Las ra√≠ces de la celebraci√≥n de septiembre a la Virgen de Tlatenango se remontan al 30 de agosto de 1720. Seg√ļn la leyenda, dos j√≥venes escucharon un canto maravilloso y vieron la luz celeste de la Virgen Maria en una caja en una hospeder√≠a en Tlaltenango. Desde esa fecha, los peregrinos visitan cada a√Īo al municipio, cada a√Īo para conmemorar el milagro de la aparici√≥n.......VER VIDEOS...Tlaltenango es una colonia de la ciudad de Cuernavaca. Antes en la √©poca de la colonia era un peque√Īo pueblo que no pertenec√≠a a la ciudad.En el a√Īo de 1521 Hern√°n Cort√©s y sus soldados llegaron a un pueblo de la antigua Cuauhn√°huac, cuyo nombre era Zacanco Tultenanco, que luego los conquistadores nombraron Tlaltenango.Seg√ļn el c√©lebre erudito en lengua n√°huatl Robelo, la palabra Tlaltenango proviene de las voces Tlalli: Tierra; Tenamitl: Muralla y co: en; cuya traducci√≥n es: ‚ÄúEn la muralla de la tierra.‚ÄĚeg√ļn textos que refieren en 1529, Hern√°n Cort√©s estableci√≥ en Tlaltenango, el primer ingenio azucarero de Am√©rica, cuando ya el pueblo se hab√≠a convertido a la Fe Cat√≥lica, cuya labor de evangelizaci√≥n se hab√≠a iniciado en el a√Īo de 1523.A tres kil√≥metros de Cuernavaca, se encuentra este pueblo en donde Cort√©s en 1523, hizo la Iglesia del Se√Īor San Jos√© y el Se√Īor de la Misericordia, cuyas im√°genes trajo de Espa√Īa, anteriormente llevadas a la Catedral de Cuernavaca.Varios ancianos- patriarcas de Tlaltenango, conservan antiguas transcripciones, manuscritos que constatan lo anterior. Se dice tambi√©n que, Fray Pedro Melgarejo de Urrea fue el primer fraile que mision√≥ en esta tierra de la antigua Cuauhn√°huac.Las ra√≠ces de la celebraci√≥n de septiembre a la Virgen de Tlatenango se remontan al 30 de agosto de 1720. Seg√ļn la leyenda, dos j√≥venes escucharon un canto maravilloso y vieron la luz celeste de la Virgen Maria en una caja en una hospeder√≠a en Tlaltenango. Desde esa fecha, los peregrinos visitan cada a√Īo al municipio, cada a√Īo para conmemorar el milagro de la aparici√≥n. DOS ILUSTRES VIAJEROS

Corr√≠a el a√Īo del Se√Īor 1720. Una tarde del √ļltimo d√≠a de mayo, el mes de las flores, cargando una bien guarnecida caja, se presentaron dos mancebos que al parecer, ven√≠an de Acapulco. Descansaron de su carga en portal√≥n de la hoster√≠a, donde anta√Īo estuviera la hacienda e ingenio de Cort√©s.All√° adentro se o√≠an voces y carcajadas, canciones andaluzas, cantos flamencos. Un grupo de espa√Īoles y mestizos jugaban a los naipes y apostaban buenos tarros de generoso vino celebrando la llegada de unas barricas procedentes de Valencia, Murcia, M√°laga y Alicante, que hac√≠a m√°s de un a√Īo que estaban en el puerto de la Veracruz, por dificultades de transporte.Los gallardos mozalbetes temiendo inmiscuirse con aquellas gentes no se atrevieron a pedir ni un vaso de refrigerante agua que es lo que m√°s hubieran deseado ya que el calor propio del mes de mayo y la pesada larga caminata, los hac√≠a sudar y arder de asfixiante sed. Se limpiaron el sudor que perlaba sus frentes, y se dispon√≠an a buscar alojamiento en alguna casa particular, lejos del bullicio.Cuatro peones, nacidos en M√©xico pero de padres hispanos, que m√°s que trabajar en el campo simulaban ser capataces de los