Una demostración de que la hostia consagrada es algo más que un pedazo de harina cocida son los milagros eucarísticos, donde hostias consagradas sangran con sangre humana.
eucaristia
Y otra, la que traemos aqu√≠; testimonios de vida de personas que consagran radicalmente su vida a Cristo y son capaces de vivir por a√Īos comiendo solamente la hostia consagrada.

Esto demuestra que el cuerpo humano puede vivir durante a√Īos en abstinencia absoluta.

Y que en esa circunstancia se desarrolla una elevadísima espiritualidad, teniendo a Dios como Única y Verdadera Fuente de la Vida.

Sin embargo est√° la otra cara.

El Padre Pío le envió a Luisa Piccarreta este mensaje, a través de Federico Abresch:

‚ÄĚQuerida Luisa, los santos sirven para el bien de las almas, pero su sufrimiento nunca tiene l√≠mites‚ÄĚ

Los que presentamos aquí son los casos más notorios.
Pero muchos santos han vivido solo aliment√°ndose con la eucarist√≠a durante a√Īos.
Demostrando que la Eucaristía no es solamente un símbolo, sino que hay otro poder presente y actuando en el pan consagrado.

EL ASPECTO M√ČDICO

El Dr. Henri Bon dice sobre el aspecto médico:

La fisiolog√≠a y la patolog√≠a ense√Īan que el hombre no puede sobrevivir a una abstenci√≥n total de alimentos prolongada por algunas semanas.

Esta es la regla general para el acontecer totalmente humano.

Sin embargo, la Iglesia registra numerosos casos de ayunos absolutos durante a√Īos, perfectamente documentados, ya que las investigaciones que se aplican desde Benedicto XIV son muy estrictas.

Sin embargo, el ayuno absoluto durante a√Īos, por s√≠ solo, no es causa de santidad.

En realidad no se puede comprender en ning√ļn modo la posibilidad de realizaci√≥n natural de tales ayunos.

Los animales de letargo invernal, como la marmota, el oso, el erizo, el murciélago, etc. se hunden en la inmovilidad y caen en un estado de letargo con un amortiguamiento de la circulación y la respiración, y la temperatura considerablemente rebajada.

El mantenimiento de esa existencia, reducida al mínimum, exige entretanto la combustión de las grasas y de elementos tisulares, que dan siempre una disminución de peso.

El organismo humano no puede mantener su vitalidad sin combustión y toda combustión implica una pérdida de ácido carbónico y desechos.

De ello proviene el enflaquecimiento y, si no hay aporte de materiales de reemplazo, la muerte sobreviene después de cierto tiempo.

Observemos además que los Santos y las personas piadosas que describiremos abajo, llevaron en su mayoría una vida normal y hasta muy activa.

No sólo no padecieron el letargo de los animales invernantes, sino que algunos durmieron apenas algunos instantes por noche, a veces nada en absoluto.

Su desgaste debió ser por lo tanto el máximo.

En tales condiciones, la hipótesis de un milagro se presenta fácilmente al espíritu.

Ac√° traemos siete de estos casos; mujeres que han demostrado con su vida que Dios es el √önico y Verdadero Alimento.

IMELDA LAMBERTINI

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Imelda ten√≠a tan solo 11 a√Īos de edad cuando dej√≥ su cuerpo en un amoroso estado de √©xtasis m√≠stico tras recibir su Primera Comuni√≥n.‚Äć

Ella se encontraba en el convento prepar√°ndose para ser monja y la √ļnica cosa que verdaderamente deseaba era recibir la Comuni√≥n.

Habiendo sido enviada al convento después de suplicar mucho a sus amados padres, era admirada por todos su piadosa devoción.

‚ÄćLa ley eclesi√°stica no permit√≠a que ella recibiese la Sagrada Eucarist√≠a, debido a su corta edad.

Pero, en la vigilia de la Ascensión (12 de mayo de 1333), sus oraciones fueron finalmente atendidas.

