar en un texto muy breve la experiencia secular de la Iglesia en el ministerio del exorcismo. Merece la pena leerlas (véase el enlace que he indicado, en las páginas 269-270).

-Cap√≠tulo 2, da los textos usados por el exorcista (pgs. 271-284). ‚ÄďSe incia el exorcismo por las Letan√≠as y el Padrenuestro: ¬ęlibera nos a malo¬Ľ. ‚ÄďSalmo 53. ‚ÄďOraci√≥n. ‚ÄďMandato al diablo de decir su nombre. ‚ÄďPr√≥logo del Evangelio de San Juan, con otros varios Evangelios, y oraci√≥n. ‚ÄďExorcismo imperativo, fuerte y solemne, en varias oraciones. ‚ÄďCredo: el S√≠mbolo Atanasiano. ‚ÄďUna docena de Salmos optativos. ‚ÄďOraci√≥n ¬ępost liberationem¬Ľ.

-Capítulo 3, ofrece un exorcismo que sólo el Obispo puede administrar (pgs. 285-286).

Las f√≥rmulas de los exorcismos tienen la profundidad doctrinal, la claridad y la concisi√≥n potente que caracteriza los textos de la Liturgia romana, y han tenido, sobre todo algunas, muchos siglos de pr√°ctica en la Iglesia.Destaco un caso, por ejemplo: ‚ÄďExigir al diablo que d√© su nombre, al decir de los exorcistas experimentados, es una acci√≥n muy fuerte y eficaz, y muy resistida por el diablo:

¬ęPr√¶cipio tibi‚Ķ dicas mihi nomen tuum, diem, et horam exitus tui, cum aliquo signo: et ut mihi Dei ministros licet indigno, prorsus in omnibus obedias¬Ľ. Es una oraci√≥n imperativa que repite la pregunta-mandato que Cristo hace al endemoniado de Gerasa: ¬ę¬ŅCu√°l es tu nombre?¬Ľ (Mc 5,9).

Conocer el nombre del diablo da al exorcista dominio sobre él. Por eso, en las observaciones del capítulo primero, se establece en el n. 15:

¬ęNecessari√¶ vero interrogationes sunt, ex. gr. de numero etnomine spirituum obsidentium, de tempore quo ingressi sunt, de causa, et aliis hujusmodi¬Ľ.

Para el exorcista es tambi√©n muy √ļtil conocer cu√°ndo y cu√°l fue el medio que sirvi√≥ al diablo para iniciar su dominio sobre el obseso o poseso; si el satanismo, el espiritismo, el reiki, tal forma de esoterismo, adivinaci√≥n, maleficio, etc.‚ÄďEl nuevo Ritual de los Exorcismos es establecido despu√©s del Concilio Vaticano II (1999), bajo la autoridad del papa Juan Pablo II. En el comienzo del documento, el Cardenal Jorge Medina, prefecto de la Congregaci√≥n para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos, advierte en una Notificaci√≥n providencial y sorprendente ‚ÄďDios sea bendito‚Äď que el Obispo puede solicitar para el exorcista de su di√≥cesis licencia para ¬ęemplear el rito hasta ahora usado seg√ļn el t√≠tulo XII de la edici√≥n de 1952 del Ritual Romano¬Ľ. Y adelanta que la Congregaci√≥n ¬ęconcede con gusto la facultad pedida¬Ľ.

Describo el contenido del Ritual. El Decreto pertinente y una amplia Presentación oficial del Card. Medina, van seguidos de unos largos Prenotandos, que desarrollan la doctrina y la práctica de los exorcismos (nn. 1-38). A continuación, el texto mismo de los exorcismos (39-84). Termina el Ritual con algunos Apéndices, que entre otras cosas incluyen oraciones ya tradicionales, como Bajo tu amparo, Acordáos, la oración a San Miguel arcángel, de León XIII, etc.

Como puede comprobar el lector con m√°s detalle, consultando el enlace que ya he dado, el rito de exorcismo renovado sigue el orden siguiente. Cap√≠tulo I (39-66): Agua bendita, Letan√≠as, Salmos, con sus oraciones correspondientes. Pr√≥logo del Evangelio de San Juan. Imposici√≥n de manos. Promesas bautismales y renuncias. Se√Īal de la Cruz. Soplo. Oraci√≥n de exorcismo, deprecativa primero, imperativa despu√©s. Acci√≥n de gracias. Conclusi√≥n. Cap√≠tulo II (67-84): F√≥rmulas alternativas al rito anteriormente descrito. Ap√©ndices.

El nuevo Ritual de los exorcismos ha recibido serias cr√≠ticas de los exorcistas, no s√≥lo de los antiguos, acostumbrados al Ritual tradicional, sino tambi√©n de los que comenzaron su ministerio ya publicado el Ritual nuevo de 1999. El padre Gabriele Amorth, exorcista oficial entonces del Vaticano, inici√≥ la cr√≠tica.Se√Īalo las objeciones principales que suelen hacerse al nuevo Ritual de Exorcismos.

‚ÄďLos maleficios son la causa m√°s frecuente de las posesiones, y el Ritual antiguo ayudaba a combatirlos. Pero el nuevo, en el punto 15 de los Prenotandos, establece que en estos casos ¬ęno debe acudirse de modo alguno al exorcismo¬Ľ.