dem√°s, se dirig√≠an a la tienda sabedores de nuevos viejos vinos que la tarde anterior hab√≠an llegado. Y al ver a los j√≥venes de presentaci√≥n varonil y rostros principescos, a la par de modestos y circunspectos, sorprendidos suspendieron su camino.Queriendo halagar, a tan honorables hu√©spedes y enlazarlos con el dorado hilo de la simpat√≠a, les ofertaron un vaso de buen vino, el cual, con recato y finura declinaron. Con un dejo de melancol√≠a se despidieron dici√©ndoles: ‚Äúentonces, muy buenas tardes les de Dios a sus mercedes.‚ÄĚ Ellos contestaron: ‚Äú¬°A Dios les encomendamos que √Čl los bendiga!‚ÄĚLos dos j√≥venes preguntaron por una casa de hu√©spedes y les informaron de la de do√Īa Agustina Andrade. All√° se dirigieron siendo bien recibidos y esmeradamente alojados en el mejor aposento. En la estancia, donde descansaron su secreto arc√≥n sobre una mesa compuesta de dos tablones sostenidos por dos troncos de √°rbol.Cuando los rosicleres de la aurora, anunciaban el nuevo orto all√° en el lejano horizonte, las estrellas abandonaban sus esca√Īos de plata y el √ļltimo polvo de la luna brillaba en sus cabellos melados a este par de adolescentes, con r√≠tmica cortes√≠a se despidieron de do√Īa Agustina rog√°ndole que cuidara de su valioso arc√≥n, constituy√©ndola depositaria hasta su pr√≥ximo arribo. La lumbre de sus ojos garzos ilumin√≥ la faz de do√Īa Agustina deslumbrada por su belleza prometi√©ndoles guardar su tesoro como en un relicarioPasaron varios d√≠as, do√Īa Agustina estaba muy intrigada, alimentando la ilusi√≥n y abrigando la esperanza de que los gallardos j√≥venes volvieran. Por fin se decidi√≥ do√Īa Agustina a clausurar la habitaci√≥n hasta nueva orden. Pues cada vez que entraba a la habitaci√≥n padec√≠a insomnio por estar pensando en la belleza de los portadores del arca cada vez m√°s arcana.Pues sucedi√≥ una noche, sin poder dormir, se levant√≥ a tomar aire y acert√≥ a pasar junto a la famosa habitaci√≥n. Y fue dulcemente sorprendida por una m√ļsica celestial que sal√≠a del cuarto.Trajo la llave, prendi√≥ la luz y su misma sombra proyectada le produc√≠a espanto.Despert√≥ a sus hijos e hijas. Todos oyeron la m√ļsica. De com√ļn acuerdo pensaron no decir nada a nadie 2tal misterio. Pero la m√ļsica sigui√≥ escuch√°ndose, por los resquicios del arca sal√≠an hilos de luz tan vivos y tan blancos como los de un lucero; silenciosos se miraban unos a otros sin explicarse nada. La maravilla sigui√≥ adelante, pues notaron que adem√°s de las notas musicales y de la bell√≠sima luz, exhalaba la cajita un exquisito perfume, a veces como de nardo, unas ocasiones como de s√°ndalo, otras como linaoe.El secreto no pudo seguir m√°s. Hab√≠an pasado dos meses, finalizaba agosto. Por lo que ya decidieron dar parte a las autoridades, tanto civiles como eclesi√°sticas. Pero tem√≠an que les arrebataran aquel tesoro, se cre√≠an propietarios, ya que los due√Īos no hab√≠an regresado. Fluctuaban, vacilaban, a ratos decid√≠an, a ratos pensaban lo contrario, pero result√≥ que los vecinos se dieron cuenta de todo por las imprudencias de alguno de la familia que lo cont√≥ a los amigos de confianza.Lo que hab√≠a sido un secreto familiar, se hizo del dominio p√ļblico, ya no quedaba otra alternativa, s√≥lo hab√≠a una cosa por