Una hermosísima Hostia llena de Luz se hizo visible por encima de ella, que permanecía arrodillada en íntima oración.
Terminada la Misa, todo el mundo había abandonado ya la iglesia, a excepción de la hermana sacristana.
Cuando esta vio aquella Luz sobre Imelda corrió aprisa en busca del sacerdote.
Viendo el milagro, el sacerdote no tuvo más alternativa que dar a Imelda su Primera Comunión.

Inmediatamente, habiendo recibido al Se√Īor, Imelda entr√≥ en √©xtasis.

Lo que sucedió a continuación solo Dios lo sabe.

En el mismo altar donde ella había estado orando y donde había recibido a Cristo a la Eucaristía, rodeada de monjas y curiosos, Dios la tomó para llevarla consigo.

Esta dulce ni√Īa amaba a Dios tan profundamente que su coraz√≥n fue llevado inmediatamente.

‚ÄćSu cuerpo incorrupto se ha venido guardando en una iglesia de Bolonia (Italia) hasta el d√≠a de hoy.

CATALINA DE SIENA

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Catalina Benincasa naci√≥ en Siena, en la fiesta de la Anunciaci√≥n del a√Īo 1347, en el seno de la numerosa familia de un comerciante.

A la edad de seis a√Īos tuvo una visi√≥n de Cristo en su trono de Gloria y a ra√≠z de ello hizo voto secreto de entregar su vida a Dios.

A los doce a√Īos, en respuesta a la insistencia de sus padres, Catalina les hizo saber que nunca contraer√≠a matrimonio y para confirmar su decisi√≥n cort√≥ su hermosa y larga cabellera.

‚ÄćViendo que no cambiaba de actitud, la familia comenz√≥ a tratarla como a una sirvienta, encarg√°ndole los m√°s humillantes trabajos de la casa, de manera que no tuviese tiempo para retirarse a orar en soledad conforme acostumbraba.

‚ÄćCatalina sobrellevaba todo esto con dulzura y paciencia, y Dios le mostr√≥ c√≥mo construir una ‚Äėcelda interior‚Äô donde estar a salvo de toda perturbaci√≥n.

Santa Catalina de Siena fue invitada por el mismo Jes√ļs a beber su Precios√≠sima Sangre, la cual manaba de su costado.
Tras beber de esta Divina Fuente, ella no necesitó comer o beber más.
Durante los siete a√Īos previos a su fallecimiento, vivi√≥ no tomando sino a Nuestro Se√Īor en la Eucarist√≠a.
Ella no tenía hambre, permaneciendo activa y fuerte.

Después de la comunión diaria casi siempre quedaba en éxtasis, siendo muchos los que pudieron verla levitar.

Cada d√≠a era mayor el n√ļmero de conversiones y tres sacerdotes dominicos fueron designados exclusivamente para escuchar las confesiones de aquellos a quienes ella hab√≠a persuadido para enmendar sus vidas.

MARTA ROBIN

Marta Robin

Marta Robin naci√≥ el 13 de marzo de 1902, en Ch√Ęteauneuf de Galaure (Francia).

Sus padres eran propietarios de una modesta plantación de maíz.

En 1903 la familia Robin hubo de pasar por la penosa experiencia de sufrir una epidemia de fiebre tifoidea.

A resultas de ello, la salud de Marta quedó debilitada.

Ello no le permitía acudir regularmente a la escuela, hasta que al fin ella dejó de ir para tomar parte en las labores de la casa y la granja.

‚ÄćDesde su infancia, ella consider√≥ a Mar√≠a como su Madre, am√°ndola y rez√°ndole como tal.

‚ÄćEn 1918, Marta Robin sinti√≥ los primeros s√≠ntomas de la enfermedad que nunca m√°s la abandonar√≠a: una encefalitis.

Se intentó todo para curarla.

Para hacer frente a los gastos médicos, Marta Robin cosía y bordaba para unas cuantas personas que le hacían encargos.

Tras diez a√Īos de lucha contra la enfermedad, por la Gracia de Dios, ella comprendi√≥ que su enfermedad y su sufrimiento ser√≠an el Camino que la llevara a la Uni√≥n con el Coraz√≥n de Jes√ļs, el Redentor.