‚ÄďEl exorcista solamente llega a estar cierto de que existe una posesi√≥n diab√≥lica cuando, despu√©s de los discernimiento previos necesarios, ejercita el exorcismo. Pero el Ritual nuevo, en el punto 16 manda que ¬ędebe proceder a celebrar el exorcismo s√≥lo cuando tenga seguridad de la verdadera posesi√≥n demon√≠aca¬Ľ. Los n√ļmeros 15-16, pr√°cticamente, acaban con los exorcismos.

‚ÄďEl Ritual nuevo compone ex novo un buen n√ļmero de oraciones, menos imperativas y contundentes que las del Rito antiguo. De √©ste omite otras que ven√≠an us√°ndose con gran eficacia desde hac√≠a muchos siglos; algunas proced√≠an de San Ambrosio (+397) o de San Mart√≠n de Tours (+397).

‚ÄďEl Ritual antiguo (cp. 1, n.15), como ya vimos, consideraba ¬ęnecesario¬Ľ que el exorcista afirmara su dominio sobre el demonio exigi√©ndole que dijera su nombre, n√ļmero, modo de entrada en el poseso: ¬ępr√¶cipio tibi‚Ķ dicas mihi nomen tuum¬Ľ, etc. (cp. 2,2). Pero esta oraci√≥n-acci√≥n imperativa se ha eliminado en el Ritual nuevo, lo que, seg√ļn nos dicen, es una gran p√©rdida.

‚ÄďEl P. Gabriele Amorth en varias ocasiones ha afirmado que el nuevo Ritual fue elaborado por te√≥logos o liturgistas que no ten√≠an ninguna experiencia personal del ministerio de los exorcismos, como veremos m√°s extensamente en el Ap√©ndice final.

Los exorcistas actuales pueden usar el Ritual Romano antiguo sin necesidad de pedir licencia para ello. Ya vimos que, desde la promulgaci√≥n del nuevo Ritual, una Notificaci√≥n previa, providencialmente introducida por el Card. Medina, Prefecto de la Congregaci√≥n del Culto, advert√≠a que se conceder√≠a ¬ęcon gusto¬Ľ la facultad de usar el Ritual antiguo a quien lo solicitara. Este mismo Sr. Cardenal, como ya vimos (222), es quien en un Decreto ‚Äďno tenido despu√©s en cuenta‚Äď mand√≥ que en todas las oraciones del nuevo Bendicional se hiciera la se√Īal de la cruz, que hab√≠a sido omitida en la mayor√≠a de ellas. Dios se lo pague. Esta norma, con el favor de Dios, acabar√° aplic√°ndose.Despu√©s del Motu Proprio Summorum Pontificum, de Benedicto XVI (2007), la Pontificia Comisi√≥n ¬ęEcclesia Dei¬Ľ, presidida por el Card. William Levada, public√≥ con la aprobaci√≥n del Papa la Instrucci√≥n Univers√¶ Ecclesi√¶ (2011), para interpretar oficialmente el Motu Proprio anterior. Y en el n. 35 dispone: ¬ęSe permite el uso del Rituale Romanum vigente en 1962¬Ľ. Esta decisi√≥n de la Santa Sede, en la pr√°ctica, deja a un lado el nuevo Ritual de exorcismos, aunque no lo retire. De hecho, seg√ļn parece, la mayor√≠a actual de los exorcistas sigue usando el Ritual antiguo, tanto los que antes de 1999 ven√≠an us√°ndolo, como los m√°s recientes.Pero t√©ngase en cuenta que tambi√©n puede ser usado, sin solicitar licencia, el Bendicional contenido en el Rituale Romanum antiguo, a tenor de esa misma Instrucci√≥n que acabo de citar. Muchas veces aprovechar esta licencia es altamente aconsejable. El nuevo Bendicional (1984) reconoce que tambi√©n deben ser bendecidas actividades, cosas y lugares (12-13). Pero muchas veces no cumple este principio. Despu√©s de organizar una ¬ęcelebraci√≥n¬Ľ con moniciones, lecturas de la Escritura, salmo y preces, m√°s alg√ļn c√°ntico eventual de ¬ęla asamblea¬Ľ, el objeto mismo de la bendici√≥n queda sin bendecir (?), pues las oraciones bendicen solamente a Dios y a las personas que usen esos objetos y lugares o realicen tal actividad.El Bendicional del Ritual antiguo, por el contrario, realmente bendice personas, objetos, lugares y actividades. Y lo hace, sin vacilaciones teol√≥gicas, con breve y contundente claridad. Por ejemplo:

BENEDICTIO PANIS. ‚ÄďAdiutorium nostrum in nomine Domini. ‚ÄďQui fecit c√¶lum et terram. ‚ÄďDominus vobiscum. ‚ÄďEt cum spiritu tuo. ‚ÄďOremus. Domine Jesu Christe, panis Angelorum, panis vivus √¶tern√¶ vit√¶, bene + dicere dignare panem istum, sicut benedixisti quinque panes in deserto: ut omnes ex eo gustantes, inde corporis et anim√¶ percipiant sanitatem: Qui vivis et regnas in in s√¶culas√¶culorum. Amen. (Et aspergatur aqua benedicta).

Fuentes: Jos√© Mar√≠a Iraburu sj para ¬ŅReforma o Apostas√≠a?, Signos de estos Tiempos

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