hacer: avisar a las autoridades. Pues si no lo hac√≠an tal vez ser√≠an reconvencidos. EL AVISO AL P√ĀRROCOEl 13 de octubre de 1709, hab√≠a tomado posesi√≥n de la parroquia de la Asunci√≥n de Mar√≠a (hoy Catedral de Cuernavaca) y el convento franciscano de Cuernavaca el M. R. P. Fray Pedro de Arana de la orden franciscana. Era al mismo tiempo Cura de la parroquia y guardi√°n del convento. Ten√≠a como 40 a√Īos de edad, hombre lleno de ciencia y virtudes, dif√≠cil de sorprender con supetisticiones que hab√≠a entre los ind√≠genas y los espa√Īoles.Muy de ma√Īana, cuando a penas hab√≠a desayunado, se present√≥ do√Īa Agustina con varios vecinos de Tlaltenango. Esperaba la comisi√≥n en la sala de recibo, al frente del sal√≥n hab√≠a una bella imagen de Cristo crucificado, ejecutada en marfil, regalo de do√Īa Juana Ram√≠rez de Arellano y Z√ļ√Īiga de Cort√©s, que hab√≠a sido gran benefactora del convento.Estaban mirando la imagen cuando lleg√≥ M.R.P. Guardi√°n. Despu√©s de saludarse, la comisi√≥n explic√≥ su cometido: Se mostr√≥ impasible, pregunt√≥ si era todo, para retirarse porque su presencia la reclamaba el reglamento de la casa, al ver do√Īa Agustina su incredulidad, se explay√≥ mejor, rog√°ndole que fuera ese mismo d√≠a a cerciorarse. ‚ÄúAll√° ir√© esta noche‚ÄĚ, respondi√≥ Fray Pedro y se levant√≥ despidi√©ndose amablemente.En seguida la comisi√≥n se traslad√≥ al palacio del Alcalde Mayor de Cuernavaca, y habiendo escuchado todo el relato, se mostr√≥ maravillado y prometi√≥ ir con Fray Pedro, su excelente amigo, para ser juntamente la inspecci√≥n de la caja misteriosa.En el ocaso del d√≠a, Fray Pedro de Arana sali√≥ del convento tocada la cabeza con su capucha y acompa√Īado por un lego. El Alcalde Mayor, acompa√Īado por dos guardias de palacio, ya de acuerdo, esperaba en la puerta del atrio. Reunidos los cinco personajes hicieron la caminata a pie para no llamar la atenci√≥n yendo en manso burritos o en caballos.En las entradas del pueblo de Tlaltenango, todas las gentes reverenciaban a los monjes y saludaban respetuosas al Alcalde y a sus acompa√Īantes. Llegaron a la casa de do√Īa Agustina y despu√©s de los saludos los gui√≥ al cuarto. La hora era propicia para observar los fen√≥menos de la luz que encerraba la misteriosa cajita. El alboroto de los visitantes y la bulla de los hu√©spedes no dejaban escuchar las melod√≠as salidas del arc√≥n. EL DESCUBRIMIENTOEl P. Guardi√°n mand√≥ que hubiera silencio y que se apagaran los faroles que hab√≠an llevado. ¬°Oh maravilla, la m√ļsica se escuch√≥ con mayor claridad y belleza!. Y poco a poco pudieron constar que por las hendiduras de la caja sal√≠an resplandores como luz de bengala: la habitaci√≥n se ilumin√≥ sola como si oculta e indirectamente se hubieran instalado fuertes l√°mparas el√©ctricas de nuestra moderna y blanca luz. El perfume que se desprend√≠a del arc√≥n deleitaba el olfato de todos que estaban callados como una momia de Egipto.Nadie se atrev√≠a a moverse todos parec√≠an esfinges, o√≠an, miraban, escuchaban sin salir de su asombro. En esta especie de asombro permanecieron un rato. Por fin Fray Pedro deshizo el par√©ntesis de silencio dando algunos pasos hacia la caja. La toc√≥, la observ√≥, la examin√≥ e hizo se√Īas de traer alguna herramienta para