Con ayuda del padre Faure, Marta Robin fue adentrándose en una vida de silencio, entrega y oración.

‚ÄćSu uni√≥n con Jes√ļs lleg√≥ a ser tan √≠ntima que cada viernes ella participaba de los sufrimientos de la Pasi√≥n, manifest√°ndose en su cuerpo los estigmas.

En 1929, la enfermedad entra en una segunda fase: tetraplegia y par√°lisis del canal alimenticio.
Contrariamente a lo que la ciencia afirma, continu√≥ viviendo sin comer ni beber, solo tomando la Comuni√≥n diaria; as√≠ se mantuvo durante 52 a√Īos.

La gente acud√≠a a confiarle sus preocupaciones en familia, acompa√Īados por sus hijos.

‚ÄćMarta Robin amaba a los ni√Īos y hablaba al padre Faure acerca de la necesidad de crear una escuela, la cual se abri√≥ en 1934.

Este sería el comienzo de la importante labor que Dios deseaba poner en marcha.

ALEJANDRINA DA COSTA

Nació el 30 de marzo de 1904 en Balazar (Portugal), en el seno de una familia de campesinos muy piadosos.

Alejandrina era alegre y espont√°nea, sin embargo desde muy ni√Īa aprendi√≥ a dominar sus miedos y acostumbraba a rezar con perseverancia y fervor.

Ya antes de su Primera Comuni√≥n, a los siete a√Īos de edad, Alejandrina sent√≠a un profundo amor por la Eucarist√≠a, visitando el Sant√≠simo con inusual frecuencia.

Al poco tiempo cayó seriamente enferma con fiebre tifoidea.

‚ÄćTras recuperarse en un sanatorio en la costa atl√°ntica, volvi√≥ nuevamente a Balazar y trabaj√≥ como costurera junto con su hermana Deolinda.

‚ÄćEn 1918 tuvo lugar un acontecimiento que marc√≥ su vida.

El hombre que la acos√≥ a√Īos atr√°s se present√≥ en su casa y, entrando por la fuerza, logr√≥ acorralarla mientras su hermana y otra joven consegu√≠an escapar.

Detr√°s de ella hab√≠a una ventana y, siendo esta la √ļnica salida posible, prefiri√≥ lanzarse por ella y exponerse a la muerte antes que ceder a las pretensiones de aquel desalmado.

Alejandrina ten√≠a tan solo catorce a√Īos.

A consecuencia de la ca√≠da, su columna vertebral qued√≥ irreparablemente lastimada, progresando la lesi√≥n hasta que en 1924 (a los veinte a√Īos de edad) qued√≥ definitivamente postrada en cama.

‚ÄćSu familia se reun√≠a todas las noches en torno a ella para rezar a la Sant√≠sima Virgen por su sanaci√≥n.

Poco a poco brot√≥ de su piadosa alma el deseo de ofrecer a Jes√ļs su sufrimiento por la reparaci√≥n de los pecados del mundo.

Alejandrina experimentó numerosos éxtasis de la Pasión completa de Jesucristo, los cuales fueron filmados.

‚ÄćUn d√≠a escuch√≥ la voz del Se√Īor que le dec√≠a:

‚ÄėNo te alimentar√°s m√°s con comida en la tierra.

Tu comida ser√° mi Carne, tu bebida ser√° mi Sangre, tu vida ser√° mi Vida...

Quiero mostrarle al mundo entero el poder de la Eucaristía y el poder de mi Vida en las almas’.

Despu√©s de ello tuvo lugar su √ļltimo √©xtasis.

Durante los √ļltimos trece a√Īos de su vida, Alejandrina no comi√≥ ni bebi√≥ nada, aliment√°ndose √ļnicamente de la Eucarist√≠a.
Ello ha quedado reflejado en los numerosos exámenes médicos a que fue sometida.

LUISA LATEAU

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Su vida discurrió en Bois d’Haine (Bélgica).

Su padre falleció al poco de nacer ella (en 1850) y a causa del sufrimiento padecido su madre permaneció en cama durante dieciocho meses.

En esas circunstancias Luisa, que había contraído la enfermedad de su padre, carecía de los más elementales cuidados y sobrevivió gracias a algunos vecinos caritativos.

‚ÄćYa curada, la madre trabajaba durante el d√≠a para alimentar a la familia.

Ella recib√≠a solo un reducido salario y, durante a√Īos, ellos sufrieron hambre y fr√≠o viviendo en medio de una gran pobreza.

En la noche del 3 de enero de 1868 (primer viernes), estando en oración, un rayo de Luz marcó los estigmas en el corazón, pies y costado de Luisa.

Estas manifestaciones se repitieron durante los siguientes viernes hasta que, a imitaci√≥n de las heridas de Jes√ļs, la sangre empez√≥ a fluir, primero de su costado y despu√©s de sus pies y manos.

Pronto aparecerían las heridas causadas por la corona de espinas y a partir de entonces Luisa ya no necesitó dormir más.

Desde abril de 1871 ella dejó definitivamente de comer, porque vomitaba todo cuanto ingería.
Numerosos m√©dicos fueron testigos de sus √©xtasis y probaron el hecho de que no tom√≥ comida alguna durante doce a√Īos.

Lo √ļnico que toleraba era la Eucarist√≠a y esta hac√≠a brotar en ella tal Uni√≥n con Cristo que tan pronto como comulgaba el mundo exterior dejaba de existir para Luisa.

‚ÄćA pesar del ayuno total, el insomnio y las p√©rdidas de sangre que no se ve√≠an reparadas mediante alimento, durante la semana (a excepci√≥n de los viernes) Luisa divid√≠a su tiempo en varias cosas.

Entre cuidar a los enfermos, ayudar a los necesitados, recibir a los visitantes y llevar a cabo las m√°s penosas tareas de la casa para ayudar en todo lo posible a su madre y hermanas.

‚ÄćDesde enero de 1876 dej√≥ de ser posible para Luisa acudir a la iglesia.

En lo sucesivo guardaría reposo en casa, siéndole llevada la Comunión cada día.

‚ÄćEn 1879, se vi√≥ obligada a permanecer en cama y dejar de realizar esfuerzos.

Aunque sus sufrimientos aumentaban progresivamente, Luisa solo dejaba de hablar a aquellos que iban a verla durante los éxtasis de los viernes y después de la Comunión.

Dejó su cuerpo el 25 de agosto de 1883.

LUISA PICARRETA

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Luisa nació en Corato, al sur de Italia, el 23 de abril de 1865.

A los 11 a√Īos de edad se hizo Hija de Mar√≠a.

‚ÄćQuiso ser monja pero no la aceptaron.

A los 13 a√Īos de edad tuvo inesperadamente la primera visi√≥n de Jes√ļs con la Cruz a cuestas.

‚ÄćA partir de la cual y para siempre, se encendi√≥ en Luisa un grand√≠simo deseo de compartir el padecimiento de Jes√ļs por amor a El.

A los 16 a√Īos tuvo una segunda visi√≥n de Jes√ļs coronado de espinas, a partir de la cual ella acept√≥ plenamente la Voluntad de Dios.
Pocos d√≠as despu√©s tuvo una tercera visi√≥n de Jes√ļs en su Pasi√≥n, que la llev√≥ a perder el conocimiento.
Cuando volvió en sí no era capaz de abrir la boca ni de tomar alimento.
Situación que se mantuvo durante dos o tres días y que poco tiempo después se convertiría en definitiva.
Viviendo el resto de su vida (64 a√Īos) solo de la Voluntad Divina, que junto con la Eucarist√≠a era su √ļnico alimento.

As√≠ comenz√≥ una ‚Äėenfermedad‚Äô que ning√ļn m√©dico fue capaz de diagnosticar.

Permanecía todo el día sentada en su cama, sin apoyar la cabeza en la almohada ni para dormir.

Cuando perd√≠a el conocimiento quedaba como petrificada, en un estado del que ning√ļn tratamiento m√©dico era capaz de sacarla sino solo la bendici√≥n de un sacerdote.