abrirla. Todos estaban ansiosos esperando que se abriera la caja.Cuando con mano temblorosa por la emoci√≥n Fray Pedro levant√≥ la tapa del arcano arc√≥n, apareci√≥ ante la vista de todos la Hermos√≠sima Virgencita en acojinada felpa y n√≠vea seda con ribete buriel y azul. El nimbo luminoso que circup√≠a sus inmaculadas sienes, desped√≠an vivos resplandores que invad√≠an toda la estancia. Sus virginales manos juntas y en actitud suplicante irradiaban igualmente bell√≠sima luz ingr√°vida y sutil. Y a trav√©s de sus brillantes vestiduras de tis√ļ riqu√≠simo brocado, tambi√©n se desle√≠a blanqu√≠sima iluminaci√≥n.Sensiblemente todos doblaron las rodillas, postr√°ndose de hinojos en el suelo, dilatando sus pupilas y enfocaron sus retinas para captar c√©lica belleza. Fray Pedro se bajo la capucha sobre los hombros y reverente se inclino hasta sus pur√≠simas manos que bes√≥ con ternura. Igual hicieron todos con do√Īa Agustina, sus familiares y vecinos del pueblo. Su t√ļnica era color de rosa y el manto azul. LA IMAGEN DE LA VIRGEN EN PROCESI√ďNEl 30 de agosto de 1720 la sacro santa imagen fue en procesi√≥n al vecino Templo antiguo que fabricara don Fernando, dedicado al Patriarca san Jos√©. El arc√≥n fue llevado en hombros por el Padre Guardi√°n, sus frailes y el Alcalde de Cuernavaca. Con velas, faroles, candiles y ocotes encendidos alumbraban el recorrido de la procesi√≥n. Al llegar a la antigua Iglesia, el arc√≥n se guard√≥ en la sacrist√≠a y el mariano simulacro se erigi√≥ sobre su argentina peana a cuya vista rompieron todos en llanto y aclamaci√≥n.El Guardi√°n del convento y p√°rroco de Cuernavaca aprovecho la concurrencia para anunciar la feliz llegada de la Virgen de Tlaltenango porque aqu√≠ quiso manifestarse. Con inefable ternura ofreci√≥ volver al d√≠a siguiente para que se celebrara una solemne misa y empezar el rezo de su novena que terminar√≠a el 8 de septiembre, el d√≠a en que la Santa Iglesia recuerda y festeja a la Sant√≠sima Virgen en el Misterio de su gloriosa Natividad. Desde entonces a√Īo con a√Īo se solemniza su aparici√≥n con una feria que ha llegado a ser entre las Marianas la m√°s famosa de la regi√≥n. LA TRADICIONAL FERIADesde hace m√°s de 220 a√Īos, a decir de algunos autores, ha florecido hasta nuestros d√≠as la bella tradici√≥n, por la Veneraci√≥n, en su Santuario de Tlaltenango, de la imagen de Nuestra Se√Īora de los Milagros. Miles de peregrinos, procedentes principalmente de: Ixtapalapa, D.F., San Pedro Tlaltizap√°n, M√©x., Xochimilco, D.F., Almoloya del R√≠o, Edo. de M√©xico, San Pedro Atlapulco, San Francisco Tlaltengo y muchos lugares m√°s concurren a la gran feria del 8 de septiembre. La misa ha sido celebrada, algunas veces con los fieles en la plazoleta por la cantidad de visitantes.El entusiasmo es desbordante, con los toritos, los castillos y cohetes. La solemnidad de los estandartes y banderas de distintas y numerosas sociedades, cat√≥licas y civiles, se intensifica los d√≠as 7, 8, y 9, d√≠as en que algunos comercios de Cuernavaca deben suspender labores dado el inter√©s de los propios cuernavacenses en desfilar desde el centro de la ciudad hasta el Santuario, o de participar en el canto de las Ma√Īanitas a la Virgen.

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