En una ocasión llegó a permanecer así hasta 25 días, ante la desesperación de su madre.

‚ÄćEn esos estados recib√≠a visitas frecuentes de Jes√ļs y de la Sant√≠sima Virgen, quedando fielmente reflejadas estas experiencias en los 36 vol√ļmenes del ‚Äėdiario‚Äô que comenz√≥ a escribir en 1899 a petici√≥n de sus confesores.

TERESA NEUMANN

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Mención aparte merece el caso de Teresa Neumann, que fue estudiado en profundidad por numerosos científicos desde un punto de vista imparcial.

Su bi√≥grafo, Johannes Steiner, testigo privilegiado de los hechos, cuenta que desde las navidades de 1922, y debido a una par√°lisis de los m√ļsculos de degluci√≥n, Teresa Neumann s√≥lo tom√≥ alimento l√≠quido.

‚ÄćDesde agosto de 1926, s√≥lo tomaba una o dos cucharadas al d√≠a, ya que no s√≥lo no experimentaba sensaci√≥n alguna de hambre, sino que por el contrario sent√≠a repugnancia hacia la comida y la bebida.

Finalmente, a partir de las navidades de 1926 se negó a tomar cualquier alimento.
Sólo se le daban unas gotas de agua al recibir cada día la sagrada comunión.
Y desde septiembre de 1927 el p√°rroco Naber ni siquiera le dio ya esas gotas.
Desde esa fecha hasta el final de su vida, es decir, a lo largo de 35 a√Īos, Teresa Neumann se mantuvo sin ning√ļn alimento ni bebida alguna.
Su √ļnica alimentaci√≥n fue la sagrada comuni√≥n.
Al mismo tiempo, cesaron por completo las evacuaciones urinarias e intestinales a partir de 1930.

A lo largo de su vida se mantuvo en su peso sin comer ni beber.

Sólo los viernes de pasión perdía unos kilos (hasta 4) que recuperaba a lo largo de la semana siguiente.

‚ÄćResulta esclarecedor que durante el Tercer Reich se tuvo en cuenta el hecho de que Teresa Neumann no tomase alimentos, por lo que no se le otorg√≥ ninguna cartilla de racionamiento durante II Guerra Mundial.

No obstante, la Comunión diaria era fundamental para su supervivencia.

Si pasaba más de un día sin haber comulgado, ella entraba en un estado de inconsciencia del cual solo la sacaba tomar la Sagrada Comunión

La gente tenía dudas acerca de que Teresa pudiera vivir sin comer, de modo que el obispo de Regensburg pidió que se expidiese un certificado médico que acreditara este fenómeno, en 1927.

Teresa y su padre accedieron a que le fuera realizado un examen médico, el cual se llevó a cabo entre los días 14 y 28 de julio de 1927.

El resultado fue hecho p√ļblico por el profesor Ewald y las autoridades diocesanas: ellos confirmaron que en efecto Teresa estaba viviendo sin tomar comida alguna.

Teresa Neumann (8 abril 1898 ‚Äď 18 septiembre 1962) fue curada de graves enfermedades en varias ocasiones por la intercesi√≥n de Santa Teresa de Lisieux, aunque en algunos casos desde un punto de vista m√©dico no hubiera recuperaci√≥n posible.

Además del hecho de que ella viviera durante décadas solo recibiendo la Sagrada Comunión regularmente, en su vida se dieron otros fenómenos.

La experiencia de acontecimientos religiosos del pasado a través de sus visiones, la interpretación de las palabras que había oído en una visión en su lengua original, los Estigmas, la capacidad para dar consejo y dirección espiritual.

‚ÄćAunque dichos fen√≥menos no pueden ser cient√≠ficamente explicados y ello los hace dif√≠ciles de comprender para algunas personas, la vida de Teresa da testimonio de la acci√≥n de Dios en el mundo no solo para los creyentes sino tambi√©n para todos aquellos que llegaron a conocer su situaci√≥n m√°s de cerca.

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